Iglesia Católica y comunidades en Chiapas exigen fin a la violencia

Argenis Esquipulas

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La caravana por la paz en Chiapas llegará hasta Tuxtla Gutiérrez.

Por Argenis Esquipulas 

Ante la creciente ola de violencia en el estado de Chiapas, la Iglesia Católica, encabezada por las diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Tapachula y Tuxtla Gutiérrez, protagonizó una histórica peregrinación unificada por la paz. Esta movilización, la primera en su tipo, fue liderada por la arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, partiendo desde el crucero Juan Pablo II hasta llegar a la catedral de San Marcos, en el corazón de la capital chiapaneca.

Desde las primeras horas del día, creyentes católicos de diversas regiones, especialmente de la zona de los Altos de Chiapas, se movilizaron desde sus comunidades hacia San Cristóbal de Las Casas. Desde allí, iniciaron una caravana vehicular que recorrió la región hasta llegar a Tuxtla Gutiérrez. Vestidos de blanco y portando pancartas y banderas con la palabra "Paz", los participantes demandaron el cese inmediato de la violencia que asola a sus comunidades.

La peregrinación reunió a más de 10 mil personas, según el padre Marcelo Pérez Pérez, sacerdote de la Iglesia de Guadalupe en San Cristóbal de Las Casas, quien subrayó el carácter inédito del evento.

“Es la primera vez que las tres diócesis de Chiapas se unen en un solo clamor por la paz. La violencia ha alcanzado niveles inaceptables, y esta marcha busca visibilizar esa realidad", afirmó.

Entre los participantes, destacaron miembros de municipios indígenas como Chalchihuitán, Pantelhó y Chenalhó, así como desplazados de la comunidad de Santa Marta, Chenalhó, y representantes de la Organización Las Abejas de Acteal. Estos contingentes avanzaron entonando cánticos y consignas en contra del desplazamiento forzado, el reclutamiento de menores y la inacción de las autoridades frente al crimen organizado.

El recorrido de la peregrinación abarcó importantes avenidas de Tuxtla Gutiérrez, como el Boulevard Ángel Albino Corzo y la Avenida Central, concluyendo en la explanada de la catedral de San Marcos. Allí, los fieles elevaron una oración colectiva por las víctimas de la violencia y participaron en una misa presidida por los obispos de las tres diócesis.

Durante el evento, se escucharon conmovedores testimonios de personas desplazadas, víctimas de la violencia. Manuel Gómez Velasco, originario de Santa Marta, Chenalhó, narró cómo lleva más de dos años sin poder regresar a su hogar debido a los ataques de grupos paramilitares. "Vivimos en condiciones inhumanas, sin acceso a educación ni atención médica para nuestros niños. Las autoridades no han hecho nada para detener la violencia en nuestras comunidades", denunció Gómez, quien hizo un llamado urgente al gobierno federal para atender la crisis de desplazamiento forzado en Chiapas.

Por su parte, Juan Carlos Vázquez, diácono de la parroquia de Huitiupán, explicó cómo su comunidad ha sido blanco de amenazas de grupos armados. "Hemos perdido a muchos hermanos a causa de esta violencia. Estamos aquí para exigir un alto a esta situación. No podemos seguir viviendo en el miedo", manifestó Vázquez.

El padre Gilberto Hernández García, vocero de la arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, reiteró que la finalidad de la peregrinación era hacer visible la unidad de la Iglesia Católica en su demanda de paz. "Pedimos paz tanto a las autoridades como a Dios. La situación en Chiapas es insostenible. El gobierno ha sido incapaz de ofrecer soluciones concretas, mientras que en municipios como Frontera Comalapa y Chicomuselo, la violencia sigue cobrando vidas", afirmó.

Además, el padre Marcelo Pérez Pérez, una de las figuras clave detrás de la organización del evento, expresó su indignación ante la falta de respuesta de las autoridades. "No podemos seguir tolerando la violencia en Chiapas. La violación de los derechos humanos, el reclutamiento de menores y el desplazamiento forzado son solo algunos de los problemas que enfrentan nuestras comunidades. Es tiempo de que el gobierno escuche el clamor de su pueblo", declaró Pérez, quien también hizo un llamado al presidente Andrés Manuel López Obrador para que visite personalmente las zonas más afectadas y escuche a las víctimas.

 

La peregrinación no solo fue una marcha de protesta, sino también una manifestación de fe. Los participantes, alzando banderas blancas y coreando consignas como "Paz con justicia y dignidad, ¡ya!", caminaron pidiendo el fin de los enfrentamientos entre el Ejército Mexicano y los grupos armados que operan en la región. Estos conflictos han causado la muerte de cientos de chiapanecos y han obligado a miles de personas a huir de sus hogares.

El mensaje de los obispos fue contundente: la Iglesia no se mantendrá en silencio mientras las comunidades siguen sufriendo los estragos de la violencia. "Es fácil hablar desde un palacio, pero las realidades que se viven en los municipios de la Sierra son devastadoras", expresó el padre Pérez. "El gobierno tiene la responsabilidad de actuar y garantizar la paz en estas zonas", concluyó.

 

 

La peregrinación por la paz en Chiapas no sólo fue un evento simbólico, sino un acto de unidad y esperanza para miles de chiapanecos que buscan el fin de la violencia. Los obispos auxiliares de San Cristóbal de Las Casas y Tuxtla Gutiérrez, Luis Manuel López Alfaro y José Luis Mendoza Corzo, respectivamente, acompañaron a los participantes, al igual que líderes de diversas comunidades indígenas y activistas por los derechos humanos.

A medida que la multitud avanzaba hacia la catedral de San Marcos, el mensaje era claro: la violencia no puede seguir siendo la norma en Chiapas. La Iglesia Católica, junto con las comunidades afectadas, está decidida a alzar la voz hasta que se logre la paz y la justicia en el estado. Las demandas fueron contundentes: “Queremos la paz que exige el pueblo”, “Si a la paz, no a la violencia” y “Justicia y paz para Chicomuselo”.

Este evento marca un antes y un después en la lucha por la paz en Chiapas, y tanto los líderes religiosos como los ciudadanos prometen seguir movilizándose hasta que sus demandas sean escuchadas.