
Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 09 de Julio del 2023
Nada garantiza que los nuevos cardenales elegirán a alguien que profundice las reformas de Francisco, pero las condiciones existen.
Religión y vida pública: Los nuevos cardenales siguen el patrón de nombramientos para “las periferias” de la Iglesia que Francisco mostró ya desde enero de 2014
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Los nuevos cardenales que el papa Francisco nombró este domingo 9 de julio y que habrá de “crear” de manera formal el 30 de septiembre de este año, en una ceremonia conocida como Consistorio, confirman el patrón que ha marcado el pontificado de Jorge Mario Bergoglio desde que nombró al primer grupo de cardenales en enero de 2014.
En total, hasta ahora Francisco ha nombrado a un total de 142 purpurados de los que sobreviven 138, por lo que el Colegio de Cardenales ya es casi en su totalidad reflejo de sus preferencias, de sus decisiones. Como se puede ver en la tabla a continuación, nueve cardenales nombrados por Juan Pablo II son electores, es decir, tienen menos de 80 años al 30 de junio de 2023. Un total de 31 de los 64 nombrados por Benedicto XVI son electores y 81 de los 110 nombrados por Francisco tienen derecho a votar en un Cónclave, la elección del papa de la Iglesia Católica.
| Nombrados por | Con derecho a voto | Sin derecho a voto | Totales |
|---|---|---|---|
| Juan Pablo II | 9 | 39 | 48 |
| Benedicto XVI | 31 | 33 | 64 |
| Francisco | 81 | 29 | 110 |
| Totales | 121 | 101 | 222 |
El patrón que se puede observar luego de diez años de pontificado y un total de ocho de esos consistorios es claro. En un sentido, es nombrar a obispos que vienen de las llamadas periferias del catolicismo, lugares donde la Iglesia Católica no vive el espejismo de los números “abrumadores” que todavía vive en América Latina.
En otro sentido, es nombrar cardenales a quienes se acercan al tipo de práctica pastoral que Francisco prefiere, mientras que “olvida” u obvia a quienes no reflejan esa manera de entender la práctica del catolicismo.
El mejor ejemplo de ello lo tenemos en California. Aunque hubo un tiempo en que el arzobispo de Los Ángeles tenía casi asegurada la promoción a cardenal, José Horacio Gómez Velasco, el mexicano que es titular de la arquidiócesis angelina no ha recibido el llamado a formar parte de ese selecto club desde que llegó en 2011.
En cambio, el obispo de San Diego, Robert Walter McElroy recibió el birrete rojo en 2022, cuando nadie esperaba que fuera así. No es difícil entender por qué.
Mientras que Gómez Velasco se ha incorporado a las “guerras culturales” que se libran en Estados Unidos en torno al aborto y el matrimonio de las personas homosexuales, McElroy desarrolla una muy activa pastoral de apoyo a quienes llegan a la frontera e incluso critica a quienes atacan a las personas homosexuales como parte de su práctica pastoral.
La preferencia por quienes habitan las “periferias” del catolicismo ha llevado a que, en los últimos nueve años, lleguen a Roma obispos de diócesis que en otras épocas difícilmente hubieran logrado esa distinción.
Las periferias asiáticas
Este año, esa preferencia por las “periferias” del catolicismo se expresan en la decisión de nombrar cardenal al obispo de Hong Kong, el jesuita Stephen Chow Sau-yan y al obispo de Penang, Malasia, Sebastian Francis.
En el caso del obispo Francis el carácter de periférico de su nombramiento se desprende del carácter minoritario del catolicismo en Malasia.
Poco menos del diez por ciento de los malayos se identifican como cristianos y, de ellos, sólo cuatro de cada diez lo hacen como católicos. También tiene que ver con la ubicación de la diócesis de Penang, que se ubica a más de 200 kilómetros al norte de la capital Kuala Lumpur.
En el caso del obispo Chow Sau-yan no es necesario insistir demasiado en el significado de que uno de los cardenales sea el actual obispo de Hong Kong. El conflicto entre China y la Santa Sede, aunque ha cambiado, sigue presente.
China desconfía de todas las religiones “occidentales” y más de las variedades del cristianismo que resisten, como lo ha hecho el catolicismo, el impulso del proceso de sinización que han vivido otras religiones practicadas en ese país.
El acuerdo que permitió restablecer los vínculos entre los católicos chinos de ciudades distintas a Hong Kong y Macao es motivo de desconfianza también en el seno de la Iglesia Católica.
Hay quienes atacan a Francisco por haber aceptado el acuerdo negociado con el gobierno chino. Lo hacen a pesar de que los términos del acuerdo son muy similares a los que Benedicto XVI pactó con el gobierno de Vietnam en 2008. Ese acuerdo ha permitido que Roma vuelva a nombrar los obispos en ese país, aunque—en ambos casos—los gobiernos deben aceptar los nombramientos.
