Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 28 de Julio del 2024
La persona que se ahorcó en el Congreso de Ecuador era un exasistente parlamentario y hasta entonces sobreviviente de abusos sexuales por parte del clero.
Suicidios como el ocurrido en la sede del congreso de Ecuador son una de las consecuencias comunes pero poco investigadas del abuso sexual a manos de clérigos o en otros contextos.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
El 5 de marzo de 2024, alrededor de las 10 de la mañana, un trabajador de mantenimiento de las instalaciones del Congreso de Ecuador informó a sus superiores del cadáver de un hombre colgado en una terraza del séptimo piso de ese edificio.
Poco más de una hora después, la cuenta de la Asamblea Nacional en lo que antes era Twitter publicó un mensaje. La publicación brinda poco o ningún detalle sobre las circunstancias del suicidio de alguien identificado solo como “un cuerpo sin vida”, como lo muestra el comunicado publicado después de este párrafo. Español:
No se menciona el nombre de la víctima, su sexo, ni ninguna otra pista sobre las posibles razones del macabro hallazgo. La policía del Congreso y miembros de alto rango del Poder Legislativo ecuatoriano convocaron más tarde ese día a una conferencia de prensa. Un video de esa conferencia aparece después de este párrafo.
Video de Ecuador Star de la conferencia de prensa convocada por las autoridades ecuatorianas el 5 de marzo de 2024.
En la conferencia de prensa, el comandante Francisco Zumárraga, jefe de la policía de la Asamblea Nacional, sólo ofreció un detalle adicional sobre el cadáver: la víctima era un varón. Más tarde, un sitio web de noticias ecuatoriano agregó que tenía 51 años.
En lo que solía ser Twitter, los usuarios criticaron el comunicado de prensa del Congreso. Si uno se adentra en los comentarios publicados allí, encuentra el tipo de insinuaciones y teorías de conspiración frecuentes en la política latinoamericana, desde México hasta Chile o Argentina, cuando suceden este tipo de tragedias.
Un usuario insinúa que podría tratarse de un truco del presidente Daniel Noboa Azín para distraer a la opinión pública ecuatoriana y subir los impuestos en su país.
Otro, utiliza el suicidio como una oportunidad para denunciar a la Asamblea Nacional como un “nido de delincuentes”. Un tercero plantea el viejo dilema cada que ocurre un suicidio en algún país en América Latina: ¿la víctima se suicidó o fue obligada a suicidarse por otra persona?
Un cuarto comentario va más allá e insinúa que fue una ofrenda a una deidad de las Primeras Naciones de América del Sur, la Pacha Mama, mientras los legisladores en el edificio hacían tratos para proteger a los traficantes de drogas y criminales, como lo demuestra la publicación que aparece inmediatamente después de este párrafo.
Lo que pasó en el Congreso de Ecuador, o Asamblea Nacional, su nombre oficial, podría haber sucedido en la sede de la Cámara de Diputados de México, en San Lázaro, Ciudad de México, o en el Congreso de la Nación Argentina en la Avenida Callao de Buenos Aires. Lo único que sería “diferente” son los nombres de los sujetos y lugares de este episodio en el que la política se topa con el abuso sexual a manos de clérigos en América Latina.
Como sucede estos días en toda América Latina, el día que Ricardo se quitó la vida, el congreso ecuatoriano estaba discutiendo una importante reforma a las leyes existentes en materia de abuso sexual a menores.
La imagen que aparece a continuación es una captura de pantalla de la agenda del congreso ecuatoriano para la primera semana de marzo. Allí se puede ver cómo el diputado Arturo Ugsha, de la provincia de Cotopaxi, presentó dos días después del suicidio de Ricardo un proyecto de ley para abordar el abuso sexual en las escuelas ecuatorianas.

