
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 05 de Enero del 2026
Maciel, Karadima, Buela y otros depredadores compraron su impunidad con la supuesta vitalidad de sus seminarios.
Ahora, el papa peruano-americano debe encontrar la manera de que los seminarios crezcan sin depender de prácticas predatorias, propias de sectas.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
El reciente nombramiento de Ronald Hicks como arzobispo de Nueva York es una victoria para León XIV, pero oculta un problema estructural más profundo. Pudo nombrar a un obispo relativamente joven para una ciudad que en noviembre votó por Zohran Mamdani, el migrante, socialista y musulmán en un momento en que Estados Unidos vive la peor ola antinmigrante desde los treinta del siglo pasado.
Qué tan buena relación trabará Hicks con Mamdani es, por ahora, una incógnita. Lo que importa es que el papa Prevost parece ser consciente de la necesidad de recompensar la tenacidad del cardenal de Chicago, Blase Cupich, pero también de enviar a Nueva York a un hombre capaz de dialogar de manera real.
Hicks no usará el púlpito de San Patricio para convocar a una cruzada; él es la respuesta del papa a una ciudad que eligió a un alcalde demócrata socialista y musulmán con la mayor participación electoral desde los sesenta, en medio de la crisis política más profunda en la historia reciente de Estados Unidos. Es una crítica oblicua al modelo del “guerra cultural”, que se ha convertido en un pacto suicida para la Iglesia Católica en Estados Unidos.
Al enviar a Hicks, León XIV reconoció cuán relevantes son las diásporas en Nueva York, especialmente los jóvenes miembros de ellas que votaron alegremente con los electores blancos y afroamericanos para hacer de Mamdani alcalde.
Si Mamdani ganó con el 75 por ciento de los votantes menores de 30 años, y el 83 y 85 por ciento de las juventudes afroamericana y latina, respectivamente, Prevost parece ser consciente de la necesidad de tener en San Patricio a un aliado capaz de comunicarse con esa nueva ciudad de Nueva York.
Así, después de repasar la semana pasada el tipo de retos que enfrenta León XIV al nombrar obispos para una cascada de sedes que necesitan reemplazo o están a punto de necesitarlo, la entrega de esta semana va al otro lado del espejo y trata de descifrar qué tan sólida es la cantera católica, la línea de abastecimiento de sacerdotes y eventualmente obispos en la misma muestra de 46 países.
Al igual que en el análisis de las sedes disponibles o a punto de serlo en el mundo católico, la tarea es difícil. Incluso si hay "milagros" vocacionales inesperados en naciones africanas y asiáticas, Europa, Canadá y Estados Unidos apenas sobreviven, y América Latina muestra muchos de los signos de agotamiento institucional que se ven en iglesias desde Vancouver, Canadá a Marsella, Francia.
El crecimiento en Europa es extremadamente difícil de lograr y, cuando sucede, ocurre como lo demostró la diócesis francesa de Tolón. Como prueba el texto enlazado después de este párrafo, el ahora obispo emérito Dominique Jean Marie Rey consideró oportuno relajar los estándares y aceptar candidatos al sacerdocio con expedientes turbios.
Al hacerlo, Rey invocó los demonios de las prácticas sectarias y el intento desesperado de evadir la realidad retrocediendo en el tiempo a una especie de edad de oro que nunca existió, como si celebrar la misa en latín fuera un hechizo para traer de vuelta a la gente a los templos. Pero más sobre esto al final del texto.
¿Han aprendido algo?
Un tema clave para cualquier grupo es su capacidad de reproducirse como tal a lo largo del tiempo. Las organizaciones pueden hacerlo siguiendo el ritmo a menudo monótono de una senda institucional. La otra es la montaña rusa de apostar su futuro a personalidades carismáticas.
A lo largo de los siglos, las iglesias cristianas han tenido su cuota de ambos modelos, y el único camino relativamente seguro hacia un crecimiento sostenido es evitar en lo posible los excesos de los líderes carismáticos. Ejemplos perfectos de por qué depender de personalidades carismáticas es tan arriesgado provienen de los muchos depredadores involucrados en el abuso sexual a gran escala.
