La soberanía de Morena y el espejo de Santa Anna

Cinthya Alvarado Enriquez

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La soberanía utilizada como escudo político puede terminar ocultando errores internos con consecuencias económicas, diplomáticas y territoriales para México.

° Pérdidas y desventajas millonarias y geopolíticas que, en espejo, establecen posibles escenarios.

° El concepto de soberanía, usado como escudo por Morena, se cae ante lo vivido con Santa Anna.

Por Cinthya Alvarado Enríquez

La persecución emprendida por Estados Unidos contra cárteles y políticos mexicanos, iniciada el pasado 29 de abril, ha provocado un terremoto político para Morena y para el gobierno mexicano. Sus implicaciones podrían causar graves pérdidas a la estabilidad económica del país. Por su dimensión política, es difícil establecer todavía sus proporciones y alcances; por ello, al buscar un espejo en la historia, encuentro que solo lo ocurrido después de la guerra con Estados Unidos, en 1846, y sus consecuencias territoriales, permite dimensionar el impacto geográfico, numérico y político de este nuevo conflicto.

¿Por qué puedo afirmar tal comparación? Primero, porque ambos eventos involucran un escándalo hemisférico. Segundo, porque, luego de tales pérdidas, México jamás pudo recuperarse y su potencial de perfilarse como una potencia económicamente estable se desplomó. Finalmente, porque el tema de la pérdida territorial con Antonio López de Santa Anna es consuetudinariamente aludido por los morenistas como un ejemplo de lo que no quieren que vuelva a suceder.

Habría que entender que, para el México de hoy, lo ocurrido hace siglo y medio no se logró asimilar. Tanto así que se ha edificado una serie de mitos sobre los que se ha construido una identidad falsaria y mediocre, que vuelve a atar el destino de este país.

Ambos meteoros políticos conllevan un grave riesgo: perder más. En ambos casos, el factor Estados Unidos y su pesada presencia como país pujante representa, según se vea, un elemento de riesgo o una oportunidad para despertar del letargo de la nostalgia y del engaño histórico, y construir una relación de aliados. Un hecho tangible es que la economía de México depende en un 85% del comercio con el vecino del norte.

Abordaremos el tema desde varios ángulos. La comparación aplica —y lo afirmo— desde el aspecto económico, desde la desventaja como nación y, por lo mismo, desde un atolladero cíclico. Al final, en las conclusiones, veremos si Morena se aleja realmente de repetir la pérdida que ocurrió con Santa Anna, y que cada quien tome su lugar frente a la postura gubernamental o la histórica.

La idea de que Antonio López de Santa Anna “vendió siete estados” es una simplificación popular, pero no es del todo exacta. Lo que ocurrió fue un proceso más complejo, marcado por guerras, crisis económicas y presiones externas.

Santa Anna cometió errores garrafales por no actuar con mesura

La política centralista de Antonio López de Santa Anna; su “dejar pasar, dejar hacer” ante la entrada de colonos estadounidenses a Texas, y sus propias políticas centralistas, fueron circunstancias que provocaron que los texanos se organizaran para decidir independizarse de México.

En 1836, Texas, todavía parte de México, manifestó un consenso para independizarse. Enseguida, Santa Anna, en vez de conciliar o de negociar pacíficamente con Estados Unidos una compensación por ese territorio, mandó a asesinar a los texanos, en su mayoría estadounidenses. Se libraron más de tres batallas, en las que salió vencedor el ejército de Santa Anna, fusilando a los “rebeldes”. Al final, en respuesta y apoyo a sus congéneres gringos, en la batalla de San Jacinto derrotaron a los mexicanos. Santa Anna quedó preso y tuvo que firmar su anuencia para que Texas se anexara a Estados Unidos.

Pero no se quedó quieto: eso llevó a la guerra entre México y Estados Unidos. Durante dos años, México fue derrotado en cada estado. El Ejército de Estados Unidos avanzó hasta sitiar la Presidencia Nacional. Como Santa Anna era convenenciero, dejó y retomó la Presidencia en once ocasiones entre 1833 y 1855. Sus mandatos fueron intermitentes, interponiendo licencias por razones personales o por situaciones de exilio. En particular, cuando perdió las batallas y Estados Unidos estaba por tomar el Palacio Nacional, se exilió y quedó en su lugar el poblano Manuel de la Peña y Peña, quien fungía como presidente interino.

Bajo sus órdenes se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, que ponía fin a la guerra entre ambos países y acordaba la cesión del 55% del territorio nacional, la paz y una compensación por las pérdidas en la guerra y por ceder 2,100,000 km².

