Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 05 de Octubre del 2026, 00:05
Uno es un laico y antiguo miembro, nacido y reclutado en el Norte Global. El otro también fue miembro de los Arautos y es un sacerdote en América Latina.
Sus testimonios ofrecen relatos de primera mano sobre cómo organizaciones similares a órdenes aprobadas por el Vaticano, como los Arautos, apuestan por prácticas sectarias y predatorias.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Esta cuarta entrega sobre el abuso en los Heraldos del Evangelio o Arautos, como se les conoce en por su nombre original en portugués, se remite a documentos recientes que dan cuenta, desde dos perspectivas, de una realidad similar.
Ambos documentos forman parte de los muchos archivos enviados al Vaticano después de que el papa Francisco iniciara la llamada Visita Apostólica que finalmente condujo a la actual intervención de los Arautos, un procedimiento todavía presidido formalmente por el cardenal brasileño Raymundo Damasceno Assis, quien ahora es asistido por José Aparecido Gonçalves de Almeida, el obispo de la diócesis de Itumbiara, y Marián Ambrósio, la superiora general de las Hermanas de la Divina Providencia (contenido en portugués).
Los documentos proporcionan relatos dolorosamente detallados de cómo las prácticas depredadoras fueron normalizadas por Roma durante los últimos años del pontificado de Juan Pablo II. Ofrecen dos narrativas de lo complejo que es el abuso en entornos religiosos. Ambos fueron escritos por sobrevivientes masculinos.
Uno, de 326 páginas, es la respuesta directa de un exmiembro de los Arautos a una solicitud de los funcionarios vaticanos que se ocupan del abuso en esa organización religiosa similar a una orden. Se le identificará únicamente como Charles, para proteger su identidad y la de sus amigos y familia. Charles es actualmente un laico, nacido y actualmente residente en el Norte Global, donde fue reclutado en los ochenta y enviado a Brasil para continuar lo que se esperaba fuera su formación como sacerdote de esa organización.
El segundo es un relato de 135 páginas de un actual sacerdote en América Latina, que también dejó la orden y que ahora es párroco en su país de origen. Sólo se le identificará como José para protegerlo de una potencial reacción violenta de los miembros más radicales de los Arautos en su país y en otros países de América Latina.
Mientras que el documento de Charles se construye a partir de su propia experiencia como sobreviviente de las muchas formas de abuso practicadas por los líderes y miembros de los Arautos, el tipo de prácticas amplias y generalizadas que impidieron a las autoridades brasileñas identificar quién fue el principal culpable del abuso en su contra, el de José profundiza en un análisis teológico y eclesiológico propio de un sacerdote que, por lo demás, parece estar en buenos términos con su diócesis y Roma.
Ambos documentos fueron enviados por sus autores a las autoridades vaticanas que se ocupan de este caso específico, por lo que, al menos a efectos de los procedimientos internos o canónicos, permanecen bajo el “secreto pontificio”. Aunque no hay obligación de cumplir con las arcanas reglas del “secreto pontificio”, pues los documentos fueron obtenidos al margen de fuentes vaticanas, hacer anónimas las identidades de las víctimas busca que no se use esta publicación como pretexto para afectar un fallo de Roma sobre esta organización, sus asociados y “movimientos”.
Esa es también la razón por la que no se publica la totalidad de los documentos ahora. Aunque la intervención original inició hace ya más de nueve años, hay la expectativa de que Roma tomará alguna decisión respecto de esta y otras muchas organizaciones similares a órdenes afectadas por prácticas sectarias y predatorias similares.
Ante todo, protege tanto como sea posible a Charles y a José y a muchos otros antiguos miembros de la organización que han denunciado los excesos de los Arautos, y quizás más reveladoramente la lenta reacción de Roma. Tan lenta, que raya en lo que muchos ven como desinterés en abordar realmente la situación actual en las casas y comunidades de los Arautos.
En lo que respecta a Charles, una versión de su testimonio aparece en los archivos que dan forma a la investigación sobre los Arautos que las autoridades brasileñas, representadas por Catharina Verboonen, decidieron finalizar y enviar al Archivo Muerto, el procedimiento de Arquivamento, como se le llama en portugués.
