
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 10 de Noviembre del 2025
Por primera vez, como consecuencia de la crisis de abuso, Roma revela los motivos de la renuncia anticipada de un obispo francés.
El obispo Gusching renunció tres días después que el obispo peruano Quispe López. Si bien sabemos por qué Roma forzó la renuncia del prelado francés, en materia de abuso, el silencio es la norma en Perú y América Latina.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Si se busca un ejemplo de una salida positiva a la crisis global de abusos sexuales por parte del clero, difícilmente se encontrará otro lugar que no sea Francia.
Por un lado, como sucedió en Estados Unidos en la última década del siglo pasado y la primera del actual, parece existir la capacidad de los sobrevivientes, sus aliados y defensores para desafiar los estereotipos y la desconfianza, y construir coaliciones para lograr objetivos específicos, aunque sean limitados.
También se reconoce la necesidad de que el sistema político impulse reformas y mejoras tanto en las leyes escritas como en la forma en que la policía, los fiscales y los jueces las interpretan.
Tal como sucedió en Estados Unidos desde el inicio de la crisis en la década de 1980, hay medios de comunicación, incluso católicos, dispuestos a reconocer la magnitud de la crisis y a dar voz a los sobrevivientes, sus familiares y aliados.
Y los sobrevivientes mismos están dispuestos a hablar, a narrar sus casos y a reconocer los efectos del abuso en sus vidas. Uno de esos sobrevivientes es Jean-Marie Delbos, una víctima de abuso en el colegio católico de Bétharram, cuyo libro empezó a circular en Francia este 6 de noviembre.
Al hacerlo, revelan el alcance del abuso, un aspecto que la mayoría de los fieles de diferentes tradiciones religiosas son menos propensos a reconocer. Algunos, porque contradice su experiencia de su religión, pero otros, porque mantienen una mentalidad de Estado de sitio que rechaza la idea de que el abuso ocurra.
Además porque, hasta cierto punto, el abuso se ha «normalizado». Un ejemplo de esa «normalización» son las diferencias en la forma en que se juzga el abuso de menores varones por parte de sacerdotes con un estándar distinto al del abuso de mujeres adultas.
Otro signo del cambio en la Iglesia Católica francesa, uno que cuestiona la «normalización» del abuso, la articulan las órdenes religiosas femeninas, las monjas, quienes son muy conscientes de la magnitud del daño, pues el abuso de novicias y monjas es más frecuente de lo que la jerarquía está dispuesta a admitir.
Una protagonista de este renovado papel de las monjas francesas es la hermana Véronique Margron. Ella preside la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Francia y ha sido una voz muy activa en la crítica la conducta de sacerdotes, diocesanos y religiosos, y de obispos.
Conspiración de silencio
También ha defendido a las víctimas de abuso en Francia y no tiene reparos en criticar públicamente la crisis de abusos en su país, calificándola de «imperdonable conspiración de silencio», según una entrevista que concedió al diario francés Ouest-France a finales de octubre, aunque la conversación sólo está disponible en francés y requiere suscripción.
Su análisis de la magnitud de la crisis y su origen no es nuevo. Durante los últimos cinco años, al menos, ofrece opiniones similares a los medios. Margron sabe de lo que habla porque muchas religiosas han sido víctimas de clérigos depredadores, como demuestra el texto sobre un caso en México que se enlaza a continuación.
En su cuenta de Facebook, uno encuentra de cuando en cuando reflexiones e incluso textos completos que ella presentó en algún foro o actividad similar. El 27 de julio publicó uno de esos textos. Uno de sus párrafos resume su manera de entender el papel del Reporte Sauvé para hacer consciente a la Iglesia Católica francesa de la magnitud del daño y la necesidad de abordar sus consecuencias.
- [El reporte] marcó un punto de inflexión. Ya había conocido y escuchado a mujeres y varones, niños y adultos, víctimas de violencia sexual perpetrada por miembros de la Iglesia, cuyas vidas quedaron destrozadas. Pero eran, si puedo decirlo, casos aislados. Incluso antes del informe, tuvimos que afrontar, con horror, la naturaleza sistémica, a veces incluso, me atrevería a decir, sistemática, de las violaciones, la violencia y los actos de barbarie cometidos. No sé si algún día será posible comprender cabalmente la escala de esta explosión, este abismo sin fondo. Sin embargo, aquí estamos, al menos aquí estoy yo.
