Expedientes Hidalgo: Zetas pagaban a taxistas mil pesos por 'entrega'
Expedientes Hidalgo.
Expedientes Hidalgo: Zetas pagaban a taxistas mil pesos por 'entrega'

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Taxista participó en secuestros y distribución de droga por orden de Los Zetas a cambio de mil pesos.

Los Zetas les exigían trasladar a personas secuestradas a casas de seguridad.

Por Juan Ricardo Montoya

Sólo mil pesos pagaban Los Zetas a un taxista de Pachuca por cada entrega de droga que le ordenaban. Por la misma cantidad también participaba en "levantones", como se refieren en México a los secuestros.

Es el caso de Baltazar López Pérez, alias El Rocky, un taxista capturado la madrugada del 16 de junio de 2011. Los policías ministeriales de Hidalgo lo detuvieron al momento de transportar en la cajuela del vehículo de alquiler que conducía a un hombre que horas antes había sido "levantado" por una célula de sicarios al servicio de Los Zetas, quienes incluso le habían cortado a la víctima el dedo meñique de la mano derecha. 

A diferencia de cómo algunos medios de comunicación, a través de las series de televisión y películas, muestran a los capos del crimen organizado como personajes generosos que premian la lealtad y el trabajo de sus subalternos con grandes cantidades de dinero, en la realidad, en el caso de Los Zetas, en el estado de Hidalgo contrataban a diversas personas con amenazas y los hacían cómplices de atroces y graves crímenes a cambio de "sueldos" de miseria  aprovechándose de su pobreza, sus necesidades económicas y sobretodo, de su miedo. 

Entre los años 2006 a 2012, en que la presencia de Los Zetas en Hidalgo tuvo su mayor auge, además de policías, los integrantes de esa grupo delictivo metieron a su "nómina" a un número indeterminado de taxistas que tras ser intimidados, accedían trabajar para la "Compañía" o "La última letra", a cambio de miserables cantidades de dinero. 

Durante el interrogatorio al que fue sometido por el agente del Ministerio Público, Baltazar López declaró ser chofer de un taxi que no era de su propiedad, sino de una persona a la que identificó como Jorge, y que se lo daba a trabajar a cambio del pago de una "cuenta"; es decir, de una determinada cantidad de dinero que tenía que juntar y entregar diariamente. 

El taxista se quedaba con lo poco que sobraba de lo que había ganado tras cubrir lo de la "cuenta" y la gasolina del vehículo, por lo que trabajaba en el taxi extenuantes doce horas diarias, de las 15:00 horas a las tres de la madrugada del día siguiente, seis días a la semana, con excepción de los sábados en que descansaba. Obviamente, descasaba sin recibir nada por ese día de asueto. 

En ocasiones, a pesar de la larga jornada laboral, había días que sólo sacaba para la cuenta y la gasolina, sin obtener nada para él. En otras ocasiones, ni siquiera para la cuenta. Bajo ese contexto, Baltazar relató que a principios de mayo de 2011, en las cercanías del mercado La Surtidora, uno de los más antiguos del centro histórico de Pachuca, lo abordó un individuo quien le pidió lo llevara a la colonia Manuel Ávila Camacho. 

Durante el trayecto de escasos diez minutos, el sujeto le dijo: "Te voy a proponer un trato, pero si hablas te va a cargar la chingada. Te voy a dar mil pesos por cada que me lleves un paquete. No me preguntes qué es porque ya sabes, no te hagas pendejo. Tú nada más llegas, pitas, salgo, te doy el paquete y te digo a quién se lo llevas". 

Baltazar no tuvo otra opción más que aceptar la propuesta, incluso, según él, "la cantidad era muy tentadora", pese a que eran sólo mil pesos por una acción de alto riesgo que era la entrega de droga. 

El hombre, tras identificarse con el sobrenombre de El Gordo, le pidió al taxista su número telefónico. Aunque en ningún momento el individuo le dijo que pertenecía a Los Zetas, el taxista comentó que se imaginaba que se trataba de un miembro de esa banda delictiva. 