De Marcial Maciel en México hasta Abbé Pierre en Francia, Julio César Grassi en Argentina, Fernando Karadima en Chile, Juan Luis Figari en Perú o Theodore McCarrick en Estados Unidos, todos comparten los rasgos del líder carismático, capaz de construir grupos de seguidores y asegurar el silencio de sus superiores.
Los seguidores y superiores convertidos en encubridores vieron en sus “números”, sea como reclutadores o como recaudadores de fondos, la excusa perfecta para participar, al menos pasivamente, en sus prácticas abusivas, porque eran capaces de ofrecer la ilusión de crecimiento a la Iglesia Católica.
No hubo pecado ni crimen lo suficientemente atroz para convencer a sus seguidores y encubridores, Juan Pablo II, Angelo Sodano y Joseph Ratzinger, entre muchos otros de que era necesario poner fin a sus abusos.
Un ejemplo perfecto es el del Sodalicio peruano. Sus líderes, como Maciel hacía en México, fueron capaces de convencer a relativamente pequeños grupos de jóvenes de dedicar sus vidas a lo que ellos presentaban como una conquista espiritual, necesitada del tipo de mentalidad propia de los ejércitos.
En Perú, en los setenta, era más sencillo pues, en América del Sur y Central había guerrillas radicales, algunas de las cuales clamaban construir el "Reino de Dios" por medio de la violencia, con una mezcla de teología católica y la retórica marxista y de los movimientos de liberación nacional.
Como lo demuestra el texto enlazado después de este párrafo, eso le garantizó a los líderes del Sodalicio el apoyo y luego el silencio de jerarcas católicos que sabían de la conducta sectaria y del abuso pero que lo toleraban por estar sumidos en la "mentalidad de Estado de sitio" que caracteriza a las confrontaciones entre la extrema izquierda marxista y la extrema derecha católica, que presta poca o ninguna atención a las prácticas sectarias y predatorias movimientos y organizaciones como el Sodalicio.
Sólo el escándalo y el descrédito obligaron a Roma a enfrentar los hechos y, eventualmente, casi siempre muy tarde, restringir su poder o suprimirlos, como lo decidió al final de sus días el papa Francisco.
Esa manera de entender el crecimiento de las instituciones ocurrió en muchos otros países y realidades distintas a la peruana y explica, al menos parcialmente, la situación actual, una donde la Iglesia Católica es incapaz de crecer como solía hacerlo y necesita un nuevo modelo para construir su futuro.
Las comunidades más maduras en la Iglesia Católica reconocen la necesidad de entender el problema, de modo que de manera regular encargan o alientan la elaboración de encuestas o el uso de otras herramientas para lograrlo. En Estados Unidos está la experiencia de las universidades de Georgetown, Notre Dame o la Católica de Estados Unidos.
Esa institución publicó, en octubre de 2025, un bien elaborado estudio de los sacerdotes en Estados Unidos (disponible aquí en inglés y como archivo PDF). Sin embargo, aunque quisiera asumir que los hallazgos de ese estudio se pueden extrapolar a América Latina, no creo que los resultados pudieran ser útiles ni siquiera en Canadá.
En Canadá hay la posibilidad de resolver el problema, gracias a su versión del General Social Survey y otras herramientas disponibles allá. Sin embargo, es casi imposible imaginar que eso ocurra en México y el resto de América Latina. Incluso si hay tendencias similares (el creciente conservadurismo de los sacerdotes, para señalar el más obvio), sería casi imposible usar los hallazgos de ese estudio de Estados Unidos en México o el resto de América Latina.
Se esperaría que ahora existiera una conciencia clara en la jerarquía católica sobre los riesgos de crecer sin reflexionar sobre los efectos de las prácticas sectarias detrás de, como un posible ejemplo, el Regnum Christi, cuyos miembros eran aislados de sus familiares, no podían leer medios civiles e incluso católicos no autorizados por sus superiores, y sus intercambios de correo electrónico o cartas estaban sujetos a la vigilancia propia de prisiones de máxima seguridad.
Tristemente, ese tipo de organizaciones aún existen y montan campañas para exigir a León XIV que se les permita esas prácticas, como en el caso de los brasileños Heraldos del Evangelio (Arautos do Evangelho) que, en los últimos meses, han lanzado una campaña para presentarse como víctimas del papa Francisco (contenido en italiano).