Más adelante en el texto ella describe su posición actual como una en la que reconoce lo que ocurrió y dice:
- Es aquí, creo, donde entra en juego la voluntad de reconocer y restaurar. En el sentido del filósofo Karl Jaspers: «La voluntad de reparar sólo es real y puede tener relevancia moral si la reparación resulta de una purificación y transformación de nuestro ser». «De esto surgen la seriedad y la resolución». «La consecuencia es la modestia». Transformarnos, purificarnos, aprender de los demás, de las víctimas, de la sociedad… Y actuar.
La conferencia de obispos de Francia misma admite la necesidad de reconocer el problema y evitar la actitud negacionista que, mayormente es la práctica dominante en América Latina.
El 11 de octubre pasado, en la recién reinaugurada catedral de Notre Dame en París se celebró una actividad que reunió a sobrevivientes de abuso ahí, pero de manera más notable, el canal de TV de la conferencia, KTO, ha producido segmentos sobre esa y otras actividades relacionadas con la crisis en Francia y algunos han sido incluso doblados al inglés para ampliar el alcance de esos materiales. Uno está disponible después de este párrafo.
Lamentablemente, al observar la evolución de la crisis en Francia y compararla con la de Argentina, México, Perú o cualquier otro país latinoamericano, resulta casi imposible encontrar similitudes.
No hay monjas en posiciones directivas que desempeñen un papel similar para denunciar los abusos, defender a las víctimas y, sobre todo, hacer conscientes a otros católicos de que la crisis no es una maquinación o una invención para «destruir la Iglesia», como suele decirse en grupos parroquiales y diocesanos de Facebook, y aún más en las reuniones de movimientos y asociaciones católicas.
Además, junto a Margron, quien critica cuando es necesario el comportamiento de la Iglesia Católica, también hay sacerdotes disidentes dispuestos a romper filas y desafiar a sus superiores, ya sea en las diócesis locales, en París o incluso en Roma. Esto también es algo que falta en América Latina.
Ante todo, no existen informes como el Reporte Sauvé que profundicen en lo sucedido en la región en cuanto a abusos.
Estas características que distinguen el catolicismo francés del latinoamericano se hicieron patentes en las calles de París este sábado 8, cuando grupos que representaban a sobrevivientes de abusos en 30 escuelas católicas se manifestaron frente a la sede de la Conferencia de Obispos de Francia.
La movilización promueve la idea de las cuatro R, es decir, Reconocimiento, Responsabilidad, Reparación y Reforma, como se puede ver en la pancarta que colocaron frente al edificio sede de la conferencia en el 58 de la avenida Breteuil de París, que aparece en la foto después de este párrafo.
Los sobrevivientes también llamaron a que se colocaran listones morados en las puertas de las parroquias donde se supiera de estos actos y así lo hicieron algunos de ellos como se puede ver en la fotografía que aparece después de este párrafo.
Como síntoma de la toma de conciencia que vive la Iglesia Católica francesa, la manifestación evidenció que un sector de esa organización se niega a callar y así como su rechazo a la negación como “política” para abordar el abuso sexual.
La magnitud del daño
Son grupos que llevan años haciendo llamados a que se reconozca, por una parte, la magnitud de la crisis y, por otro, la magnitud del daño que cada sobreviviente y su familia sufren al lidiar con las secuelas del abuso. También han llamado repetidamente a que los obispos resuelvan ya las reparaciones y compensaciones para los sobrevivientes.
No hubo una resolución inmediata por parte de los obispos franceses, quienes estaban en Lourdes en su tradicional asamblea de final de año, pero a diferencia de lo que ocurre en Latinoamérica, existe una parte del clero dispuesta a reconocer el problema. Además, aunque pequeño, hay un grupo de obispos dispuestos a reconocer, por un lado, la magnitud del daño causado por la crisis y, aún más importante, la necesidad de evitar la politización del asunto.
