Bétharram, sacrificar la cabeza para que el cuerpo viva
Atrás de la imagen, el colegio de N.S. de Bétharram. Las fotos de tres grupos de estudiantes del colegio se han difuminado para proteger la privacidad de quienes eran estudiantes ahí.

Camille Rio

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Los obispos católicos de Francia y la orden detrás de Bétharram hacen su mejor esfuerzo para presentar al colegio como una excepción, una de una época remota. No lo es.

Bétharram, como otras “órdenes” católicas oferece un ejemplo pristino de una solución demasiado común: la “solución geográfica” al abuso sexual a manos de clérigos.

Por Camille Rio, MEP*

Cuando se supo, el 5 de febrero de 2025, gracias a un reporte de Mediapart, que el primer ministro François Bayrou había intervenido ante el juez Christian Mirande para proteger al colegio católico de Bétharram en el caso Carricart, la atención de toda Francia se centró repentinamente en este modesto pueblo de 800 habitantes en los Pirineos Atlánticos.

Pierre Silviet Carricart, sacerdote y antiguo director del colegio católico, era una celebridad local en los Pirineos Atlánticos, una región cercana a la frontera con España. Era miembro de la élite local. Por ello, su muerte en Roma el 2 de febrero de 2000 conmocionó profundamente a la región. Calificada como suicidio, las autoridades de Roma sacaron su cadáver del río Tíber, como relata esta entrada de la Wikipedia en francés.

Sin embargo, desde octubre de 2023, un colectivo surgido de una simple página de Facebook de antiguos alumnos de la escuela ha ido recopilando informes y copias de los expedientes en la comisaría local de la Gendarmería, los llamados cerfas: 20, luego 30, 70, 100, 150. A finales de mayo de 2025, se habían presentado más de 200 denuncias ante los tribunales.

Ya en noviembre de 2021, Jean-Marie Delbos, un manifestante solitario, se plantó con un pequeño cartel que resumía su caso, atacándose a sí mismo. El cartel decía de él mismo: «Víctima de un depredador en Bétharram y un idiota».

El mensaje de Delbos «Victime d’un prédateur à Bétharram et cocu», puede ser engañoso, ya que Delbos se autodenominaba «cornudo» en la jerga francesa, pero el significado pretendido era retratarse como un idiota, por haber sido víctima de la Iglesia Católica, su colegio de infancia y las autoridades francesas.

Delbos gritó hasta quedarse ronco en el silencio catedralicio que acompañó la solemne genuflexión de los obispos reunidos en Lourdes para decidir el seguimiento del Informe Sauvé, recordándoles que: «El arrepentimiento es pura basura; la primera medida es despedir a los responsables del encubrimiento».

Es difícil expresarlo mejor. ¿Cómo explicar la pusilanimidad de la institución durante los últimos tres años, mientras este problema crecía peligrosamente, amenazando con estallar, literalmente frente a los obispos, y a menos de 20 kilómetros de Lourdes, la ciudad y santuario mariano?

Es cierto que, en lo que respecta a Bétharram, la escotomización, es decir, bloquear nuestra capacidad de percibir realidades dolorosas, es una práctica antigua: las primeras advertencias serias vienen de 1993, 1996, 2000 (abre un resumen en francés del suicidio de Pierre Carricart en 2000), si no es que 50 años antes (en algunos países este enlace abre un documental en francés de Arte, una productora franco-alemana, que rastrea la violencia en Bétharram a finales del siglo XIX.

El símbolo de la violencia educativa, el detonante del «Me Too» de la educación católica francesa, el infierno, el «gulag» de los Pirineos, ahora tiene un nombre: Bétharram, para vergüenza de los habitantes de Lestelle-Bétharram. El nombre de su ciudad evoca tanto el nombre original del lugar, su centro religioso, «la Rama Hermosa», como el nombre de su santuario, testigo de una aparición mariana ya en el siglo XIV, en la que María salva a una niña a punto de ahogarse en el río Gave con una rama. Pero también es el nombre de una congregación docente: los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram, fundada en 1832 por su santo patrono, Miguel Garicoïts.

Este cuádruple legado del nombre Bétharram, un topónimo multifacético, también es ambiguo, y veremos que, en este asunto, las instituciones de la Iglesia Católica saben cómo aprovechar esta ambigüedad de forma maravillosa.