Si se regresa al memorándum de Arquivamento de Catharina Verboonen, disponible después de este párrafo, es necesario tener en cuenta que no se emitió porque ella no pudiera encontrar pruebas del abuso. En ningún momento del texto, donde se cita repetidamente a Charles, Verboonen descarta sus quejas o agravios. Todo lo contrario, cada vez que los identificadores utilizados por Verboonen se refieren a Charles, ella coincide en que hay mérito en sus reclamos, pero también afirma no poder construir un caso real y presentarlo ante un juez.
Lo hace porque el principal culpable, João Clá Dias, el fundador de los Arautos, ha muerto, porque los delitos ocurrieron hace muchos años, por lo que la prescripción ha expirado y, para colmo, porque el abuso fue de tal magnitud, tan institucionalizado, para convertirse en un rompecabezas sin solución para el sistema de justicia brasileño.
En el documento de Verboonen, es posible leer cómo ella, como alta funcionaria del gobierno brasileño, acepta que ocurrieron irregularidades, incluso violaciones sistemáticas de derechos humanos, pero declara a su oficina incapaz de abordar realmente los delitos, y mucho menos de encontrar una manera de ofrecer una medida de justicia a los afectados por las prácticas de los Heraldos.
También es necesario tener en cuenta que, desde la muerte del papa Francisco en abril de 2025, los amigos y aliados de los Arautos en otras organizaciones religiosas que enfrentan procesos similares en Roma y, de manera más significativa, sus aliados en las élites políticas latinoamericanas lanzaron una campaña completa para poner fin a la intervención de los Arautos.
Debe destacarse que la Visita Apostólica y la posterior intervención es un procedimiento que Roma ha utilizado antes para tratar con la Legión de Cristo, y que tan recientemente como el 8 de diciembre de 2024, se ha ordenado por cuarta vez en menos de 40 años en el Instituto del Encarnado del Verbo argentino.
La intervención de Roma en este tipo de grupos viene sin garantías sobre qué tan efectiva será. A pesar de la mucha “palabrería católica” sobre la humildad y la obediencia al Vicario de Cristo, uno de los títulos usados para referirse al papa, las organizaciones que afirman seguir una disciplina militar que recuerda a las órdenes de cruzados medievales, o una comprensión retorcida del “cuarto voto” de obediencia al papa de los jesuitas, están más que dispuestas a desafiar la autoridad papal.
En los casos más extremos, como la ahora cismática Sociedad Sacerdotal de San Pío X, lo hacen en nombre de la autoridad de un pontífice fallecido, Pío X, pero incluso cuando las organizaciones afirman estar en plena comunión con Roma, como lo hacen los Arautos, solo se necesita observar cómo usan su infraestructura de internet en Italia para librar una guerra contra el finado papa Francisco de ponerlos bajo intervención.
Desde allí, han inundado las redes sociales católicas con una campaña para presentarse como víctimas de Francisco o, más en sintonía con la práctica católica, para presentarse como víctimas de personas cercanas al difunto pontífice argentino que le ofrecieron información falsa o errónea.

La imagen de arriba es la portada de un PDF distribuido generosamente por los Arautos y sus aliados donde explotan esas ideas tanto como es posible. Debajo de los créditos de los autores, el título en portugués dice:
- El Comisariado de los Heraldos del Evangelio
- Crónica de hechos, 2017-2025
- Castigados sin diálogo / sin pruebas / sin defensa
Hay al menos cuatro ediciones simultáneas —inglés, español e italiano, junto con el portugués original— instrumentalizadas a través de una red coordinada de cuentas de redes sociales que abarcan Instagram, TikTok, X y Facebook. En cada plataforma, juegan a ser la víctima perpetua. Usan esos bastiones digitales para atacar la decisión del papa Francisco de ponerlos bajo lo que es, para todos los efectos prácticos, una administración interina.
Y lo que se ve con los Heraldos recuerda, por decir lo menos, a lo que se ve en estos días en el Instituto del Verbo Encarnado argentino, donde se tuvo que lanzar una ciberinfraestructura separada, con una URL nueva e independiente (verboencarnado.org) en lugar del ive.org "histórico".
