¿Qué hace que el Sodalicio merezca tanta atención?
Giuliana Caccia Arana (de sus redes sociales) y el papa Francisco (Iglesia Católica de Inglaterra y Gales).

Rodolfo Soriano-Núñez

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En cuanto al abuso, sexual o de otro tipo, México, España y Argentina necesitarían investigaciones similares; pero, además del abuso, el Sodalicio destruye a su propia iglesia.

La politización de la práctica religiosa no es nueva en Perú o América Latina, pero la manera en que el Sodalicio la usa va contra los propios intereses y el futuro de la Iglesia Católica.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

¿Qué hace que el Sodalicio peruano posea las peores características del catolicismo en América Latina? ¿Qué hizo que el papa Francisco estuviera dispuesto a actuar sobre esa organización de maneras que ha evitado hasta ahora con la Legión de Cristo mexicana, el Opus Dei español o el Instituto del Verbo Encarnado argentino?

Esas tres organizaciones son profundamente abusivas como el Sodalicio. La Legión, el Opus, el Instituto y el Sodalicio comparten una teología política marcada por el intento de que lo religioso colonice, ocupe lo político, incluso subyugando la las instituciones políticas de modo que se sometan a los rasgos más autoritarios de una comprensión del catolicismo que va en contra de lo planteado por el Concilio Vaticano II (1962-5).

La politización del catolicismo no es nueva en América Latina. Ha sido una característica definitoria de la evolución de los países latinoamericanos y está en constante cambio.

Además, como se argumentó en una entrega anterior de esta serie, la politización de las creencias religiosas latinoamericanas ha cruzado la frontera de México a los Estados Unidos, lo que permitió el secuestro de Nuestra Señora de Guadalupe.

 

 

Como si se tratara de probar mi punto, el 8 de septiembre, Donald Trump, el candidato presidencial republicano y expresidente de los Estados Unidos, llegó al extremo de publicar un mensaje de felicitación en lo que solía ser Twitter para “celebrar” el cumpleaños de la Virgen María usando una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

 
Un mensaje que Donald Trump publicó en distintas redes sociales el 8 de septiembre de 2024.

Su tuit fue inmediatamente republicado y amplificado por Eduardo Verástegui, el actor de telenovelas mexicano y aspirante a político que ya jugó un papel menor en la campaña de Trump de 2020, y quien no puede ocultar su ansiedad por volver a jugarlo este año.

 
El mensaje de Trump republicado por Verástegui.

El principal problema en Perú es que la politización extrema del catolicismo va en contra de la autopreservación de la Iglesia. Si uno analiza con cuidado la excomunión emitida por el papa Francisco, encontrará que el papa ve a Giuliana Caccia Arana y a su compañero guerrero cultural Sebastián Blanco Eguiluz como impulsores de lo que la Iglesia Católica ha estado tratando desesperadamente de evitar a toda costa, desde México hasta Chile y Argentina: las autoridades civiles investigando las investigaciones de su iglesia sobre abusos sexuales.

Incluso en Canadá, Thomas Rosica lucha para que las autoridades de ese país no se pronuncien sobre un caso de acoso sexual en que se le acusa a él, como se señala en los últimos párrafos del texto enlazado después de este párrafo, de un sacerdote brasileño acusado de abusar de niñas menores de edad, hace unas semanas.

 

 

Lo que es peor, la denuncia de Caccia Arana y Blanco Eguiluz en la Procuraduría de la Nación peruana tenía el potencial de implicar al mismísimo papa Francisco, como dice el decreto de excomunión en uno de sus párrafos.

En busca de Giuliana

Caccia Arana y Blanco Eguiluz están enojados, también, porque el papa Francisco evidenció la manera en que estaban dispuestos a sabotear su investigación sobre el Sodalicio. Para hacerlo, afirmaron falsamente que ambos fueron víctimas de abuso por parte de algunos de los exmiembros de esa organización que han presentado denuncias formales ante las autoridades civiles y los líderes de la Iglesia Católica.

¿Qué lleva a una mujer como Caccia Arana a hacer eso? La respuesta está ahí, en su perfil de Facebook, donde se presenta como alguien dispuesta a librar la “batalla cultural”.

 
Captura de pantalla del perfil de Caccia Arana en Facebook.

Como dice el texto publicado aquí la semana pasada, sería la integrante perfecta del elenco de Trad Wives de Lima, si alguna vez existiera un programa de ese tipo. Le encanta mostrar su lealtad a su comprensión del nacionalismo peruano y el catolicismo tal como lo entienden las clases altas peruanas.

 

 

Su perfil de Facebook proporciona otra pista para entender cómo libra la “batalla cultural” que está tan orgullosa de promover. Esa idea de ser un personaje, en una “batalla cultural” es lo más cercano que podría estar a las llamadas “guerras culturales” las “cultural wars” en Estados Unidos y otros países de habla inglesa.