Esto ya ocurrió en Francia durante gran parte de este año, durante el mandato de François Bayrou como primer ministro, debido a su papel en el escándalo de Bétharram, como una entrega previa de esta serie, enlazada después de este párrafo, explicó.
La renuencia de Bayrou a reconocer sus errores y su mala gestión de la crisis en el colegio católico donde su esposa era profesora de catecismo y su hijo estudiaba, no fueron la única razón del fin de su gobierno, pero sin duda facilitaron su caída.
La politización del tema es cada vez más inevitable, ya que, tras el caso de Bétharram, numerosas víctimas de otras escuelas similares han denunciado abusos físicos y/o sexuales, confirmando que, a pesar de las estrictas leyes que dictan una rigurosa separación entre Iglesia y Estado, el abuso era tan frecuente en muchas escuelas, católicas o no, que se convirtió en una característica más de la educación en Francia, una que nadie estaba dispuesto a cuestionar, y mucho menos a investigar.
Más allá de la protesta en la sede de la conferencia de obispos y la politización de la crisis, la primera semana de noviembre ofreció una clara señal de cambio interno: un giro importante e inusual en la forma en que la Iglesia Católica aborda la renuncia anticipada de los obispos.
Doble rasero
Durante los últimos 40 años, desde la década de 1980, la renuncia anticipada de un obispo antes de cumplir los 75 años era un claro indicio de irregularidades en cualquier diócesis. Dos entregas de esta serie abordaron algunos casos de obispos en los que se ha podido identificar a aquellos cuya renuncia «temprana» se ajusta a ese patrón.
Una de ellas, que se remonta al pontificado de Pío XII en la década de 1950, y otra centrada exclusivamente en los dos últimos años del pontificado del papa Francisco, aparecen antes y después de este párrafo.
Más recientemente, esta serie abordó en dos ocasiones el caso del obispo peruano Ciro Quispe López quien, el 24 de septiembre, renunció a su cargo como prelado de Juli, como demuestra la sección "Postdata" del texto enlazado después. Como suele suceder, no hubo un comunicado oficial sobre el motivo de su renuncia, ocurrida 24 años antes de la edad de jubilación.
La revista semanal peruana Hildebrandt ofreció un relato detallado de por qué Roma le “pidió” a Quispe López que renunciara, pero no se ha emitido declaración oficial alguna en Roma, en Lima, y mucho menos en Juli, un municipio aislado, en el extremo sur de Perú, más cerca de La Paz, la capital de Bolivia, que de Lima.
En Verdún, Francia, ocurrió algo similar tres días después. Si se lee lo dicho sobre Quispe López el 24 de septiembre de 2025 o lo relativo a Gusching del 27 de septiembre, parece que los comunicados siguen una plantilla. El 27 la Sala Stampa no publicó el Bollettino en español, por lo que se debe usar la edición en inglés o en italiano. Uno lee en ambos casos la típica «salida silenciosa», sin explicar lo que sucedió en los dos casos.
Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en Juli, donde el ritual de la «salida silenciosa» del obispo en apuros continúa intocado, al menos en lo que hace a la Iglesia Católica, en Francia, poco más de un mes después de la renuncia, la nunciatura apostólica, la representación papal en Francia, emitió un inusual comunicado que detalla por qué Jean-Paul Gusching renunció a su cargo de obispo cinco años antes de alcanzar los 75 años. El texto completo de lo dicho por la nunciatura aparece después de este párrafo.
Traducción no oficial del texto de la nunciatura
La nunciatura apostólica en Francia recibió información sobre las relaciones con mujeres del obispo Jean-Paul Gusching, entonces obispo de Verdún. El nuncio apostólico envió la información al Dicasterio para los Obispos de la Santa Sede. A pesar de sus reiteradas negativas y del carácter fragmentario y contradictorio de la información recibida, el obispo Jean-Paul Gusching se comprometió ante el prefecto del dicasterio en Roma a evitar cualquier comportamiento hacia las mujeres que pudiera interpretarse como contrario a sus votos sacerdotales.
