Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 11 de Diciembre del 2023
En vísperas del 12 de diciembre una mirada a lo que hace la extrema derecha católica de Estados Unidos con la imagen de la virgen de Guadalupe.
Religión y vida pública: La imagen de Guadalupe no es ajena al uso político. México nació del uso político de la imagen, pero no hay precedentes a lo que hace la extrema derecha católica de Estados Unidos.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Una seña de identidad del catolicismo mexicano desde el siglo XVI ha sido la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe. Esa devoción fue política desde el inicio.
Sea para resistir la dominación española, sea para integrarse a la dominación española o sea para esconder en la imagen mestiza de la madre de Jesucristo a la antigua diosa mexica Tonantzin o Nonatzin, Guadalupe nace política y se mantiene como tal hasta ahora.
Lo novedoso, sin embargo, es que siendo históricamente un signo de las distintas formas de resistencia, sobrevivencia e incluso abierta subversión a la dominación española o, en un sentido más general, a la dominación política en México, ahora—de manera creciente—la imagen sea usada por los elementos más reaccionarios de la derecha católica estadunidense para presentarse como auténticos católicos.
Para hacerlo, la derecha política del catolicismo estadunidense necesita reescribir la historia de México, la historia de la relación México-Estados Unidos, incluida la invasión de 1846, que fue predicada—entre otros elementos—sobre la base de la “necesidad” de purificar al corrupto por católico cristianismo mexicano, así como la historia misma del catolicismo mexicano.
La extrema derecha católica de Estados Unidos no está sola en esos esfuerzos. En México han ocurrido intentos similares para apropiarse o dar nuevos significados a las apariciones de la virgen de Guadalupe.
Ello ha sido así a pesar del desdén con el que la jerarquía católica, imbricada en el gobierno de lo que era Nueva España trató a la devoción a la imagen del Tepeyac. La relación era tan simbiótica, por cierto, que en más de una ocasión el cargo virrey de la colonia recayó en arzobispos de México (Pedro Moya de Contreras, Francisco García Guerra, Payo Enríquez de Rivera Manrique, Juan de Ortega Montañés, Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta y Francisco Javier de Lizana y Beaumont) o en obispos de Puebla (Juan de Palafox y Mendoza y Diego Osorio de Escobar y Llamas) o de Yucatán (Marcos de Torres Rueda).
En ese sentido es claro que, no había manera de disociar lo religioso de lo político y parte de lo religioso en el México colonial era, a querer o no, la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe.
El carácter político de la devoción ha continuado incluso a pesar de la alegada existencia de algo llamado “Estado laico” en México que es tan difícil de probar como lo demuestra la manera en que el Estado mexicano ha estado involucrado directa o indirectamente tanto en la reconstrucción de templos del periodo colonial, como en la construcción de templos contemporáneos.
No hay mejor ejemplo de ello que la actual Basílica de Guadalupe y su complejo de edificios, monumentos y centros comerciales, que hubiera imposible de construir sin la participación, en mayor o menor medida de todos los gobiernos federales y del antiguo Distrito Federal del PRI, PAN y PRD en los últimos setenta años, al menos.

En ese sentido, es claro que la politización e incluso sobre-politización de la devoción guadalupana no es nueva. Forma parte de lo nacional mexicano por lo menos desde que, incapaces de suprimir el culto, la Real Audiencia y el Arzobispado de la Ciudad de México fueron forzados a aceptar que se construyera en 1649 la primera Capilla de Indios.
Idolatría
Que la primera capilla haya sido construida más de un siglo después de las apariciones de diciembre de 1531 es, en sí mismo, un hecho político. Lo que es más, la denominación de aquel primer templo como Capilla o Parroquia de Indios remite a la naturaleza misma de la dominación política en Nueva España: estaba fundada en la preeminencia de los españoles peninsulares, incluso por sobre aquellos que siendo sus hijos habían nacido de este lado del Atlántico.
El reconocimiento de la existencia de esa devoción, no se tradujo sin embargo en una expresión concreta material de la práctica hasta 1649, e incluso en ese momento, el culto ocurría en lo que entonces eran cerros y llanos fuera de la Ciudad de México, cuyo lindero norte estaba en la antigua Casa del Consulado, cerca de Tlatelolco.
Lo que es más, la devoción frecuentemente era reducida a la condición de fábula o idolatría. Esa idea de lo guadalupano como idolatría no fue inventada por los liberales comecuras del XIX mexicano. La acuñaron los peninsulares españoles, muchos de ellos clérigos, que veían con desdén las prácticas de "los naturales".
Fue sólo después de 1649 que, paulatinamente, el culto católico oficial admitió en los templos de la antigua ciudad colonial: la catedral y su sagrario, la así llamada Profesa, originalmente el templo de San José del Real o el templo del antiguo convento de Santo Domingo, entre otros, la devoción “de Indios” que era Guadalupe.