En un conflicto que recuerda a las disputas medievales dentro de los monasterios, ahora existen dos sitios web funcionales: uno controlado por la vieja guardia leal a los métodos de Carlos Miguel Buela, y el otro operado por José Antonio Satué Huerto, el obispo de Málaga, España.
Satué Huerto se vio obligado a lanzar esa ciberinfraestructura paralela para evitar que la vieja guardia de la organización argentina secuestrara sus comunicaciones con Roma y otros actores en el drama en curso dentro de la orden fundada por Buela, y ofrece un reflejo del conflicto en curso en torno a los Arautos, revelando qué tan tenue es realmente el compromiso de estas organizaciones depredadoras con la obediencia cuando perciben una amenaza a su futuro.
Esto es más relevante en el caso de los Arautos, ya que siguen siendo un actor clave en la coalición que apoya a la familia Bolsonaro en la extrema derecha brasileña. Incluso si perdieron su apuesta de apoyar la reelección de Jair Bolsonaro, ahora encarcelado, apoyan a su hijo Flávio, quien busca derrotar a Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca un hito en Brasil: un cuarto mandato presidencial, a menos de un mes de cumplir 81 años.
Como si ya cubrieran una pérdida en Brasil, los Arautos son una suerte de mascota de Abelardo de la Espriella, el presidente de Colombia, quien recientemente presentó a miembros de ese grupo durante una vigilia en la Plaza de Bolívar de Bogotá como protagonistas de un controversial acto de unidad tras el terremoto de magnitud 7.5 del 10 de agosto de 2026.
La parafernalia y el espectáculo de los Arautos encajan como un guante en el populismo de extrema derecha de De la Espriella, con frecuentes “saludos” militares a sus multitudes, mezclados con su peculiar versión de catolicismo identitario.
Reclutado en el Norte Global, víctima en América Latina
El relato de Charles sobre su experiencia como miembro de los Arautos es algo más que una anécdota, no solo porque es un elemento en la dilatada investigación del Vaticano sobre el futuro de esa organización similar a una orden. También, porque su testimonio fue suficientemente relevante para ser citado como fuente por Verboonen.
Él explica su interés en los Arautos como resultado de su crianza en un hogar católico en el Norte Global, donde la amenaza del comunismo era un asunto serio, tan central para su identidad como persona, que el testimonio de Charles lo sitúa en primer plano como la razón por la cual, siendo adolescente, se comprometió por completo con la idea de expulsar a ese demonio de la faz de la Tierra.
Y si la retórica parece exagerada, intenta coincidir con lo que los propios Arautos hacían con el ritual del exorcismo. Popularizado tras la película de 1973, el exorcismo entre los Arautos fue una suerte de cura única para todos los males, pero también en un arma para presentar a sus líderes como una amenaza para Satanás mismo.
Como ocurría con Marcial Maciel cuando se presentaba como la víctima de un imaginario Partido Comunista Mexicano dispuesto a matarlo como la razón de los rumores sobre su vida privada, Correia y Clá Dias “permitieron” a sus subordinados “filtrar” supuestos mensajes de demonios sometidos durante exorcismos “internos”.
Curiosamente, al hacerlo iban en contra de las propias enseñanzas de la Iglesia Católica sobre cómo tratar tales mensajes, que se remontan a la Edad Media. Desdeñosos de tales enseñanzas, los líderes de Tradición, Familia y Propiedad (TFP) estaban más que dispuestos a “filtrar” mensajes sobre Clá como una figura a la que esas entidades consideraban no sólo un digno rival, sino un enemigo tan relevante como para ser el objetivo de sus ataques además de un futuro papa.
La “filtración” de tales mensajes ya era una estrategia establecida para elevar el perfil de Clá Dias en 1988 cuando, a los quince años, Charles contactó por primera vez con un centro de TFP en una importante área metropolitana del Norte Global. Atraído por lo que ahora ve como la estética católica tradicional y la retórica anticomunista del grupo, se integró en sus actividades juveniles locales.
