Teología de la impunidad: Lecciones desde Paraguay

Rodolfo Soriano-Núñez

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El mismo día en que se firmó la carta, el cardenal Adalberto Martínez llamó a rechazar los abusos mientras concelebraba con un sacerdote acusado de abuso en Paraguay.

La carta, un garbanzo de a libra en los contextos católicos en América Latina, elude a la jerarquía católica de Paraguay y busca ayuda en Roma.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

Para la mayoría de los católicos de América Latina, Paraguay, el país y el río que nutre a la capital, Asunción, evoca el episodio, brillantemente capturado en la cinta de los ochenta La Misión, de la valiente resistencia de las comunidades guaraníes que se oponían a la arbitraria apropiación portuguesa de lo que eran sus tierras.

Paraguay es aún un bastión del catolicismo. Al revisar sus números, es el país “más católico” del subcontinente, como relata el texto de septiembre pasado enlazado más adelante, aunque uno debe preguntarse por cuánto tiempo más.

Lamentablemente, a lo largo de los últimos 20 años, Paraguay y el resto de América Latina, han aprendido una amarga verdad: aunque hubo episodios en los que el catolicismo protegió a las comunidades más débiles, rurales, marginadas y de los pueblos originarios, obispos y superiores de la región, Estados Unidos y Canadá, varios países europeos y Roma, han usado a sus comunidades para ocultar a depredadores sexuales.

Ahora que el desarrollo de Internet y las redes sociales facilita el acceso a la información y los intercambios entre pares en una región relativamente homogénea como América Latina, es difícil desestimar las voces que llegan desde Paraguay. A diferencia de lo que ocurrió en los siglos XVIII y XIX, cuando la Iglesia estuvo al lado de los más débiles en Paraguay, estos días lo que llega desde Paraguay son las señales del dolor que causan en las comunidades católicas allí.

Temprano el domingo, Los Ángeles Press recibió una carta de dos páginas fechada el 3 de febrero de 2026. La carta es la definición misma de un S.O.S. Como tal, no fue dirigida al medio, sino al superior general de los Oblatos de María Inmaculada, una orden religiosa católica que, como otras, tiene un historial conocido de prácticas abusivas y depredadoras, documentadas desde la tundra helada en Canadá y Alaska, hasta la cálida y húmeda pampa en Argentina.

El superior general es Luis Ignacio Rois Alonso, un sacerdote nacido en España en 1963, ordenado originalmente en 1988, y que fue elegido para su cargo actual en 2022.

A la derecha, el superior general de los oblatos de María Inmaculada, Luis Rois Alonso y el superior provincial, Sergio Serrano en el Aeropuerto de Santiago de Chile, 1 de diciembre de 2025. Redes sociales de los oblatos.

Una súplica desesperada

La carta es una súplica, probablemente una medida desesperada de 14 laicos de la parroquia de San Blas–Loma Pytã, cuyos nombres e identidades permanecerán en el anonimato para los propósitos de este texto. Sus nombres, sin embargo, son conocidos por el liderazgo oblato y a través de ellos por la jerarquía católica en Paraguay por lo que, para ser claros, si algo les sucede debido a la reacción de clérigos o laicos celosos en Asunción, no es porque los medios traten de generar problemas, sino debido a los mecanismos para castigar el disenso y la crítica al comportamiento de la jerarquía documentados en la entrega anterior de esta serie.

La carta está disponible íntegra después de este párrafo, con los nombres de sus firmantes bloqueados, como PDF.

El PDF con la carta de los 14 laicos de la parroquia de San Blas.

Y para ser claros, nunca es fácil en América Latina lograr que 14 laicos cercanos a su parroquia o diócesis firmen una carta para pedir al superior general de una orden que intervenga en una parroquia. Ese es un “milagro ordinario”, más cuando los firmantes están dispuestos a identificar a Zenón Berikani, el párroco, por su nombre. A diferencia de la práctica común del formalismo católico en la región de elaboradas referencias elípticas, ellos identifican claramente la causa de su dolor.

Ese es otro “signo de los tiempos” sobre la profundidad de la crisis en la orden oblata en Paraguay y en otros lugares, más aún, cuando al llegar hasta Rois Alonso, los 14 firmantes laicos ignoran al arzobispo de Asunción, la capital de la nación, Adalberto Martínez Flores y al superior de los oblatos en América del Sur, Sergio Rubén Serrano, quien decidió a principios de 2025 proponer a Berikani como párroco de San Blas.