En ese tratado, México perdió más de la mitad de su territorio: lo que hoy son California, Nevada, Utah, gran parte de Arizona, Nuevo México y otros territorios. No fue una venta directa de Santa Anna, sino una cesión forzada tras la guerra, aunque Estados Unidos pagó una compensación de 10 millones de dólares.

Años después, en 1853, Santa Anna sí realizó una venta directa: la Venta de La Mesilla, mediante la cual cedió una franja del norte —sur de Arizona y Nuevo México— a Estados Unidos por 15 millones de dólares, debido a la crisis económica. Con esos recursos rehízo al Ejército. Esa pequeña porción de 77,000 km², en comparación con la enorme masa de 2,100,000 km² anterior, estuvo bien vendida. Los 25 millones de dólares se usaron para pagar salarios a los militares, a quienes por años se les debía, para reconstituir un nuevo ejército y para dar solución a la hambruna de ese entonces.

En pocas palabras: Santa Anna no vendió siete estados como tal. México perdió la mayor parte del territorio tras una guerra, y luego Santa Anna vendió una pequeña parte adicional por necesidad económica.

Pero habría que reconocer que pudo haber evitado la guerra, porque él la provocó con su cerrazón y su gobierno antidemocrático. Pudo haber encontrado una mejor salida y negociado el territorio de Texas, en lugar de asesinar inmisericordemente a ciudadanos que estaban ejerciendo su voto y su deseo de independizarse. En términos prácticos, fue él quien no tuvo la capacidad de administrar o gobernar la zona norte de México, que no estaba poblada ni ocupada de forma suficiente.

Soberanía, dicen los morenos; deberían estudiar bien la historia

Con este relato de la historia podemos observar que la narrativa del partido en el poder, Morena, es otra falacia más que les sirve para adoctrinar y envenenar contra los “gringos expansionistas y abusivos”. Para los llamados de izquierda, el imperialismo estadounidense es la piedra en el zapato, el enemigo a vencer y la idea central de su fuerza combativa.

A ello se suman mitos como que el Tratado de Guadalupe Hidalgo establece una temporalidad de 100 o 150 años, y que Estados Unidos se comprometió a devolver el territorio. Cosa más ilusoria y de risa. Eso es totalmente falso.

Santa Anna defendió su idea de soberanía a riesgo de su propia vida. Habría que mencionar que el general Antonio López de Santa Anna, aunque cometió errores, arriesgó su vida combatiendo al frente de la guerra. Incluso perdió una pierna en la Guerra de los Pasteles. Pasó de ser realista a insurgente, luego monárquico y después dictador. Impuso graves cargas fiscales a los ciudadanos, se autoexilió o se ausentó en varias ocasiones, y se registra como un personaje ostentoso y ambicioso. Le gustaban los títulos pomposos y la teatralidad, como lo describe la escritora Silvia Molina en su artículo “En torno a Santa Anna”, de la revista Relatos e Historias en México, edición 10.

Aunque murió enfermo, en el olvido y en la pobreza, su concepto de soberanía era personalista, pragmático y centralista. Identificaba la soberanía con su propia capacidad de gobernar. Sostenía la unidad nacional a través de la represión y el centralismo. Derogó la Constitución federalista de 1824 para establecer un Estado centralista en 1835. Eso desalentó a los texanos, quienes no se veían tomados en cuenta; por eso se independizaron.

Según el historiador Raúl González Lezama, en su libro La dictadura. El último gobierno de Antonio López de Santa Anna, del INEHRM, en el último periodo de su gobierno “Santa Anna construyó un régimen despótico y autoritario. Cobijó de manera desmedida a sus favoritos, coartó las libertades ciudadanas, se rodeó de un boato propio de las monarquías europeas y para sí adoptó el título de Alteza Serenísima. En opinión de sus contemporáneos —dice el historiador—, en lugar de un gobierno, el general montó un inmenso carnaval”.

Soberanía y no sometimiento: trato de iguales

La tensa relación entre los gobiernos de Morena y Donald Trump está cerca de romperse por lo más delgado, y eso más delgado son sus propios activos y correligionarios. "La lista", dicen, es larga. Empieza por los diez funcionarios recientemente acusados formalmente por la Corte del Sur, y se extiende a más de cincuenta a quienes ya les han retirado visas.

La soberanía puesta como escudo narrativo, que cobra un significado muy parecido al de Santa Anna, nos permite vislumbrar que las pérdidas para Morena pueden afectar a todo México. Deberían aprender de la historia para no tener que repetirla.

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