Alfredo Griz Cruz Jueves, 09 de Enero del 2025, 23:01
La alcaldesa Ana Patricia Peralta, insensible a esta creciente violencia, opta por financiar grupos de apoyo mediático para crear la falsa percepción de que "todo marcha bien en Cancún".
Despacho 14El violento oficio de escribir
Por Alfredo Griz Cruz
La ciudad de Cancún, en Quintana Roo, es uno de los sitios preferidos tanto para los mexicanos como para los extranjeros debido a la belleza de sus playas. Un paraíso turístico, que por lo mismo, también es el destino preferido para narcotraficantes, mafias internacionales y políticos que buscan dinero fácil y que se sumergen en la gran corrupción que afecta a Benito Juárez, Quintana Roo, aunque es conocido principalmente como Cancún.
Numerosos políticos y servidores públicos han sido señalados e incluso encarcelados por delitos cometidos en Cancún. Algunos han abusado del cargo de alcaldes para hacer negocios al amparo del poder y la corrupción, saqueando las arcas del estado de Quintana Roo.
Hoy en día, sin embargo, Cancún es un destino turístico en decadencia, porque es también una ciudad dominada por el crimen organizado (cárteles, sindicatos, taxistas, mafias internacionales) y el crimen desorganizado (servidores públicos, partidos políticos, funcionarios públicos, y todos aquellos relacionados con el gobierno, incluidos los que trabajan en instituciones de seguridad y justicia). La sociedad está sumida en una podredumbre social comparable a las favelas brasileñas o barrios africanos, donde literalmente no hay seguridad pública, paz ni gobernanza alguna: Cancún es una tierra sin ley.
Hablar de Cancún en este contexto implica también poner en tela de juicio la gestión de la actual administración municipal, liderada por Ana Patricia Peralta. De ser una figura desconocida, la alcaldesa ahora controla uno de los destinos turísticos más importantes de México, y con ello, el futuro de la ciudad.
Todos sabemos cómo llegó a la alcaldía de manera interina. También es de dominio público que tanto el crimen organizado como el desorganizado la apoyaron durante su campaña y fue elegida para este trienio. Elogiar la experiencia de la alcaldesa en la administración pública sería inapropiado, pues muchos lo hacen por intereses económicos o por aplaudir una falta de ética y dignidad, no solo en su gestión, sino también en la de otros funcionarios públicos, algunos de los cuales incluso han demostrado ser peores.
Cancún es la ciudad más violenta del estado y está entre las diez ciudades más violentas del país. Además, cuenta con numerosas alertas de viaje, con países como Estados Unidos advirtiendo sobre los peligros de viajar al destino. En algunos casos, recomiendan no hacerlo.

El semáforo delictivo registró, solo en 2024, 223,000 delitos denunciados, según la Fiscalía General del Estado y la Fiscalía General de la República. Las cifras son alarmantes: el homicidio doloso aumentó un 29%, el feminicidio un 10%, el homicidio culposo un 38%, el secuestro un 40%, la extorsión un 37%, el robo con violencia un 13%, el robo de vehículos un 15%, el robo a casa habitación un 41%, el robo a negocios un 25%, el robo a transeúntes un 26.92%, el robo a transporte público un 20%, la violación un 35%, la violencia familiar un 16.3%, la trata de personas un 44%, el narcomenudeo un 22% y las lesiones dolosas un 10%.
Es decir, 2024 fue el año más violento en toda la historia de Cancún, Quintana Roo. El Observatorio Ciudadano señala que todos los delitos se duplicaron, y en algunos casos, como la trata de personas y el narcomenudeo, se triplicaron en comparación con 2022 y 2023. Esta situación se percibe y se siente en las calles de Cancún.