Por muy respetuosa y cuidadosa que sea la carta, es un resumen de una crisis sistémica en la parroquia. Es un rosario de quejas que apuntan a Berikani. Las quejas son más relevantes ya que rastrear quién es él no es una tarea fácil; llegado hace relativamente poco a Paraguay, hay poco o nada de él en el internet en inglés y español. Incluso si hay un perfil personal de Facebook que lleva su nombre, es imposible saber si es suyo o el de un homónimo, pues está casi vacío.

Confiar en el depredador

Y el problema no es un obispo local autoritario o desconfiado. Todo lo contrario, en diciembre de 2025, el cardenal Martínez Flores estuvo más que dispuesto a apoyar a Berikani y a la orden de los oblatos en general. Entonces presidió una celebración importante para la Iglesia Católica paraguaya: el centenario de la llegada de esa orden a Paraguay, como narró en su momento la sección “Regreso a Paraguay” del texto.

En lo que respecta al liderazgo de los oblatos, la carta es un desafío directo a la autoridad del sacerdote argentino Sergio Rubén Serrano, superior de la Provincia Cruz del Sur. Como tal, controla un bloque unificado que abarca Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, que gestiona una vasta red de parroquias y escuelas.

A pesar de su poder, los 14 firmantes en Loma Pytã ya lo ven como poco dispuesto a prestar atención a lo que sucede en San Blas, lo que los lleva a pasar por alto a toda la jerarquía del Cono Sur para llegar a la Curia General en Roma. En ese sentido, la carta, un S.O.S., es una acusación directa a la dirigencia regional de Serrano.

La vasta red administrativa de los oblatos, gestionada desde Buenos Aires, ha descartado efectivamente a las personas en sus obras. Para los 14 miembros laicos de la parroquia de San Blas, la fuente de la presión para convertir su comunidad en un cajero automático es irrelevante; sólo saben que el apretón es real. Ya sea que el mandato sea una directiva provincial de Serrano o un requisito local del cardenal Martínez, el resultado es un entorno institucional en el que los “objetivos económicos” superan a la misión.

La presión ejercida para cobrar las colegiaturas es más difícil de entender pues los colegios católicos en Paraguay operan en lo que podría verse como una realidad paralela. Tanto la parroquia como el colegio católico que administra Berikani en nombre de los oblatos se benefician de una exención total de impuestos a la propiedad y generosos subsidios públicos para su personal.

Cobradores abusivos

A pesar de eso, los oblatos tratan a sus propios feligreses y estudiantes con la fría eficiencia de un prestamista depredador. Al documentar las amenazas de expulsión y el trato hostil a las madres incapaces de pagar las colegiaturas o cuotas, los 14 firmantes exponen una situación muy común en los colegios católicos de toda América Latina. Los padres que enfrentan tiempos difíciles descubren de la manera más fría los límites de la caridad católica.

En cualquier caso, la presión para lograr “metas” probablemente es una combinación de muchos factores, lo que está claro, sin embargo, es que, además de la presión para lograr “objetivos económicos”, también hay una desconexión entre Berikani y el diácono permanente Fulvio Pérez.

Pérez es un sobreviviente de un derrame cerebral. La expectativa para cualquier parroquia católica es que, al tratar con un diácono que sobrevive a un derrame, él recibiría algún cuidado comunitario. San Blas le trató como pasivo a liquidar.

A la extrema derecha, en una casulla roja, Zenón Berikani, párroco de San Blas, Asunción, Paraguay. Abril 14 de 2025. Redes sociales de la parroquia.

Los 14 miembros laicos de San Blas coinciden en que entre las muchas dificultades que tiene Berikani al desempeñarse como párroco está cómo atacó a Pérez con su estilo de burlas “despectivas”. Tras el derrame cerebral, el diácono descubrió que su servicio, sus opiniones sobre la parroquia eran irrelevantes para Berikani quien, en cambio, al estilo de Trump, se burló de él y los efectos de la enfermedad en vez de ofrecerle caridad católica y oblata.