En abril de 2024, contacté con el colectivo «Antiguos alumnos del colegio y preparatoria Bétharram, víctimas de la institución». Avergonzado durante seis años por los casos de abuso en las Misiones Extranjeras de París, consciente de los casos en muchos otros institutos misioneros y ya familiarizado con las mil trampas y maniobras de la jerarquía católica, tanto en Francia como en el extranjero, quería al menos asegurarme que el colectivo hubiera evaluado con precisión el desarrollo de las misiones de la orden en todo el mundo: cientos de sacerdotes repartidos en 14 países y más de 70 casas, como resume el gráfico que sigue a este párrafo.

Conocía la congregación, ya que mi misión en Tailandia fue fundada por un padre de la orden de Bétharram, y conocía a la mayoría de los religiosos del instituto activos en Tailandia. También esperaba que, a diferencia de la jerarquía católica francesa, completamente indiferente al destino de los sobrevivientes extranjeros, las víctimas francesas estuvieran dispuestas a expresar preocupación por las víctimas extranjeras de sacerdotes y religiosos franceses.

Sabía del alcance de la Congregación de Bétharram. No se han limitado a los muros de la escuela de Bétharram. Consciente de ello, me pregunté sobre las posibles consecuencias de los viajes al extranjero de miembros implicados de la orden de Bétharram; el colectivo me da la bienvenida. Al igual que yo, ellos también eran conscientes de las posibles víctimas en el extranjero y de las dificultades que enfrentan al revelar sus propias historias de abuso.

Esta colaboración alcanzó uno de sus objetivos cuando, el 2 de abril, se publicó un comunicado de prensa, traducido a quince idiomas y distribuido lo más ampliamente posible a la prensa extranjera.

Debo expresar mi gratitud al colectivo de víctimas de Bétharram por haber superado primero sus comprensibles reservas sobre trabajar con un sacerdote. También por su firme disposición a abordar el problema de las víctimas extranjeras, lo que se suma a la ya de por sí pesada carga de obtener reconocimiento y reparación para los miembros del colectivo.

En mi opinión, es significativo que esta petición de testimonios provenga de las propias víctimas. Consideran la solidaridad con todas las víctimas como principio fundamental de su lucha: primero, con las víctimas de todas las condiciones, tanto sacerdotes como personal laico (exigiendo el mismo reconocimiento y reparación para todos), por parte de la congregación de Bétharram.

Luego, se solidarizan con las víctimas de todos los colegios privados, sin escatimar tiempo ni esfuerzo para guiar, asesorar, acercarse, apoyar y reunir a las víctimas de otras instituciones conscientes y en contacto con el colectivo. Además, están dispuestos a expresar su solidaridad con las víctimas pasadas, presentes y futuras, exigiendo una auténtica política nacional de protección infantil; y, finalmente, solidaridad con las víctimas extranjeras.

Así, el colectivo construye una amplia fraternidad que comparte la lucha con una estrategia que, para vergüenza de la Iglesia, es exactamente la contraria a la de las autoridades religiosas.

“Regionalización” de los expedientes

Es muy significativo, al examinar tanto la historia de estos casos como su gestión por parte de la jerarquía católica, observar que todo el esfuerzo de esta última consistió en “regionalizarlos” para evitar que se propagaran más allá de la institución del hermoso ramo, Bétharram.

El tardío comunicado de prensa de la Conferencia del Episcopado Francés, la CEF, del 20 de febrero de 2025, sugiere que Bétharram es una excepción, una que, además, proviene de una época pasada, dentro de la educación católica. Pero es sobre todo la comunicación de la propia congregación la más elocuente, por su conducta y sus actores: inicialmente, una comunicación tímida en septiembre de 2024, en euskera y en francés.

¡Ay! A pesar del esfuerzo por traducirlo al euskera, la declaración apenas se conoce fuera de las redes sociales de la congregación, la mayoría de las cuales son monolingües en francés.

Cuando estalló el pasado febrero el escándalo que involucraba a François Bayrou, el primer ministro francés en funciones el padre Laurent Bacho, antiguo vicario general y responsable de la “célula de escucha de los padres de Bétharram” (el título por sí mismo es irónico), quien trató con torpeza a los periodistas que asediaron la casa de la orden en Béarn.

Finalmente, recibió ayuda del padre Jean-Marie Ruspil, vicario regional de la CEF. El superior general de la congregación, el argentino Gustavo Agin, no se pronunció en momento alguno sobre el asunto. Hizo todo lo posible por mantenerlo dentro de los altos muros, cubiertos de hiedra, de Nuestra Señora de Bétharram.