La Curia Romana durante el pontificado de Juan Pablo II estuvo dispuesta a hacerse de la vista gorda ante estos problemas porque para la Iglesia Católica la directiva preeminente es tener la capacidad de contar con sacerdotes que presidan misas, matrimonios y funerales y organizaciones como los heraldos, la Legión de Cristo, el Opus Dei o el ahora suprimido Sodalicio, mostraban sus libros de Excel llenos de nombres de seminaristas a punto de ser ordenados.
Una entrega previa de esta serie, enlazada después de este párrafo, que abordó los más recuentes casos de abuso en la Legión de Cristo trató también el manejo que hizo Maciel de las masivas ordenaciones tan queridas por Juan Pablo II y cómo, a pesar de todo el barullo acerca de esas ordenaciones, muchos de esos sacerdotes han dejado la Legión de Cristo, el sacerdocio y, en los casos más extremos, la Iglesia Católica. Véase la sección “Músculo espiritual” de esa entrega.
Ahora, en el nuevo contexto creado por la crisis de abuso sexual a manos de clérigos, cualquier modelo futuro de crecimiento debe ser extremadamente consciente de lograr dicho crecimiento sin poner en peligro a sus propios fieles.
El texto de hoy analiza qué tan capaz es la Iglesia Católica en la muestra de 46 países representativa de más del 80 por ciento de la población católica total. Lo hace con información tanto sobre seminaristas como sobre sacerdotes activos en 2022, la cifra más reciente disponible en GCatholic.org, un respetado sitio web católico que alberga datos estadísticos para esa Iglesia.
Con esos datos, el texto calcula la proporción de seminaristas mayores por sacerdotes activos. El dato sirve para revelar qué tan robusta o débil es la banca o la cantera, de la Iglesia Católica. Con ese dato, el texto construye un valor Z para medir dónde se encuentra cada país en esta medida de desempeño de la Iglesia. La tabla después de este párrafo resume esos datos para los 46 países. El libro de Excel con los datos tomados de GGatholic está disponible aquí en Scribd.
SASST significa Seminaristas Actuales Sobre Sacerdotes Total.
La tabla enumera los países según la consistencia de su banca, al menos en los 46 países de la muestra. Quien la observe debe notar que existe una profunda división geográfica y económica.
Lo que allí aparece es la consecuencia de un proceso de siglos que tuvo, a finales del siglo XIX, a Francia, España, Italia y Alemania ofreciendo a la Iglesia católica ejércitos de sacerdotes dispuestos a ir a América Latina, Asia, África e incluso a Estados Unidos y Canadá.
Hacia finales del siglo XX, Estados Unidos y Canadá se convirtieron en las potencias para la ordenación de sacerdotes, con seminarios diocesanos y religiosos en Quebec o el Medio Oeste de Estados Unidos como “exportadores” netos de sacerdotes e incluso obispos como líderes de diócesis en el Sur Global.
No es claro si un cambio sísmico importante está por suceder, pero sí lo es que muchas diócesis europeas serían incapaces de mantener sus parroquias activas y abiertas sin el trabajo proporcionado por sacerdotes africanos, asiáticos y, en menor medida, latinoamericanos dispuestos a prestar sus servicios allí.
Sin embargo, al revisar los datos de Angola, el Cisne Negro de esta pieza, uno debe ser cuidadoso sobre cómo interpretar los datos. ¿Cómo un país que hace 40 años era escenario de una de las guerras civiles más brutales de finales del siglo XX, con tropas cubanas y armas y municiones soviéticas jugando allí uno de los muchos episodios de la Guerra Fría, es ahora una suerte de paraíso para las ordenaciones sacerdotales católicas?
Que Angola ostente un valor Z de -4.2 implica que sus números están cuatro veces la desviación estándar por encima de la mediana de los países de la muestra. Significa que es un verdadero valor atípico.
Algo similar podría decirse de Madagascar, situada en -2.19 en este índice de estrés. Debe notarse que los cuatro primeros países y seis de los diez primeros en este índice son africanos o latinoamericanos, con niveles de desarrollo de bajos a muy bajos según el Índice de Desarrollo Humano elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Además, debe notarse que existe una correlación extremadamente alta entre la consistencia de la banca sacerdotal católica y el IDH (r = 0.8).