En México mismo existe un claro interés por desvincular al guadalupanismo y al catolicismo de los aspectos más racistas y despóticos de la dominación española, como si el culto “de Indios” en una “parroquia de Indios” hubiera ocurrido en un vacío ahistórico, carente de instituciones, religiosas o civiles.
Esas reinterpretaciones, revisionistas en más de un sentido, del pasado católico mexicano, van de la mano de los esfuerzos, más claramente revisionistas de algunos académicos mexicanos que han comprado la idea de que Nueva España no era en realidad una colonia, por tener una estructura de gobierno distinta a la de las trece colonias de las que emergió Estados Unidos en 1776.
Creo que ese debate forma parte de los mismos empeños revisionistas que ha animado durante siglos la llamada Leyenda Rosa o Leyenda Blanca de la Conquista por parte de España de su imperio, así como la idea misma de la a´si llamada "hispanidad".
De ahí que, sin pretender detenerlo ni denunciarlo, no puedo evitar sorprenderme de la manera en que personajes que alimentan los peores instintos del viejo racismo estadunidense, como Raymond Leo Burke o Joseph Strickland, se reapropien de la manera en que lo hacen de símbolos del catolicismo y el guadalupanismo mexicano.
Burke, el cardenal recientemente sancionado por el papa Francisco es la cabeza visible de un santuario en el estado de Wisconsin que, quienes lo conocen lo describen como un “castillo medioeval”. Su sitio de internet se puede visitar aquí en español y en esta otra dirección en inglés.
El santuario de Burke, ubicado en lo que fue su primera diócesis, la de La Crosse, Wisconsin, que preside el franciscano William Patrick Callahan, es uno de los mejores ejemplos de la manera en que la extrema derecha del catolicismo estadunidense se reapropia de elementos del catolicismo mexicano para sus propósitos.

Como se puede ver en el croquis que aparece inmediatamente antes de este párrafo, justo frente al templo principal en el santuario, se construyó un así llamado “Memorial a los no nacidos”, en otras palabras, un memorial a las víctimas de lo que Burke y otros obispos en el ala más radical de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos consideran—según una declaración publicada el 15 de noviembre—como el tema o asunto político preeminente: el aborto, que está disponible aquí.
Además de Burke y su Santuario de Guadalupe, ha sido notable la manera en que Joseph Strickland, quien recién fue destituido de la diócesis de Tyler, Texas, ha tratado de vincular su manera de entender el catolicismo en Estados Unidos hoy, con los mexicanos que, entre 1926 y 1929 se enfrentaron al gobierno de Plutarco Elías Calles y al de Emilio Portes Gil, en la así llamada Guerra Cristera o Cristiada.
El problema, desde luego, es que—hasta donde es posible observar—Joe Biden está muy lejos de actuar en el Estados Unidos de hoy como lo hacía el comecuras Elías Calles en el México de hace poco menos de un siglo. No hay en Estados Unidos alguna legislación que, por ejemplo, le dé a los gobernadores de ese país el poder para decidir cuántos sacerdotes pueden o no ejercer sus funciones, como sí se las daba a los gobernadores de México la redacción original de 1917 del artículo 130 de la Constitución.
Y está el caso del Napa Institute o Instituto Napa, que es una suerte de Think-Tank del catolicismo de extrema derecha en Estados Unidos que, no en balde, hizo de Joseph Strickland uno de sus favoritos en los últimos meses de su gestión como obispo en Tyler, Texas.
En la imagen que aparece a continuación se toma parte del mapa con el que se describieron las redes de relaciones de Eduardo Verástegui en México, Estados Unidos, España y otros países de América Latina.