Dada la naturaleza continua de la situación, el santo padre solicitó y aceptó su renuncia al gobierno de la diócesis de Verdún, la cual se hizo efectiva el 27 de septiembre. Como medida de precaución, se le exigió al prelado que viviera en reclusión en un lugar fuera de su diócesis de origen, Amiens, y de la de Verdún, y que se abstuviera de toda celebración litúrgica y actividad pastoral pública.
Se especifica que los motivos de salud aducidos públicamente por el prelado para presentar su renuncia fueron sólo un factor en la aceptación del santo padre.
La información recibida derivó en el inicio de una investigación canónica preliminar, encomendada al obispo Stanislas Lalanne, obispo emérito de Pontoise, con la asistencia del arzobispo Philippe Ballot de Metz, administrador apostólico de Verdún. Asimismo, se presentó un reporte ante la autoridad civil.
La investigación canónica continúa en curso. Para preservar la integridad del proceso judicial y en respeto a la presunción de inocencia, la nunciatura apostólica no emitirá más comunicados.
Si bien la declaración de la nunciatura es sobria (disponible aquí en francés), rompe con la conocida estrategia de «salida silenciosa».
Esto anula el recurso a hablar de problemas de salud como la razón de la renuncia anticipada, y apunta a la posibilidad de algo más profundo, algo que amerita tanto una investigación canónica como una denuncia ante la autoridad civil.
El ahora obispo emérito ha admitido al menos una relación. No se trata de un antiguo amor, un recuerdo lejano de sus días como sacerdote o seminarista. La situación comenzó un año después de su nombramiento como obispo en 2014 y se prolongó durante siete años, hasta 2022.
Gusching lo afirmó en entrevistas con medios locales (contenido en francés y de pago).
¿Honestidad y fraternidad?
El lapso de siete años implica que, mientras Gusching realizaba apariciones públicas, como su entrevista de febrero de 2021 con su propio equipo de comunicación en la diócesis de Verdún sobre los desafíos y la renovación espiritual de la Iglesia durante la pandemia, también, según admitió él mismo a L'Est Républicain, convivía activamente con al menos una de las mujeres, lo que agrava la contradicción pública de su postura.
El hecho de que, alrededor del minuto 12 de la entrevista, disponible después de este párrafo con audio en francés, hable de honestidad y fraternidad como elementos clave para una comprensión creíble de la fe, subraya las tensiones que la supuesta estricta moral sexual de la Iglesia Católica impone a sus propios obispos y sacerdotes.
De ahí la necesidad de prestar atención al detalle de cómo la nunciatura en Francia emitió el comunicado utilizando «mujeres» y no «mujer» al exponer los motivos para forzar la salida de Gusching.
Si la nunciatura no fuera una fuente suficientemente fiable, existe la declaración emitida por el arzobispo Philippe Ballot, titular de la diócesis de Metz y ahora administrador apostólico de Verdún, quien, al explicar por qué sucede a Gusching, utiliza mujeres y no mujer:
El primer párrafo del mensaje de Ballot a la diócesis de Verdún dice:
- Como parte de una investigación preliminar solicitada por el Dicasterio para los Obispos y llevada a cabo por el obispo Stanislas Lalanne, obispo emérito de Pontoise, la Santa Sede decidió imponer medidas cautelares contra el obispo Jean-Paul Gusching, obispo emérito de Verdún, acusado de mantener relaciones con mujeres, lo que podría ser contrario a sus votos sacerdotales. La Santa Sede ha solicitado al obispo Jean-Paul Gusching que cese todo ministerio público hasta que se resuelva el proceso canónico en curso. Asimismo, se le exige residir fuera del territorio de las diócesis de Amiens y Verdún. Puede consultarse el comunicado de la nunciatura apostólica en Francia.
Resulta difícil imaginar dos comunicados oficiales en el mismo caso, uno de la nunciatura en Francia y otro del obispo de Metz, Francia, nombrado por el papa a cargo temporalmente de Verdún, que usen los términos “mujeres” o “señoras” sin justificación alguna. Y es más extraño aún que se ofrezcan explicaciones sobre la renuncia anticipada de un obispo.