Fue hasta marzo de 2025 que el tema de los abusos se abordó con entusiasmo en la carta interna de la congregación, Noticias de Familia n.º 212. Esa comunicación interna está usualmente disponible aquí en francés, español e inglés. Sin embargo, el sitio de internet se muestra inestable, por lo que sería preferible tratar de acceder por medio del Internet Archive aquí.

La comunicación la suele redactar el superior general, quien, por su parte, se felicitó de no haber sido nunca víctima de violencia durante sus años como alumno en los colegios de Bétharram en Argentina (hay que leerlo para creerlo).

Aún más impactante: durante una conversación telefónica, un sacerdote tailandés de la orden, a principios de abril, expresó su asombro cuando le conté el inmenso escándalo que sacudía a su congregación en Francia. Simplemente, nunca hubo información interna, a pesar de que, días antes, Agin, el superior general, había visitado las misiones en Asia.

Alertas de las víctimas

Fue necesario que las víctimas se presentaran voluntariamente en toda Francia para que nos diésemos cuenta de que un supervisor laico implicado había desarrollado una brillante carrera académica en la educación privada en Francia.

El colectivo y los periodistas que trabajaban con ellos se sorprendieron por los extraños viajes al extranjero. Para apreciar plenamente la magnitud de la crisis en Bétharram y el alcance potencial de los abusos, es necesario tener presente que la orden también está activa en Francia, en Pibrac, una ciudad cercana a Toulouse, y en Limoges, a medio camino entre París y Toulouse.

Tienen casas o están a cargo de parroquias o colegios en Gran Bretaña, España e Italia, así como en Oriente Medio y, desde hace mucho tiempo, en el norte de África. En Marruecos, el arzobispo emérito de Rabat, Vincent Louis Marie Landel, es un miembro de la orden. En Sudamérica, dos antiguos obispos de Encarnación, Paraguay, el obispo español, del País Vasco Ignacio Gogorza Izaguirre y el paraguayo Claudio Silvero Acosta, también son miembros de la orden. Y tienen parroquias y otras obras misioneras en África subsahariana y Asia.

Bétharram no es sólo una congregación docente; también es una sociedad misionera, presente en 14 países, particularmente en los llamados «países de misión». Aquí es donde asegura su reclutamiento, sus recursos y, en resumen, su futuro. Es posible comprender mejor lo que está en juego para ellos: es posible vender algunas propiedades modestas en Lestelle, cerca de donde está el colegio de Bétharram, a arriesgarse a un escándalo en Francia, donde pocos practican ya su religión y sacrificar la cabeza para que el cuerpo viva. Que la casa y el colegio en los Pirineos desaparezcan, para que Bétharram permanezca en sus misiones.

Después de todo, el colegio de Bétharram podría considerarse una excepción, dramática sin duda, pero ¿a la manera de una especie de tumor canceroso en un cuerpo sano? Nada podría ser menos cierto.

El libro completo, en fomato PDF está disponible en el Internet Archive aquí.

Debe tenerse presente que la identidad misionera de la orden de Bétharram estuvo presente desde los primeros años de la congregación: los primeros misioneros de Bétharram acompañaron, como capellanes, la masiva inmigración del País Vasco, español y francés, a América del Sur. Ahí fundaron prestigiosos colegios, similares en todos los aspectos al establecimiento de Lestelle. Ese envío inicial daría un marcado carácter misionero al naciente instituto desde el principio. Pronto le seguirían Oriente Medio, África subsahariana y luego Asia.

Los viajes a Belén (padre Lamasse), Roma (padre Carricart) y Costa de Marfil (padre Ségur) indican claramente una solución demasiado familiar para creer en excepciones: la «solución geográfica», conveniente dentro de una congregación que era a la vez francesa y misionera.

La magnitud de la violencia, en particular la que involucra a sacerdotes vinculados al colegio, indica la naturaleza sistémica del fenómeno en una congregación donde, hasta hace poco, los novicios destinados al ministerio misionero o a la Francia continental se formaban en el mismo seminario menor, precisamente el apostolado donde Jean-Marie Delbos fue víctima de abuso, a metros del colegio.

Conviene recordar cómo Alain Esquerre, quien durante un tiempo fue una especie de portavoz de las víctimas y quien recién publicó un libro sobre su experiencia, señala que «todos los directores de Bétharram eran agresores sexuales».

En ese sentido, es imposible ignorar que el tumor ha tenido todas las posibilidades de hacer metástasis, y desde hace mucho tiempo.

¿Cuántos casos como Bétharram?