Quienes tengan interés en conocer cómo se explican las relaciones entre los grupos y personas que aparecen mencionados en la imagen puede consultar el material en que originalmente se publicó ese mapa conceptual, que aparece inmediatamente después de este párrafo.
El Napa Institute usa un logotipo con el rostro de Nuestra Señora de Guadalupe, como se puede apreciar en la imagen que aparece un poco más adelante en este texto, que muestra dos variaciones de ese logotipo.
Los orígenes del Napa Institute revelan, además, algunas de las características del catolicismo de extrema derecha en Estados Unidos que le apuesta a que lo religioso colonice, someta, domine lo político.

Detrás del Napa Institute está, ante todo, el dinero de Timothy R. Busch, un abogado dedicado a administrar fondos de inversión en California con el dinero suficiente para poner su nombre en todo lo que él quiera. En 2016, por ejemplo, donó 15 millones de dólares a la Escuela de Negocios de la Universidad Católica de Estados Unidos que, no en balde, lleva ahora su nombre.
Y la disposición de Busch a donar dinero a instituciones de educación superior católicas en Estados Unidos no se limitó a la Universidad Católica ubicada en Washington, DC. Su generosidad también tocó a Notre Dame, aunque ahí hubo una vigorosa reacción de los académicos que expresaron su molestia y preocupación por los dineros que Busch y Charles Koch donaron a esa institución. Los vínculos de Koch con la extrema derecha católica de Estados Unidos se han explorado también en el texto de ProPublica que Los Ángeles Press publicó sobre el vínculo de Charles Koch con Clarence Thomas, que aparece inmediatamente después de este párrafo.
Un poco antes, en 2008, había fundado con el jesuita Robert J. Spritzer el llamado Magis Institute. Magis, literalmente más en latín y, es un elemento clave de la espiritualidad jesuita, en la que se formó también el papa Francisco, pero es claro que Spritzer y Jorge Mario Bergoglio tienen una comprensión muy distinta de este concepto que es explicado por los jesuitas de España en esta página.
La educación del papa Francisco
Busch forma parte también del pequeño grupo que controla la cadena de TV por cable EWTN, que desempeña un papel clave en la estructura de comunicación de Donald Trump y que se dedica de manera obsesiva a criticar y atacar al papa Francisco por prácticamente todo lo que hace.
Tanto así que, en algún momento de su pontificado, Francisco expresó públicamente su molestia con la manera en que le atacaban desde los programas de esa cadena.
En septiembre de 2021, durante su visita a Eslovaquia, Francisco dijo de EWTN durante una reunión con los jesuitas de ese país del centro de Europa, como lo reportó la revista La Civiltà Cattolica:
Hay, por ejemplo, un gran canal de televisión católico que no duda en hablar constantemente mal del papa. Yo merezco los ataques e insultos porque soy un pecador, pero la Iglesia no los merece. Son la obra del demonio. Les he dicho esto a algunos de ellos.
Busch también es cercano al Acton Institute, una de las agrupaciones de la derecha más recalcitrante en el mundo católico de habla inglesa que, por ejemplo, en 2015 le reprochó a Bergoglio el que no sea un fanático entusiasta del capitalismo y, sobre todo, el que durante su viaje a Estados Unidos no haya reprochado a Barack Obama su posición en materia de aborto y en el que implica que Francisco era ignorante en materia económica, como se puede leer en este texto y que su viaje a Estados Unidos formaba parte de su educación.
Como los hermanos Koch y muchos otros billonarios estadunidenses, Busch ha hecho de su posición contraria al aborto el vehículo para promover una manera de entender la legislación vigente en Estados Unidos, así como la manera misma en que se recluta a los jueces, magistrados y ministros en Estados Unidos, que Los Ángeles Press ha señalado en textos propios, como el que aparece inmediatamente después de este párrafo sobre los vínculos de Clarence Thomas y Amy Coney Barrett con la extrema derecha católica de Estados Unidos.
También lo ha señalado con los textos de la serie que ProPublica viene publicando acerca de la manera en que la extrema derecha católica de Estados Unidos se hizo del control, por medio de Leonard Leo, de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, que aparece inmediatamente después de las dos imágenes siguientes, que son fotografías de ese texto de ProPublica, de una de las mansiones de Leo en Nueva Inglaterra adornada por un pendón que ostenta la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