Ensoñaciones parisinas
El asunto no es relevante sólo por la naturaleza de la relación o porque se trate de un obispo. Hace cuatro años, el 2 de diciembre de 2021, el cardenal Michel Christian Alain Aupetit también se vio obligado a dimitir como arzobispo de París, pero lo hizo sin que la nunciatura en Francia ni ningún otro obispo francés divulgara de manera oficial el motivo de su renuncia.
En su caso, si bien hubo un escándalo similar por el presunto acoso de Aupetit a una empleada de la arquidiócesis parisina, nunca hubo una declaración oficial sobre la razón de su renuncia.
En el caso de Gusching, existe además una instrucción específica sobre dónde no debe residir: su antigua diócesis de Verdún y Amiens, donde nació en 1955, y lo que hasta ahora parece ser una petición: «abstenerse de toda celebración litúrgica y actividad pastoral pública».
El lenguaje de las restricciones impuestas a Gusching, que incluye el “abstenerse de toda celebración litúrgica y actividad pastoral pública” y residir fuera de dos diócesis específicas, recuerda las medidas canónicas impuestas al cardenal peruano Juan Luis Cipriani. Las restricciones a Cipriani, impuestas por la Santa Sede, incluían, en particular, límites a su «actividad pública, lugar de residencia y uso de los símbolos como cardenal».
Lo hecho por Cipriani, miembro destacado del Opus Dei, fue visto como un desafío a las restricciones impuestas por el papa Francisco, primero al regresar a Lima para aceptar una presea que le otorgó su compañero del Opus Dei, el alcalde Rafael López Aliaga, y, aún más notoriamente, al desfilar por Roma con ornamentos cardenalicios durante el funeral del finado papa Francisco.
La naturaleza coordinada de la decisión de López Aliaga de honrar públicamente al cardenal con restricciones, afiliado al Opus Dei, sugiere que no se trató simplemente de un desafío personal, sino posiblemente de un esfuerzo concertado para desafiar la directiva papal.
El caso de Gusching es significativo porque, a diferencia de la controversia en torno a la aparente falta de transparencia en la aplicación de las normas contra el notorio desafío de Cipriani, las restricciones impuestas a Gusching son explícitas tanto en lo que respecta a su residencia como a su ministerio público. Esto indica una posible voluntad de garantizar el cumplimiento visible y aplicar las consecuencias de manera más uniforme bajo el pontificado de León XIV.
Aún no está claro hasta dónde llegaría la investigación canónica, pero el hecho mismo de que existan indicios claros sobre por qué Gusching fue obligado a renunciar, en dos comunicados oficiales, y sobre el tipo de restricciones que se le impusieron, son señales prometedoras de mayor transparencia en la forma en que Roma maneja este tipo de asuntos.
Pesadillas peruanas
Cabe preguntarse, sin embargo, por qué no hubo tal transparencia en el caso de Quispe López. Más aún si se considera que solo transcurrieron 72 horas entre ambas renuncias, y que el escándalo en el caso de Quispe López fue mucho más notorio, ya que en su caso hay al menos diez mujeres involucradas.
Tras leer las restricciones impuestas a Gusching, cabe preguntarse si existen restricciones reales para Quispe López en cuanto a su lugar de residencia y su capacidad para presidir sacramentos y rituales.
Si bien es positivo el aumento de la transparencia en el caso de Gusching, no se entiende el doble rasero con el que se maneja la información sobre Quispe López.
Además, recientemente se hizo público que el papa León XIV se reunió al menos una vez con el Cardenal Cipriani; sin embargo, no está claro si el papa Prevost le impuso restricciones adicionales.
Esto cobra mayor relevancia dado que Cipriani se mostró dispuesto a victimizarse cuando la Santa Sede filtró el contenido de su expediente a los medios en enero, pocos días después de que el cardenal del Opus Dei decidiera aceptar los honores públicos que le otorgó López Aliaga.
El caso Gusching también debe observarse a la luz de previas, desastrosas, experiencias en Francia. En junio de 2020, la diócesis de Créteil, cerca de París, supo que el papa Francisco había aceptado la renuncia del obispo Michel Léon Émile Santier, a los 73.
