
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 02 de Junio del 2025
León XIV reconoció la crisis de credibilidad al ordenar a once sacerdotes el sábado en Roma. Los llamó a ser transparentes y creíbles.
Los escándalos que plagan al Opus Dei, la Legión de Cristo y a un puñado de cardenales que no desean retirarse demuestran qué tan importante es el reconocimiento de León XIV de la necesidad de resolver el déficit de credibilidad en la Iglesia Católica.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Al examinar la actual crisis de credibilidad de la Iglesia Católica, inmediatamente viene a la mente la conducta de sus clérigos más destacados, en particular los cardenales. Parte del proceso para convertirse en miembro de ese selecto grupo, de aproximadamente 200 miembros, consiste en prestar un juramento público especial de obediencia a la Iglesia Católica, entre otras cosas.
El escarlata de sus vestimentas y los símbolos que portan son un recuerdo constante de este juramento solemne, un recordatorio visual de su compromiso inquebrantable. En cualquier caso, los cardenales prestan juramento públicamente durante una misa celebrada en agradecimiento a Dios por su nombramiento, presidida por el Papa en ejercicio, y que suele seguir la fórmula que figura a continuación:
- «Yo, N. [nombre], cardenal de la Santa Iglesia Romana, N. [apellido], prometo y juro, desde hoy y mientras viva, permanecer fiel a Cristo y a su Evangelio, obediente constantemente a la Santa Iglesia Apostólica Romana, a San Pedro en la persona del Sumo Pontífice, hacerme miembro del clero romano y cooperar más directamente con Francisco y sus sucesores canónicamente elegidos, permanecer siempre en comunión con la Iglesia Católica en mis palabras y acciones, no revelar a nadie asuntos que me hayan sido confiados confidencialmente, cuya divulgación pudiera perjudicar o deshonrar a la Santa Iglesia, y desempeñar con diligencia y fidelidad los deberes a los que estoy llamado en mi servicio a la Iglesia, según las normas establecidas por la ley. Que Dios todopoderoso me ayude.»
Esa fue la fórmula empleada el 30 de septiembre de 2023, durante el penúltimo consistorio celebrado durante el pontificado del papa Francisco. Fue entonces cuando algunos de los principales aspirantes a suceder al obispo argentino de Roma accedieron a ese cuerpo de élite de la Iglesia Católica. El llamado Libreto de la Misa y Consistorio, con el juramento en latín original y traducciones al inglés y al italiano, está disponible en formato PDF después de este párrafo.
Libreto de la Misa y Consistorio.
Fue entonces cuando Robert Francis Prevost, quien más tarde sería elegido papa León XIV, recibió el solideo rojo y el anillo que lo distinguían de otros clérigos de menor rango. Junto con él se encontraban el Patriarca Latino de Tierra Santa, el italiano Pierbattista Pizzaballa, y Víctor Manuel Tucho Fernández, actual prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Iglesia.
La gravedad de esta crisis de credibilidad queda subrayada por las propias palabras del papa León XIV, por lo que hablar de una crisis de credibilidad no es un recurso retórico. Eso es lo que se desprende del mensaje emitido por el nuevo obispo de Roma durante la ordenación de once nuevos sacerdotes para su diócesis, en la mañana del sábado en Roma.
Al final de su mensaje, disponible aquí sólo en italiano o aquí en la noticia publicada por Vatican News en español, León XIV hizo un ferviente llamamiento a los nuevos sacerdotes a "vivir una vida transparente y creíble".
No es la primera vez, por cierto, que la Iglesia Católica reconoce la necesidad de abordar su déficit de credibilidad. Ya lo hizo hace un año durante la preparación del actual “Sínodo de la sinodalidad”, como se da cuenta en el texto enlazado a continuación.
El tema cobra relevancia ahora, debido a cómo el papa presenta esta idea como tema central en su primera ronda de ordenaciones como obispo de Roma, pero también porque muchos miembros de la nómina de depredadores de la Iglesia Católica alcanzaron la cima de sus carreras clericales viviendo vidas compartimentadas.
“Algo bueno”
Eran expertos en recaudar ayuda para lugares devastados como Haití tras el terremoto de 2010, al mismo tiempo que abusaban de seminaristas bajo su cuidado en Estados Unidos o Argentina, como en el caso de Theodore McCarrick, como relata el texto enlazado a continuación.