La historia de Ricardo
Los medios ecuatorianos han estado cubriendo los detalles de cómo Ricardo, un exempleado de la Asamblea Nacional ecuatoriana decidió terminar con su vida en marzo. Hace un mes, Wambra, un medio independiente de la nación andina fue el primero en proporcionar un relato completo de lo que sucedió en marzo.
Ellos, a pedido de los familiares de la víctima del suicidio, lo identificaron como Ricardo, una identidad asumida para proteger a su familia. El texto en Wambra, una investigación realizada por Sybel Martínez acertadamente titulada “Impunidad sagrada” está disponible aquí.
El reportaje de Wambra podría ser el mismo en otros países de América Latina y Europa, así como en Australia, Canadá y Estados Unidos. Lo único que cambiaría son los nombres de los protagonistas y los lugares en los que ocurrieron los trágicos eventos.
Es la historia de un muchacho de una comunidad marginada en Quito, la capital de Ecuador, que cuando era adolescente encontró ayuda y abuso sexual en las organizaciones benéficas creadas ahí por los llamados Salesianos de San Juan Bosco, una de las “órdenes” religiosas más grandes y ricas de la Iglesia Católica.
Tan rica, que incluso el papa Francisco ha hecho bromas sobre las riquezas de la orden salesiana. El 6 de febrero de 2021, al dirigirse a los líderes del Movimiento de los Focolares, Francisco habló de las “cuatro cosas que Dios no puede saber”: esas cosas son:
“Lo que piensan los jesuitas, cuánto dinero tienen los salesianos, cuántas congregaciones de monjas hay y, por qué sonríen los miembros del Movimiento de los Focolares”.
Tan grande, que los nueve mil 346 sacerdotes salesianos y 14 mil 18 religiosos varones en todo el mundo, son superados sólo por los jesuitas con sus diez mil 270 sacerdotes y 14 mil 195 religiosos varones.
En Ecuador, según sus propios datos, hay 131 salesianos varones, ya sean sacerdotes o religiosos varones, distribuidos en veintitrés comunidades, que gestionan 115 proyectos, con veintidós escuelas, como muestra la imagen que aparece a continuación.

La ubicación de las obras o actividades de los salesianos sigue los patrones de la población ecuatoriana, ya que están fuertemente concentrados en Quito, la ciudad capital, y Guayaquil, su principal puerto en la costa del Pacífico. También están en ciudades más pequeñas como Cuenca y Riobamba, y en tres puertos más pequeños del Pacífico: Machala, Esmeraldas y Manta, como muestra el mapa que aparece a continuación.

Desde finales de los años setenta, los salesianos han tenido un programa para lo que allá llaman los “muchachos de la calle”, los niños que viven en las calles del área metropolitana de Quito, como lo prueba este informe académico, de octubre de 1997.
El informe trata sobre las experiencias de la orden salesiana en los llamados “centros” de Mi Caleta y la Residencia Juvenil San Patricio en el área metropolitana de Quito.
San Patricio es donde Franklin Germán Cadena Puratambi, entonces un religioso salesiano no ordenado de poco más de treinta años trabajaba como profesor y donde abusó sexualmente de Ricardo cuando era adolescente.
La ruta de un depredador
En los siguientes párrafos sigo el camino del depredador hacia el sacerdocio para entender las tensiones y contradicciones clave que configuran la respuesta de la Iglesia Católica al abuso sexual del clero en América Latina.
Franklin Germán Cadena Puratambi nació el 11 de enero de 1955. Aunque no fue posible establecer dónde nació, gracias a sus publicaciones en redes sociales fue posible encontrar que él identifica un pequeño pueblo llamado Colta como el origen de su familia.
Él aparece en dos fotos en una de sus cuentas de Facebook con sus familiares en la entrada de la parroquia de Colta, en otra más, la que aparece después de este párrafo está solo. Colta es un pueblo ubicado a 170 kilómetros al sur de Quito, la capital de Ecuador.