Como suele ser el caso, se alegaron razones de salud, facilitado en ese momento por la pandemia. Sin embargo, dos años después, una revista católica francesa reportó una narrativa cada vez más común sobre las verdaderas razones para la renuncia anticipada de Santier: abusó de su poder cuando era sacerdote en la diócesis de Coutances, en los noventa.
Aunque no era una depredador activo, se insertó en una compleja dinámica de voyerismo con dos feligreses varones a su cargo a quienes él manipulaba por medio del sacramento de la confesión.
Dado que Santier ya era entonces el obispo de Créteil, una diócesis sufragánea de París, la investigación canónica recayó en el ya citado arzobispo Aupetit. De ese modo, el cardenal investigaba a Santier mientras Roma lo tenía a él ya en el radar por sus propios problemas en la arquidiócesis parisina.
Al final, Santier sería sujeto a una serie de castigos simbólicos, incluyendo límites en su capacidad para celebrar sacramentos, ser obligado a vivir en un convento, entre otros, pero las noticias de las sanciones sólo se conocieron en octubre de 2022, casi dos años después de su renuncia, y sólo gracias a que medios civiles y católicos como Famille Chrétienne y Golias desmontaron, pieza a pieza, las verdaderas razones de la renuncia.
Y para complicar aún más el mazacote de problemas que afectan a la Iglesia Católica en Francia, es imposible perder de vista que antes de ser obispo de Créteil, Santier fue, de 2001 hasta 2007, obispo de Luçon, una pequeña diócesis en la costa francesa del Atlántico. Un año después de que Santier recibiera Créteil, Benedicto XVI nombró a Alain Castet como obispo ahí.
Su mandato en Luçon fue de nueve años pues renunció en octubre de 2017, cuando apenas tenía 67, sin que hubiera otra explicación de por qué dejó la diócesis como lo hizo. Oficialmente, como suele ser el caso, se dijo que era por razones de salud, pero es inevitable preguntarse si en realidad fue eso.
Dejando de lado esos asuntos, debería ser evidente que algo, presumiblemente grave, ocurrió entre el 27 de septiembre y el 4 de noviembre; es decir, entre la disposición de Roma a seguir la estrategia de la "salida silenciosa" y la decisión de la nunciatura en Francia de cambiar de estrategia y revelar algunos detalles, no un informe propiamente dicho, sino detalles sobre lo sucedido con Gusching.
La sombra de Prevost sobre León XIV
La transparencia forzada en el caso de la renuncia de Gusching es más relevante cuando se considera una controversia sobre las decisiones que el ahora papa León XIV tomó como prefecto del Dicasterio para los Obispos sobre abusos en Nueva Zelanda. El caso es relevante porque involucra a un cardenal, el ahora arzobispo emérito de Wellington, al papa Francisco y al entonces prefecto Robert Prevost.
Como superior de ese Dicasterio, Prevost tenía autoridad sobre la gran mayoría de los obispos en todo el mundo. Por ello, participó en la revisión dirigida por el Vaticano de las acusaciones de abuso sexual contra el cardenal John Dew, ahora emérito de Wellington, Nueva Zelanda.
En junio de 2024, la revisión dirigida por el Vaticano concluyó que no era necesaria otra investigación canónica, lo que permitió al cardenal Dew retomar sus actividades públicas, las cuales había suspendido al conocerse la acusación.
La decisión de 2024 negaba, así fuera de manera simbólica, la decisión del papa Francisco de aceptar la renuncia de Dew el mismo día en que cumplió 75 años, a pesar de que es casi una costumbre permitir que los cardenales permanezcan en el cargo después, como sucede ahora en Nueva York, Ciudad de México, Chicago, Guadalajara y muchas otras diócesis dirigidas por cardenales que, por su condición de tales, pueden permanecer en su puesto hasta los 80 años.
A pesar de que las críticas a Prevost se limitaron mayormente a Nueva Zelanda, al avanzar el pontificado y analizar otras decisiones de Prevost, sea como obispo en Perú o superior de la Orden de San Agustín, surgen dudas sobre qué tan consistentes fueron sus decisiones como obispo y qué tanto lo serán como papa.
