Periodista Luis Enrique Ramírez, once años en peligro y sin escribir sobre narcotráfico en Sinaloa

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Por Claudia Martínez Sánchez/Guadalupe Lizárraga

“Llevo años denunciando sus excesos y atropellos”. Fueron las palabras escritas en un mensaje de texto por el periodista Luis Enrique Ramírez Ramos, el 18 de enero de 2017. Estaban dirigidas al Colectivo Nacional Alerta Temprana de Periodistas y Defensores de Derechos Humanos en solicitud de asesoría porque estaba siendo perseguido, hostigado y amenazado por Héctor Melesio Cuén Ojeda, fundador del Partido Sinaloense (PAS) y exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

El trabajo del periodista había influido en la decisión del Partido de Acción Nacional para rechazar la alianza propuesta por Cuén Ojeda, quien era candidato a gobernador y había logrado la alianza de Movimiento Ciudadano. Ese mismo año, Luis Enrique enfrentaba la demanda de Cuén Ojeda, por supuesto daño moral tras haber perdido las elecciones a gobernador.

El Colectivo Nacional Alerta Temprana de Periodistas recibía telefónicamente la narración de Luis Enrique sobre las agresiones sistemáticas del político. Se acordó la asistencia personal in situ al periodista, por considerarlo un asunto de alto riesgo. Otro acuerdo en esa llamada telefónica fue la de promover talleres de seguridad para periodistas impartido por gente del Colectivo. Fue cuando Luis Enrique enfatizó su profunda preocupación por la violencia en el estado y la vulnerabilidad en la que se encontraban sus compañeros, aunque la mayoría del gremio, dijo, se veía obligado a aceptar convenios de publicidad con recursos de la Universidad Autónoma de Sinaloa que movía el propio Cuén Ojeda.

 

El gremio siempre lo dejó sólo, eran sus palabras. Desde que comenzó la persecución, en una de las conversaciones que sostuvo daba cuenta de que, pese a ser un gran número de medios en el estado de Sinaloa, el único que había estado documentando las amenazas de muerte y la demanda de Cuén Ojeda era El Noroeste, y remataba: “Al final todos te dejan solo”.

Las declaraciones que el mismo periodista manifestó públicamente en el 2017 revelaban que las denuncias en su contra interpuestas por Héctor Melesio Cuén Ojeda habían perdido casi todas las instancias judiciales, “aunque el proceso legal continuaría por largo tiempo”. Tras los adversos resultados judiciales para Cuén Ojeda, presentó una iniciativa para cambiar la ley estatal con respecto al tema de “daño moral”.

La iniciativa de ley propuesta por Cuén Ojeda consistía en “reformar adicionar, modificar y derogar artículos del código familiar, de procedimientos familiares y civil dirigidas a reparaciones e indemnizaciones por daño moral, que los servidores públicos tienen a la vida privada y se pide consentimiento en el uso de la imagen de las personas, incluso hasta para la toma de fotografías”. Lo que hacía que esta iniciativa obstaculizara el trabajo periodístico, violando la libertad de prensa, garantizada en la Constitución mexicana.

En ese entonces las declaraciones en los pocos medios de comunicación que le abrieron espacio a Luis Enrique Ramírez Ramos acusaban a Cuén Ojeda de intentar facilitar la ruta jurídica para litigar el “daño moral”, debido a todas las complicaciones legales por las que el funcionario había atravesado para encarcelar al periodista.  Incluso, esto fue parte de las denuncias hechas por Luis Enrique, que si Cuén no lograba encarcelarlo, terminaría por matarlo algún día. Por lo que, en la cotidianidad de su trabajo, el periodista evitaba escribir temas de seguridad nacional y narcotráfico.

El 7 de febrero de 2017, la coordinación del Colectivo Nacional Alerta Temprana de Periodistas y Defensores de Derechos Humanos viajó a Sinaloa para entrevistarse con el periodista y comenzar la ruta a seguir en su defensa, y gestionar los talleres para los periodistas del estado. Sin embargo, Sinaloa colapsaba en violencia en esas fechas, aeronaves de la Marina sobrevolaban el malecón, incluso aeronaves que no pertenecían a estas Fuerzas Armadas disputaban el espacio aéreo. Las calles estaban vacías, solo algunos hombres vestidos de civil en camionetas y los choferes de los mototaxis advertían que era mejor permanecer encerrados en el hotel.