La carta luego entra en el territorio siempre conflictivo de la forma en que el clero católico se dirige y se relaciona con las mujeres, ya sea como parte de su rebaño, subordinadas o colegas.

En lo que respecta a la carta, el cardenal Martínez, el superior provincial Serrano y el líder global de los oblatos deberían estar preocupados tanto por cómo Berikani se dirige y trata a las fieles mujeres y a las madres de los estudiantes del colegio católico asociado a la parroquia, como por la advertencia sobre la propia relación de Berikani con la secretaria pedagógica de del colegio.

Esa es, por cierto, la parte de la carta donde quien conozca las complejidades de la educación católica en América Latina debe preguntarse qué hay realmente detrás de las quejas cuidadosamente elaboradas por los 14 laicos.

El tema de las relaciones de Berikani con las mujeres es más relevante ya que la parroquia de San Blas ya es un refugio, una suerte de santuario, para Rafael Fleitas López, un oblato paraguayo que Los Ángeles Press rastrea desde 2024.

Fleitas, el pasajero

Él es un sacerdote paraguayo, un oblato. Cuando esta serie lo rastreó por primera vez, allá por marzo de 2024, como demuestra el texto enlazado después de este párrafo, estaba programado para completar un traslado opaco desde General Artigas, un pueblo al sur de Paraguay, cerca de la frontera con Argentina, a una parroquia rural en Oaxaca, en el sur de México.

Fue un mensaje de la Red Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina lo que llamó la atención de esta serie. Desde entonces, la serie ha dado seguimiento, principalmente a través de canales no oficiales, al paradero de Fleitas López.

Como narra el texto enlazado antes de este párrafo, fue posible ver, a través de las fotografías compartidas por las cuentas de redes sociales de la orden, que para entonces ya había estado viviendo en México; concelebró misas, escuchó confesiones e incluso tuvo algunas actividades académicas, a pesar de estar bajo algún tipo de suspensión “suave” en Paraguay y otros países sudamericanos.

A la derecha, Rafael Fleitas López durante los rituales del Miércoles de Ceniza, en San Blas, Asunción, Paraguay. Marzo 5 de 2025. Redes sociales de la parroquia de San Blas.

Fleitas López sólo esperaba las ceremonias de traslado de los equipos pastorales en la parroquia donde estaba programado para servir como parte de un equipo oblato en una diócesis en el estado mexicano de Oaxaca.

El rastreo era necesario porque, como se demostró en el texto, había y todavía hay un profundo doble silencio institucional tanto de la Iglesia Católica como del gobierno paraguayo respecto a una acusación presentada contra Fleitas López por una feligresa que vive en General Artigas.

Tal silencio, similar a una cámara de eco donde el silencio de uno se refleja en el del otro a partir de racionalidades diferentes, ha tenido graves consecuencias para su víctima y sus familiares.

En este caso, la búsqueda de justicia del hermano de la víctima lo ha convertido en un representante de la voz robada a su hermana; su enfermedad y dolor se han transformado en una peregrinación compartida a través de un vacío en el que el secreto canónico y pontificio de la Iglesia Católica y la negligencia administrativa del Estado paraguayo crean una experiencia única y sofocante de victimización de toda una familia. No es solo la hermana, o la hermana y su hermano que le ayuda. Es toda la familia y sus vecinos en General Artigas que viven el dolor.

Lecciones devastadoras

Rastrear a Fleitas López, en ese sentido, ha sido una serie agotadora de lecciones en la teología de la impunidad, una inmersión en la actitud profundamente irrespetuosa con la que los oblatos, la Iglesia Católica en general en Paraguay y las autoridades paraguayas descartan la experiencia de una víctima, la de sus familiares, y la facilidad con la que los líderes católicos paraguayos y mexicanos están dispuestos a poner en riesgo a sus fieles.

Mientras Fleitas López cruzaba fronteras, de la misma manera que un báculo episcopal sería enviado de Buenos Aires a Bogotá y de allí a México, las víctimas quedaban navegando en el vacío del silencio.

Para la jerarquía católica, la falta de noticias es una buena noticia, ya que ven el estancamiento de reclamos como un éxito, un elemento de una estrategia calculada para agotar a los sobrevivientes. Para las víctimas y sus familiares, la falta de noticias es la confirmación de lo poco que realmente significan para la jerarquía, cuán distante está su experiencia real y vivida de las refinadas declaraciones que durante los últimos 45 años aproximadamente han hecho Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y más recientemente León XIV con respecto a la crisis de abusos sexuales del clero.