En ese sentido, grupos como SNAP Aotearoa Nueva Zelanda expresaron públicamente su profunda preocupación por la gestión del caso por parte de Prevost, sugiriendo que la revisión del Vaticano, que tuvo lugar después de que la policía neozelandesa cerrara su investigación sin presentar cargos, antepuso los intereses institucionales al cuidado y la seguridad de su pueblo.
Específicamente, el denunciante alegó que el Vaticano nunca lo contactó como parte de su revisión, lo que plantea serias dudas sobre la imparcialidad y la exhaustividad del proceso canónico supervisado por el dicasterio de Prevost.
Esta falla concreta, el exonerar a un cardenal acusado de mala gestión de informes, se suma a lo que es ya un historial de uso de «criterios poco claros» al abordar las acusaciones contra miembros de la jerarquía.
Una entrega previa de esta serie, enlazada antes de este párrafo, destacó la contradicción que supuso que, durante la primera entrevista de su pontificado con el medio estadunidense Crux, León XIV hablara de «falsas acusaciones» contra «sacerdotes inocentes», cuando todos los informes disponibles hasta la fecha hablan del subreporte, no de que se reporten más casos de abuso sexual de los que ocurren. Algunos de sus críticos hablan de cierta preferencia por priorizar la protección de la jerarquía sobre la protección de las víctimas.
La transparencia en la renuncia anticipada del obispo francés Gusching debe ser un simple giro en la práctica pontificia. Si va a ser significativa, debería marcar el momento en que se redefina la manera en que la Iglesia aborda estos problemas, de modo que sea claro si León XIV continuará con la protección a la jerarquía o si lo hará con las víctimas, mientras fija una política de rendición de cuentas genuina y universal para su pontificado.
Mientras tanto, en América Latina
Un acontecimiento menor, pero inevitable, en América Latina ha sido el reciente cambio en la dirección del Cepromelat, el llamado Centro para la Protección de Menores en Latinoamérica.
El “nuevo” director ha sido una presencia relativamente constante en la entidad; se trata de Daniel Portillo, sacerdote de la arquidiócesis de Chihuahua, y ahí radica la primera contradicción en este ascenso. ¿Cómo es posible que un sacerdote de una diócesis que se ha negado o no ha podido cumplir con la solicitud del papa Francisco de establecer una comisión para prevenir los abusos sexuales del clero esté al frente de Cepromelat?
Sólo la Conferencia el Episcopado Mexicano y el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) podrían responder a esta pregunta. La afirmación de que Chihuahua carece de una comisión para prevenir los abusos sexuales del clero se basa en una revisión actualizada, al viernes 7 de noviembre de 2025, de la lista de diócesis mexicanas que cuentan con una comisión para prevenir los abusos sexuales del clero, disponible aquí, donde no hay ninguna referencia ni mención de la arquidiócesis de Chihuahua.
Cabría esperar que, tras casi seis años desde que el papa Francisco hiciera la petición original en 2019, o dos si se toma como referencia la fecha de 2023 de la versión reformada de Vos Estis Lux Mundi, la Conferencia Episcopal Mexicana estuviera dispuesta a cumplir con los requisitos básicos de dicha petición.
Entregas previas de esta serie han dado cuenta de la manera en que la Conferencia del Episcopado Mexicano ha eludido cumplir con esa responsabilidad, como en la que aparece enlazada antes de este párrafo.
Respecto de las cifras reportadas en esa entrega ha ocurrido una pequeña mejoría, como se indicó en el texto sobre el informe presentado este año por Tutela Minorum que aparece después de este párrafo.
El riesgo de politización
Los obispos mexicanos parecen ignorar que, como ha ocurrido en Francia y otros lugares, el abuso sexual en general, y más específicamente el abuso sexual por parte del clero, tiene un potencial real para ser politizado.
¿Puede la Iglesia Católica en México, al igual que otras entidades en América Latina, esperar que dicha politización no ocurra, a pesar de su incapacidad para cumplir con sus propios estándares internos?