"Tú nunca te vas a comunicar con nosotros; nosotros te vamos a llamar", le advirtió El Gordo al taxista. "Entonces lo dejé en el lugar que me pidió y así quedamos", comentó El Rocky, frente al volante. 

La noche del día siguiente, entre las 22 y 23 horas, El Gordo le llamó a su celular para ordenarle llevar un "paquete".

–¿Eres tú, Rocky?–, preguntó El Gordo al taxista.

–Sí patrón, llegó en diez minutos–, respondió. 

El taxista, al llegar afuera del domicilio de la colonia Manuel Ávila Camacho donde el día anterior había dejado a El Gordo, éste ya lo estaba esperando y le hizo entrega de un paquete o envoltorio, cubierto por una bolsa de polietileno lleno de "piedra" y otras dos con polvo de cocaína.

Le pagó la cantidad prometida con dos billetes de 500 pesos y le ordenó que entregará el paquete afuera del deportivo de la colonia Once de Julio, sobre la carretera Pachuca, Ciudad Sahagún, en el municipio de Mineral de la Reforma, cerca de donde se ubicaba el Bar Divas, que era uno de los cuarteles de operación de Los Zetas. 

Todas las noches, en las afueras de ese deportivo, deambulan sexoservidoras transgénero, así como prostitutas de la tercera edad. El Gordo le explicó que el "contacto" era otro taxista, cuyo vehículo iba estar estacionado con las luces intermitentes cerca de un teléfono público que, inservible aún, se encuentra en ese lugar.

Para entregar la mercancía, el otro taxista le tenía que decir a El Rocky como contraseña la palabra "dámela". Todo ocurrió sin ninguna clase de problemas. 

Una semana después, El Gordo le llamó otra vez y le ordenó que entregara otro paquete a un individuo al que apodaban El Perro, quien lo estaría esperando junto a un teléfono de la colonia Las Lajas. 

A la siguiente semana, hizo otra entrega similar a otro taxista que lo esperaba afuera de su auto estacionado con las luces intermitentes en una de las calles cercanas a la lechería del sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF), del Barrio El Árbolito, uno de las más antiguos y peligrosos de Pachuca, ubicado en la ladera de un cerro cercano al centro histórico de la capital hidalguense. 

Así, cada semana, entre mayo y junio de 2011, Baltazar se ganaba mil pesos por entregar los paquetes de droga a otros taxistas que la ofrecían y vendían a sus pasajeros, así como a narcomenudistas callejeros al servicio de Los Zetas. Pero la noche del 15 de junio, a escaso un mes de haber comenzado a trabajar para Los Zetas, a eso de las 22:00 horas, El Gordo le volvió a llamar.

–Vente por un paquete fino, es muy delicado. Vente sobre la carretera a Ciudad Sahagún, pasando el bar Foxis y allí vamos a estar. 

El Gordo y otros individuos, entre ellos, El Negro y El Diablo, estaban esperando a Baltazar abordo de una camioneta Caravan verde que tenía las luces encendidas. En su declaración, Baltazar puntualizó que ya conocía a El Negro, ya que días antes El Gordo le había ordenado que lo recogiera junto con otras personas que lo estaban esperando con unas maletas en las afueras de una tienda Oxxo, ubicada en la Avenida Universidad, de Pachuca. 

El taxista llevó en aquella ocasión a El Negro y a otros hombres con apariencia de militares, por el corte de cabello casi rapado, como los soldados. Los dejó en una casa de seguridad de Los Zetas, ubicada en la colonia Santa María La Calera, del municipio de Mineral de la Reforma. 

Pero esta noche del 15 de junio, Baltazar estacionó el taxi cerca de la Caravan, de la cual bajó El Negro. Le ordenó a El Rocky que descendiera del auto de alquiler para que le abriera la cajuela. 

"Entonces la abrí, y me quedé  parado ahí y me dijo: que vez hijo de la chingada, súbete a tu carro y me subí, pero por el espejo retrovisor vi que subieron a un muchacho de playera roja (se trataba de Rito García, narcomenudista al servicio de Rocío Nieto alias" La Gorda"), y en el asiento de atrás del taxi a una niña (Anahí, hija de La Gorda) y le ordenaron llevarla a la casa de seguridad.