¿Milagro o espejismo en Angola?
En otras palabras, a medida que crece el IDH para 2022, es decir, cuanto más desarrollado es un país, hay menos posibilidades de que sus jóvenes varones ingresen al seminario. Lo que es peor, al revisar los datos sobre el desempleo juvenil en Angola y Madagascar, los países con la banca más robusta en la muestra, se encuentran otras explicaciones potenciales para la aparente vitalidad religiosa.
En Angola, el Instituto Nacional de Estadística reporta por medio de su Encuesta de Empleo una tasa del 54.3 por ciento de desempleo juvenil, entre los 15 y 24 años (contenido en portugués, ver página 12). Fuentes como el Banco Mundial tienen a Angola con una tasa de jóvenes varones que no estudian, ni trabajan ni reciben formación superior al 20 por ciento. Es un panorama de vasta “subutilización laboral” para la juventud.
Es cierto que otros países, incluso europeos, experimentan altas tasas de desempleo juvenil, España e Italia, por nombrar dos de los casos más obvios. Lo que marca la diferencia en los casos africanos y latinoamericanos como Angola u Honduras, es la existencia de redes de seguridad que brindan soluciones distintas al seminario a los jóvenes europeos incapaces de encontrar un trabajo.
Y también, incluso si el desempleo juvenil es malo, los índices de violencia en Francia, Italia o España, parecen inalcanzables para países sumidos en profundos ciclos multigeneracionales de violencia asociada al narcotráfico, como en México, Guatemala u Honduras, o con inestabilidad política como la que existe en algunos países de África que no tiene referentes en la Europa del siglo XXI.
Claramente, el tema requiere más datos y un análisis más profundo de cada caso nacional, pero se debe ser consciente de estas limitaciones estructurales que dan forma a las decisiones vocacionales de los varones jóvenes.
En Madagascar es imposible encontrar el tipo de datos disponibles en Angola, pero una visión muy básica de la situación allí muestra un golpe suave ocurriendo en la nación insular a mediados de octubre, tras disturbios y la decisión del Ejército de abandonar a Andry Rajoelina, quien finalmente abandonó el país en un avión militar francés el 14 de octubre.
La inestabilidad política en Madagascar es similar a la que se encuentra en otras naciones africanas que aparecen en la tabla como baluartes del catolicismo por la voluntad de sus jóvenes varones de ingresar a la vida religiosa en el seminario.
Es necesario ser cautelosos porque, a diferencia de lo que sucede con la educación superior, donde las cohortes de jóvenes varones y mujeres que buscan títulos para ingresar al mercado laboral se parecen a cilindros que conectan dos tubos, la educación en el seminario se parece más a un embudo, con muchos jóvenes varones que salen de la vida religiosa en diferentes momentos.
Los datos de España y la evidencia anecdótica de otros países revelan cuán difícil es completar con éxito la educación en el seminario. En España, menos del ocho por ciento de los seminaristas que ingresan a la vida religiosa como tal llegan a ser sacerdotes en algún momento. La revista católica Omnes hace su mejor esfuerzo por “embellecer” los datos, pero los números no mienten.
Omnes informa que de 1,036 seminaristas inscritos en España en 2023-4, solo 85 (8.2 por ciento) llegaron a ser diáconos para eventualmente convertirse en sacerdotes. El mismo texto habla de 86 seminaristas que abandonaron la ordenación. En otras palabras, pierden tantos como los que ordenan.
Debe notarse también que mientras un “cilindro” de educación secular (como un título de ingeniería) responde a la demanda del mercado, el “embudo” de la Iglesia Católica en el Occidente desarrollado falla a pesar de una muy evidente demanda institucional. Es un mercado donde los “clientes” (seminaristas) deciden renunciar a la ordenación a pesar de que los “puestos” (parroquias) están vacantes.
La excepción se acabó
Aunque no hay nada nuevo en demostrar que el desarrollo está asociado negativamente con la práctica o creencias religiosas, el hecho es que hasta finales del siglo XX era posible hablar de excepciones, siendo Estados Unidos y Canadá las más notables. Hoy en día, a la luz de la evidencia, eso ya no es posible.
