Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 05 de Noviembre del 2023
Fernando Moriel, sacerdote de Chihuahua, acusado en 2003 de abuso sexual es responsable de la formación de los diáconos permanentes en Cuernavaca.
Religión y vida pública: "En el seminario creíamos que cuando denunciaban el abuso sexual atacaban a la Iglesia", refiere el joven sacerdote de una de las diócesis de Chihuahua.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Luego de la publicación de "Los sacerdotes de Ciudad Juárez, ¿con quién están?" en que se da cuenta de las opiniones del vocero, exorcista y párroco de la catedral de Ciudad Juárez, Eduardo Hayen Cuarón, un sacerdote de una de las diócesis del estado de Chihuahua se puso en contacto con este periodista.
Él sacerdote permanecerá anónimo, pues teme las posibles reacciones de los obispos de la entidad y, sobre todo, las reacciones y reproches de otros sacerdotes de Chihuahua. Por eso sólo será identificado como Santiago. Lejos de compartir la visión negacionista de los problemas que afectan a la Iglesia Católica, Santiago toma distancia tanto de quienes ven, de manera ciega y fanática, a la Iglesia Católica como incapaz de cometer algún error, como de quienes saben que comete errores pero optan por negarlos para preservar el mito de la institución que nunca se equivoca.
Santiago es un joven sacerdote católico, ordenado en los primeros años de este siglo, quien debió formarse en Chihuahua capital, luego de que el seminario de Ciudad Juárez, que solía recibir seminaristas de otras diócesis, determinara a principios de este siglo que ya no lo iba a hacer.
Fue así que su formación ocurrió en la capital del estado en un momento especialmente difícil por los efectos que tuvo la desmovilización del clero católico de Chihuahua ordenada ya desde finales de los ochenta por el entonces delegado apostólico en México, Girolamo Prigione, quien—luego de las reformas de la Constitución y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede—se convirtió en el primer nuncio apostólico en México en más de un siglo, en 1992.
La desmovilización en Chihuahua capital corrió a cargo de José Fernández Arteaga, michoacano, nacido en 1933 en Santa Inés, muy cerca de Zamora y fallecido en 2021.
Antes de que Prigione se lo impusiera como coadjutor, una suerte de cuña, a Adalberto Almeida Merino, la cabeza visible de las diócesis rebeldes en los ochenta, Fernández había sido sacerdote en Tulancingo, Hidalgo, donde conoció a Almeida, que fue obispo ahí de 1956 a 1962. Fernández Arteaga se estrenó como obispo en Apatzingán, Michoacán, en 1974 y seis años después llegó a Colima en 1980, como parte de los primeros cambios que Prigione hizo en el mapa eclesiástico mexicano a principios de los ochenta.
En Colima hizo lo que se esperaba en aquel entonces de un obispo ahí. Nada espectacular, llevar la fiesta en paz con la élite política priísta y con el arzobispado de Guadalajara que es el centro del poder religioso en esa zona del país. Ello le valió que Prigione lo nombrara coadjutor en Chihuahua para destruir el trabajo de Almeida.
El peso de Fernández Arteaga como una figura clave de la Iglesia Católica en México según el diseño de Girolamo Prigione se extendería incluso después de su renuncia, por edad a la sede de Chihuahua capital, como lo deja ver este viejo mensaje publicado por la Conferencia del Episcopado Mexicano, la CEM, en la red antes conocida como Twitter, acerca del papel de Fernández Arteaga como parte del equipo que “investigó” los abusos en la Legión de Cristo de Marcial Maciel.
El informe al que se refería ese mensaje en esa red social ya no está disponible en ese vínculo, pero imputaba toda la responsabilidad a Marcial Maciel y a nadie más que Maciel, fue la tesis del depredador solitario.