La desconfianza del gobierno chino ha sido alentada por el también cardenal y obispo emérito de esa jurisdicción, Joseph Zen Ze-kiun, quien es uno de los críticos más feroces del gobierno de Beijing, lo que le ha convertido en blanco frecuente de arrestos y otras formas de hostigamiento.
Siempre que puede Zen Ze-kiun, un sacerdote salesiano que ahora tiene más de 91 años, critica al gobierno de la República Popular China, que ve al prelado católico, a su vez, como una suerte de reliquia de la época en que Hong Kong era una posesión británica y lo presenta, en ese sentido, como uno de los riesgos por los que es necesaria la sinización del catolicismo.
Tanto el jesuita como Chow Sau-yan como otro emérito de esa diócesis, el también cardenal John Tong Hon, ahora de 83 años, no han encontrado la manera para que Zen Ze-kiun colabore en lugar de sabotear los esfuerzos de Roma para normalizar las relaciones con un régimen que no respeta los derechos humanos, pero al que la Iglesia no está en condiciones de oponerse.
África, la otra periferia
Otra forma de representar a las periferias en el Colegio de Cardenales ha sido la inclusión ahora regular de personas procedentes de África. Ahí el problema no es el de un gobierno que trate de obligar a que el catolicismo se conforme a su programa de nacionalismo cultura.
El problema de África es más complejo como lo expresa el caso de Stephen Ameyu Martin Mulla, arzobispo de Juba, en Sudán del Sur, un país que el papa Francisco tuvo oportunidad de visitar como parte del viaje que lo llevó también a Congo en febrero de este año.
Durante esa visita seguían siendo visibles los estragos causados por la guerra civil que, entre diciembre de 2013 y febrero de 2020, se libró en ese país.
Mulla recién cumplió 60 años, por lo que podrá ser cardenal durante 20 años. Su posición e influencia le permitirá visibilizar los problemas que dejó la guerra civil y tratar de encontrar una solución a ellos.
Aunque no es una guerra civil, el arzobispo de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, Stephen Brislin, también representa una realidad marcada por la violencia, aunque es una situación de violencia criminal similar a la mexicana que hace de Ciudad del Cabo es la octava ciudad más violenta del mundo, con una situación similar a la de Acapulco, Guerrero o Caracas, Venezuela.
Las tres nominaciones de África las completa Paul Runangaza Ruzoka, arzobispo de Tabora, Tanzania quien ya cuenta con 75 años, por lo que su nombramiento podría considerarse como simbólico, aunque si ocurriera un cónclave en los próximos cinco años podría participar en él.
El vínculo porteño
Las nominaciones en América Latina se ajustan a lo que podría considerarse como normal. Incluyen al arzobispo de Córdoba, Argentina, Ángel Sixto Rossi, jesuita, que conoció a Francisco cuando Jorge Mario Bergoglio era el provincial de la Compañía de Jesús en Argentina, a principios de los setenta del siglo pasado.
También fue nombrado cardenal el actual arzobispo de Bogotá, Colombia, Luis José Rueda Aparicio de 61 años. Es un nombramiento en una de las que solían ser las “sedes cardenalicias” pero, como se explicó párrafos antes con los casos de Horacio Gómez y Robert McElroy, esas certezas no existen ya en el catolicismo como lo entiende el papa Francisco.
Una situación similar es la del ahora nuncio en Italia, el suizo Emil Paul Tscherrig, quien fue nuncio en Buenos Aires, Argentina, de 2012 a 2017, cuando el arzobispo porteño Bergoglio se convirtió en el papa Francisco.
Otro nombramiento sin algún precedente y con un vínculo con Buenos Aires, es el del español y superior de los salesianos de San Juan Bosco, la segunda orden más numerosa de clérigos católicos, Ángel Fernández Artime. No se sabe hasta ahora si será ordenado obispo o si, como ha sucedido ya antes con otros sacerdotes, opta por que no se le nombre cardenal.
No me fue posible encontrar en los archivos a los que tengo acceso un ejemplo de algún superior de una orden religiosa que, sin ser obispo, haya sido promovido a la condición de cardenal.
Sería posible, desde luego, que Francisco integrara a Fernández Artime a una posición en la Curia en Roma. Conoce su trabajo pues, en algún momento a finales del siglo pasado y principios de este, el salesiano fue superior de esa orden en Argentina y vivió en Buenos Aires donde conoció al entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio.
Las sorpresas y los mensajes
El nombramiento que más sorprende es el del muy joven obispo auxiliar de Lisboa, la capital de Portugal, Américo Manuel Alves Aguiar, quien será integrado al Colegio de Cardenales antes de cumplir los 50 años. No es algo insólito en términos de la edad, aunque sí lo es por tratarse de un obispo auxiliar.