Hizo sus primeros votos como religioso no ordenado o “hermano” salesiano el 24 de enero de 1979. Seis años después, el 18 de enero de 1985, cuando ya tenía 30 años, hizo los llamados votos “perpetuos” o finales. Fue al año siguiente cuando él, como religioso no ordenado, un “hermano”, empezó a trabajar como profesor en San Patricio en Quito, y fue ese año cuando atacó a Ricardo por primera vez.
Permaneció en San Patricio hasta 1995. Ese año le pidió al entonces obispo de la diócesis de Méndez, el salesiano italiano Pietro Gabrielli que lo aceptara como seminarista.
Juan Pablo II nombró a Gabrielli como obispo en 1993, y dos años después rechazó la solicitud de Franklin Cadena. El informe conjunto emitido por la diócesis de Galápagos y la orden salesiana en Ecuador, disponible en el recuadro inmediatamente después de este párrafo, no proporciona ningún detalle sobre por qué el obispo Gabrielli rechazó la solicitud de Cadena.
Comunicado conjunto de los salesianos de Ecuador y la diócesis de Galápagos sobre el caso de Franklin Cadena. Disponible como imágenes aquí.
¿Hubo entonces, en la década de 1990, quejas sobre su conducta? ¿Quién emitió dichas advertencias para evitar que el obispo Gabrielli en Méndez aceptara a Franklin Cadena?
Macas, sede del obispado y capital de la provincia de Morona Santiago, se encuentra a 235 kilómetros al sur de Quito, la capital y a 80 kilómetros de la frontera con Perú.
Aunque la provincia es clave en las disputas territoriales entre Perú y Ecuador que han provocado al menos tres guerras entre ambos países, es una zona remota y poco poblada, con menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado.
En 1997, Franklin Cadena Puratambi regresó a las comunidades salesianas de Ecuador, aunque en 1998 pidió la dispensa total de sus votos. Lo hizo después de que el Vicariato Apostólico o diócesis de Galápagos le aceptó como seminarista, pero no se sabe si intentó ser sacerdote en otras “órdenes” o diócesis del territorio continental ecuatoriano.
¿De facto?
El informe publicado por los salesianos y el obispo de Galápagos el 28 de junio de este año asume que Franklin Cadena Puratambi estaba “de facto” fuera de la orden salesiana desde 1994, a pesar de que regresaba constantemente para obtener una dispensa de sus votos y deberes como religioso salesiano.
El informe no brinda detalles sobre las condiciones que hicieron posible que esto sucediera. En otras palabras, si estaba “de facto” fuera de la orden salesiana, ¿por qué los salesianos no lo expulsaron? ¿Qué impidió que la orden tomara una decisión así respecto de él si estaba de facto fuera de las comunidades?
El informe conjunto señala que Franklin Cadena buscó ser sacerdote en dos diócesis (Méndez y Galápagos), pero no señala si intentó ser sacerdote salesiano. ¿Lo hizo? ¿Lo rechazaron? Si fue así, ¿por qué?
No hay información sobre si otras diócesis u órdenes religiosas rechazaron a Franklin Cadena. La diócesis de Galápagos aceptó a Cadena Puratambi como seminarista en 1999.
No hay información sobre quién presidió las ceremonias de ordenación de Franklin Cadena, primero como diácono y luego, el 6 de diciembre de 2003, como presbítero o sacerdote. Podría ser que el obispo Manuel Antonio Valarezo Luzuriaga fuera el obispo que presidió ambas ceremonias, pero incluso si no fuera así, él tuvo que autorizar ambas ordenaciones.
Valarezo Luzuriaga, franciscano, era responsable como obispo del archipiélago desde 1996. Antes de esa fecha, él y sus predecesores dirigieron la Iglesia Católica en Galápagos como sacerdotes con el título de “prefecto” del vicariato apostólico desde su creación en 1950.
Como vicariatos apostólicos, tanto Méndez como Galápagos son diócesis en regiones aisladas de Ecuador, confiadas a órdenes religiosas. Méndez a los salesianos y Galápagos a los franciscanos. ¿Cadena Puratambi asistió a un seminario franciscano para completar su formación?
Ricardo hizo su primera denuncia de abuso sexual el 20 de abril de 2003, cuando es posible que Franklin Cadena ya fuera diácono. Por lo general, la ordenación como diácono ocurre entre seis meses y hasta un año antes de la ordenación como presbítero o sacerdote.
El informe recurre a formalidades para negar cualquier responsabilidad de los salesianos por la ordenación de Cadena como presbítero, que ocurrió el 6 de diciembre de 2003.