En realidad, los datos del Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado, CARA, de la Universidad de Georgetown, revelan que solo en el ciclo 2024-2025 una nueva caída en el seminario de nivel de posgrado (equivalente a teología en modelos anteriores de educación de seminario) bajó otro 8 por ciento.
En ese sentido, es posible atestiguar una suerte de inversión en Estados Unidos. Si hace 40 años eran capaces de “prestar” sacerdotes a todo el mundo, ahora el 17 por ciento de los estudiantes de teología en Estados Unidos nacieron en el extranjero, con Vietnam, México y Nigeria como los principales países de origen. Estados Unidos pasó exportar a importar sacerdotes para mantenerse con vida.
Más sorprendente aún, la misma fuente encontró que el 26 por ciento de los antiguos seminaristas que ingresarán al sacerdocio en 2025 son nacidos en el extranjero. Los tres países de nacimiento más comunes para estos ordenandos nacidos en el extranjero son México (cinco por ciento), Vietnam (cuatro por ciento) y Filipinas (tres por ciento).
CARA encontró que, en promedio, estos varones nacidos en el extranjero llegaron a Estados Unidos hace 15 años a la edad de 21. Este retraso sugiere que a menudo completaron su educación fundamental en sus países de origen antes de ser asimilados por el sistema estadounidense.
Incluso si CARA no ofrece información sobre el agotamiento en su informe de abril de 2025, es notable cómo enfatizan el hecho de que 36 diócesis, incluidas arquidiócesis, en Estados Unidos no tuvieron ordenación alguna. El informe completo está disponible aquí (contenido en inglés).
Además, el hecho de que países con muy alta violencia y conflicto político, como Honduras o Nicaragua en América Latina, aparezcan en lo más alto de la tabla, confirma la noción de que los menores índices de desarrollo humano están asociados con mayores posibilidades de ingresar a la vida religiosa como seminarista.
Las canteras relativamente sanas de Angola y Madagascar en África, o Nicaragua y Honduras en América Latina, no son señal de una primavera católica global, una suerte de renacimiento. Muy probablemente, son síntoma de un invierno secular. En estas regiones, la Iglesia Católica opera como un centro de seguridad: un salvavidas demográfico en un mar de desempleo juvenil e inestabilidad política.
El desafío
El desafío de León XIV es reconocer las limitaciones del modelo actual y ser capaz de distinguir el trigo de la cizaña al buscar soluciones a largo plazo para este problema.
Apostar por el reclutamiento de jóvenes varones cuando los mercados y los estados nacionales fallan en sus países de origen debería advertir a la jerarquía católica sobre cuán sostenible es dicho modelo a largo plazo.
Pero también puede ser peligroso hacerlo en el contexto de crecimiento económico con restricciones a la práctica religiosa. Sería imposible repasar los detalles de cómo han evolucionado las relaciones Iglesia-Estado desde que Benedicto XVI llegó a un acuerdo con el gobierno de Vietnam.
El acuerdo fue bueno, tan bueno que se convirtió en la base del firmado con China para restaurar la plena comunión con los católicos que han podido sobrevivir allí a la era glacial del conflicto Iglesia-Estado después de que Mao Zedong emergiera como el ganador de la guerra civil china.
Lo que es relevante en este punto es reconocer cómo en el contexto vietnamita entrar al seminario no es necesariamente el mismo tipo de decisión que la tomada por un joven mexicoamericano que vive en Los Ángeles o un joven francés que decide dejar su trabajo para entrar a la vida religiosa.
Vietnam supera hoy en día a otras economías asiáticas importantes y bien desarrolladas. Tiene un mejor desempeño, al menos sobre el papel, que uno de los motores de su propio auge: la economía china.
Está claro en ese sentido que, a diferencia de un joven angoleño que busca la vida religiosa como una forma de asegurar una educación, un joven vietnamita tiene opciones, pero sus opciones no son tan variadas como las que tienen los jóvenes europeos e incluso latinoamericanos al entrar al seminario de sus diócesis.
La opacidad del milagro vietnamita se agrava aún más por el Decreto 95, que entró en vigor el 30 de marzo de 2024 (busque la pestaña del PDF en inglés). Este decreto gubernamental otorga al gobierno el poder de intervenir en asuntos financieros y suspender actividades religiosas consideradas como “infracciones graves” por el gobierno.