Su figura como personaje de una “batalla cultural” sigue una intuición similar sobre el papel de la religión en la vida pública que la idea de los miembros del Sodalicio como “mitad monjes y mitad soldados”.

En entregas previas de esta serie dedicada al Sodalicio se han proporcionado detalles sobre lo que implica esa “doble identidad”. Todas las entradas previas dedicadas al Sodalicio están insertadas en este texto, por lo que basta con hacer clic en ellas.

 
Germán Doig y Luis Figari, fundadores del Sodalicio.

Esa es una de las razones por las que Germán Doig Klinge y Luis Fernando Figari, los dos “principales” fundadores del Sodalicio, estaba tan dispuestos a ejercer violencia contra los reclutas de su organización, como una forma para endurecerlos, para prepararlos para un contexto de mayor violencia al enfrentar a sus enemigos ideológicos.

Religión y violencia política

Normalizaron la conducta violenta en su “orden” porque asumieron que esa era la única manera de enfrentar la muy violenta realidad de la vida pública peruana en la segunda mitad del siglo XX.

La violencia política en el Perú no es nueva. Lamentablemente, ha sido una característica de la vida pública a lo largo de su historia.

Es imposible repasar las razones subyacentes del tipo de violencia que vivió el Perú, de ahí la sugerencia en la entrega anterior de esta serie de ver la cinta The dancer upstairs o Pasos de baile como un resumen de cómo la vida pública en el país andino se vio envuelta por la violencia política cuando Sendero Luminoso, Túpac Amaru y las Fuerzas Armadas peruanas lucharon en la segunda mitad del siglo XX.

 
The Dancer Upstairs o Pasos de baile. Cinta dirigida por John Malkovich.

Otros análisis sobre las raíces de la violencia política en la región han sido publicados recientemente por Human Rights Watch (disponible aquí en inglés y aquí en español), por el llamado International Crisis Group (disponible aquí en inglés y aquí en español), el Congreso Norteamericano sobre América Latina (algunos de sus artículos sobre Perú están en inglés y/o español aquí), entre muchos otros.

Si tiene mayor interés en profundizar la comprensión de la realidad peruana, un excelente punto de ingreso es el Instituto de Estudios Peruanos, el think-tank más importante del país andino, para leer los numerosos análisis que han publicado a lo largo de 60 años de trabajo.

El principal problema en lo que respecta a la violencia es que, a pesar de la comprensión más común del cristianismo y el catolicismo como una religión que busca la paz y el entendimiento, el Sodalicio apostó por desarrollar una generación de guerreros más violentos (“mitad monjes, mitad soldados”) capaces de resistir los embates de otros grupos tan o más violentos; es la idea de guerreros culturales dispuestos a hacer lo que Caccia Arana hace hoy en día.

El trailer de The dancer upstairs, audio en inglés. Baja resolución.

Es inevitable trazar paralelismos entre lo que Caccia Arana hizo en Perú al usar una mentira (ella como víctima de abuso sexual) para atacar al papa y demostrar su punto de que en realidad no pasó nada en el Sodalicio con lo que Donald Trump y J. D. Vance están haciendo en la campaña presidencial de Estados Unidos al usar mentiras (“¡Se están comiendo a los gatos!”) para, supuestamente, posicionar un tema en la agenda pública de Estados Unidos.

El problema principal en el caso de Caccia Arana es que lo que ella pretende es imposible de aceptar si se tiene en cuenta que Alessandro Moroni ya reconoció, hace casi 10 años, 66 víctimas de abusos, sexuales o de otro tipo, en el Sodalicio a pesar de los estrictos requisitos para ser aceptado como tal por una comisión dirigida y pagada por los líderes de esa organización.

Abuso en nombre de Dios

No es que el papa Francisco estuviera tratando de desacreditar al Sodalicio pretendiendo que allí había víctimas. O que estuviera prestando atención a lo que el Sodalicio y los medios de comunicación y organizaciones leales a la orden presentan como sus enemigos en la política peruana.

En realidad, si la Iglesia Católica ha estado haciendo algo durante los últimos 30 años aproximadamente, es tratar de anular cualquier relato de lo que realmente estaba sucediendo en esa “orden” religiosa.

El propio papa Francisco no estuvo dispuesto a prestar atención a las voces de las víctimas de abusos sexuales por parte del clero, como lo demostró durante su viaje pastoral a Chile y Perú en enero de 2018. Si bien estuvo dispuesto a pedir a los obispos chilenos que fueran a Roma y obtener sus renuncias anticipadas, ese no fue el caso con los obispos de Perú.