No está claro si el informe es preciso al identificar a Cadena Puratambi como “párroco” inmediatamente después de su ordenación. Parece difícil para cualquier diócesis nombrar a un sacerdote recién ordenado como párroco, incluso si ese sacerdote ya tenía 48 años.
Contradicciones
Además, eso no se corresponde con lo que el propio Cadena publicó cuando se mantenía activo como sacerdote y tenía al menos tres cuentas diferentes en redes sociales, especialmente en Facebook. Una de ellas la hizo privada. No fue posible consultarla. En otra, que parece haber sido la que más utilizó en la década de 2010, sólo se identifica a sí mismo como párroco a partir de 2014.
¿El informe intenta desestimar u ocultar cualquier posible responsabilidad de un superior o supervisor de Cadena Puratambi durante los primeros diez años de su ministerio en Galápagos?
¿Dónde pasó sus primeros años como sacerdote, cuando los sacerdotes recién ordenados asumen cargos como vicarios o capellanes, bajo la supervisión de un clérigo de mayor rango?
Tampoco hay información precisa sobre posibles incidentes en el seminario de Galápagos, además de que parece poco probable que haya existido en ese momento un seminario mayor como tal en el archipiélago. Es difícil creer que una diócesis tan pequeña como Galápagos pueda sostener un seminario mayor o superior.
¿Dónde estudió teología? En una de sus cuentas de redes sociales, como muestra la imagen inmediatamente posterior, Cadena afirma haber estudiado teología en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la universidad jesuita de ese país, ubicada en Quito. Sin embargo, no brinda detalles sobre las fechas en las que supuestamente estuvo allí.

¿Qué información tienen los jesuitas de Ecuador sobre Cadena Puratambi? ¿Intentó hacerse sacerdote con ellos?
¿Le dio el obispo Valarezo Luzuriaga una exención a Cadena Puratambi en ese sentido para lograr una “ordenación fácil”? ¿Lo hizo con base en los supuestos estudios que había realizado en la universidad jesuita de Quito? ¿Valarezo Luzuriaga consultó las razones por las cuales los salesianos rechazaron a un “exhermano” de esa orden o las razones por las cuales el vicariato de Méndez lo había rechazado?
¿Cadena afirmó ser egresado de teología en la universidad jesuita de Quito? Si es así, ¿Valarezo Luzuriaga consultó con los jesuitas a cargo de la PUCE? Si asistió a un seminario en Ecuador o en algún otro lugar de América Latina o España, ¿hubo algún informe de los directores de ese seminario sobre la conducta de Franklin Cadena?
En todo caso, en noviembre de 2019, Cadena admitió su culpabilidad. La diócesis de Galápagos lo “castigó”. Lo hizo con una suspensión temporal en “un retiro prolongado en la isla Floreana”, una de las más pequeñas del archipiélago de las Galápagos, como muestra el mapa que sigue a este párrafo.