Apostar por las dificultades que enfrentan las víctimas en América Latina para organizarse e imitar lo que han logrado sobrevivientes en países como Estados Unidos, Francia o Alemania parece una estrategia perdedora para la Iglesia Católica, que dice tener interés en ser mediadora en procesos de construcción de paz en países asolados por diferentes tipos de violencia, como México.
Cepromelat ya promueve su congreso, que se celebrará en marzo de 2026 en San José, Costa Rica, centrado en la reparación del daño. Es una gran idea, pero lo cierto es que hay poca sustancia en lo que respecta a las reparaciones en América Latina.
Las liturgias cuidadosamente coreografiadas sólo sustituyen las disculpas públicas y las reparaciones y compensaciones reales por el daño en la imaginación de los católicos más fieles.
A menudo, revictimizan a los sobrevivientes que han lidiado con la renuencia de fieles radicales extremadamente agresivos a siquiera reconocer que el abuso ocurre. Es frecuente ver a este tipo de católicos en redes sociales donde, dada la radicalización que caracteriza a nuestra época, se esfuerzan por insultar y atacar a quienes hablan sobre la difícil situación de los sobrevivientes de abuso sexual clerical, como si trataran de exterminar a un verdadero enemigo vital de la Iglesia Católica.
Por eso, el discurso desdeñoso del papa León XIV sobre las acusaciones contra «sacerdotes inocentes» resultó tan preocupante para quienes profundizan en las implicaciones de su entrevista con Crux. Esto incita a ese tipo de laico católico radical a demostrar a toda costa que las víctimas o sus defensores mienten.
Y las consecuencias son aún más devastadoras para el propio León XIV, ya que las preguntas sobre su papel en los casos de abuso en su antigua diócesis de Chiclayo, Perú, siguen sin respuesta.
Cuanto más tarde, ahora como pontífice, en corregir su propio historial como obispo, menos creíbles serán sus promesas de mejora y tolerancia cero hacia los abusos sexuales del clero.
En cuanto a las conferencias episcopales latinoamericanas, las señales de alarma son evidentes. En México, el gobierno federal anunció recientemente un programa nacional para abordar los abusos sexuales en general, mientras que un diputado del partido gobernante en la Cámara de Diputados presentó un proyecto de ley para imponer censura a los medios de comunicación de las iglesias o asociaciones religiosas, como las califica la legislación mexicana.
Aunque la medida no se limita a la Iglesia Católica, es fácil imaginar que su principal objetivo sea esta entidad religiosa. La respuesta de los obispos mexicanos fue notablemente débil, pues lejos de defender la libertad de expresión como un derecho humano universal, hicieron un llamado a que las base católica mexicana se movilice por ser católica, como se evidencia en la última línea del mensaje publicado por Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la conferencia.
Para colmo, un día antes de que el presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana emitiera una tibia respuesta al proyecto de ley, un sacerdote del corazón católico mexicano, el Bajío, decidió insultar públicamente a Libia García, gobernadora del estado de Guanajuato.
El sacerdote, conocido como Padre Pistolas, es un personaje popular en las redes sociales por su actitud provocadora, donde hace alarde de usar armas de fuego en una región violenta de un país extremadamente violento, mientras “predica” supuestas “homilías” plagadas de insultos, vulgaridades y todo tipo de agresiones contra quienes se atreven a no estar de acuerdo con su manera de actuar.
Por otra parte, el mismo Castro y su secretario general, Héctor Pérez, emitieron un enigmático comunicado de una página criticando el uso de lenguaje violento, pero sin mencionar explícitamente al autodenominado Padre Pistolas, como se puede ver en el mensaje publicado en lo que solía ser Twitter después de este párrafo.
Así, cualquier disposición a reconocer un error en el comportamiento del tal Padre Pistolas se diluyó. En el entendido que no es la primera vez que el tal Padre Pistolas se exhibe con un comportamiento digno de un adolescente borracho, a pesar de lo cual, los obispos, sus superiores, por razones que sólo ellos entienden, lo sostienen como tal.
Un resumen en audio de este texto está disponible después de este párrafo.
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