Cuántos como Bétharram es una pregunta convertida en una especie de lema para las víctimas de la educación católica en Francia, ya que revela la ansiedad por descubrir casos similares en varios colegios católicos franceses, vinculados a órdenes o diócesis. También obliga a cuestionar la violencia dentro de los numerosos (varias docenas) institutos de enseñanza y misioneros miembros de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Francia (CORREF).

Entre los diferentes grupos u “órdenes” se encuentran diversas hermandades: los Hermanos de Ploërmel, del Sagrado Corazón, de las Escuelas Cristianas, de San Gabriel, etc. Surgieron casi al mismo tiempo que los de Bethárram y son casi similares en su funcionamiento, cultura y organización y gestión de su personal. Además, comparten la manera en que combinan apostolados docentes y misioneros.

Los escándalos que han salpicado las noticias con noticias escabrosas durante los últimos cinco años con preocupante regularidad siempre presentan el mismo patrón: uno, luego dos, a veces decenas de casos atribuidos a uno u otro de estos educadores del vicio en los establecimientos metropolitanos de estas congregaciones, sin que nadie se dé cuenta de que estas congregaciones están activas en todo el mundo, en cientos de escuelas en otras partes del mundo.

Y esto ya no es una cuestión del pasado: el problema en las misiones es muy actual (la congregación de Bétharram abrió su nueva región vietnamita en 2015). Los casos de los Hermanos de San Gabriel (Loctudy-Issé) o los Lazaristas o Congregación de la Misión (cientos de casos en sus escuelas de élite en Irlanda, ninguno hasta ahora en sus numerosas misiones africanas) son elocuentes al respecto.

¿Cuántos casos como Bétharram? ¿Cuántos, dentro de estos institutos centenarios inspirados en las Misiones Extranjeras de París (MEP), hay: Lazaristas, Vicentinos, Eudistas, Lassalianos, Oblatos de María Inmaculada, entre muchos otros? Es una pregunta abierta.

¿Cuántos dentro de los institutos misioneros del mismo modelo en el extranjero, nuevamente cuestionados aquí por sus establecimientos metropolitanos, nunca en sus misiones: Padres de Mill-Hill, Padres de Maryknoll, Misiones Extranjeras de Quebec, Yarumal, Javerianos, entre otros? Yarumal, por cierto es una de las contribuciones de América Latina, de Colombia de manera más precisa, a este grupo, con los mexicanos Misioneros de Guadalupe como la segunda.

¿Cuántos dentro de estas “nuevas comunidades” que están en el punto de mira en Francia, pero que prosperan en el extranjero y en misión (Hermanos de San Juan, Foyers de Charité, la así llamada congregación u orden de las Bienaventuranzas, etc.)?

El cofre de los horrores

Si bien se puede comprender la cobardía de los líderes de estos institutos, aterrorizados por abrir este cofre de los horrores que representan los abusos en las misiones, y que llevan cuatro años apretando los glúteos, rezando para que la ola de revelaciones los perdone, se comprende menos la pusilanimidad de las autoridades religiosas francesas, y en particular de la CORREF, ya que esta negación contrasta enormemente con las solemnes declaraciones de sus líderes al día siguiente de la presentación del informe de la Comisión Independiente que elaboró el Reporte Sauvé, la llamada CIASE.

Resulta inexplicable, además, que esta última haya podido evitar este punto ciego monumental, cuando ahora sabemos que sus miembros eran perfectamente conscientes de este problema: Reunión Plenaria n.º 4 de la CIASE, audiencia de la Hermana Véronique Margron, presidente de CORREF, el 23 de abril de 2019: «Francia es uno de los países fundadores de las congregaciones [misioneras] más importantes».

Don Jean-Marc Sauvé: «Las raíces son muy profundas: en 1900, el 80 por ciento de las monjas y el 50 por ciento de los misioneros en todo el mundo eran franceses».

Audiencia de doña Martine Brousse, presidente de la asociación La Voix de l'Enfant (La voz de los niños) (19/11/2019): «Por lo tanto, al analizar el fenómeno, no debemos olvidar a los niños en el extranjero que son víctimas de sacerdotes franceses».

¿A qué se debe este punto ciego tan significativo en la, por lo demás, exhaustiva investigación de la CIASE? ¿Por qué, sobre todo, la CORREF ha permanecido tan pasiva desde octubre de 2021, cuando los escándalos de las Misiones Extranjeras de París estaban a punto de estallar, sin provocar más reacción que lacónicas declaraciones circunstanciales? ¿Sería porque eran conscientes de que plantear el caso de las Misiones Extranjeras suscitaría preguntas sobre las deficiencias de todos los institutos misioneros de la confederación?