Los Oblatos de María Inmaculada, a veces conocidos como Misioneros Oblatos de María Inmaculada y usualmente referidos solo como oblatos, son una orden religiosa, nacida originalmente en Francia, con un historial conocido de abusos, que algunos describirían como sistemáticos, una alergia notable por la transparencia y la rendición de cuentas y mecanismos deficientes para prevenir el abuso sexual del clero en las instalaciones bajo su cuidado.

A pesar del significado de oblato, aquel que se ofrece al servicio de Dios, la Iglesia y los demás, la organización no gubernamental basada en Estados Unidos Bishop Accountability ha identificado durante casi dos décadas de trabajo a un mínimo de 60 sacerdotes y hermanos asociados en diferentes momentos con esa orden con un historial conocido de prácticas abusivas o depredadoras.

"Milagro ordinario"

Por eso el “milagro ordinario” de los 14 miembros laicos de la parroquia de San Blas es más relevante. Ellos, al igual que la víctima de General Artigas y sus familiares tratan de poner fin al vacío.

Mientras la orden oblata—desde la oficina provincial en Buenos Aires hasta la Curia General en Roma—trata su misión como una serie de objetivos económicos, los 14 firmantes en San Blas ofrecen un relato doloroso de las consecuencias de su estilo de gestión.

Lamentablemente, hay más lecciones que vienen de San Blas. El mismo día en que los 14 laicos estuvieron dispuestos a firmar su carta a Rois Alonso, el cardenal Martínez Flores estuvo dispuesto a redoblar su apuesta por los oblatos.

Como ya ocurrió durante la misa que Martínez Flores presidió en diciembre, el cardenal estuvo dispuesto a concelebrar nuevamente con Fleitas López, dando a entender que, al menos en lo que respecta a la arquidiócesis de Asunción, Fleitas López es un sacerdote católico en regla, a pesar de su historial de abusos.

El problema principal, por supuesto, es que la víctima que vive en General Artigas todavía espera alguna comunicación oficial de los oblatos, de Roma, y más aún de las autoridades paraguayas.

Por eso es fácil entender por qué el catolicismo de Paraguay se encuentra en una encrucijada con una jerarquía muy dispuesta a imitar tanto como sea posible el discurso del papa Francisco y más ahora del papa León XIV, pero poco dispuesta tomarse en serio el tema del abuso sexual del clero.

El resultado de tal desconexión es una percepción de contradicción en la propia homilía del cardenal el mismo día en que los 14 laicos de San Blas reunieron la fuerza y el coraje necesarios para firmar la carta con sus nombres.

Ese día, el cardenal estuvo incluso dispuesto a denunciar el abuso y la trata de personas como males que los católicos deben rechazar con fuerza. En algún momento de su homilía llega a decir:

“Hoy, como ayer, la Iglesia necesita cristianos comprometidos en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la política y en la sociedad. No podemos separar la fe de la vida, ni la oración de la justicia, ni la comunión de la solidaridad. Cada bautizado es un misionero en su propio ambiente.

“Jesús se identifica con los pequeños, los pobres y los frágiles. Toda forma de abuso, trata, violencia o explotación hiere al mismo Cristo. Renovamos nuestro compromiso con comunidades seguras, sanadoras y misericordiosas”.

Una captura de pantalla del mensaje publicado en Facebook por el arzobispado de Asunción, el 4 de febrero de 2026. Destacado en amarillo, el nombre de Rafael Fleitas López.

El original de su homilía está disponible aquí en el sitio web de su arquidiócesis, o aquí en la cuenta de Facebook de la arquidiócesis o la imagen antes de este párrafo lo demuestra, en ambos casos solo en español. El mismo texto aparece, como un PDF, en el recuadro tras este párrafo.

La homilía del Cardenal Martínez en PDF.

¿Sabe de qué habla?

Es inevitable notar, en lo que respecta a su mensaje en Facebook, que reconoce explícitamente a Fleitas López como uno de los oblatos que trabajan en San Blas. ¿Está el cardenal al tanto de los ataques de Fleitas López a feligreses en General Artigas? Eso es algo que solo él sabe, pero no sería el primer cardenal que afirma “no saber nada” sobre un sacerdote bajo su supervisión.