Connotados promotores de esta clase de depredadores consiguieron el apoyo de otros clérigos notorios. Este fue el tema de una entrega anterior de esta serie que trataba el caso del cardenal Franc Rodé, enlazado más abajo, quien estuvo dispuesto a ir a la guerra por depredadores conocidos como Marcial Maciel, Carlos Miguel Buela y muchos otros porque, supuestamente, también hacían "algo bueno".
El razonamiento de Rodé es el tipo de trueque de un mercado de pulgas que uno nunca esperaría de teólogos expertos pues, en última instancia, presenta a los depredadores como héroes disfrazados, lo que aumenta las posibilidades de un déficit de credibilidad, derivado de la desconexión entre su predicación pública y su comportamiento privado.
El principal problema, y donde se difumina la delgada línea entre la resiliencia y la terquedad, es que los miembros prominentes de ese tan exclusivo Colegio de Cardenales, no están dispuestos a cumplir realmente con su juramento.
Lejos de reconocer la relevancia de ayudar a la Iglesia Católica a recuperar la credibilidad que León XIV ha destacado como una prioridad, están más que dispuestos a poner en riesgo cualquier posibilidad de lograr tal objetivo.
Durante el cónclave de 2025, quedó claro cómo el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo emérito de Lima, desfiló en los funerales del papa Francisco con vestimenta clerical, un claro desafío al exiguo castigo impuesto por el papa Francisco por el abuso de un menor de edad bajo el cuidado de Cipriani mientras era sacerdote del Opus Dei.
Lamentablemente, el papa Francisco nunca emitió una declaración pública y formal explicando las razones ni el alcance de las restricciones. Fue, una vez más, un caso de un jalón de orejas o un manazo, según en qué país de América Latina se viva. La forma en que se gestionó esto, con la confianza que Francisco depositó en la capacidad de un conocido depredador como Cipriani para seguir las reglas del castigo, le permitió a Cipriani desafiar a principios de este año la pena impuesta por Francisco, probablemente envalentonado por la entonces inminente segunda investidura de Donald Trump.
¿Tolerancia cero?
Pero también, muy probablemente, porque cabe la posibilidad de que no se le impusieran condiciones a Cipriani Thorne. Sintió que no tenía nada que perder al regresar a Lima para jugar a ser un amo del universo. Como en otros casos, la falta de rigor en las normas de la Iglesia Católica, y más aún en los castigos que impone a clérigos depredadores, sigue perjudicando sus supuestos esfuerzos para lograr la tolerancia cero.
Durante la primera semana de 2025, Cipriani consideró oportuno regresar a Lima para actuar su rol predilecto: príncipe de la Iglesia. Su compañero del Opus Dei y alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, le ofreció esta oportunidad cuando decidió otorgarle al arzobispo emérito la "medalla al mérito" de la ciudad de Lima, capital de Perú.
Cipriani aceptó la medalla y asistió a la ceremonia con vestimenta clerical, una afrenta directa a los tímidos intentos de disciplina del papa Francisco, a pesar de su insistencia en una política de tolerancia cero hacia los abusos sexuales del clero.
ACI Prensa aprovechó la oportunidad para brindar una cobertura completa del regreso de Cipriani a la alta sociedad limeña. Publicaron un artículo sobre el mensaje de Cipriani ante el Ayuntamiento de Lima, donde habló de “seguir el camino del servicio”. El texto presenta implícitamente a Cipriani como una especie de clérigo ejemplar, una figura excepcional que da su máximo en servicio de otros.
Unos días después, el Vaticano filtró documentos al periódico español El País con los detalles de las restricciones impuestas en secreto por Francisco, después de que una investigación interna confirmara los rumores que circulaban en el mundo hispanohablante desde principios de la década del 2000 sobre las manos largas de Cipriani, como se relata en la sección “El eje Lima-Madrid-Roma” del texto enlazado después de este párrafo
Después de que El País y otros medios publicaran el informe o detalles de él, Cipriani siguió el ejemplo de casi cualquier depredador: denegar, desviar, desestimar. Afirmó que aceptó la decisión papal por disciplina, no por culpa.