Ello resulta insustentable a la luz de todo lo que sabe por otras fuentes de esos abusos así como, sobre todo, a la luz de los resultados de las investigaciones por comisiones verdaderamente autónomas en otros casos, como en el caso del Reporte Sauvé en Francia o los que se han publicado en Estados Unidos en los estados de Illinois, Pennsylvania o Maryland, que dejan ver que siempre son redes muy densas de clérigos quienes hacen posibles los abusos y no el mítico “depredador solitario” del informe de 2010 sobre Maciel.
Cuando Santiago llegó al seminario de Chihuahua capital, ese programa de desmovilización ya había rendido frutos. En un sentido, porque desde que llegó Fernández Arteaga lo hizo, como Juan Sandoval Íñiguez en la vecina diócesis de Ciudad Juárez, con plenos poderes que les permitieron a ambos anular a los obispos que nominalmente permanecieron en sus cargos, pero que en los hechos fueron relegados a una posición decorativa por los enviados de Prigione.
En otro, porque una de las demandas fundamentales de las movilizaciones de los ochenta, el evitar el fraude electoral habían sido atendidas y el país era gobernado ya por Vicente Fox, electo por el partido que aparecía en Chihuahua en los ochenta como la víctima del fraude.
Además, cuando Santiago ingresó al seminario en 2001, había ocurrido un cambio de rector que llevó al cargo a Juan Manuel Hernández Fierro, quien ahora es párroco de Cristo Rey en la ciudad de Delicias.

Ahí aprovecha tanto como puede su nombramiento vitalicio como monseñor, para vestir siempre que la ocasión se lo permite la sotana negra con vivos en color escarlata que, aunque no lo hacen obispo, lo separan de otros simples sacerdotes, como se puede ver en esta nota de un diario local de Delicias.
Un trato preferencial
Santiago hace ver que el paso de Hernández Fierro por el seminario de Chihuahua capital estuvo marcado por “un trato muy raro, muy preferencial hacia ciertos seminaristas; ese trato hacía que la actitud de esos seminaristas fuera muy desafiante hacia el resto de los sacerdotes del equipo formador”.
Recuerda cómo esos favoritos del rector argumentaban: “no, yo no vine a clase, porque estaba con el rector” o mostraban sus privilegios al decir cosas como “yo tal día voy a salir, porque el rector me dio permiso”.
Santiago recuerda: “claro que después uno veía que se iban apagando, que ya no participaban, que hasta que terminaron saliendo y mal”.
"Total que luego a Hernández Fierro lo sacan del seminario. Lo mandan supuestamente a hacer un doctorado a Roma. Pero pues nunca regresó con ese doctorado".
El propio Hernández Fierro da cuenta de su segundo viaje a Roma en una entrevista muy complaciente que un medio local de Delicias, Chihuahua le hizo y que está disponible en YouTube, que se puede consultar aquí.
"Estuvo unos años fuera y luego, por ahí anduvo, ahora no sé dónde esté. Anduvo de vicario, medio deprimido, con problemas de alcoholismo y broncas muy fuertes", continúa. "Y este cuate era muy amigo de Fernando Moriel Guerrero, que fue quien acosó a aquel muchacho Huerta que te contaba antes. Actualmente Moriel está en la diócesis de Cuernavaca. Otra de las diócesis con focos rojos", precisa.
—Por el vínculo de Sandoval con Juan Jesús Posadas Ocampo, que fue obispo de Cuernavaca antes de llegar a Guadalajara, donde sería asesinado.
—"Sí Allá está, porque a pesar de que se hizo la investigación, parece ser que le llegó una absolución de Roma. Claro, también ahí murió este muchacho en medio del proceso y él sigue allá".
El rostro de Santiago se entristece. Él hace referencia a un caso muy sonado durante la primera década de este siglo en Chihuahua pero que, como suele ser el caso, no derivó en ningún tipo de justicia para la víctima del abuso sexual a manos de clérigos.
Moriel Guerrero fue acusado en 2003 por Jaime Huerta López, en ese entonces de 27 años de haber sido víctima de abuso desde que era un adolescente de 14 años. Es difícil ya dar con las notas de este caso, pero es posible rastrear una de las versiones que el Grupo Reforma publicó en ese año, en esta dirección, aunque se requiere de suscripción para poder consultarlo completo.