Al hacerlo, clérigos católicos de alto nivel como Martínez Flores sólo empeoran la crisis de abusos sexuales del clero en su iglesia. Él y muchos otros en el Colegio Cardenalicio parecen no darse cuenta de los efectos de la percepción de traición y una cierta dosis de miedo que surge en los intercambios en WhatsApp y otros servicios de mensajería donde ciudadanos paraguayos solicitan el anonimato tan pronto como mencionan los nombres de sacerdotes percibidos como responsable de algún encubrimiento de abuso sexual.

Esa percepción de traición se ve agravada por cómo la arquidiócesis de Asunción ha legitimado la rehabilitación de Rafael Fleitas López. Si a finales del año pasado ya era visible en videos provenientes de la parroquia de San Blas de Loma Pytã en la arquidiócesis de Asunción—como relató esta serie en el texto enlazado abajo—el 3 de febrero de 2026, el cardenal Adalberto Martínez Flores regresó a ese mismo altar para otra gran celebración.

Además, el comportamiento del cardenal confirma el supuesto subyacente de esta serie sobre los depredadores, en América Latina y en otros lugares. No son “lobos solitarios”, “manzanas podridas” o “depredadores solitarios”, son el subproducto de entornos institucionales eclesiales y/o estatales laxos y opacos.

Uno debe notar también que la rehabilitación de Fleitas López ha sido una operación desarrollada desde distintos frentes. En agosto de 2024, el texto después de este párrafo, en la sección “La octava es la vencida” narra su papel en la ordenación de un nuevo sacerdote con otros clérigos paraguayos.

Sin consecuencias

Han podido abusar de la manera en que lo hacen porque, al menos en lo que respecta a América Latina, no existen mecanismos sancionados y aplicados por el Estado para imponer la transparencia y la rendición de cuentas, y hay pocas o ninguna consecuencia real para los individuos o las instituciones involucradas, como se han desarrollado dolorosamente en los Estados Unidos durante los últimos 40 años aproximadamente.

Además, a diferencia de lo que ocurre en las conferencias de obispos católicos de Alemania y Francia, no hay voluntad de reconocer realmente los efectos verdaderamente devastadores del abuso sexual del clero, como han demostrado varias entregas de esta serie durante los últimos tres años aproximadamente.

En cualquier caso, Martínez Flores, que está a punto de cumplir 75 años y enviar su carta de renuncia a Roma, presidió la misa para celebrar a san Blas de Sebaste, el obispo y médico del siglo IV que es el santo patrono de Paraguay. La ironía es asombrosa: mientras el cardenal celebra a un santo doctor de la Turquía romana, lo hace junto a un hombre cuya presencia representa una herida supurante para al menos una familia en el sur de Paraguay, en General Artigas.

Incluso si Fleitas López permanece en los papeles secundarios que ha ocupado durante la mayor parte de su carrera, la cuenta oficial de Facebook de la arquidiócesis lo identifica explícitamente como parte del equipo de San Blas.

Quizás esta sea la “manera principesca” del cardenal Martínez de dejar que su rebaño sepa que ha otorgado una segunda, quizás tercera o cuarta oportunidad (Dios y los oblatos solo lo saben), al mismo hombre que esta serie ha rastreado desde la frontera de Paraguay y Argentina hasta las parroquias rurales de Oaxaca y de regreso.

El hermano de la víctima está lejos de ser derrotado. Sigue comprometido con la búsqueda de justicia para su hermana. Recientemente presentó una petición solicitando a las autoridades nacionales paraguayas que aclaren la situación respecto a Fleitas López.

Una cosa es segura: no está en condiciones de ofrecer el tipo de sobornos que el fiscal en el caso Alberdi trataba de obtener para enterrar un caso, asunto del que se dará cuenta la próxima semana. Su única moneda es una verdad que el Estado y la Iglesia encuentran demasiado costosa de reconocer.

Al centro, con un báculo de madera, el cardenal Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, Paraguay en la parroquia de San Blas. Diciembre 2025. Redes sociales de los Oblatos de María Inmaculada.

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Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.

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Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.