Aunque así fuera, Cipriani nunca explicó por qué esperó casi seis años para impugnar la decisión de Francisco, por qué su impugnación no fue formal, a través de los múltiples canales que un cardenal tiene en Roma, ni por qué lo hizo públicamente al recibir la medalla de López Aliaga.
Al hacerlo, Cipriani traicionó el juramento que prestó en el consistorio de 2001, cuando Juan Pablo II lo “creó” cardenal, junto con Jorge Mario Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, así como Theodore McCarrick, entonces arzobispo de Washington, D.C., entre otros.
Las restricciones impuestas a Cipriani, si bien reconocidas, permanecieron en gran medida en secreto. Quienes siguieron con cierto detalle la crisis de abusos sexuales del clero en la Iglesia Católica observaron cómo la renuncia de Cipriani fue aceptada inmediatamente por Francisco, menos de un mes después de la fecha oficial de su renuncia, una señal de la naturaleza poco transparente de la Iglesia Católica, que los observadores se ven obligados a interpretar como un síntoma de problemas más profundos.
¿De regreso a la alta sociedad?
Otros elevados al Colegio Cardenalicio en ese significativo día de 2001 fue Francisco Javier Errázurriz Ossa, entonces arzobispo de Santiago de Chile, así como Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, entonces arzobispo de Tegucigalpa, Honduras.
Si bien McCarrick sería destituido y laicizado por el propio Francisco, y Cipriani enfrentó medidas disciplinarias tan moderadas que no dudó en burlarlas y optó por un desafío público flagrante, Rodríguez Maradiaga y Errázurriz Ossa también ejemplifican esta crisis de rendición de cuentas.
Aunque no es posible repasar en este momento el papel de Errázurriz Ossa en los numerosos casos de abuso sexual del clero encubiertos por él y sus equipos, tanto en el arzobispado de Santiago de Chile, el más notable el de Fernando Karadima, como en la Conferencia del Episcopado Chileno (el de los llamados “obispos de Karadima”). Baste decir que, al menos, él ha sido lo suficientemente cauto para mantener una vida privada durante los últimos años.
Es imposible decir lo mismo del cardenal Rodríguez Maradiaga. Abandonó Tegucigalpa en medio de un escándalo de gran envergadura. El propio papa Francisco debió forzar en medio de un escándalo la renuncia de Juan José Pineda Fasquelle, obispo auxiliar de Maradiaga durante muchos años, en 2018, tras acusaciones creíbles de abuso sexual a seminaristas.
La renuncia de Pineda Fasquelle se produjo sólo después de que una investigación del Vaticano confirmara acusaciones generalizadas de conducta sexual inapropiada e irregularidades financieras dentro de la arquidiócesis, problemas que, a todas luces, sería imposible de creer que eran desconocidos para Rodríguez Maradiaga.
Sin embargo, a pesar de haber presidido una arquidiócesis plagada de problemas tan graves, Rodríguez Maradiaga ha vuelto recientemente a los reflectores, no como una figura en busca de penitencia o un retiro tranquilo, y mucho menos para enfrentar un juicio.
Lo hace pretendiendo convertirse en una voz prominente sobre el futuro de su iglesia. Mientras el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) celebraba su LXX aniversario, Maradiaga concedió una entrevista a la agencia católica italiana de noticias Agensir, disponible sólo en italiano aquí.
En el texto del del 30 de mayo de 2025, titulado “CELAM: 70 años de misión y sinodalidad, cardenal Maradiaga: 'El Espíritu no sabe dar reversa”, Maradiaga habló extensamente sobre la historia y la importancia del CELAM, destacando su papel en la construcción de una "Iglesia sinodal" en América Latina.
Su decisión de hablar públicamente, intentando posicionarse como líder en el camino sinodal de la Iglesia, a pesar de su responsabilidad directa en permitir abusos y escándalos en su propia sede, es la definición misma de la sordera de muchos clérigos católicos, incapaces de reconocer su propio papel en la crisis de credibilidad que el papa León XIV reconoció el sábado.