¿Por qué, finalmente, esta actitud expectante por parte de la Conferencia de Obispos Católicos Franceses, si no fuera porque la violencia en la misión plantea la cuestión, apenas abordada por la CIASE, de los abusos atribuibles a los llamados sacerdotes diocesanos fidei donum? Otro punto ciego cuyos archivos dispersos amenazan, aquí y allá, con estallar.

Los fidei donum son sacerdotes diocesanos, no religiosos, enviados a los llamados «países de misión» bajo la autoridad compartida de sus propios obispos, el obispo local receptor y las autoridades pertinentes en Roma, como se describe de manera muy general esta encíclica de 1957 de Pío XII .

La Conferencia Episcopal Alemana, por su parte, no dudó en encargar un informe sobre los sacerdotes fidei donum en misión, publicado en 2022, con conclusiones deplorables. Su informe, disponible únicamente en alemán y español, lleva por título en español Investigación de los Archivos de la Oficina de Coordinación de Fidei Donum de la Conferencia Episcopal Alemana en la Acción Episcopal Adveniat en Essen.

El original en alemán está disponible en la sección de Estudios del sitio web de la conferencia de obispos católicos de Alemania. La versión en español está disponible en el sitio web parcialmente bilingüe de Adveniat (alemán y español). La versión en español del estudio también está disponible en Scribd aquí.

El aspecto “católico” del problema

El “caso” Bétharram es ejemplar porque trasciende su tema en todos los sentidos y delata en todas partes la existencia de sistemas establecidos, inmutables y organizados. Se trata, paradójicamente, de un vertiginoso problema sistémico cuyo carácter internacional es a la vez clave y símbolo:

La acusación contra François Bayrou, el actual primer ministro, pone en tela de juicio los pequeños arreglos entre amigos de notables todopoderosos, dentro de auténticas baronías provinciales, una suerte de caciques o señores feudales.

La ceguera de las autoridades ante abusos tan numerosos y graves en un colegio católico también pone en tela de juicio la curiosa impunidad de la que aún goza la educación privada en la República Francesa, que, sin embargo, es laica y soberana en lo que respecta a la educación de sus ciudadanos.

La doble dimensión docente y misionera de la orden de Bétharram exige una comprensión verdaderamente católica y universal del fenómeno de la violencia sexual: mediante la exfiltración de clérigos abusadores a poblaciones aún más vulnerables; regionalizando deliberadamente los escándalos en regiones demasiado afectadas como para seguir silenciadas.

También lo hace explotando la incertidumbre creada por la vaga responsabilidad de las diferentes autoridades dentro de la Iglesia: la parroquia local, la congregación de Bétharram, la diócesis de Bayona y la Curia Romana.

También lo hace aislando, distinguiendo y dividiendo a las víctimas. Al hacerlo, las autoridades eclesiásticas se esfuerzan por confinar estos “casos aislados” dentro de una especie de “cuarentena” conveniente y discreta.

Sin embargo, debe quedar claro que los problemas sistémicos por naturaleza requieren una respuesta sistémica: y la respuesta solo puede ser católica. Para ello, primero es necesario comprender la escala global de la violencia y la respuesta que ofrece la Iglesia universal. Más allá de eso, mediante nuestra capacidad de mantener unidos a todos los elementos dispersos de esta vasta nebulosa, tanto en Francia como en el extranjero. Añadamos esto: una tarea de igual magnitud se presenta a la reflexión misionera: ¿en qué medida se han exportado estos mecanismos? ¿A las iglesias misioneras, que también se ven afectadas a gran escala por la crisis de abusos sexuales del clero?

Una pregunta formidable que se impone a la misiología, la ciencia de las misiones. El llamado a testigos, publicado en quince idiomas por el colectivo de víctimas de Bétharram, contribuye con alegría a este esfuerzo, más allá de la simple búsqueda de víctimas de la congregación. Es lamentable que esta iniciativa auténticamente católica, que también es sinodal, en colaboración con diversos actores de todo el mundo, vuelva a ser responsabilidad de las propias víctimas, compensando la inercia de las autoridades eclesiásticas.

*Camille Rio es sacerdote de Misiones Extranjeras o MEP por sus siglas en francés.

Traducción y edición del francés al español por Rodolfo Soriano-Núñez. Todas las ediciones al original francés aparecen en cursivas.

Una versión de este texto se publicó originalmente en Golias, una revista francesa. Camille Rio autorizó su traducción al español e inglés.