Peritajes revelan “imposibilidad“ del crimen en caso Ángel Ordóñez
Ángel Ordóñez con periciales que demuestran un crimen imposible.

Guadalupe Parral / Guadalupe Lizárraga

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Los dictámenes toxicológicos y de criminalística concluyen que Ángel Ordóñez estaba en coma farmacológico y que la escena del crimen fue simulada.

Por Guadalupe Parral y Guadalupe Lizárraga

Actualizado 08/28/2025 10:57 h.

SEGUNDA PARTE

Detrás del crimen

En 2018 y bajo la asesoría de los abogados Onésimo Omar Mendoza y Diego Agustín Lozano, Ángel Ordóñez, acusado falsamente de violación y homicidio, promovió un Incidente de Reconocimiento de Inocencia, solicitando un recurso de apelación en contra de la sentencia, una demanda de amparo directo y, en tres ocasiones, un recurso de revisión. Todas, sin éxito.

Estos recursos señalaban que “no condicionan el tipo de procedimiento que originó la condena, sino que, por la aparición de elementos de prueba que se desconocían al momento del dictado de la sentencia condenatoria, surgen avances científicos y tecnológicos que permiten precisar datos novedosos que constituyen elementos probatorios que demuestren de manera contundente la inocencia del condenado”, de acuerdo con el Incidente de Reconocimiento de Inocencia compartido con Los Ángeles Press.

Aunque entonces los tribunales cerraron la puerta, el paso del tiempo y el desarrollo de nuevas técnicas periciales han abierto otra. Hoy, la evidencia científica ofrece una perspectiva radicalmente distinta sobre los hechos.

Nuevas evidencias

Esto es parte del contenido de los dictámenes periciales en materia de criminalística de este año que ponen sobre la mesa la inocencia de Ángel Ordóñez.

La prueba pericial química toxicológica de Guillermo Harold Barría García, quien aplicó metodologías contemporáneas de reconstrucción farmacocinética, correlación de signos clínicos y toxicología post-facto —mismas que no se encontraban disponibles o estandarizadas al momento de la condena— concluyó que:

“… al momento de los hechos, entre las 18 y 19 horas del 30 de agosto de 2010, Ángel Ordóñez se encontraba con una muy fuerte sedación y no presentaba fuerza en todos sus músculos por la ingesta de antidepresivos, ansiolíticos y diazepam de forma concomitante con alcohol etílico. Esto le habría impedido ejecutar cualquier acción, como la de un cable eléctrico para privar de la vida mediante asfixia mecánica, además de no poder tener una erección para realizar una violación, imposibilitando su participación en los hechos por los que se le dictó sentencia condenatoria. Por lo que resulta evidente que la prueba pericial química toxicológica es un elemento determinante que debe ser considerado para su desahogo en la audiencia correspondiente, a fin de revocar la sentencia condenatoria y reconocer su inocencia”.

Otro de los dictámenes periciales resalta que, con base en las más recientes investigaciones científicas, el Adepsique —medicamento psiquiátrico que combina amitriptilina, perfenazina y diazepam— mezclado con alcohol etílico potencializa los efectos depresores y provoca sedación extrema, ya que tanto el alcohol como los tres componentes del fármaco tienen efectos sedantes.

El reporte añade que, en concordancia con la reconstrucción temporal del análisis, la ingesta de alcohol y Adepsique generó niveles plasmáticos críticos entre las 16 y 17 horas, alcanzando un estado de coma farmacológico irreversible por depresión del sistema nervioso central, en el que no existía capacidad para responder a estímulos ni realizar acciones voluntarias.

La prueba pericial en mecánica de hechos en materia de criminalística, elaborada el 4 de julio de 2025 por la perito Vanessa Guadalupe Ochoa tras aplicar protocolos de criminalística forense con base en el análisis físico, dinámico y corporal del evento, concluyó en 22 páginas que la ejecución de los hechos descritos por el Ministerio Público es biomecánicamente inviable, antinómica e incompatible desde la lógica mecánica de ejecución.

Conclusión del dictamen:

  • El dictamen de mecánica de hechos elaborado por la criminalista Vanessa Guadalupe Ochoa el 4 de julio de 2025 concluye que la versión de la Fiscalía es físicamente insostenible. Según el análisis, Ángel Roberto Ordóñez se encontraba en estado de coma farmacológico al momento de los hechos, lo que hacía imposible que hubiera ejecutado los actos que motivaron su condena. “Una persona en coma no puede ejercer presión manual sostenida, manipular un cable para causar estrangulación ni mantener una erección o realizar movimientos pélvicos de carácter sexual”, señala el informe. Para la perito, se trata de un caso claro de imposibilidad biomecánica que constituye prueba determinante en favor del reconocimiento de inocencia: perito Vanessa Guadalupe Ochoa.

Por ello, “los indicios materiales, la disposición de la escena, el comportamiento corporal documentado y el estado clínico certificado del acusado desvinculan toda posibilidad real de que éste haya ejecutado conscientemente las acciones físicas que estructuran los delitos que motivaron su condena”.