Ya antes Francisco había promovido a un auxiliar al Colegio de Cardenales. Lo hizo con Gregorio Rosa Chávez, auxiliar de San Salvador, tres meses antes de que cumpliera 75 años.
Sin embargo, ese nombramiento se consideró como una suerte de homenaje a Oscar Arnulfo Romero Galdámez, que fuera asesinado en 1980, mientras celebraba misa como parte de la guerra civil que ahogó a El Salvador en los setenta y ochenta. Romero promovió a Rosa Chávez a la condición de auxiliar.
Sin embargo, de Alves Aguiar no hay un registro de las causas que podrían haber llevado a que el papa Francisco se fijara en él para integrarlo a uno de los grupos más selectos en todo el mundo, un “club” al que sólo pertenecen poco más de 120 varones y cuya tarea principal será elegir, cuando sea necesario hacerlo, al sucesor de Francisco.
Un nombramiento que procede de una “sede cardenalicia” pero que es de algún modo sorpresivo es el de José Cobo Cano. El nuevo arzobispo de Madrid, quien apenas el sábado tomó posesión como titular de la arquidiócesis de la capital española y un día después, a los 57 años, se enteró que el papa lo había nombrado cardenal.
Sorpresivo ha sido también el anuncio de que el franciscano de 54 años François-Xavier Bustillo, obispo de la muy marginal diócesis francesa de Ajaccio, en la isla de Córcega. Tanto, que será cardenal antes de que lo sea el arzobispo de París, Laurent Bernard Marie Ulrich.
En todo caso, ninguno de los promovidos por Francisco puede considerarse como un “radical” o un “liberal”. Sólo los enemigos jurados de Francisco, como el arzobispo italiano Carlo María Viganò, antiguo nuncio en Estados Unidos, o el obispo Joseph Strickland de Tyler, Texas, o el cardenal de Guinea, Robert Sarah, podrían considerarlos como un peligro para la Iglesia.
Tristemente, así es como la derecha católica estadunidense presenta a Víctor Manuel Tucho Fernández, como he documentado en entregas previas de esta serie Religión y vida pública, así como en un texto publicado por Los Ángeles Press dedicado al libro que, como un joven párroco en Río Cuarto, provincia de Córdoba, publicó Fernández con el título de Sáname con tu boca. El arte de besar.
Quizás ello explica que antes de promover al arzobispo de Los Ángeles, el mexicano Horacio Gómez, haya sido nombrado cardenal el antiguo nuncio en México (2007-2016) y actual en Estados Unidos, Christophe Pierre.
Pierre ha debido ser la voz de la cordura en una conferencia de obispos que, a diferencia de lo que ocurría en Estados Unidos en los setenta y ochenta, cuando el episcopado estadunidense era visto como un apoyo clave de Pablo VI, ahora es uno de los episcopados que promueve más ataques contra el papa Francisco.
No es frecuente que un nuncio en funciones sea promovido a cardenal. El único que puedo recordar es el actual nuncio en Siria, el italiano Mario Zenari.
Que el nuncio en Estados Unidos sea elevado a la misma dignidad que el nuncio en Siria quizás sea uno de los muchos mensajes que Francisco suele entretejer en sus nominaciones para cargos, así como, de manera más general, en sus actuar como papa.
Que Siria sea una nación que sufre desde hace varios años una devastadora guerra civil y Estados Unidos sufra los devastadores efectos de las llamadas “guerras culturales” que tanto le gustan al ala más radical por conservadora de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, quizás sea la clave del gesto, el mensaje que, como parte de la construcción de su legado como pontífice envía Francisco a la Iglesia Católica de Estados Unidos.
Sin sorpresas
Tan no hay nada de revolucionario en los nombramientos de cardenales de Francisco que ayer domingo también incluyó en su anuncio al polaco Grzegorz Ryś, titular de la arquidiócesis de Lodz.
Ryś es un discípulo de Juan Pablo II que, todavía ahora, defiende la inocencia del papa polaco en el tema de los abusos sexuales, a pesar de la abundante evidencia de que, tanto en su trabajo como arzobispo de Cracovia como, después, ya como papa, Karol Wojtyla estaba al tanto de lo que ocurría en materia de abusos sexuales.
A mediados de mayo publiqué en esta serie Religión y vida pública un resumen del reporte que publicó el diario polaco República sobre el alcance de los abusos sexuales durante el régimen comunista en Polonia, justo cuando Wojtyla era arzobispo de Cracovia.
Por último, Francisco ha promovido a cardenal al arzobispo italiano Claudio Gugerotti, actual titular del Dicasterio de las Iglesias Orientales.
Gugerotti fue de 2015 a 2020 nuncio apostólico en Ucrania, por lo que ha sido uno de los puntales del despliegue diplomático de Francisco en el marco de la invasión rusa a esa nación de Europa oriental.