Ignacio García Martes, 28 de Abril del 2026, 16:12
Foro Público
El fin de semana pasado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a protagonizar un nuevo espectáculo mediático. En esta ocasión un intento de magnicidio que supuestamente iba a ocurrir en la cena de corresponsales que se celebraba en el Hotel Washington Hilton en la capital norteamericana.
Un sujeto identificado como Cole Tomas Allen presuntamente intentó asesinar al mandatario republicano, en medio de la tradicional cena en la que asistieron los periodistas que cubren la Casa Blanca, pero que dejó más dudas que certezas.
En los videos que circularon en redes sociales apareció el presidente republicano con diferentes personalidades en la primera cena con corresponsales que decidió asistir desde que arribó a la Casa Blanca, pues ha mantenido constantes rencillas con los periodistas.
Se trata de la tercera ocasión en la que presuntamente intentan asesinar a Trump. En julio y septiembre de 2024 dos sujetos trataron de matar al empresario cuando competía por la presidencia de Estados Unidos ante la abanderada demócrata Kamala Harris.
Los elementos de seguridad resguardaron a Trump de manera cinematográfica, con una aparición que emulaba a las películas que tanto exaltan la figura presidencial, con la rápida detención del presunto tirador, quien enfrenta cargos de intentos de magnicidio.
Apenas después de la aprehensión del sujeto, Trump apareció ante los medios de comunicación para asegurar que se trataba de un acto de orgullo que intentaran asesinarlo, debido a que se autodenominó como un símbolo histórico para la Unión Americana.
Trump trató nuevamente de posicionarse como un mártir que es atacado “por la izquierda radical” que trata de evitar que Estados Unidos retome su grandeza perdida. Este recurso le funcionó en la campaña electoral de 2024, pero en la actualidad hay una serie de dudas y críticas por su pésima gestión gubernamental y el deterioro de su imagen pública ante la guerra que ha encabezado en contra de Irán.
Ante el descrédito del gobierno de Trump, no resultaría extraño que se trate de un nuevo “performance” que tanto ha caracterizado al empresario republicano y cuyas narrativas resultan tan atractivas para la ciudadanía estadounidense que consume con excesivo interés este tipo de historias.
El deterioro de la popularidad de Trump está acompañado con la contradicción de sus acciones gubernamentales con sus promesas de campaña, principalmente por la política internacional intervencionista que ha desarrollado, específicamente en la guerra contra Irán.
Mientras que para el régimen de los Ayatolás deben evitar perder para ganar, el gobierno de Trump necesita ganar para obtener el triunfo, pues una retirada de las fuerzas armadas de territorio iraní sería una derrota histórica para Estados Unidos.
El inquilino de la Casa Blanca suponía que la guerra en Irán sería efímera, como la intervención estadounidense en Venezuela, pero los iraníes son mucho más poderosos que los venezolanos, en términos militares, y por ello su respuesta ha sido apostar por el deterioro norteamericano.
Así, la victimización de Trump era una estrategia plausible para el equipo de comunicación de la Casa Blanca, pero este recurso es menos efectivo, debido a que el descontento social es generalizado y las dudas sobre la eficaz respuesta de las fuerzas de seguridad no son creíbles.
Para el gobierno de Trump es fundamental tratar de tomar aire político ante las elecciones federales de medio término que se desarrollarán en noviembre, pues es altamente probable que los republicanos pierdan la mayoría de la Cámara de Representantes ante los demócratas.
La polarización de Trump
Desde 2015, cuando Trump anunció sus intenciones de buscar la presidencia de Estados Unidos ganó visibilidad con un discurso polarizador, en el cual estableció una narrativa populista para acusar a los demócratas, e incluso a los anteriores presidentes republicanos, de ser los responsables de los principales problemas que padecía la sociedad estadounidense.
En medio del descontento social por la falta de condiciones de desarrollo económico entre la mayor parte de la población estadounidense, los sectores más agraviados creyeron el discurso de Trump, principalmente entre los grupos con menor escolaridad.
El discurso polarizador de Trump ganó cada vez más adeptos en la consolidación de una contra narrativa cada vez más efectiva ante el discurso “woke” que se construyó en los últimos años, y que generó un rechazo entre los grupos más conservadores de la Unión Americana.
El mandatario republicano se fijó como un representante de esa retórica contestataria, divergente y conservadora que resultó fascinante para los grupos sociales que se sintieron desplazados por las políticas gubernamentales de Barack Obama.
En los últimos años, el movimiento “MAGA” ha alcanzado niveles significativos de representación que ha encumbrado públicamente a Trump y que le permitió volver a ganar las elecciones presidenciales en 2024.
Aunque las acusaciones penales en su contra parecían afectar su imagen, el primer atentado ocurrido el 13 de julio de 2024 por parte de Thomas Matthew Crooks, quien le disparó a Trump en Pensilvania, esto sólo posicionó electoralmente al republicano, quien fue visto como una víctima.
Una réplica ocurrida el 15 de septiembre de 2024, encabezada por Ryan Wesley Routh en Florida, también permitió que continuara la inercia favorable para Trump, mientras que Harris dejó de ser competitiva y esto se reflejó en los resultados de los comicios presidenciales.
Los resultados de la polarización de Trump
Uno de los resultados de la polarización de Trump fue el asesinato del activista conservador Charlie Kirk, quien fue asesinado el 15 de septiembre del año pasado, después de haber sido uno de los principales promotores del “MAGA” entre la población juvenil.
El joven seguidor de Trump se enfocó en divulgar mentiras para fortalecer la narrativa de MAGA, misma que generó mayor encono y que finalmente causó que grupos extremistas lo amenazaran de muerte, hasta que un sujeto identificado como Tyler James Robinson lo asesinó en la Universidad del Valle de Utah.
La facilidad con la que se cometen estos delitos es una muestra del libre acceso a las armas que persiste en Estados Unidos. La falta de regulación armamentística en la Unión Americana puede provocar que personas trastornadas o con visiones radicales puedan cometer diferentes crímenes.
En Estados Unidos hay más armerías que cafeterías. La desregulación en la materia, basada en los principios fundacionales de la nación, han sido las principales causas de los problemas de violencia que se han replicado con tiroteos en escuelas, pero también con intentos de magnicidios.
Sin embargo, los intereses de la Asociación Nacional del Rifle (RNA, por sus siglas en inglés) tiene peso político, por lo cual ningún presidente estadounidense se ha atrevido a intentar regular el control de las armas, por lo cual este tipo de hechos seguirán presentándose.
Mientras la sociedad estadounidense se sigue polarizando, las muestras de violencia continuarán, principalmente para los grupos que ven en las armas la única respuesta a las preguntas que no alcanzan a ser respondidas.