El discurso oficial no sólo es débil, sino que refleja la falta de compromiso y de acciones reales para mitigar el río de sangre y fuego en el que está sumergido el municipio. La alcaldesa Ana Patricia Peralta no muestra señales de querer colaborar para restablecer la paz social ni la concordia en el municipio que "gobierna". Para ella, este tema no le importa, aunque la ciudad se desangre y se vea amenazada por el crimen organizado. Su enfoque es mediático: prefiere pagar a una pequeña corte de "los milagros" que todo le aplauden y le festejan, creando la percepción de que todo está bien y no hay oposición ni críticas hacia su gestión. Estos aliados, viejos conocidos y cómplices de la debacle de la ciudad, se benefician del dinero público para construir una imagen a medida y ocultar la violencia con publicaciones pagadas en medios de comunicación.
Lo que realmente le duele a Ana Patricia Peralta no es la violencia que asola Cancún, sino que algunos se atrevan a señalarla. No le afectan las muertes ni los niños ejecutados recientemente, como el niño de 10 años y la niña de 11 años que fueron asesinados en diciembre y enero. Lo que le molesta es que los periodistas y medios de comunicación incómodos, que no pueden ser comprados, denuncien la situación. Le preocupa que la ciudadanía y el electorado se den cuenta de que se equivocaron al otorgarle su voto y confianza.
De hecho, lo más deleznable de Ana Patricia Peralta es que ni siquiera niega la violencia. Obviamente, porque no le importa. Lo que la mantiene enojada e indignada es que se publique, como si culpabilizara al reflejo en vez de al espejo.
Cancún sigue siendo noticia por la violencia, el narcotráfico, los fraudes y una larga lista de delitos que no cesan. Pero esta singular servidora pública y alcaldesa, desde la comodidad de su oficina con aire acondicionado, no lucha contra la corrupción que está profundamente arraigada en todo el Ayuntamiento y la Policía Municipal. Hay que señalar que no hay área en la que la corrupción no esté presente.
Ana Patricia Peralta no combate estos males públicos, sino que pelea contra las palabras de quienes nos atrevemos a exhibir su mala gestión, su complicidad con el crimen organizado y sus omisiones ante delitos que han conmocionado al destino turístico. Tampoco se da cuenta de que el poder no es eterno. Su irresponsabilidad y corrupción la han marcado, y los carniceros de hoy serán los cerdos de mañana. En política, lo que está haciendo es intentar detener un vendaval con un paraguas roto y astillado.
Al final, lo que importa son los datos duros: la cifra de desaparecidos en 2024, según el informe de la Red Lupa, fue de 494 en Cancún, municipio de Benito Juárez; del total de 1213 personas desaparecidas en todo el estado, de las cuales 272 personas tenían menos de 18 años. De este número, 180 casos eran niñas. En 2024, se registraron casi dos asesinatos diariamente en Cancún, con un total de 684 homicidos dolosos. En el tema de secuestros, Quintana Roo ocupó el año pasado el segundo lugar a nivel nacional, solo por detrás de Sinaloa, sin considerar los secuestros no denunciados por miedo a que tomen represalias contras las víctimas.
Además, en Cancún existe un centro de control alterno para el narcotráfico, similar al que operaba en Chetumal. Los criminales ya no dependen del C5 de la policía; ahora cuentan con el suyo propio, con la ayuda y asesoría de la Policía Municipal de Cancún. Esta misma policía proporciona armas a sicarios para ejecutar a personas a cualquier hora del día. A pesar de una Fiscalía y Policía Estatal complacientes, la violencia sigue fuera de control. La autoridad solo actuó tras los homicidios de los niños el 25 de diciembre y el 5 de enero. El C5 operó, las cámaras de seguridad funcionaron y se detuvo a los "presuntos culpables", aunque persiste la duda de si realmente fueron ellos o simples chivos expiatorios para calmar a una sociedad harta de violencia, corrupción y las mentiras de la alcaldesa de Cancún.
¿Por qué no investigan los demás delitos con el mismo compromiso? La respuesta es simple: no les importa en lo más mínimo. Menos ahora que se acerca la recaudación del impuesto predial, que por cierto, aumentó considerablemente.
Es inaudito el discurso y las justificaciones de Ana Patricia Peralta respecto a la corrupción, violencia e inseguridad en Cancún, Quintana Roo. Hoy, en este espacio, daremos cuenta de lo que aquí se ha descrito y narrado. Mi pluma va como prenda.