La Guelaguetza 2026 refleja la memoria indígena y colonial de Oaxaca

Miguel Montesinos León

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Oaxaca convirtió la Guelaguetza en símbolo de identidad regional.

Por Miguel Montesinos León

La Guelaguetza se celebra en Oaxaca durante el mes de julio. A lo largo de estas semanas, el gobierno estatal organiza diversas actividades para mostrar al mundo la riqueza cultural que distingue a la entidad. Por medio de la música, los sones, los jarabes, las danzas y las costumbres de sus comunidades, Oaxaca comparte también su hospitalidad y la diversidad de sus pueblos.

Durante la edición vespertina de 2026 se vivieron varios momentos emotivos. Uno de ellos ocurrió al inicio del recital musical, cuando fue interpretado el vals Dios nunca muere, del compositor y violinista oaxaqueño Macedonio Alcalá. La mayoría de los asistentes se quitó el sombrero y escuchó la pieza con profundo respeto.

Macedonio Alcalá compuso Dios nunca muere en 1868. La obra es considerada el himno no oficial del estado de Oaxaca. La letra, popularizada años después, fue escrita en 1955 por Vicente Garrido Calderón.

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Otro momento de gran emoción se produjo cuando el público se puso de pie para entonar a todo pulmón la Canción Mixteca. Su autor, el compositor oaxaqueño José López Alavés, escribió la música en 1912 y la letra en 1915, inspirado por la nostalgia que sentía por su natal Huajuapan de León cuando se encontraba lejos de casa.

En un parque público del estado de Querétaro se encuentra una estatua dedicada al maestro rural José López Alavés. En ese lugar, a kilómetros de Oaxaca, habría encontrado la inspiración para escribir una de las canciones más representativas de la identidad y la añoranza de los pueblos oaxaqueños.

La celebración fue organizada oficialmente por el gobierno de Oaxaca en 1932, con motivo del cuarto centenario de la elevación de Oaxaca al rango de ciudad. En aquel momento recibió el nombre de Homenaje Racial y reunió por primera vez a comunidades de las distintas regiones del estado para compartir su cultura, música y danzas.

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Actualmente es conocida como la Guelaguetza o los Lunes del Cerro. Sus antecedentes se remontan a celebraciones prehispánicas dedicadas a la diosa del maíz. Con la colonización española, estas prácticas fueron vinculadas posteriormente con los rituales católicos en honor de la Virgen del Carmen.

Este antecedente modifica el significado de una fiesta con la cual el pueblo de Oaxaca se identifica por sus raíces, costumbres y tradiciones. La incorporación de la Virgen del Carmen introdujo un componente religioso que transformó el sentido original de las celebraciones indígenas.

Dentro de la algarabía que enmarca los Lunes del Cerro persiste la intervención de la religión católica. Esa presencia forma parte del proceso de colonización impuesto por los españoles y de una estructura histórica que continúa influyendo en la vida cultural, política y social de Oaxaca y de México.

La conquista dejó despojo territorial, enfermedades, asesinatos, abusos y sometimiento. Los invasores se apropiaron de tierras que no les pertenecían, desplazaron a los gobernantes indígenas y destruyeron parte de la organización política, social y espiritual de los pueblos originarios. Muchas de esas formas de dominación se reproducen hasta nuestros días mediante la desigualdad, la pobreza, la discriminación y la corrupción en los distintos niveles de gobierno, desde la Presidencia de la República hasta los municipios, alcaldías, agencias y colonias.

La historia de los pueblos que habitaban el territorio mexicano antes de la llegada de los españoles posee una enorme riqueza. La invasión interrumpió ese desarrollo y estableció una estructura de explotación cuyas consecuencias todavía pueden observarse en las comunidades indígenas.

Para que la fiesta más importante de las etnias que conforman el estado de Oaxaca recupere plenamente su carácter indígena, el gobierno estatal y el equipo organizador tendrían que revisar el camino recorrido. Una celebración dedicada a las raíces de los pueblos originarios requiere distinguir sus elementos comunitarios y prehispánicos de las prácticas religiosas impuestas durante la colonización.

También debe reconocerse la presencia de los pueblos negros o afromexicanos de Oaxaca, asentados principalmente en la región de la Costa Chica. Su historia se remonta al siglo XVI, cuando personas esclavizadas fueron trasladadas desde África para trabajar en haciendas y ranchos. Algunas lograron escapar y fundaron asentamientos libres, cuyas comunidades forman hoy una parte fundamental de la diversidad cultural del estado.

El activista y cantautor mexicano Gabino Palomares Gómez resume en su emblemática composición La maldición de Malinche la tragedia de la conquista y cuestiona el malinchismo, entendido como la preferencia por lo extranjero y el desprecio hacia lo propio.

En uno de sus fragmentos señala:

Del mar los vieron llegar

mis hermanos emplumados,

eran los hombres barbados

de la profecía esperada.

Se oyó la voz del monarca

de que el dios había llegado,

y les abrimos la puerta

por temor a lo ignorado.

La canción relata la llegada de los conquistadores, la pérdida de la libertad y la permanencia de una actitud de sometimiento. En la actualidad, esa dominación también se expresa dentro del propio país. Un reducido grupo concentra el poder económico y político, explota a sus propios compatriotas y mantiene condiciones de desigualdad.

En numerosas comunidades rurales, los caciques continúan controlando la tierra y las decisiones públicas. Quienes buscan progresar enfrentan obstáculos destinados a conservarlos bajo el dominio de quienes concentran el poder. Gabino Palomares no se equivocó: muchas personas continúan viviendo como esclavas en su propia tierra.