En resumen, Huerta daba cuenta de la manera en que Moriel, con el pretexto de promover el deporte entre los jóvenes de Chihuahua, sobre todo la capital y la ciudad de Delicias, usaba el acceso que tenía a habitaciones en un centro de retiros de la Iglesia en la sierra de Chihuahua para abusar de menores que conocía en las canchas de basquetbol.
Ese mismo año, El Heraldo de Chihuahua publicó su versión de los hechos. Esa versión ya no está disponible en el sitio de Internet de ese diario, pero alguien, en un foro de información sobre temas religiosos, de esos que existían en la Internet en la primera década de este siglo, lo subió y afortunadamente no lo han borrado. Está disponible aquí.
En la Ciudad de México, uno de los diarios que le dio algún seguimiento al caso fue La Jornada. Antonio Medina publicó en julio de 2003 un párrafo en una de sus columnas en el que resumía la manera en que la jerarquía católica no procedió contra Moriel Guerrero.
No fabricarás culpables
Lejos de ello, los abogados de Fernández Arteaga, auxiliados por los policías entonces judiciales de Chihuahua, fabricaron la culpabilidad de Huerta por el delito de extorsión, al tiempo que desestimaban las pruebas aportadas por Huerta, a pesar de que él no tuvo acceso, en un primer momento, a un abogado.
Todavía en 2005, medios de comunicación en español en Texas volvieron a dar cuenta de la situación de Huerta y del abuso que sufrió a manos de Moriel, como se puede leer aquí.
Aunque se sabía desde 2003 que Huerta padecía el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, el vih-sida, para 2004 su situación había empeorado y, según se lee en el último párrafo de esa nota, publicada en 2005, se encontraba ya en una fase crítica.
En uno de los párrafos de esa nota, Huerta resume la situación que vivió así:
Desde que me violó el sacerdote Moriel, me volví rebelde, aislado de mis amigos, estuve muy deprimido al punto de intentar suicidarme en tres oportunidades, la vida no le hallaba sentido, pero ha podido más el apoyo moral que me ha dado mi madre, Elvira López García y hoy me encuentro con esta enfermedad del sida, tratando de buscar la manera para que el sacerdote Moriel no siga haciendo daño a la humanidad.
En esta nota de 2010, que sólo se puede consultar gracias a que alguien la “subió” al portal Iglesia en Chihuahua, se pueden conocer más detalles de la manera en que Fernández Arteaga contribuyó a la impunidad de Moriel al no cumplir con las normas que ya estaban vigentes cuando este caso fue originalmente denunciado.
Luego de una pausa, Santiago parece recordar aquellos años en el seminario de Chihuahua capital: “Ya después con el tiempo te das cuenta de que sí había una subcultura, ¿verdad?, de muchos homosexuales, que tenían su pareja…
—Y la contradicción, ¿no? De proclamar una moral sexual rígida hacia afuera, pero tolerar todo hacia dentro. Homosexualidad, bisexualidad, heterosexualidad, lo que fuera.
—"En 2015, el entonces gobernador César Duarte aprobó el matrimonio igualitario en Chihuahua (12 de junio de 2015), entonces muchos sacerdotes empezaron a usar sus redes para decir que eso no estaba bien. Y algunos exseminaristas homosexuales que están en pareja empezaron a decir cosas en contra de los sacerdotes.
"Un amigo me dijo 'a mí lo que más molesta de la actitud de los sacerdotes es que quienes están diciendo tantas cosas son gente que yo sé que viven peor de lo que yo estoy viviendo. Yo tengo años con mi misma pareja y en una situación estable, compartiendo las duras y las maduras, mientras que uno sabe que estos van de antro en antro'…
"Un amigo de otra diócesis del estado quiso dejar el sacerdocio… Él, siendo homosexual empieza a ir a algunos bares y empieza a encontrarse jóvenes de su parroquia y a otros curas. Y entonces él dice, 'ah, pues esto que estoy haciendo no está bien, ¿verdad?'