Fue en esa época, cuando sus cuentas en las redes sociales se silenciaron, aunque no es posible estar completamente seguro ya que mantiene una privada.
Escudarse en tecnicismos
En este punto, tanto la diócesis de Galápagos como los salesianos vuelven a escudarse en un tecnicismo, ya que Cadena Puratambi no era sacerdote en el momento del abuso contra Ricardo.
El comunicado conjunto de 2024 identifica a Cadena Puratambi como “suspendido”. Al hacerlo, “soluciona” el problema de la responsabilidad institucional de la Iglesia Católica del Ecuador.
Sin embargo, Cadena Puratambi sigue siendo sacerdote. Sus superiores no lo han laicizado. Y aquí es donde radica el tecnicismo, porque el ciclo de abuso sexual contra Ricardo, allá en la década de los ochenta, ocurrió antes de que la diócesis de Galápagos lo ordenara.
En ese sentido, si hubiera algún cambio en el vicariato de Galápagos, el nuevo obispo podría levantar esa sanción y restituirlo en sus funciones de sacerdote. Los firmantes de la declaración conjunta se exculpan, se exoneran a sí mismos, diciendo que “no ha habido impunidad”, cuando en realidad sí ha habido impunidad y negligencia, pues Franklin Cadena era un religioso no ordenado (un “hermano”) cuando abusó de Ricardo en el proyecto San Patricio en el área metropolitana de Quito en los años ochenta.
La probabilidad de que Ricardo haya sido su única víctima durante una carrera como clérigo que se extiende por casi cuarenta años es extremadamente baja, pero ese esa es la apuesta que la jerarquía católica en Ecuador y en toda América Latina hace porque no hay presión de las autoridades civiles para obligarlos a asumir la plena responsabilidad de sus actos, como lo han hecho recientemente las legislaturas de los estados de California y Nueva York en Estados Unidos y se presentó en el texto enlazado después de este párrafo.
Entre el primer reporte de Ricardo a los salesianos en 2003 y la decisión del obispo de Galápagos de suspender a Franklin Cadena, pasaron casi 21 años, con el suicidio de Ricardo de por medio.
El 18 de junio de 2024, un medio de comunicación de extrema derecha en España publicó un texto que presenta a la diócesis de Galápagos como afectada por problemas de disciplina del clero asociados con uno de los chivos expiatorios favoritos de la extrema derecha: el “clero homosexual”.

Lamentablemente, este sitio, similar en tono y actitud a lo que Church Militant solía ser en el mundo católico de habla inglesa, insiste en presentar la crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica como una consecuencia de la existencia misma de clérigos, depredadores o no, que se identifican como gays.
Los textos que Los Ángeles Press publica en esta serie asumen, en cambio, que la crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica y en otras áreas de la vida pública no es tal porque los homosexuales están detrás de ella.
De Alaska a la Patagonia
Hay una crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica, en otras iglesias como la mexicana Luz del Mundo, la de los Santos de los Últimos Días, y en otros ámbitos de la vida pública desde Alaska en Estados Unidos hasta la Patagonia argentina o chilena porque, ya sea en el ámbito académico, eclesiástico o gubernamental, los depredadores sexuales acumulan cuotas de poder que les permiten permanecer impunes.
La semana pasada, Los Ángeles Press publicó un texto sobre el caso de Abbé Pierre, héroe de la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, paladín de la defensa de los derechos de las personas sin hogar y de manera, más general, de los marginados, cuyo principal legado es la red de organizaciones benéficas Emaús, activa en más de cuarenta países del mundo.
A pesar de sus méritos, Abbé Pierre también fue un depredador sexual que, lejos de atacar a los jóvenes varones sin hogar en las calles de París, como podría ser la situación de Ricardo en Quito en los años ochenta, atacó a mujeres.
En ese sentido, el mito del “clero homosexual” como culpable de la crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica es sólo eso, un mito, que sirve bien a los “medios” (o más bien maquinarias de propaganda) como Church Militant, para insistir en las obsesiones homofóbicas de la extrema derecha.
En lugar de insistir en la idea del “clero homosexual” como culpable de la crisis, es más importante preguntarse cómo, por ejemplo, se permite que la diócesis de Galápagos y los salesianos de Ecuador no rindan cuentas por el suicidio de Ricardo o cómo son capaces de descartar la posibilidad misma de que haya otras víctimas de Franklin Germán Cadena Puratambi quien tuvo una carrera de casi cuarenta años en la Iglesia Católica.
Es ahí donde es relevante considerar una de las nuevas revelaciones sobre el caso de Abbé Pierre ocurridas en Francia en los últimos días de julio. Según el diario católico francés La Croix, la familia y los amigos de Abbé Pierre sabían de sus agresiones sexuales a mujeres a su cargo al menos desde 1957, como lo muestra la imagen a continuación.