A finales de ese año, los directores locales comenzaron a alentar un compromiso más profundo, lo que lo llevó a abandonar su educación secundaria formal. En julio de 1989, a los dieciséis años, se mudó a lo que entonces era un centro de la TFP pero que ya actuaba también como lo que eventualmente se convirtió, al menos formalmente, en los Arautos en Brasil poco más de diez años después.
No está claro cuál era el estado canónico real de la TFP en esa diócesis, pero Charles se convirtió en un residente a tiempo completo. Al hacerlo, siguió un camino común en ese momento para los aspirantes a miembros de la Legión de Cristo, el Opus Dei, el Sodalicio de Vida Cristiana y el Instituto del Verbo Encarnado: romper el contacto regular con su familia e ingresar en un régimen extremadamente estructurado de oración diaria, tareas de reclutamiento y entrenamiento ideológico.
Traslado a Brasil e ingreso al Eremos (1989–1994)
A finales de 1989, la dirección de la TFP trasladó a Charles a Brasil, la base del movimiento dirigido por Plinio Corrêa de Oliveira, quien en ese momento todavía estaba activo y era una presencia visible en lo que se convertiría en los Arautos.
Según un patrón de reutilizar continuamente palabras en latín que comparten raíces en el portugués y otras lenguas occidentales, la TFP etiquetó su proceso de formación, al que Charles se unió en Brasil, con el término en latín para una ermita: el Eremos.
El truco del lenguaje no se limitaba a esas transiciones mayores, similar a los ritos de paso en la vida de los jóvenes aspirantes. Era un elemento clave del “branding” de TFP-Arautos: presentarse como la iteración más reciente de una estirpe de fundaciones de órdenes católicas, al usar términos en latín o relacionados con el latín para describir el mundo y el papel del joven aspirante en él tanto como fuera posible.
Uno de tales usos de palabras o frases en latín es el llamado Praesto Sum, un proceso diseñado para la intensa formación espiritual y física de los jóvenes reclutas, que conduce en última instancia a la aniquilación del llamado “foro interno”, es decir, la capacidad de los miembros de este tipo de organizaciones para decidir por sí mismos.
Una vez más, prácticas similares, aunque con diferentes nombres o énfasis, ya eran usadas por la Legión de Cristo en México, el Opus Dei en España, el Sodalicio peruano y el Instituto del Verbo Encarnado en Argentina.
La vida en las ermitas brasileñas estaba gobernada por el Ordo. Allí, uno encuentra otra adaptación de una raíz latina que resuena, a través de cognados, en portugués, español, francés, italiano e inglés: orden. El Ordo u orden era un código de conducta no escrito, pero estrictamente aplicado que dictaba cada aspecto de la vida diaria.
Los Arautos no eran los únicos entre los movimientos autoritarios o de tipo sectario modernos en el Norte Global y América Latina que anclaban sus identidades en una noción idealizada del Imperio Romano Tardío mediante el uso del latín.
Al apelar a palabras en latín muy específicas, al menos parcialmente inteligibles en portugués, español, francés, italiano e incluso en inglés contemporáneo, intentan conectar con un código cultural que equipara la jerarquía absoluta con la ley divina, la etimología con el orden natural, lo que les permite ofrecer su idea de un rígido control interno como la máxima defensa de la civilización.
Imponer el Ordo a los jóvenes reclutas no era fácil. Los líderes de la TFP y más tarde de los Arautos eran conscientes de lo difícil que es forzar a novicios relativamente ingenuos a una vida de privación, sumisión y violencia, especialmente cuando se recluta en parroquias católicas del Norte Global o en hogares acomodados de América Latina. Como ocurría en el Sodalicio peruano, los líderes de TFP-Arautos tuvieron que enmarcarlo como un intercambio heroico: el dolor como el precio necesario para preservar o, más aún, para salvar, una noción idealizada de la civilización occidental.
Algunos de los elementos principales de la vida en el Eremos incluían:
Obediencia absoluta: Sumisión total a los superiores, particularmente a João Clá Dias, quien era director principal de la TFP bajo Plinio Corrêa de Oliveira.