"Y él reconoce que durante todo el tiempo que estuvo en el seminario de Chihuahua nunca fue casto, 'siempre tuve mis quereres', me dice. Total que él ve esto, y dice 'yo quiero hacer las cosas bien'.
"Porque uno de los curas que encontró ahí le dijo 'pues ya nos vimos aquí, vamos saliendo juntos'. Y mi amigo le dijo: 'no quiero esto'. Entonces mi amigo va con su obispo y le dice 'Oiga, pues tengo este problema. Quisiera ayuda. Mándeme al Alberione o a cualquier otro lugar'.
En este punto, Santiago se ríe mientras continúa su narración: “Y el obispo le responde, '¿tú crees que la diócesis tiene dinero para gastar en esas cosas? Tú no te preocupes si la gente viene y me dice. Yo no voy a hacer caso de todo lo que me dicen. Si lo hiciera me quedo sin curas'.
"Te das cuenta… Qué mejor que haya un cura que tiene una actitud mala y me pide ayuda. Yo hubiera comprendido más que el obispo se encabronara y lo castigara. Pero no. Le dicen 'tú síguele. A mí no me quita el sueño esto'. Porque, para bien o para mal, la gente en Chihuahua confía mucho en la Iglesia".
El amigo de Santiago se refería a la llamada Casa Alberione, un proyecto que sostiene la arquidiócesis de Guadalajara. Una explicación que los responsables de ese establecimiento dan de sus objetivos y la manera en que opera, se puede consultar aquí.
Además de la Casa Alberione, en honor al fundador de la llamada Sociedad de San Pablo, los llamados paulinos, existe en México también el Proyecto Emaús, una iniciativa que impulsaron en sus orígenes la arquidiócesis de Monterrey, Nuevo León, y la diócesis de Saltillo, Coahuila, como explica esta bitácora que suele ofrecer información sobre las diócesis católicas de México.
Espacios críticos
Uno de los espacios críticos de la Iglesia Católica en Chihuahua es un sitio, ya referido, conocido como Iglesia en Chihuahua. Una de las páginas de ese sitio está dedicada al legado de Fernández Arteaga y una de las cosas que destaca como parte de ese legado es justamente el de los abusos.

El sitio recupera y amplía lo que algunos de los sacerdotes de la arquidiócesis publicaron en un libro que ahora es casi imposible conseguir, pero que en su momento marcó un hito en la vida de la Iglesia Católica en México y que sólo ha sido superado en América Latina por la experiencia de la diócesis de Osorno en Chile que logró repudiar el nombramiento de Juan de la Cruz Barros Madrid, uno de los discípulos del superdepredador Fernando Karadima como titular de esa diócesis en 2018.
Santiago recién había ingresado al seminario cuando se publicó ese libro en 2001. Miroslava Breach y Rubén Villalpando, corresponsales de La Jornada daban cuenta en una de sus notas de las críticas que el libro hacía a Fernández Arteaga y de los primeros efectos de la publicación del libro en esta nota. Aunque no había acusaciones de abuso sexual como tales, sí se hablaba del abuso de la autoridad de Fernández Arteaga:
Como muestra de la represión interna que se desató contra los católicos de Chihuahua, los sacerdotes acusaron a Fernández Arteaga de obstaculizar el ordenamiento de clérigos identificados con la línea pastoral de sus predecesores, e imponer aranceles o cobros por servicios religiosos que pagaban de forma voluntaria los fieles, quienes actualmente deben cubrir cuotas de 400 pesos por una misa de 15 años, o mil pesos por matrimonios.
—¿Ustedes cómo vivieron la publicación de ese libro JFA Chihuahua 2000? ¿Cómo vivieron esa situación?