Que la extrema derecha católica estadunidense haya hecho del aborto una prioridad no es casual. Forma parte de una clara estrategia que les permite controlar a un bloque electoral relativamente disciplinado que pueden movilizar cuando quieran y prácticamente para lo que quieran.
Los obispos de Estados Unidos saben del riesgo que plantea la politización del tema del aborto. Ellos mismo lo reconocieron en junio de este año, cuando publicaron el 28 de ese mes un texto, disponible aquí, que cuestionaba la argumentación de 31 demócratas miembros de la actual Cámara de Representantes que consideran que
La doctrina de la Iglesia Católica reconoce el valor del pluralismo religioso de modo que reconoce que el derecho de una persona a practicar su religión debe protegerse tanto como el derecho a que no se le imponga a una persona las creencias religiosas de otros. Nuestra fe y la constitución de nuestro país nos obligan a exigir que nadie imponga un único punto de vista en las leyes o reglamentos.
La declaración de los 31 demócratas católicos, un llamado no caer en la tentación de construir una teocracia, encabezados por la representante Rosa L. DeLauro del tercer distrito de Connecticut, se puede consultar aquí.
La historia de México es, en muchos sentidos, la historia de las infinitas mutaciones de la comprensión de las apariciones de diciembre de 1531. La imagen ha sido usada prácticamente por todo el espectro político mexicano con algunas notables e inevitables excepciones.

En Estados Unidos ya antes se ha usado a la Virgen de Guadalupe para movilizar a los latinos que viven en ese país. Como se puede ver en la fotografía inmediatamente antes de este párrafo, César Chávez llevaba imágenes de la Virgen de Guadalupe a casi cualquier acto público que organizó durante la huelga de los trabajadores agrícolas y más recientemente se ha usado la imagen para defender el derecho de las personas a migrar y a buscar, en el marco de la legislación vigente en Estados Unidos, ser considerado como refugiado en ese país.
Cuando John F. Kennedy visitó la Ciudad de México con su esposa en 1962, una de sus escalas ocurrieron en la antigua Basílica de Guadalupe, como se puede ver en la imagen que aparece a continuación.

Sin embargo, es claro que el uso de la guadalupana por parte de la extrema derecha católica de Estados Unidos es un desarrollo novedoso. Más por la manera en que tratan de alinear la legislación estadunidense para dar forma a lo que a todas luces es una teocracia, que es lo que implícitamente denuncian los 31 representantes demócratas a quienes los obispos de Estados Unidos se apresuraron a refutar.
Es difícil predecir hasta dónde llevará la extrema derecha católica de Estados Unidos la reapropiación de la imagen y la narrativa asociada a las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe.
Desde México, como vecino de siempre—salvo el tiempo que viví en Nueva York y Buenos Aires, durante la primera década de este siglo—de la Basílica de Guadalupe, no puedo dejar de pensar en estos desarrollos como un secuestro de la imagen y de la narrativa del Nican Mopohua, el así llamado “Evangelio Guadalupano” (cuyo texto completo en español se puede consultar aquí), del que se presenta inmediatamente después de este párrafo una imagen del ejemplar que se conserva en la Biblioteca Pública de Nueva York.