 

 

Hay que reconocer, por supuesto, la valiente resistencia de los laicos chilenos y un puñado de sacerdotes y monjas en Osorno, que se resistieron al nombramiento de Juan de la Cruz Barros Madrid, uno de los cómplices de Fernando Karadima en la “saga” de los abusos sexuales en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Providencia, un elegante barrio de la capital chilena.

Se resistieron durante casi 3 años al nombramiento de Barros Madrid en Osorno de una manera que ningún otro país latinoamericano ha visto en su historia, incluido Perú, donde denunciar los abusos perpetrados por el clero es aún más difícil que en Chile o en otras partes de América Latina debido a la muy restrictiva legislación que protege a los depredadores sexuales.

Y no fue sólo Francisco. Juan Pablo II jugó el papel de un papa sordo ante cualquier acusación sobre abuso sexual religioso en México, Argentina, Chile, desde que surgieron las acusaciones sobre Marcial Maciel (en México y Estados Unidos) y Carlos Miguel Buela (en Argentina) en la década de 1990.

 

 

Bergoglio mismo fue víctima de la “sordera” de Juan Pablo II. El entonces arzobispo de Buenos Aires y el resto de la conferencia de obispos de Argentina pidieron que se disolviera al Instituto del Verbo Encarnado.

Lejos de escuchar, Wojtyla se desentendió de la petición. El único obispo argentino que no apoyó la petición de suprimir al IVE fue el arzobispo de La Plata Héctor Rubén Aguer, un cercano al Opus Dei en Argentina.

 

 

Karol Wojtyla abordó la realidad del abuso sexual del clero en Canadá y Estados Unidos sólo porque los sistemas judiciales de esos dos países están mejor preparados para lidiar con ese tipo de acusaciones.

 

 

En las entregas anteriores de esta serie se demostró que al comparar los casos de Ciudad Juárez, México y El Paso, en los Estados Unidos, enlazados dos párrafos arriba o luego comparando las respuestas de las diócesis católicas en el estado de California en los Estados Unidos (enlazadas arriba), con las de los estados de Baja California y Baja California Sur en México, como muestra el texto enlazado después de este párrafo.

 

 

Entonces, ¿quién es Giuliana?

En su página de perfil de Facebook, Giuliana Caccia Arana dice ser una “comunicadora social”. Esa forma de describir lo que hace un periodista es parte de lo que en México se conoce como Burocrañol, una combinación de burocracia y español, una variedad del español que usan las élites en América Latina para presentarse como diferentes, distantes, especiales y mejor educadas que la población de sus países.

Pero el problema permanece incluso cuando se presenta como periodista, pues lo que ella hace no es periodismo. Lo que hace en realidad es amplificar lo que la extrema derecha peruana considera conveniente.

En sus textos y mensajes en redes sociales, uno encuentra un sinfín de ataques contra las Naciones Unidas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cualquier medio extranjero que preste atención a lo que sucede en materia de Derechos Humanos en el país andino.

Giuliana Caccia y Juan Carlos Liendo exjefe del servicio de inteligencia del ejército peruano 2024
Giuliana Caccia y el coronel retirado Juan Carlos Liendo, exjefe del servicio de inteligencia del ejército peruano, 2024.

Cuando se trata del tema de los abusos en el Sodalicio su actitud ha sido la de otros líderes en la Iglesia Católica: negar que ocurra; minimizar si ocurre; culpar a las personas homosexuales y, de manera más general, plantear el problema como parte de los ataques de los “enemigos de la Iglesia”.

La única excepción a esa especie de “regla” sobre desestimar las acusaciones de abuso sexual del clero ocurrió cuando el actual presidente de la Comisión para América Latina del Vaticano, el cardenal estadounidense Robert Prevost, fue criticado por su papel en el caso que narra el texto vinculado inmediatamente después.

 

 

En un giro inesperado de los acontecimientos, La Abeja, un medio peruano cercano a Caccia Arana y a la extrema derecha peruana, se puso del lado de las víctimas en la diócesis de Chiclayo (ver aquí).

No debería sorprender que las líneas de tiempo de Caccia Arana en las redes sociales sigan de cerca las de ese medio. La Abeja publica un sinfín de artículos que rechazan cualquier posición apoyada por el papa Francisco. Su opinión sobre el caso de abuso sexual del clero en Chiclayo se debe al hecho de que Prevost es cercano a Francisco.

Al dar voz a las víctimas de Chiclayo, La abeja y sus aliados peruanos y extranjeros, como EWTN, no estaban ayudando a las víctimas, sino atacando al papa Francisco. Esto fue aún más evidente al tratar el tema de la excomunión de Caccia Arana.