—"Yo no lo llegué a leer, porque yo estaba recién llegado. Gracias a Dios todavía me tocó conocer en persona a don Adalberto Almeida y Merino, pero realmente yo era un rancherito que llega y no se entera de que en los ochenta hubo este cierre de templos. Toda esa parte yo no la sabía. Ya después leí el libro de don Manuel Talamás Camandari.
"Y yo llego y yo confiaba en que había alguien queriendo calumniar y no queriendo que la Iglesia creciera. Y luego, sí me acuerdo, que el presbiterio estaba totalmente polarizado; terriblemente polarizado. Y dentro del seminario los más viejos parecían pirañas con los recién llegados.
"Una cosa muy descarada. Bendito Dios fuimos un grupo bastante unido y logramos mantenernos al margen, pero era una cosa muy fuerte. En ese entonces yo trataba de comprender, ¿por qué si los mayores no deben venir al seminario menor, por qué se pasan todas estar reglas y por qué también, por otro lado, por qué los formadores voltean para el otro lado?
"Pero, a nosotros en la calle nos gritaban cosas. No faltaba quién hubiera leído el periódico y nos decían cosas. Esa parte era casi sentirte cristero porque había quién te señalara en la calle, pero bueno, uno se dice 'yo estoy acá haciendo las cosas bien'.
"Pero era impresionante, era una campaña. Había unas calcomanías que decían: 'Yo creo en Dios, en mi Iglesia, en mi arzobispo y en mi seminario'. Porque creíamos que al seminario lo estaban atacando a través de este chico Huerta.
"Una de las cosas que me llamaban muy fuertemente la atención que los que habían firmado ese libro, porque había gente muy pensante, gente de mucha calidad pastoral, que eran hombres inteligentes".
Uno de los principales críticos de Fernández Arteaga, cuyos textos alimentan muchas de las páginas de Iglesia en Chihuahua es el padre Dizan Vázquez Loya. Santiago abunda en su experiencia como seminarista:
“Gente como Dizan nos quedaba un poco lejano, porque había adquirido un rol. Entiéndemelo desde la perspectiva del seminarista. Había adquirido un rol. Se había dedicado a ser investigador, profesor. Pero había otros que eran párrocos que uno veía cómo predicaban, que uno veía cómo estaban con la gente, cómo daban su clase.
“Y decías, ¿cómo es posible que esta gente tan buena haya firmado el libro? Y luego pensabas, “si la raíz está podrida, se nota en sus frutos”.

Pero la narración de Santiago de sus años en el seminario deja ver cómo, además de las críticas de Dizan y otros sacerdotes de Chihuahua capital, había una crisis real incluso en el equipo que Fernández Arteaga había nombrado para hacerse cargo del seminario:
“Ese año cuatro de nuestros formadores salieron. Los más fuertes, los más firmes y bueno, pues resulta que había una crisis horrible y sí, de la noche a la mañana, se fue fulano, '¡ah, cabrón! Pues yo tenía dirección espiritual con él'.
“Y, o sea, fueron, a ver... Un director espiritual, deja el ministerio. Luego, a los meses, otro también no sé qué problemas tuvo, ahí también de faldas y se fue. Y luego, por allá de mayo casi al terminar, nos pusieron a uno que, en paz descanse, y este era muy bueno. Estaba bastante enfermo, no era mujeriego ni nada de estas cosas, pero se le ocurrió firmar el libro. Entonces terminamos ese año sin director espiritual. Lo mandaron allá, verdad…", dice mientras hace el gesto de algo distante.
—A la parroquia de castigo…
—"Sí… Por el sentir de la gente que dicen, pues ¿cómo que esta es una “parroquia de castigo”? Entonces. Eran esas cosas, tú salías a dar un aviso, porque ibas a la parroquia de un compañero, verdad, entonces encontrabas a un clero tremendamente polarizado. Los que habían sido cercanos a don Adalberto, allá alejados, callados, con el pie en el cuello… Y muchos que ahora eran de este equipo, en otra situación…. Una ley del péndulo media rara", señala.