Sed de protagonismo
¿Cómo entender el afán de Rodríguez Maradiaga por la fama y las portadas? ¿Es resiliencia? ¿Es terquedad? Considerando que nunca ha aceptado su propia culpa al permitir los abusos perpetrados por Pineda Fasquelle en Tegucigalpa, es difícil ser generoso al evaluar el tipo de comportamiento que muestra.
Uno se ve obligado incluso a preguntarse si es consciente del efecto de sus palabras en las víctimas de Pineda Fasquelle y si no está traicionando su juramento de 2001, como es evidente que hicieron McCarrick, Errázurriz Ossa y Cipriani Thorne.
Es una traición porque contradice directamente el voto de no deshonrar a su iglesia. Sus acciones pasadas, al permitir abusos y luego parecer ignorar el grave daño causado, constituyen precisamente la deshonra a la Iglesia Católica que juró prevenir, pues dichas acciones contradicen la idea de León XIV, el sábado, al ordenar nuevos sacerdotes para su diócesis, de vivir “una vida transparente y creíble”.
Es evidente que, a diferencia de Cipriani, para quien el propio papa Francisco emitió sanciones “secretas”, pero bastante tímidas e ineficaces, no hay constancia de que se hayan tomado tales medidas contra Rodríguez Maradiaga. Pero sí es cierto que el papa Francisco “aceptó” la renuncia de Pineda Fasquelle cuando tenía 57 años, 18 años antes de la edad canónica de jubilación (75 años).
El contraste entre el urgente llamado a la transparencia del nuevo papa y la continua presencia pública de figuras como Cipriani Thorne o Rodríguez Maradiaga, quien encarna controversias pasadas y se resistió activamente a la rendición de cuentas, difumina aún más la delgada línea entre la verdadera renovación y el aferrarse al ejercicio del poder, entre la resiliencia y la terquedad.
El regreso de Rodríguez Maradiaga a la escena pública no fue sólo decisión suya. Los actuales líderes del Consejo Episcopal para América Latina y el Caribe (CELAM) contribuyeron a promover su regreso a un rol activo.
Fue el CELAM quien lo invitó a dirigirse a ellos para celebrar el LXX aniversario de esa organización. Al hacerlo, impulsaron a la agencia católica italiana SIR a entrevistarse con el prelado hondureño.
Y es evidente que Rodríguez Maradiaga fue una figura relevante para el desarrollo del CELAM. Presidió el CELAM de 1995 a 1999. Fue después de su mandato que Juan Pablo II lo ascendió a cardenal.
Fue su tiempo en el CELAM lo que lo convirtió en una figura clave en la primera iteración del llamado Consejo de Cardenales del papa Francisco, de 2013 a 2023. Sin embargo, que regrese al reflector sin reconocer siquiera sus propios errores sólo agrava el déficit de credibilidad del que León XIV habló en la Basílica de San Pedro.
“Manual de procedimientos 3D”
Y, en lo que respecta al Opus Dei, no es sólo el cardenal Cipriani Thorne quien se resiste a cualquier intento de reconocer su papel en la crisis que socava la credibilidad de la Iglesia Católica.
Como jefe de la llamada arquidiócesis primada de su país, Cipriani Thorne siguió las reglas del viejo “Manual de procedimientos 3D”, es decir, denegar, desviar y desestimar todas y cada una de las acusaciones presentadas contra los líderes del llamado Sodalicio de Vida Cristiana, una organización religiosa similar en algunos aspectos al propio Opus Dei y en otros más cercana a la Legión de Cristo mexicana.
Cipriani usó el poderoso micrófono del Arzobispado de Lima para reprender a cualquier periodista que hablara “sin su permiso” o hiciera preguntas incómodas sobre los líderes del Sodalicio, a la vez que respaldaba implícita o incluso explícitamente a los líderes de la extrema derecha peruana que buscan limitar al máximo la capacidad de los periodistas locales para informar sobre casos de abuso sexual por parte del clero.
El texto enlazado a continuación es un buen punto de partida para comprender el Sodalicio peruano, un caso que Los Ángeles Press ha seguido durante los últimos dos años.
En cualquier caso, cabe destacar que en las últimas semanas medios de comunicación católicos y civiles españoles han estado publicando informes sobre la magnitud del enfrentamiento entre Roma y el Opus Dei. El Cronista, un diario español, publicó un artículo, basado principalmente en textos de Vida Nueva Digital, el medio de comunicación católico más fiel a Roma en España, sobre la ruptura entre el Opus Dei y los papas Francisco y León XIV.