Asimismo, el dictamen pericial en criminalística de campo y mecánica de hechos, con fecha de julio de 2025, elaborado por la perito María Luisa Castro, sostiene que, mediante el análisis integral del entorno físico, la disposición corporal de los involucrados y la ausencia de fluidos biológicos en las cavidades de la víctima, se concluye que la presunta violación no fue causada por un miembro viril masculino, como sostuvo la Fiscalía al acusar a Ordóñez, ya que no se hallaron células espermáticas ni rastros seminales.

En ese sentido, se determina que la posición de los cuerpos no corresponde a un escenario de comisión delictiva, sino a un montaje posterior realizado por terceras personas, dado que no existen manchas hemáticas compatibles con la lesiones ni indicios de forcejeo o penetración en el cuerpo del imputado.

Conclusión del dictamen:

  • El informe establece que no existen elementos contundentes que vinculen a Ordóñez Rodríguez como responsable del crimen, pues se encontraba en estado de inconsciencia farmacológica y carecía de fuerza para ejecutar una asfixia mecánica o realizar un acto sexual. La conclusión final es que terceras personas intervinieron: golpearon y drogaron a ambos, lesionaron a la víctima y luego los colocaron en la posición en que fueron encontrados, mientras una mujer se hizo pasar por prima de Ordóñez para solicitar auxilio.

Simulación y montaje

Los peritos coinciden en que tanto la víctima como el acusado fueron trasladados y colocados en el lugar del hallazgo para simular una escena del crimen.

La hipótesis de la ausencia de semen había sido sostenida ya por el perito Ricardo Galaviz, de los laboratorios de criminalística de la Fiscalía de Chihuahua, quien resolvió que en las muestras anal, vaginal y oral de la víctima no se detectó presencia de restos seminales ni células espermáticas, tampoco en la ropa que vestía.

El informe toxicológico de la perito Selene Porras también indicó que no se detectaron drogas, alcohol ni metabolitos de abuso sexual en la orina de la víctima y que en su sangre no había alcohol etílico.

En entrevista desde prisión con Los Ángeles Press, Ángel aseguró que la fabricación de culpabilidad se dio desde la escena del crimen. Fue intoxicado con benzodiasepinas sin saber cómo se introdujeron en su cuerpo y había otras personas en el lugar que nunca fueron investigadas.

Una hipótesis más oscura

Entre los expedientes del caso también aparece una línea de investigación que nunca se profundizó. El investigador Miguel Zapién de la Torre advirtió que las alteraciones en el cuerpo de María Isabel coincidían con patrones observados en feminicidios de Ciudad Juárez vinculados al tráfico de órganos.

La manipulación del cuerpo y la falta de concordancia entre los reportes médicos y forenses podrían explicarse por un traslado y una intervención previa al hallazgo, lo que abriría una ruta distinta de investigación criminal.

Aunque nunca se siguió oficialmente, la coincidencia con casos de mujeres asesinadas en Chihuahua bajo circunstancias similares refuerza la sospecha de que lo ocurrido con Ángel y María Isabel no fue un hecho aislado, sino parte de un patrón de encubrimiento mucho más amplio.

Contradicciones que objetan la versión oficial

Los peritos de Ángel han enumerado varias contradicciones de las autoridades.

  • El paramédico Omar Torres reportó espuma en la boca de la víctima, pero la Fiscalía nunca consideró un posible envenenamiento. Los ministeriales señalaron una mancha hemática en la región anal, mientras que la necropsia describió un desgarro distinto. Según el informe de la perito química Irma Olaya, no se encontró sangre en los genitales de Ángel ni en la ropa interior de la víctima.
  • Los policías ministeriales dijeron haber encontrado un cable negro junto a la cama, pero el paramédico Vicente González aseguró que no vio ningún objeto. El perito Efraín Gutiérrez señaló que la víctima tenía lesiones lineales en el cuello compatibles con estrangulamiento, mientras que Torres observó edema, no marcas de presión.
  • Torres también declaró que la víctima tenía hematomas y golpes contusos que solo podrían producirse con fuerza física, algo imposible para alguien en estado de coma farmacológico. Tanto él como González confirmaron además la presencia de una mujer que dijo ser prima de Ángel, que entregó una caja de medicamentos y que nunca fue identificada ni llamada a declarar.
  • Finalmente, el expediente no menciona que la puerta hubiera sido forzada, lo que indica que Ángel y la víctima no estaban solos.

El caso se mantiene intacto

Los dictámenes científicos presentados este año cuestionan de manera directa la sentencia que mantiene a Ángel Ordóñez en prisión. Aunque la evidencia es contundente, la condena se sostiene sin cambios después de quince años. Las razones de por qué no se ha corregido este caso, pese a las nuevas pruebas, conducen fuera del ámbito pericial y abrirán la siguiente parte de esta investigación.

PRIMERA PARTE: EL MONTAJE

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