El Negro le pagó 400 pesos a Baltazar, y le prometió que le iba a pagar otros mil, según le dijo, "en cuanto nos entregues el paquete". El Negro le pidió al taxista que primero llevara a la niña a la casa de seguridad, donde la iba recibir El Gordo, y que luego se trasladara con Rito en la cajuela, a otro sitio que posteriormente le iban a indicar. 

Los sicarios, aparentemente iban a ejecutar al joven narcomenudista y a "convertirlo en pozole", como se referían a disolver los cuerpos con ácido vertido en un tambo, pero ése no fue el destino de Rito.

 

 

Al llegar a la casa de La Calera, El Gordo sacó del taxi a la niña y la cubrió con una cobija. La introdujo a la casa de seguridad y le ordenó a Baltazar: "Ya largate". 

Entonces Baltazar se dirigió en el taxi rumbo a la colonia Tulipanes, donde estuvo dando vueltas por las calles, en espera de que le llamaran para que le indicaran a dónde iba a entregar a Rito y así cobrar el resto del dinero que le habían prometido. 

"Escuchaba cómo se movía el muchacho en la cajuela", declaró el taxista ante el agente del Ministerio Público. Después de varios minutos de recorrer las calles, se estacionó en una de las más oscuras y desoladas de la colonia Tulipanes, hasta que por fin le llamaron por teléfono. Se bajó y contestó, pero la llamada se cortó. En eso vio que se le acercaba una patrulla de la Secretaría de Seguridad pública estatal la cual se colocó frente al taxi para evitar que el conductor lo arrancara y huyera.

Un policía se le acercó y le ordenó que se identificara y abriera la cajuela donde encontraron a Rito con varios golpes y el dedo meñique de la mano derecha cortado. Para tratar de evitar que manchara la cajuela de sangre, Los Zetas habían envuelto su mano con un viejo y sucio trapo. Al salir de la cajuela, Rito pese al dolor que sufría por la mutilación del dedo y por las lesiones que le causaron las patadas y golpes que por casi tres horas le propinaron en todo el cuerpo desde el momento en que fue "levantado" junto con la niña Anahí, tuvo la fuerza necesaria para abalanzarse sobre Baltazar y darle varios golpes antes de que los policías se lo quitaran de encima. 

El taxista se ofreció llevar a los policías a la casa de seguridad. Al llegar, ya los delincuentes se habían marchado de allí. Pese a que la captura de Baltazar sólo se informó por la banda de radio de la Policía Estatal, los secuestradores y sicarios que estaban en la casa fueron alertados por una persona desconocida. 

En la casa hallaron con vida a Rocío Nieto Hernández alias La Gorda y a sus hijos Anahí y Alan Marquez Nieto, que en aquella época tenían 13 y 11 años de edad respectivamente así como al entonces joven Ricardo Pineda Álvarez, quien el 14 de junio había sido "levantado" junto con  Eduardo Rosas Moreno alias El Barny cuando acompañó a su amigo a comprar drogas precisamente a Rito García a quien citaron en un parque del fraccionamiento La Colonia del municipio de Mineral de la Reforma para que les entregará la mercancía. 

Al final, El Rocky ya no pudo cobrar los mil pesos extras que le había prometido El Negro, y por el levantón de Rito, sólo recibió 400 pesos. Pese a que colaboró con la policía para ubicar la casa de seguridad y rescatar a quienes estaban secuestrados, Baltazar perdió su empleo y se le decretó auto de formal prisión por su participación en diversos ilícitos, entre ellos secuestro, delincuencia organizada y delitos contra la salud. 

El taxista fue condenado por los delitos de alto impacto por varias décadas de prisión, dejando en la total desamparo a su familia, sin recibir ninguna clase de apoyo de sus patrones, El Gordo y El Negro. 

Pagó muy caro el haber trabajado para Los Zetas, por escasas cuatro semanas por las que cobró la mísera cantidad de 4 mil 400 pesos.

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