Daniel Lee Sábado, 03 de Octubre del 2026, 00:51
Los trabajadores mexicanos sostienen sectores clave de la economía de Estados Unidos y una red de ingresos que también impacta directamente en México.
Por Daniel Lee
Estados Unidos está perdiendo trabajadores mexicanos a un ritmo que ya no puede explicarse como una simple fluctuación del mercado laboral. En apenas un año desaparecieron cerca de 668 mil empleos ocupados por inmigrantes mexicanos, una reducción cercana al 9%. La cifra revela un cambio de fondo en una fuerza laboral que durante décadas ha sido indispensable para sostener sectores estratégicos de la economía estadounidense.
En el primer trimestre de 2026, alrededor de 6.76 millones de inmigrantes mexicanos estaban ocupados en Estados Unidos, 667,792 menos que un año antes. La construcción perdió casi 301 mil puestos; los servicios profesionales y administrativos, unos 230 mil; las manufacturas, cerca de 89 mil, y el sector agropecuario, más de 65 mil.
Y no hay que tomárselo a la ligera. Cuando una economía pierde cientos de miles de trabajadores concentrados en actividades esenciales, también se modifica su capacidad productiva.
La dimensión real del trabajador mexicano se entiende mejor cuando se observa el conjunto. En 2025, alrededor de 19 millones de personas de origen mexicano formaban parte de la fuerza laboral estadounidense, entre inmigrantes y estadounidenses de ascendencia mexicana. Ese contingente representó aproximadamente 11.6% del empleo del país.
La construcción es un ejemplo contundente. A comienzos de 2026 concentraba aproximadamente 1.45 millones de inmigrantes mexicanos. Son trabajadores que levantan viviendas, edificios e infraestructura; producen en plantas manufactureras; cosechan alimentos; conducen vehículos; operan almacenes y participan en restaurantes, hoteles, servicios de mantenimiento, salud y otras actividades.
Por eso, reducir la discusión sobre los mexicanos en Estados Unidos a la frontera, los documentos o las deportaciones es insuficiente. Su verdadera dimensión está dentro de la economía.
Y existe un dato particularmente revelador: durante años, mientras disminuía el número relativo de trabajadores mexicanos en algunos sectores, aumentaba el valor económico de su trabajo.
Entre 2015 y 2025, la masa salarial anual de los inmigrantes mexicanos pasó de aproximadamente 227 mil millones a 369 mil millones de dólares. Más de 142 mil millones adicionales en una década. El incremento estuvo asociado principalmente con mayores remuneraciones.
Pero 2026 introdujo una señal de alerta. En el primer trimestre, la masa salarial anualizada se ubicó en unos 368.6 mil millones de dólares, alrededor de 14.9 mil millones menos que un año antes, una reducción de 3.9%.
La combinación merece atención: menos trabajadores y una masa salarial que comienza a retroceder.
Para México, el efecto trasciende el mercado laboral estadounidense. Las remuneraciones obtenidas por los trabajadores mexicanos sostienen hogares a ambos lados de la frontera y alimentan una economía binacional. En 2024, México recibió aproximadamente 64.7 mil millones de dólares en remesas.
Cada reducción importante del empleo o de los ingresos puede terminar repercutiendo en el consumo familiar, las inversiones, la vivienda, la educación y las economías locales que dependen de esos recursos.
Pero hay otro cambio que tampoco debe perderse de vista: el trabajador mexicano está dejando de concentrarse exclusivamente en los empleos tradicionales de baja remuneración.
La construcción, agricultura, restaurantes y manufacturas siguen siendo fundamentales, pero aumenta su presencia en transporte y almacenamiento, servicios financieros, bienes raíces, salud, asistencia social y educación. Las nuevas generaciones de origen mexicano también están accediendo a ocupaciones que demandan mayor escolaridad y especialización.
El problema es que ese avance económico no necesariamente se ha traducido en un poder laboral equivalente.
En 2025, alrededor de 10% de los trabajadores asalariados estadounidenses pertenecía a un sindicato. Entre los trabajadores hispanos o latinos la proporción fue de 8.9%. La sindicalización no determina por sí sola los salarios —también influyen la ocupación, la educación, la industria y la región—, pero el dato muestra una brecha evidente entre peso económico y capacidad de organización.
Ahí se encuentra uno de los grandes desafíos.

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