¡Ah, caramba!
—Tú me hablabas de la experiencia que tuvieron cuando uno de tus formadores invitó a clase al director de un diario de Chihuahua…
—Fue uno de los profesores. Lo invitó a una clase. No recuerdo cómo se llamaba, pero nos contó su experiencia como periodista. Y recuerdo mucho en que él insistía en que él estaba dándole voz a una persona que no tenía voz.
Santiago se refiere al entonces joven Huerta, quien eventualmente moriría como resultado de los efectos del vih-sida.

Este periodista nos hacía ver que Huerta le había datos que él había verificado, que eran reales y cómo, además de Moriel, estaba involucrado quien entonces era, en 2001, rector del seminario, Juan Manuel Hernández Fierro.
Santiago abunda:
“Y entonces, él nos explicaba cómo investigó la historia y cómo él trató de darle seguimiento. Y entonces, pues nosotros, desde nuestra perspectiva de primer año del seminario mayor, pues muy ofendidos con él, viéndolo como el malo de la película, el que no estaba siendo objetivo, que no le había dado la oportunidad al padre de hablar. No sé cuántas cosas le habíamos reclamado.
“Yo creo, ahora, que él probablemente salió asqueado, diciendo ‘¡cómo tienen a estos muchachos cegados, adoctrinados, que no alcanzan a ver’!
“Pero bueno, en el fondo, por un lado estábamos ahí encerrados. Y ninguno de nosotros teníamos conexiones con nadie. Nos enterábamos de lo que iba llegando y creíamos realmente que querían atacar a la Iglesia, que querían desprestigiar a don José. Luego pues ya vas creciendo, vas escuchando, vas viendo y dices ‘¡Ah, caramba!’.
Absolución
"Hace pocos años me enteré de que Moriel está en Cuernavaca y que supuestamente le llegó la absolución de Roma. Que se hizo la investigación y se lo llevaron para allá. Que en el supuesto de que las cosas hubieran sido realmente como el padre decía, que se le hubiera injuriado, tiene lógica que se haya hecho así, pues obviamente ya está desprestigiado y va a ser muy difícil, pues mejor que se vaya a donde no lo conocen tanto.
"Pero eso no quiere decir que ahora piense igual. Yo creo ahora que no debieran haberlo absuelto", señala Santiago.
Moriel es ahora una de las estrellas de la diócesis de Cuernavaca, en Morelos. El obispo de esa diócesis, Ramón Castro y Castro, es el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Tanto su cuenta personal de la red social antes conocida como Twitter como la cuenta de la diócesis de Cuernavaca se hacen eco de las obsesiones favoritas de los obispos de México: el aborto, el matrimonio igualitario, lo que ellos llaman la “ideología de género”, pero difícilmente dan cuenta de algún esfuerzo en la lógica de la reparación de los daños de los abusos perpetrados por clérigos mexicanos.
Ni siquiera dan cuenta de lo que el papa Francisco habla cuando aborda el tema de la espiritualidad de la reparación, que es el tímido esfuerzo del máximo jerarca del catolicismo para cambiar las dinámicas entre las víctimas de abuso sexual y la jerarquía de su Iglesia.
Que Moriel es una de las estrellas de la diócesis de Cuernavaca no es una apreciación subjetiva. En esta página, por ejemplo, se le presenta con letras gigantescas como responsable de la formación de los diáconos permanentes de esa diócesis.

Como responsable de los diáconos permanentes de la diócesis de Cuernavaca, Moriel es el líder, junto con otro sacerdote, de un destacamento de 20 efectivos eclesiales que actúan en cuatro de las zonas de pastoral en las que está dividida la diócesis de Cuernavaca.
Además, Moriel es la cabeza visible de una estación de radio y televisión con salida vía Internet pero que tiene—hasta donde es posible verlo en las producciones que ha “colgado” en YouTube y en Facebook—un equipo con varios camarógrafos, que siguen detalle a detalle las misas que él encabeza en la parroquia de la Asunción de María.