Una fuente para comprender mejor lo que sucede en Vietnam es la Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) y sus informes publicados en los últimos años (contenido en inglés).
En otras palabras, el milagro vocacional vietnamita continuará sólo mientras el gobierno de Hanói permita que continúe. Esto es más relevante dado que la Iglesia Católica en Vietnam es una “institución paralela”, que permite a las minorías étnicas en áreas rurales ejercer un mínimo de agencia ante el gobierno nacional. Ello ocurre de manera similar a como operaban la Iglesia Católica en Polonia durante el régimen pro-soviético, en España en los últimos años del franquismo, en Argentina y Chile durante las dictaduras militares o en México durante los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional.
Nuevamente, sería imposible repasar las muchas advertencias y problemas potenciales, lo que importa es entender que, por vitales que sean los números vietnamitas, merecen una segunda mirada y cierta reflexión sobre lo que implican para los jóvenes varones que se inscriben en los seminarios allí.
Curiosamente, la misma persecución que experimentan los cristianos vietnamitas permite que grupos de la derecha radical en Occidente utilicen las violaciones objetivas de los derechos humanos en Vietnam para impulsar sus propias agendas anti-derechos humanos, de formas tan enrevesadas que se requeriría un libro entero para analizarlas.
Basta decir que etiquetar a Antifa y otros movimientos vagamente integrados en los Estados Unidos como “organizaciones terroristas”, abre la puerta para que el gobierno vietnamita (o cualquier otro gobierno) haga lo mismo con cualquier grupo que no esté dispuesto a congraciarse con Hanói.
Más datos
Cualquier análisis de los números ofrecidos en esta pieza se ve atenuado por la ausencia de otra información; las tasas de deserción serían la más notable de todas, pero también datos, al menos a nivel nacional, de cuántos estudiantes de seminario abandonan o son obligados a salir de cualquier seminario dado solo para ser reaceptados en otro lugar del mundo católico.
Estrechamente relacionada con la necesidad de tener más datos sobre estos temas compartidos con escuelas y universidades de todo el mundo, existe una clara necesidad de profundizar en el tema del abuso en los seminarios.
Los únicos estudios significativos disponibles hoy en día provienen de los Estados Unidos, y muestran que incluso con las nuevas reglas el abuso en los seminarios sigue siendo un tema clave.
El más notable fue publicado en 2019 por la Universidad de Notre Dame, bajo la autoría de John Cavadini, sacerdote católico y profesor en esa universidad.
El estudio fue publicado como Sexual Harassment and Catholic Seminary Culture. El Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado, una institución asociada a la Universidad de Georgetown, desarrolló la encuesta que proporcionó la evidencia para el estudio. El estudio completo está disponible aquí (contenido en inglés) o aquí.
Esta serie ha publicado al menos un texto sobre la experiencia de un exalumno mexicano en el seminario de Ciudad Juárez, disponible después de este párrafo.
Lamentablemente, también hay evidencia de cómo exseminaristas mexicanos, expulsados al menos de una de tales instituciones, son readmitidos en otros lugares, sus obispos los ordenan, sólo para convertirse ser acusados de abuso sexual, como relata el texto enlazado después de este párrafo en la sección “Secreto y abuso”.
El intento de Benedicto XVI de resolver el problema al prohibir el ingreso de candidatos gay al sacerdocio y a la vida religiosa en general fracasó, como relató hace un año el texto enlazado después de este párrafo.
El fracaso fue más notorio ya que se sumó al fracaso de los intentos por encontrar “una cura para ser gay”, más aún cuando esas “terapias” se convirtió en casos como el de Tony Anatrella en una trampa para seminaristas enviados a las oficinas de la “eminencia gris” francesa de la terapia de conversión por sus obispos, pues la idea de Anatrella de “una cura para ser gay” era violar a dichos seminaristas.
El texto después de este párrafo ofrece más detalles sobre los métodos de Anatrella y sus efectos para la Iglesia católica en la sección “Gays en la Iglesia” del texto enlazado tras este párrafo.