De él, con una carrera como clérigo de sesenta años aproximadamente, hay al menos siete víctimas. ¿Es posible creer al obispado de Galápagos y a los salesianos de Don Bosco cuando afirman que Franklin Cadena tuvo sólo una víctima a lo largo de 40 años?
Lamentablemente, el secretismo con el que opera la Iglesia Católica, que la llevó a identificar a Franklin Germán Cadena Puratambi sólo como F. G. Cadena P., como muestra la imagen abajo, hace más difícil creer que realmente exista alguna voluntad por parte de la Iglesia Católica para abordar su propia crisis.
La imagen de abajo recopila un anuncio hecho por la Arquidiócesis de Quito, una carta emitida por la nunciatura en Ecuador y una página del comunicado conjunto de los Salesianos de Ecuador y la diócesis de Galápagos. Los tres documentos censuran el nombre completo de Cadena Puratambi.

El mito y la llama
A diferencia de las diócesis católicas en Estados Unidos, que publican listas detalladas de los nombres y cargos ocupados por clérigos con acusaciones creíbles de abuso sexual, las diócesis en países como Ecuador, México y Argentina insisten en el dictamen de “aquí no pasa nada”, la idea muy mexicana y latinoamericana de “aquí no pasa nada”.
El mismo medio de la extrema derecha española ya mencionado señala que el obispo de Galápagos, Aúreo Patricio Bonilla Bonilla, expulsó a otro sacerdote y un seminarista porque, según ese sitio, mantienen una relación homosexual. Incluso aseguran tener medio centenar de fotografías que, según ellos, lo prueban.
Con ello, mantienen vivo tanto el mito de una posible solución a la crisis de abusos sexuales del clero sin abordar sus causas profundas como la llama de la homofobia.
En el caso del Abbé Pierre, Emaús aborda activamente el problema. Sus líderes llaman a las posibles víctimas a presentarse. Emaús no puede escudarse en la homofobia que caracteriza a los medios en español e inglés que se dicen católicos y creen que, para resolver los abusos sexuales del clero, es necesario erradicar de alguna manera mágica a todos los clérigos gay.
Por otro lado, el episcopado ecuatoriano, como otros en América Latina y España, apuesta todo al formalismo tanto en la interpretación del Código de Derecho Canónico como en las estrategias que sus abogados promueven en los tribunales civiles o penales. En ello yace la tragedia del catolicismo de habla hispana y portuguesa.
No es sólo el futuro del catolicismo lo que está en juego en esta cuestión. También están en juego las vidas de miles de víctimas de abusos sexuales, ya sean del clero o de otros.
Las víctimas de abusos sexuales corren un mayor riesgo de suicidarse debido a los efectos duraderos de su experiencia, las dificultades que enfrentan cuando intentan buscar justicia y los interminables artilugios de instituciones poderosas como la Iglesia Católica y otras iglesias en América Latina y en otros lugares.

En una entrega previa de esta serie, Analú Salazar, víctima de abuso a manos de un sacerdote de la así llamada Legión de Cristo, dió cuenta del tipo de problemas que enfrentan las víctimas de abuso sexual. El texto se enlaza a continuación.
En los países donde se han realizado estudios a fondo de los efectos del abuso sexual, a manos de clérigos o de otros depredadores, se ha encontrado que las víctimas de abuso sexual son más propensas a planear y a ejecutar suicidios. Eso ha sido ampliamente documentado entre otras por la comisión creada en el Reino Unido para investigar los efectos del abuso sexual, algunos de cuyos hallazgos están disponibles en esta página en inglés.
En lo que hace Australia, el establecimiento de la así llamada Real Comisión que investigó el abuso sexual en distintos contextos está íntimamente ligado a una epidemia de suicidios de la que medios australianos como The Age empezaron a dar cuenta en 2012 (disponible aquí, sólo en inglés) y que eventualmente forzó al gobierno de ese país a crear esa comisión.