Su trabajo le garantiza, además, que el obispo Castro se tome fotos con él y que esas fotos sean difundidas ampliamente por medio de las redes sociales de la parroquia, como en la que aparece a continuación.

Hace cuatro años, en 2019, el hermano de Moriel, que también era sacerdote, Cosme Moriel Guerrero, falleció. Una de las misas de exequias, la más importante, la presidió el obispo de Parral, Eduardo Carmona, como lo detalla esta nota de la prensa local de Parral que da cuenta de los funerales de Cosme. Es pues, como si no hubiera mancha alguna en el expediente de Moriel luego del caso del joven Huerta.
De regreso con Santiago, recuerda, que casi al mismo tiempo, en 2003, que se supo lo de Moriel y Huerta, también hubo otro escándalo por otro sacerdote, “creo que de Cuauhtémoc-Madera, que se metió con su secretaria y se grabó a sí mismo. Entonces esos vídeos también formaban parte del ambiente en que nos formamos”, recuerda.
“En aquel entonces el internet no era el de ahora. No existía Facebook, pero anduvo rodando por todos lados. Dicen que en las cantinas lo ponían. Brozo llegó a hacer un comentario de ese vídeo. Ese caso trascendió a nivel nacional, incluso internacional. Allá en Estados Unidos en Telemundo y esas otras cadenas. Y terrible, porque cuando se sabe eso, la señora ya había rehecho su vida en Estados Unidos y todo se reavivó", dice mientras mueve las manos.
Incluso en Costa Rica. En el país centroamericano, el diario más importante, La Nación, todavía sostiene en su sitio de Internet la noticia que publicó originalmente acerca de ese escándalo o como en este portal de noticias en español en Estados Unidos que también conserva aún la nota del escándalo.
—Y eso además de que buscan parejas donde sea a las que, si son personas religiosas, las absuelven para absolverse a sí mismos, que es el problema que la Iglesia no logra resolver desde el siglo XVI.
—"Y que canónicamente es un delito absolver al cómplice de un pecado contra el sexto mandamiento. Un delito, que se tendría que penar, cuando se sabe, porque luego se sabrán muchos de los casos, entonces pues sí es una situación muy compleja y más o menos se está viendo uno cómo se voltean para otro lado, que no quieren ver", señala.
Clericalismo y abuso sexual
—Tú me hablabas de lo que el papa entiende por el clericalismo. ¿Cómo ves tú esa crítica que el papa Francisco hace del clericalismo en la Iglesia Católica?
—“El papa, de entrada, es muy realista. Una frase que dijo al inicio de su pontificado es una que se ha quedado en la memoria: ‘pastores con olor a oveja’, con todo lo que eso significa.
"Pero también recuerdo que de las primeras cosas que dijo es que no necesitábamos autos lujosos y eso hizo un montón de ruido. Más recientemente habló en el Sínodo sobre el clericalismo y el abuso de poder y cómo a veces se abusa de la gente y se usan mal los medios de las parroquias. En ese contexto, hablando del clericalismo, dice que le duele lo mal que se ven los sacerdotes y seminaristas comprando sotanas en las sastrerías de Roma. Y, claro, en redes sociales sacaron eso fuera de contexto como poniendo casi que él se opone al uso de la sotana, lo que no tiene nada que ver.
"A lo que se opone es a que se abuse de las comunidades malgastando el dinero de las parroquias. No es lo mismo comprar una sotana en una sastrería de Roma por, digamos, mil euros, a comprársela a una religiosa en tu diócesis por mil pesos".
En este caso, Santiago parece referirse a la reacción que el mismo día que el papa Francisco criticó la obsesión de algunos clérigos con las sotanas, los birretes (sombreros eclesiásticos) y algunos otros ornamentos, publicó Eduardo Hayen Cuarón en su cuenta de la red social antes conocida como Twitter:
"A mí me parece que para estas personas, todo lo que diga el papa Francisco va a estar mal. Como cuando habla el papa de los trepadores. Pero ¿cuál es el culmen, el colmo, del clericalismo? El abuso sexual".