Disciplina estricta y silencio: Las rutinas diarias estaban reguladas al minuto, incorporando prolongados períodos de silencio obligatorio, posturas rígidas durante las reuniones y límites estrictos a la autonomía personal como la prueba máxima de obediencia y docilidad hacia la organización.
Votos y ceremonias: Los reclutas tomaban votos formales de servidumbre espiritual hacia los líderes y ciertas advocaciones de la Virgen María, muy especialmente, como ocurrió en la Plaza de Bolívar en Bogotá el pasado agosto, a Nuestra Señora de Fátima, una imagen frecuente en la extrema derecha católica global.

Eso se combina con una vestimenta única. El atuendo de los Arautos es una combinación alucinante del hábito carmelita, con túnicas con grandes cruces, ajeno a los “carmelitas descalzos” de la España del siglo XVI promovido por santa Teresa de Ávila y otros místicos ibéricos.
El hábito de los Arautos, una alucinación estética que nunca llega al tobillo, se combina con botas que los líderes de los Arautos ven como de inspiración militar. Sin embargo, tal calzado sólo pasaría como militar entre unidades de caballería de élite de los ejércitos del siglo XIX durante las Guerras de Independencia; son ajenas a las órdenes militares medievales de los siglos IX o X.
Si uno se viera obligado a encontrar botas similares en uniformes militares, sólo existen en los uniformes ceremoniales de las unidades de caballería, ya que las botas militares contemporáneas están hechas en su mayoría de materiales sintéticos, por su desempeño, no por razones estéticas. Por eso, el mejor lugar para encontrar ese tipo de botas sería en los uniformes utilizados por los participantes en las competencias ecuestres de los Juegos Olímpicos, el llamado adiestramiento o dressage.

A pesar de estas inexactitudes históricas, lo que se convirtió en los Arautos ya operaba bajo una rígida estructura de tipo militar, exigiendo una obediencia absoluta a los líderes de las casas, en otro guiño a lo que era habitual en ese momento en la Legión de Cristo mexicana o el Sodalicio peruano.
Finalmente, según Charles, están los castigos y las “penitencias”. Las infracciones disciplinarias o las fallas espirituales se respondían con reprimendas formales, tareas físicas, penitencias corporales y sesiones públicas de autocrítica, los “cabildos”, otra alucinación de elementos medioevales en la estética y la práctica de los Arautos.
Como también ocurrió en la Legión de Cristo, el Opus Dei y otras organizaciones similares de los ochenta y los noventa, Charles fue aislado de las noticias del exterior, de la comunicación familiar y de los recursos financieros personales, el alojamiento, la ropa y las necesidades básicas las recibía del movimiento.
La Bagarre, el apocalipsis de los Arautos
Lo que resulta sorprendentemente peculiar de la identidad de los Arautos, de cómo explican su propio papel en la historia de la Iglesia Católica, es la noción de Bagarre. Uno debe ser consciente de que la palabra misma Bagarre no es de origen portugués.
Es un “préstamo” que Corrêa de Oliveira y Clá Dias hicieron de una palabra en francés que, sin embargo, tiene un cognado relativamente cercano en portugués (briga), que en español podría ser cercano a la “Tribulación” de la que hablan algunas interpretaciones de literatura apocalíptica que hablan del final de los tiempos o del mundo.
En la explicación cuidadosamente reconstruida por Charles sobre lo que es la Bagarre, es necesario verla como la clave misma de la cosmovisión de los Arautos. La Bagarre es la consecuencia de una postura anticomunista radical infundida con un sentido de emergencia existencial de fin de los tiempos. No es una contienda electoral ni un debate filosófico o académico. Es la manifestación misma de una amenaza existencial justificada en la interpretación que hacen los Arautos de los supuestos mensajes secretos de Nuestra Señora de Fátima a principios del siglo XX.