El artículo de El Cronista, disponible aquí, habla de una especie de ultimátum emitido por Roma sobre la necesidad de concluir la reforma de los estatutos del Opus Dei tras varios intentos fallidos.
Hay que señalar que no hay por qué esperar un cambio repentino en la actitud de Roma hacia el Opus Dei, pues León XIV conoció de primera mano los efectos de su modelo pastoral en Chiclayo, diócesis que Francisco decidió sacar del control del Opus Dei para confiarla al entonces fraile agustino Robert Prevost, como se presenta con detalle en el texto enlazado a continuación.
¿Resiliencia o terquedad?
Pero el Opus Dei intenta descarrilar cualquier cambio. No es claro cómo terminará esto, ya que el Opus Dei cuenta con el apoyo de figuras influyentes de la Iglesia Católica en países de habla española, portuguesa e inglesa. Baste decir que la diócesis más poblada de Estados Unidos, la de Los Ángeles, California está bajo la tutela de un miembro de pleno derecho del Opus Dei, el arzobispo mexicano José Horacio Gómez Velasco.
Gómez Velasco es uno de los 18 obispos actualmente asociados formal y explícitamente a dicha organización. Una de las razones por las que el Opus Dei resulta problemático incluso para los católicos de cuna es que suelen desarrollar formas de asociación extremadamente complejas, casi secretas o abiertamente secretas, con la orden, capaces de hacer que la Legión de Cristo parezca transparente y responsable.
Incluso en la lista enlazada a Catholic-Hierarchy en el párrafo anterior, cabría preguntarse por qué se menciona a Fernando Ocáriz, actual moderador de la organización, como obispo cuando no hay registro de su consagración como obispo.
Como ocurrió con el caso de Cipriani, el papa Francisco estaba dispuesto a llevar a cabo una especie de reforma del Opus Dei. Francisco lo suprimió para restaurarlo inmediatamente en 2022 bajo una nueva figura. Sin embargo, el Opus Dei sigue siendo la única excepción entre las órdenes religiosas católicas: está bajo la jurisdicción del Dicasterio para el Clero y no bajo la autoridad del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada, como todas las demás órdenes religiosas de la Iglesia Católica.
En ese sentido, Francisco ya hizo una gran excepción a su favor. Lejos de reconocer esas excepciones a su favor, los líderes del Opus Dei intentan aferrarse con todas sus fuerzas a sus antiguos privilegios: la verdadera iglesia paralela con una jerarquía paralela.
En la década de 1970, Juan Pablo II solía criticar la Teología de la Liberación con la idea de una «Iglesia paralela, con una jerarquía paralela», reacia a seguir las normas de Roma. Y no hubo tregua. Las críticas continuaron durante la década de 1980, como relata este artículo de 1983, disponible sólo en inglés, de Peter Hebblethwaite.
Dos años después, cuando Juan Pablo II viajó a Ecuador y Perú en las primeras semanas de 1985, volvió a criticar la llamada “doble jerarquía o doble magisterio”, como da cuenta este texto, disponible sólo en inglés del archivo histórico de la extinta agencia de noticias United Press International, o como se refleja en la homilía original, disponible en español e italiano aquí.
Ahora son quienes se beneficiaron de la generosidad de Juan Pablo II (véase la historia de Hebblethwaite), cuando estaba dispuesto a hacer todo tipo de excepciones para brindar atención pastoral a esta organización, quienes se opusieron al papa Francisco con toda su fuerza y parecen dispuestos a desafiar a su sucesor.
Es difícil decir que valió la pena, considerando las tácticas dilatorias descritas en los textos publicados por El Cronista y Vida Nueva Digital.
El camino de la Iglesia Católica hacia una verdadera renovación depende de si la resiliencia genuina puede finalmente superar a la terquedad arraigada y, más aún, de la capacidad de sus líderes para distinguir claramente entre estas actitudes estrechamente relacionadas, pero muy diferentes.