Está claro que el principal problema para la Iglesia católica y cualquier otra organización, religiosa o de otro tipo, es cómo crecer. Las organizaciones regidas exclusivamente por criterios de mercado aprenden de sus errores al quebrar. Las organizaciones religiosas no siempre se rigen por criterios de mercado. Se basan, en su mayor parte, en la confianza y la tradición, por lo que en tiempos difíciles pueden usar recursos a los que otras organizaciones no tienen acceso.
La clave para las organizaciones religiosas es cómo crecer sin destruir la confianza en ellas. Ese es el principal desafío de León XIV para 2026 y probablemente para lo que será un largo pontificado.
El dilema es si será capaz de evitar las trampas del “crecimiento fácil” ofrecido por líderes carismáticos como Maciel, McCarrick, Karadima y Abbé Pierre, pero también las que ofrecen tradicionalistas católicos desde los setenta, cuando el obispo Marcel Lefebvre decidió avanzar, centímetro a centímetro, hacia un cisma consumado cuando él y el obispo brasileño Antônio de Castro Mayer consagraron a cuatro obispos para el grupo de Lefebvre, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y uno más para su contraparte brasileña, la Administración Apostólica de San Juan María Vianney ahora reconciliada con Roma.
A pesar de todos los ataques a Pablo VI durante los setenta y las teorías de conspiración que difundieron por el mundo católico, este catolicismo tiene poco o nada que mostrar, además del “logro” de haber engendrado al menos dos cismas adicionales propios.
No han sido capaces de crecer realmente, lo hacen en un contexto de abuso intensificado contra su rebaño, como lo demuestran los dolorosos testimonios ofrecidos por los sobrevivientes de abuso en esa organización en el mundo de habla francesa, como lo prueban su sitio web (contenido en francés) y su cuenta en lo que solía ser Twitter.
Lejos de ofrecer un hechizo para abordar el desafío del crecimiento, sólo crean silos más pequeños y radicalizados. Primero, el basado en los Estados Unidos vagamente integrado en la llamada Sociedad de San Pío V, que requeriría un libro para dar cuenta de la manera en que canibalizan al catolicismo.
Luego está el basado en Brasil, donde Richard Williamson, uno de los obispos de Lefebvre-Castro Mayer, construyó su propia organización cismática, después de ser excomulgado, nuevamente, por Roma, y ser expulsado de la FSSPX, cuando sus simpatías neonazis se convirtieron en una vergüenza para Benedicto XVI, luego de que revocó las excomuniones de Juan Pablo II sobre Williamson y los otros tres miembros de la FSSPX consagrados como obispos por Lefebvre y Castro Mayer en 1988 para una breve y, mayormente, estéril reconciliación con Roma.
El desafío de Prevost ahora es ir más allá de la aparente estabilidad observada en una hoja de cálculo, ya que podría ser nada más que un espejismo. La necesidad de una banca más gruesa, profunda y resiliente es más urgente que nunca. Pero apostar fuerte por soluciones a corto plazo es lo que puso a la Iglesia Católica en este dilema cuando Juan Pablo II se hizo de la vista gorda cuando laicos, sacerdotes y al menos un obispo mexicanos le presentaban, a finales del siglo XX, una montaña de evidencia sobre los abusos de Maciel en México y otros lugares.
El ignorar el abuso porque “órdenes” como los legionarios crecían fue una apuesta perdedora y, sin embargo, él y otros altos jerarcas católicos estaban dispuestos a correrla de nuevo en aras del crecimiento.
La única esperanza es que, así como el papa Prevost estuvo dispuesto a evitar el nombramiento de un guerrero cultural para Nueva York, también evite beber del pozo envenenado por los émulos de Maciel y muchos otros depredadores, especialmente cuando el crecimiento en África y Asia ya está bajo el estrés del tipo de limitaciones consideradas en este texto.
El texto de la semana pasada, enlazada antes de este párrafo, centrada en las vacantes que León XIV debe llenar en los próximos meses en sedes como Miami, Chicago, Ciudad de México, Guadalajara y, poco después, Los Ángeles, mostró algunos de los desafíos únicos que ofrecen México y Estados Unidos, agudizados en ambos casos por las tensiones traídas por sus propias variedades de regímenes populistas.
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Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.
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Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.