En ese sentido, la Bagarre proporciona una narrativa de conflicto inminente pero también una excusa para matar, si se requiere, a quienes, por cualquier razón, lleguen a ser identificados como “comunistas”. La Bagarre es también lo que justifica la idea misma de la necesidad de lo que la comprensión de la teología católica por parte de los Arautos entiende como “esclavitud sagrada” como un compromiso total y absoluto del yo hacia una Tríada Mesiánica formada no por la Santísima Trinidad, ni siquiera por esa noción del Dios cristiano como uno y trino, sino por Plinio Corrêa, su madre Lucilia Corrêa de Oliveira y Clá Dias como el verdadero Norte espiritual de los Arautos.

La Bagarre es una delirante “Sexta Cruzada” mezclada con más radical interpretación posible del Apocalipsis, justificada por la sesgada interpretación de Plinio Corrêa y Clá Dias de los supuestos “mensajes secretos” de Nuestra Señora de Fátima.
Tal reescritura de la teología católica y cristiana presenta a los Arautos como el último guardián de la civilización misma. Ninguna ley humana, brasileña, colombiana o de cualquier otra nación tiene verdadera autoridad sobre ellos, como en última instancia tampoco la tiene la propia jerarquía de la Iglesia Católica.
Como hizo con su testimonio ante Catharina Verboonen, Charles no está tratando de convencer a los funcionarios del Vaticano de que hubo excesos aislados. Advert'ia al papa Francisco y al cardenal Damasceno Assis de que los excesos en los Arautos surgieron como la consecuencia lógica de la estructura interna de creencias desarrollada primero por Plinio Corrêa y posteriormente modificada por Clá Dias.
Charles no informa de una simple mala conducta. Describe un diseño organizacional imbuido de una mitología histórica que desafía la autoridad misma de la Iglesia Católica. Recuerda a una frase que Juan Pablo II solía usar para reprender y humillar a la Teología de la Liberación en los setenta y ochenta: Una iglesia paralela.
Charles fue testigo de los cambios traídos por la muerte del fundador Plinio Corrêa de Oliveira en octubre de 1995. En ese momento, el movimiento sufrió una importante reestructuración organizacional bajo el mando de João Scognamiglio Clá Dias. Las disputas internas sobre el liderazgo y las propiedades dividieron las estructuras originales de la TFP. Durante esta transición, Clá Dias encabezó la reestructuración que condujo a la creación de los Heraldos del Evangelio (Arautos do Evangelho).
Charles fue asignado a varias misiones internacionales durante estos años de transición, incluidas tareas en América del Norte y Brasil. Sus deberes incluían la gestión de la logística interna de las propiedades, conducir a las figuras de liderazgo, organizar campañas de reclutamiento de jóvenes y recolectar donaciones para la empresa en expansión. A pesar de sus largos años de servicio, permaneció bajo total vigilancia organizacional y un estricto control sobre su horario y sus movimientos.
A lo largo de sus diez años dentro del grupo, el agotamiento físico persistente, el aislamiento forzado de su familia y las crecientes dudas sobre la devoción dedicada a los líderes del movimiento crearon una profunda tensión psicológica.
En octubre de 1999, mientras estaba destacado en una base operacional, Charles decidió romper y salir. Al carecer de ahorros personales, credenciales educativas formales o documentación de identidad externa, se coordinó con el apoyo familiar externo para asegurar transporte y escapar de la propiedad.
Tras su salida a finales de 1999, Charles, ya de regreso en su país de origen, con el apoyo que sólo un Estado de bienestar proporciona, se sometió a una extensa rehabilitación psicológica para procesar el trauma y la pérdida de identidad resultantes de su década de aislamiento. Para evitar experiencias similares a otros, recopiló sus diarios, reglamentos y recuerdos personales en una narrativa formal exhaustiva.
Presentó formalmente esta documentación a las autoridades eclesiásticas de su país de origen, a la Santa Sede y a los organismos de investigación civil de Brasil (incluido el Ministerio Público de São Paulo) para documentar el alcance del abuso psicológico, laboral y emocional, el reclutamiento de menores y las irregularidades canónicas dentro de la organización.