—Claro, por eso es por lo que lo relaciona frecuentemente.
—"Entonces es eso. Y cómo en este punto, cuando te presentan datos duros, todavía se usa como estrategia el negar, el cerrarse los ojos, voltearse para otro lado. Pues no. No hemos aprendido mucho", señala con un dejo de tristeza.
—E insistir en la idea de que son curas homosexuales, ¿Cómo lo ves?
—"Sí, es un problema de abuso de poder. Incluso se ve en cosas más simples. La manera en que se enseña que las cosas se hacen así, porque lo digo yo. Llega un párroco y ese párroco trabaja con la gente para poner una pared. Llega un nuevo párroco y la tumba, sin importar que tenga un año y levanta otra".
—Lo que algunos llaman la “pastoral de la cuchara…”, es decir, de la cuchara de albañilería…
—"Sin importar que la gente está cansadísima de esas decisiones. Cuando son cosas útiles, qué bien. Pero cuando es tumbar por tumbar…"
—Y que fuera siempre paredes, pero hay veces que es comprar ornamentos por comprarlos.
—"Habrá ornamentos que me gustan más o que me gustan menos, pero si es lo que hay, pues los uso",asentó.
—Y además, no tiene sentido esa obsesión con el retorno al ornamento como con los obispos que usan la dalmática y la casulla para demostrar la plenitud del orden, como si en eso se nos fuera la plenitud del orden sacerdotal.

Necesidades urgentes
—"Y peor cuando hay necesidades urgentes".
—Incluso dentro de la propia Iglesia. Yo a cada rato veo los llamados para ayudar a sacerdotes ancianos. No es sólo un problema de la sociedad en general. Es un problema de la propia Iglesia. Las comunidades de las religiosas muy ancianas que no tienen los recursos suficientes para sobrevivir.
—"Todas las diócesis tienen sus parroquias con necesidades. Cuánta urgencia hay de cosas básicas y para cumplir con el mínimo en unos lugares, algunos no tienen para la gasolina, mientras hay otros que gastan en otras cosas. Incluso el mismo obispo que luego dicen ahora voy a ir a tal celebración y dicen ¿cómo voy a ser el único obispo sin una mitra nueva?"
—¿Y en tu opinión, qué piensas de la presencia de los sacerdotes que llegan del Bajío al norte de la República, a Chihuahua en concreto? ¿Cuál es tu impresión general del efecto que tuvo esta llegada de clérigos del Bajío a Chihuahua?
—“Es que siendo la misma Iglesia son muy distintos. La Iglesia Católica del Bajío es una Iglesia Católica más tradicionalista donde tocan la campana y el templo se llena. De entrada viene gente que no entiende la forma de ser de la Iglesia Católica de Chihuahua.
“Y si a eso le agregas que quienes llegan son los obispos, es un problemón, porque no entienden a su clero, no entienden a su gente, pero luego también vienen un montón de jóvenes que algunos vienen ordenados y otros vienen todavía como seminaristas y entre los seminaristas vienen un montón que ya te anduvieron por todos los seminarios de México, no precisamente por buenos", ironiza.
“Los sacan de un seminario y van a otro y a otro. Sí llega a ser un problema que no sé en Juárez tal vez pasa un poco desapercibido, porque es una ciudad muy cosmopolita, pero de cualquier forma uno alcanza a notar las diferencias. En Chihuahua también e igual en las diócesis más pequeñas donde no deja de ser un problema", concluye.
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Si alguien en Ciudad Juárez o en alguna otra diócesis de México desea ponerse en contacto conmigo para narrar su experiencia o informar de algún otro caso de abuso sexual a manos de clérigos católicos, puede contactarme por medio de X, antes Twitter, en @rsnunez o en el correo electrónico [email protected].