Martín Arellano Solorio Jueves, 13 de Agosto del 2020, 10:41
Martín Arellano Solorio
Lic. Rosario Piedra Ibarra
Presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos HumanosPublicidad
Apreciable Lic. Piedra Ibarra:
Todos tenemos el derecho a la vida y a vivir en libertad y con seguridad, así está en la declaración de derechos humanos de la ONU, sin embargo, en México no es así, la violencia está presente de muchas formas, desde la producida por grupos del crimen organizado, hasta la que se da en el interior de muchos hogares, contra las mujeres, grupos con diversas preferencias sexuales o por cuestiones de étnicas o condición social.
No es fácil su labor me imagino, sin embargo, la vida de millones de ciudadanos tampoco lo es, sobre todo si consideramos otros tipos de violencias que se presentan todos los días, encubierta o cobijada bajo el derecho a la libertad de expresión.
Podemos hoy ver condenas enérgicas para aquellos que usan lenguajes discriminatorios en los medios, en la política y en otros ámbitos de nuestra vida, por eso los ciudadanos van tomando consciencia y aunque lentamente se dan cambios, sobre todo por el enorme trabajo de activistas que luchan porque sus derechos humanos no sean violentados.
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Hay una violencia que está ahí, que es arrogante y sin freno, que se sabe impune y que no puede seguir existiendo, que debe encontrarse una forma para que desaparezca de nuestra vida, ésa es la violencia de los medios, periodistas y columnistas.
Bajo el argumento de la imposibilidad de la censura, miles de noticias intoxican la vida diaria de mexicanos, los dividen, los confrontan, los confunden y ponen sus vidas en riesgo.
Por ejemplo con el tema del COVID-19, el papel de los medios ha sido deplorable. Reporteros, periodistas y opinadores podrían haber generado que mucha gente se confundiera, dudara de la existencia real de la enfermedad o –como en algunas localidades sucedió– que pensaran que era una estrategia del gobierno para enfermarlos. Esto con las condiciones actuales de salud, en general de la nación, expone sus vidas y queda la posibilidad real de que muchas muertes podrían haberse evitado con un manejo responsable de quienes informan y opinan.
El caso del periodista Javier Alatorre es un claro ejemplo de lo que un comentario irresponsable podría significar en la percepción de millones de personas que lo vieron y con base en eso tomar sus decisiones, tal vez teniendo la emisora como única fuente de información.
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Comentarios como el del periodista Ricardo Alemán, que hizo referencia a que el 15 de septiembre del 2020, el Zócalo se convertiría en una reunión del KKK y que en ese momento México sería algo similar al Tercer Reich.
¿Cuántas personas se pueden sentir atemorizadas y con base en eso tomar decisiones?
El caso del periodista Pedro Ferriz de Con y su hijo Ferriz Hijar, que plantean un golpe de Estado e impulsan personajes como Gilberto Lozano, capaz de sugerir un magnicidio, todo esto desde un micrófono de un programa de noticias.
¿Estos hechos no violentan el derecho a vivir con seguridad de los ciudadanos?
Millones de mexicanos viven con ese temor, su derecho a una vida libre y segura se violentada.
¿Hasta dónde puede llegar el ejercicio periodístico?
¿Hasta dónde deja de serlo?
No existe nadie que regule los abusos, no hay quien que señale los excesos diarios y voces que le roban a la gente el derecho a vivir su vida al menos con más tranquilidad.
El periodismo se ha vuelto intocable, algo que convierte la libertad en tiranía, teniendo como principal afectado al ciudadano común. Entiendo que las libertades deben ser plenas, pero puedo comprender que se trata de ejercer el oficio del periodismo de una manera lícita y sin dolo, con el afán de informar y crear opinión pública, sin importar credos o ideologías. Sin embargo, ese derecho se ve corrompido cuando pretende usar al ciudadano como ariete, cuando se pretende manipular al mismo con falsedades y con todo el dolo posible, en ese momento la libertad se convierte en un arma contra el resto.
Como ciudadano comprendo que puede haber diferencias políticas, antagonismos, sin embargo, el profesional debe partir de principios y valores, el ciudadano que confía en un medio o en un periodista, tiene el derecho a una “verdad” que esté sustentada en argumentos reales y no en mentiras plenamente demostrables y usadas como una manera de desestabilizar un país y con ello la seguridad de los ciudadanos, tal como lo hace Reforma o El Universal.
Tengo el claro lo complicado del tema, porque en México a veces los gremios parecen actuar como mafias e incluso los organismos que los protegen siguen esos formatos.
El periodismo en México y en otras naciones se ha convertido en un contrapeso que no tiene contrapeso, y que se escuda en la violencia a periodistas comprometidos para ejercer el oficio de manera dudosa, muy dudosa.
¿Quién vela por la seguridad del ciudadano?
¿Quién le garantiza el derecho a información que no ponga en riesgo su seguridad y la de su familia?
¿Quién detiene esta escalada de violencia en la cual se usa al ciudadano para expandirla?
Hoy, muchos medios atentan contra nuestro derecho a la vida, a la libertad y la seguridad, amparados en la libertad de expresión, la cual han pervertido para usar sus espacios como fortalezas desde las cuales agredir a los ciudadanos con total impunidad.
Es verdad, miles de ciudadanos responden con violencia en las redes sociales, con o sin razón, sin embargo, está claro y es evidente que se trata de provocarlos y hacer visible lo que los medios o sus empleados publican, también es claro que son los mismos ciudadanos quienes han hecho evidente el sucio manejo del oficio, el uso de éste de una forma ajena a la que fue concebido.
Cierto es que la verdad y la objetividad son relativas, sin embargo, hay cosas que son evidentes, como la mentira premeditada y la difamación como un arma de polarización social. Esto es violencia.
Muchos son los espacios (de periodistas y opinadores) en donde los ciudadanos son discriminados por su origen social, étnico y económico, he leído en varias ocasiones el intento de devaluar el voto de millones a partir de su condición social, o de sus preferencias políticas, lo cual es muy grave, porque intentan impulsar y legitimar iniciativas que condicionen el derecho a elegir a sus autoridades, lo cual también es un derecho humano.
Así desde los medios los ciudadanos somos atacados de las más diversas formas, lo cual no hace preguntarnos ¿Quién nos defiende? no se trata de un caso aislado, es toda una estrategia, es todo un grupo de personas que tienen un poder que nosotros no tenemos, los medios, los micrófonos, las columnas de lo diarios, los noticieros de televisión, el poder es abrumador.
¿Qué tiene que suceder para que sin afectar el derecho a pensar, a compartir ideas y a expresarse con libertad, no se atente contra la libertad y seguridad del resto, contra sus derechos para elegir autoridades y a no ser discriminado como estrategia política?
¿Qué tiene que suceder? ¿Qué tendremos que hacer los ciudadanos? ¿Qué puede hacer la CNDH para garantizar nuestro derecho a la no violencia de los medios?
México tiene derecho a vivir en libertad y con paz, y el no aceptar el juego democrático de unos no puede llevar a la violencia de todos.
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Fuente original: Martín Arellano. Reflexiones.
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