Luis Enrique canceló el encuentro. Su temor se acrecentaba. Dijo que lo mejor era salir de Sinaloa lo antes posible porque había peligro para los integrantes del Colectivo, incluso porque grupos armados llegaban a levantar personas dentro de las mismas habitaciones de los hoteles. Explicó que los mismos periodistas locales preferían no salir de sus casas por esas fechas, porque ya se había soltado el rumor de que vendría “una fuerte cacería”.

Sinaloa permaneció “prendido” varios meses, como describía la violencia el periodista. El 15 de mayo de ese mismo año, Javier Arturo Valdez Cárdenas fue ejecutado en la colonia Jorge Almada, de la ciudad de Culiacán, justo cuando se dirigía al semanario Río Doce. Lo que Luis Enrique Ramírez Ramos había comentado al colectivo en ningún momento había sido exagerado.

El apoyo al gremio sinaloense con talleres sobre seguridad solo quedó en un intento, así como el encuentro entre el Colectivo y la Comisión Estatal de Derechos Humanos para generar una estrategia de defensa de manera conjunta en favor del periodista.

De acuerdo con las versiones de sus colegas en Sinaloa, aparentemente se habían limado asperezas entre Cuén Ojeda y el periodista, así lo demostraba la publicidad de su portal Fuentes Fidedignas que se le facilitaba por parte de la Secretaría de Salud del estado, de la cual es titular Cuén Ojeda desde 2021.

Ahora, tras el asesinato de Luis Enrique Ramírez, mediante un tuit, la titular de la Fiscalía General del Estado, Sara Bruna Quiñónez Estrada, dijo que el periodista sí recibió impactos de bala en una pierna y apuntó que su muerte la había causado un golpe en la cabeza, provocándole un traumatismo craneoencefálico. Sin embargo, antes sus declaraciones habían afirmado todo lo contrario, sin impactos de bala y sin tortura.

Luis Enrique Ramírez Ramos fue visto por última vez la madrugada del 5 de mayo. La versión de las autoridades manifiesta que fue levantado por hombres armados a las afueras de un dispendio por sujetos que iban a bordo de una camioneta color blanco, con los que el periodista sostuvo una diferencia de palabras. La mañana de ese día fue hallado su cadáver envuelto en plástico en un camino de terracería denominado El Ranchito.

La fiscalía confirmó el hallazgo en la colonia Los Pinos, cerca del domicilio del periodista. En el lugar de los hechos se localizaron casquillos, un celular destrozado y la sangre del periodista con señales de haber sido torturado.

Desde 2011, Luis Enrique Ramírez se sentía en grave peligro y escribía en sus artículos que el podría ser «el que sigue». Esto después de los tres asesinatos previos al del periodista Humberto Millán, de A discusión. Luis Enrique aseveró que encajaba en el perfil de las ejecuciones de ese año refiriéndose a la de Millán, Luis Pérez Hernández, Oli Alonso y Francisco Urrea. El medio que le dio voz a estas declaraciones fue El Noroeste:

«Yo sí siento el peligro inminente, de que yo soy el que sigue, porque hay un patrón en cuatro asesinatos recientes, esto en el gobierno entrante de Mario López Valdez”.

En ese año Luis Enrique Ramírez vivía un desplazamiento forzado por la vulnerabilidad en la que se encontraba. Su columna Fuentes Fidedignas, dejó de ser escrita y en la Ciudad de México emprendió otros proyectos.

En el 2015 volvió a manifestar públicamente: «Yo no escribo del narco, yo no hablo ni mal ni bien del narco. Humberto Millán tampoco, y mira, no fue suficiente para seguir haciendo su trabajo y sobre todo para conservar su vida. ¿Y qué es lo que pasa? Humberto Millán y yo sólo escribimos de políticos, y ahora resulta que tampoco vamos a escribir de los políticos. ¿Entonces de qué vamos a escribir los comunicadores sinaloenses?”

Fueron once años de estar en permanente peligro por ejercer el periodismo, y sin tocar temas de narcotráfico.