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Título: Perseguir la noche
Autor: Rafael Perez GayPublicidad
Tomás Borges
“El olvido es la mejor arma de la impunidad. Y si le echas encima
la tierra del silencio, todo se lo come el tiempo”Publicidad
Rafael Pérez Gay (Ciudad de México 1957) es sin lugar a dudas uno de los escritores mexicanos más importantes actualmente. Perseguir la noche, su última novela es uno de sus libros más íntimos. Al igual que en El cerebro de mi hermano (Seix Barral, 2014) donde el autor con un estilo muy característico nos contó el calvario de la enfermedad de su consanguíneo José María Pérez Gay (1943-2013), muerto por un cáncer en el cerebro, en esta ocasión el autor nos narra el mal que padeció (cáncer en la uretra), siendo la enfermedad el pretexto para que Pérez Gay nos lleve a los recuerdos más recónditos de su alma e intente hablar con los muertos, para indagar de ésta manera cómo es la vida después de la muerte y tener una luz sobre ese mundo desconocido que encierra la lápida de un cementerio.
Con la muerte rondándole por su cabeza, el autor nos cuenta la vida de los intelectuales del fin de siglo XIX en la muy noble y leal Ciudad de México bajo el régimen arcaico del llamado “Príncipe de la Paz, el General Porfirio Díaz Mori.
Por sus páginas circulan los protagonistas de la bohemia decimonónica, nombres como Bernardo Couto, Ciro B. Ceballos, Amado Nervo, Julio Ruelas, entre otros, quienes nos trasladan a las casas de perdición de finales del Siglo XIX, donde las mentes de la época bajo los brazos de Venus y los efluvios de Baco buscaban la inspiración para su obra.
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Tal como dijo el escritor Arnoldo Kraus respecto a la obra: “El recuento de Pérez Gay debe leerse con un lápiz en la mano: son muchas las ideas dignas de subrayarse”. Lo dice no sin razón, ya que el autor nos traslada con su pluma hacia la vida intelectual de los escritores de la Revista Moderna, la cual buscó mover las conciencias de sus lectores y romper con los cánones del régimen decrépito de Porfirio Díaz.
Chismes, rumores y anécdotas de la época porfiriana, así como de la vida en el México de hace 50 años, hacen de la novela un libro excelso, nostálgico e íntimo de una urbe hoy ya perdida entre los ejes viales y la modernidad.
El autor, con su prosa pulcra y fina, nos dice intimidades tales como: “He dedicado años de mi vida a la historia cultural, porque la considero como un enorme libro de mensajes que vienen de lejos a través de ecos de otros tiempos”.
En sus páginas, el autor nos cuenta cómo además de los fármacos y drogas para paliar el dolor y darle estoicismo ante la adversidad, él se tuvo que refugiar entre los libros y ver cómo inmortales de la literatura enfrentaron con valor la adversidad e incluso la pobreza.
Así como una enfermedad mortal nos afronta ante lo efímero de la vida y nos hace ver lo valioso que es la salud, ese estado que hace que el ser humano se olvide del cuerpo y sólo lo tenga en cuenta, cuando el mal aparece en el umbral y con ella, el viento gélido de la parca, que desde el nacimiento nos ronda y nos acecha.
Sin duda, un libro que se deleita despacio, que al igual que los vinos de gran maridaje, y los mejores habanos, se degusta con calma, hoja tras hoja, palabra por palabra, lo que hará que el lector sea un fiel seguidor de este mexicano que, sin lugar a dudas, ya tiene un espacio en el olimpo de las letras, no sólo mexicanas, sino hispanoamericanas.
Un libro digno de leerse, releerse y comentarse con aquellos seres que todavía nos habitan y que al igual que el autor, vivieron y transitaron en las calles, tan cambiantes y desdibujadas de esta metrópoli considerada hace muchos ayeres como La Ciudad de los Palacios.
@borgestom
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