El testimonio de José
A diferencia de Charles, José pasó casi 24 años dentro del movimiento. De hecho, ingresó en una filial local de Tradición, Familia y Propiedad en 1993, y posteriormente en los Arautos cuando estos crearon por primera vez su sociedad clerical, la llamada Virgo Flos Carmeli, palabras tomadas de una oración del siglo XIII que pide la intercesión de Nuestra Señora del Carmen, hasta su salida en septiembre de 2017.
José centra la mayor parte de sus críticas a los Arautos en lo que identifica con agudeza como su doble identidad o “dos caras”: un lado público y encantador definido por una “espléndida liturgia”, arte católico medieval tradicional y vigor juvenil; y un lado interno, hermético y secretista que opera bajo una rígida coerción interna y doctrinas esotéricas centradas en sus líderes.
Presta atención a cómo, bajo el liderazgo de Clá Dias, el grupo pulió, algunos dirían “blanqueó”, algunos de los aspectos más radicales de su teología de una manera que recuerda a lo que hizo el Sodalicio de Vida Cristiana cuando retiró todas las primeras ediciones de sus documentos para eliminar los aspectos más radicales de los mismos.
Como el Sodalicio, los Arautos suavizaron algunas de sus posturas anticomunistas, al tiempo que adoptaron una postura más “espiritual” que facilitó la transición acelerada de una entidad diocesana en una sola diócesis brasileña a una con aprobación pontificia global en 2001 como Asociación Internacional Privada de Fieles, y la posterior creación de sociedades de vida apostólica clerical (Virgo Flos Carmeli) y femenina (Regina Virginum), las más cercanas a una comprensión más tradicional de una orden.
Como hace Charles en su testimonio, José también denuncia la “Tríada Mesiánica” con Plinio, Lucilia y João, quienes son el centro de la espiritualidad del movimiento. Los tres reciben algún grado de veneración centrada en alguna virtud: Plinio Corrêa como el “profeta y fundador”, Lucilia Corrêa como un ideal de inocencia y misericordia, y Clá Dias como el “discípulo perfecto” y alter ego de Corrêa, llegando incluso a utilizar un título que los católicos suelen reservar para el papa mismo: el de pontífice y, lo que es aún más sorprendente, el de “Pontífice Eterno”.
Siguiendo su propia interpretación de Luis de Montfort, un santo francés del siglo XVII, los Arautos desarrollaron una noción de Esclavitud Sagrada en la que los miembros se someten a una consagración interna no sólo a María, sino directamente como esclavos de Corrêa y Clá. Esclavos dispuestos a renunciar a la identidad, refiriéndose a sí mismos como “este esclavo”, uno dispuesto a obedecer cualquier orden sin cuestionar.
El relato de José sobre la Bagarre es similar en todos los aspectos al de Charles. Es un castigo divino universal e inminente predicho que destruirá la “Revolución” moderna, a los pecadores y al clero corrupto. Los miembros se ven a sí mismos como instrumentos de la ira de Dios durante este evento cósmico.
Una vez que la Bagarre ocurra, esperan un “Grand Retour”, francés para Gran Retorno, y la creación de un Reino de María, una dorada era postapocalíptica en la que Corrêa y Clá gobernarán y guiarán a la sociedad según la idea que ellos mismos tenían de cómo fueron las sociedades medievales, que no se corresponde con la realidad histórica documentada. Es, como el hábito, algo más cercano a una alucinación.
Para inculcar estas creencias radicales, los Arautos requieren una maquinaria capaz de una manipulación psicológica que sólo las “instituciones totales”, como se discutió en la primera entrega de esta serie sobre los Heraldos, ver arriba, pueden generar.
Para lograrlo, existe una clara necesidad de reclutar primero a adolescentes tan jóvenes como sea posible y de aislarlos de sus familias, amigos e incluso de colegios católicos. En ese sentido, según el relato de José, los Heraldos inculcan aversión hacia las familias naturales, designadas internamente como “Fuente de Mi Revolución”.
Como consecuencia, los jóvenes reclutas viven una presión para cortar lazos con sus familias y salvar su “vocación” y desarrollar actitudes moldeadas por lo que José caracteriza como “rigorismo” y una “cultura basada en el miedo”.