Es imposible realizar un análisis psicológico detallado de las diferencias entre ellas; baste decir que la terquedad suele depender de la falta de voluntad para cambiar de opinión, del miedo a equivocarse, de la necesidad de controlar o simplemente de la adherencia a una idea fija independientemente de la nueva información disponible.
Se trata de mantenerse firme en la postura inicial, sin importar las consecuencias. El riesgo de terquedad al buscar la resiliencia radica en la comprensión de la doctrina y la teología católicas como algo “inmutable”, tan estable que no admite reconocer que se puedan cometer errores de ningún tipo.
A diferencia de la terquedad, la resiliencia, o más precisamente, la resiliencia adaptativa, apoya un enfoque más amplio y de progreso. Está impulsada por el deseo de superar los desafíos, adaptarse al cambio y crecer a partir de la adversidad. Se trata de encontrar maneras efectivas de afrontar las dificultades, pero el primer requisito para hacerlo es reconocer la existencia misma de dichas dificultades, incluyendo la posibilidad de cometer errores.
Un hito en Colombia
Un acontecimiento clave durante los últimos días de mayo fue el fallo de un tribunal superior en Colombia a favor de Miguel Ángel Estupiñán y Juan Pablo Barrientos Hoyos, coautores del libro El archivo secreto. Un texto de Barrientos Hoyos que da cuenta del alcance del fallo está disponible en Casa Macondo, un medio de comunicación colombiano, disponible aquí.
Es relevante porque es la primera vez en Colombia y, hasta donde sé, la primera vez en Latinoamérica y en los países de habla española o portuguesa, que los débiles instrumentos de rendición de cuentas existentes en nuestros países sirven para obligar a la Iglesia Católica a proporcionar información detallada de lo que sabe sobre sacerdotes depredadores.
En Colombia, a diferencia de México, la Iglesia Católica ha disfrutado de una relación cordial y sostenida con el Estado. Esto le ha permitido mantener sin interferencias sus propias normas y regulaciones. Con base en esa realidad y con perspectivas de la legislación colombiana y el derecho canónico, Estupiñán y Barrientos Hoyos construyeron un poderoso mecanismo para obligar a los obispos a proporcionar un informe completo sobre quiénes son los depredadores.
Las implicaciones son difíciles de evaluar en este momento. Si las diócesis colombianas cumplen con la sentencia, habrá una oportunidad, entre muchos ejemplos posibles, de poner a prueba muchas de las tesis derivadas del Informe Sauvé, el documento encargado por los obispos franceses a finales de la década pasada para medir la gravedad de la crisis de abusos sexuales del clero. Una versión oficial en inglés del Informe Sauvé está disponible aquí.
El Informe o Reporte Sauvé ofrece el primer algoritmo para calcular el número de víctimas de abusos sexuales del clero en el mundo católico. Una entrega anterior de esta serie, de 2023, ofreció una estimación del número actual de víctimas de abusos sexuales del clero en la mayoría de los países con una población católica de al menos un millón de personas. Ese texto aparece después de este párrafo.
En cuanto a la Legión de Cristo, la semana pasada se presentó una nueva víctima de abuso sexual por parte del clero en el Colegio Highlands de Madrid. Su decisión demuestra que el abuso nunca es un problema de una sola víctima; que cuando hay una víctima, es probable que haya muchas más. Sin embargo, dada la respuesta poco entusiasta de las autoridades españolas al problema del abuso sexual, ya sea por parte del clero o de otros, no debería sorprender que hasta ahora solo se haya presentado una nueva víctima.
Hace unas semanas, Los Ángeles Press detalló lo que ha sucedido en el Colegio Highlands. El más reciente de los tres textos sobre este caso aparece después de este párrafo. La única novedad real es la inclusión de una nueva víctima.
Finalmente, la crisis de abusos sexuales en Francia continúa. A las víctimas de abusos sexuales por parte del clero en el colegio católico de Bétharram se suman ahora cientos de víctimas de al menos un médico que abusó de sus pacientes.
Este artículo de la cadena alemana Deutsche Welle detalla, en español el caso antes de que se presentara en mayo el veredicto, al que es necesario añadir la sentencia en el juicio contra el reconocido actor Gerard Depardieu. Un tribunal de París lo declaró a mediados de mayo culpable de abuso sexual, como narra este texto de France 24 en español.