El ambiente interno se basa en el miedo constante. Miedo al infierno, a perder la “vocación”, a perder la pureza, que busca sustituir el foro interno por una estricta adhesión a las reglas del Ordo, a veces llamado “Ordo de Costumes” en una extraña mezcla de latín y portugués u “Ordo de costumbres” en una mezcla también extraña de latín y español, el código de conducta diario no escrito basado en el miedo.
Como suele ser el caso en la Legión de Cristo, el Opus Dei, el Instituto del Verbo Encarnado y el ahora suprimido Sodalicio de Vida Cristiana, también hay un intento activo de construir una “fachada académica”. A diferencia de los jesuitas, a quienes se alienta a asistir a programas de postgrado en universidades fuera de su orden, estas “órdenes” relativamente nuevas hacen todo por mantenerse en el llamado “incesto académico”, es decir, evitar las universidades no católicas o incluso las universidades fuera de sus propias órdenes.
Y más aún, a menudo sustituyen el rigor académico formal con el estudio de los documentos de Plinio Corrêa y Clá Dias. José va más allá al señalar cómo los títulos académicos se obtenían a veces gracias a convenios institucionales con un estudio real mínimo o mediante arreglos de otros tipos.
Prácticas espirituales
El documento de José enfatiza cómo, comenzando alrededor de 2013, Clá Dias y sus subordinados en los Heraldos comenzaron a practicar exorcismos no autorizados utilizando fórmulas no canónicas, ordenando a menudo a los demonios «en nombre de Monseigneur João», es decir, en nombre del propio Clá, quien, curiosamente, es identificado allí con un título en francés, en otro paralelismo con la preferencia de Marcial Maciel por «Mon père», como la forma de dirigirse a él.
Más reveladoramente, fue posible percibir una clara y llamativa distancia entre el conjunto de creencias admitidas en público y las prácticas espirituales reales, privadas o comunitarias, en las casas de los Arautos, muchas de las cuales, para sorpresa de nadie, desafían y contradicen al Concilio Vaticano II, al Ordo Missae, tal como fue promulgado en 1969 por Pablo VI, y las enseñanzas de los papas postconciliares.
Ambos documentos presentan a los Arautos como algo más complejo y peligroso que una agrupación católica que experimentó escándalos. Son la continuación institucional de una cosmovisión heredada de Plinio Corrêa de Oliveira y transformada bajo João Scognamiglio Clá Dias en un sistema interno estrictamente controlado y centrado en la obediencia, la autoridad carismática y una visión apocalíptica de la historia.
Casi diez años después de la decisión original del Vaticano de intervenir, la pregunta sobre su futuro permanece. Si uno toma los casos del Sodalicio o del Instituto del Verbo Encarnado, no hay razón para ser optimista.
Roma suprimió al Sodalicio sólo después de que sus miembros desafiaron la autoridad del papa en funciones e incluso ahora, casi dos años después de las noticias originales, no está claro qué sucederá con lo que ahora es una entidad formalmente suprimida que sigue activa, es rica y recibe protección de las autoridades peruanas.
El Instituto del Verbo Encarnado se encuentra ya en su cuarta o quinta intervención vaticana, según cómo se cuenten, Cuando, allá por 1999, la Conferencia Episcopal Argentina en pleno pidió a Juan Pablo II que los suprimiera, siempre hubo una mano amiga, ya fuera en Roma o en los Estados Unidos, dispuesta a ayudarlos a sobrevivir con poco más que cambios cosméticos en sus prácticas.
Cuántos años más necesitará el Vaticano para encontrar una solución en el caso de los Arautos es, hasta ahora, una incógnita. A diferencia de la actitud pasiva del Vaticano ante este y otros casos, los Arautos mantienen una operación multimedios y multiplataforma en redes sociales. En ella hacen todo para presentarse como víctimas del papa Francisco y de una coalición de clérigos “de izquierda” y “modernistas”, que busca imitar las condenas de Pío X a cualquier cambio en la Iglesia Católica. De manera más significativa, como lo demuestra la vigilia en la Plaza de Bolívar en Bogotá, buscan activamente patrocinio político para cubrir posibles pérdidas en Brasil.

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Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.