 

 

Luciano Revoredo, director de La abeja, y José Romero, un destacado colaborador de ese medio, son dos de los defensores más visibles de Caccia Arana en este tema. Luciano Revoredo merece un perfil completo por sí solo, basta decir a esta altura que él y Caccia Arana son figuras clave de la extrema derecha peruana.

Un marcador de Navarra

Hay otro marcador más de la manera en que Caccia Arana entiende su papel en su iglesia y en la vida pública peruana en general en su perfil de Facebook. Ella se presenta como alumna de un magister en “Matrimonio y Familia” en la Universidad de Navarra en España, una institución en el área metropolitana de Pamplona en el norte de España, cerca de la frontera con Francia, como lo muestra el mapa después de este párrafo.

 
La Universidad de Navarra en la zona metropolitana de Pamplona, España. Mapa base de Google Maps.

La universidad es la institución insignia mundial del Opus Dei. Si alguien, como Caccia Arana, dice ser estudiante o exalumno de esa institución, es probable que, con la relativa excepción de quienes van a estudiar Derecho allá, haya asistido a esa universidad debido a los vínculos, formales e informales, entre la universidad y el Opus Dei y la peculiar visión, incluso cuando se compara con otras universidades católicas, que esa universidad y la orden tienen de la teología y la tradición católicas.

Esa universidad publicó, en 2023, un folleto promocionando su Semana del Fundador, una semana dedicada a Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.

El folleto, disponible en la caja que aparece después de este párrafo donde se mezcla el español con algunas frases en inglés, como el propio título de “Founder’s Week” que, como en el caso del Burocrañol, es otra manera en que las élites de España y América Latina, que han tenido acceso a una educación bilingüe o trilingüe, se distinguen de quienes sólo hablan español.

 

El folleto de la Universidad de Navarra.

Un último rasgo distintivo de Caccia Arana es su relación con la Asociación Origen, una especie de think-tank, alineado con la extrema derecha radical en América Latina. Origen se describe a sí mismo como un “think-tank personalista que genera estrategias y acciones vanguardistas en la batalla cultural”.

Como en su perfil de Facebook, la idea de “batalla cultural” tiene múltiples implicaciones. Por un lado, la vincula con la noción del “mitad monje (¿mitad monja?), mitad soldado” tan querida por el Sodalicio y más ampliamente por la extrema derecha latinoamericana, pues la idea de dicha figura mitológica está presente no sólo en el Sodalicio, sino también en el Instituto del Verbo Encarnado de Argentina y la Legión de Cristo de México, entre otros grupos.

El personalismo se refiere a una cierta filosofía centrada en la persona, el ser humano, pero la extrema derecha latinoamericana la usa para presentarse como una alternativa creíble a otras filosofías e ideologías.

 
Captura de pantalla de la página de inicio de la institución que dirige Caccia Arana.

En el mundo anglosajón, un autor que impulsa esta tradición de pensamiento es Jonas Norgaard Mortensen. La introducción a su libro The common cood. An Introduction to personalism está disponible aquí como PDF.

En el mundo hispanohablante, un destacado defensor de esta escuela es Juan Manuel Burgos. Un capítulo de su Introducción al personalismo está disponible aquí, pero a diferencia de la fuente en inglés, requiere registro para descargarlo.

Bajo la sombra de Fujimori

A pesar de su afirmación de un supuesto personalismo, sus lealtades políticas se encuentran en la extrema derecha del espectro político latinoamericano. En el actual escenario político latinoamericano, es claro que se alinean y entusiasman con Javier Milei, el presidente de Argentina.

En Perú, fueron partidarios acérrimos de Alberto Fujimori hasta su muerte. En ese sentido, fueron partidarios activos de la campaña que permitió a Fujimori morir en su casa y no en la cárcel como había decidido previamente un tribunal.

Aunque es imposible encontrar un consenso en cuanto a la causa de las crisis actuales, parte de ella proviene de la campaña para liberar y exonerar a Fujimori en la nación andina.

En los últimos diez años, Perú ha tenido ocho presidentes: Ollanta Humala, 2011-6; Pedro Pablo Kuczynski, 2016-8; Martín Vizcarra, 2018-20; Mercedes Aráoz, 2019; Manuel Merino, 2020; Francisco Sagastegui, 2020-1; Pedro Castillo, 2021-2 y Dina Boluarte, desde 2022.

Dina Boluarte recibe el saludo de la Marina de Perú, 2022
Dina Boluarte recibe el saludo de la Marina de Perú, 2022

De once expresidentes desde Fujimori, nueve han pasado por algún proceso judicial, cuatro expresidentes, incluido Fujimori, han pasado algún tiempo en la cárcel. Antes de pasar por un juicio por corrupción, Alan García, decidió suicidarse en 2019.

Ningún partido tiene un control claro del congreso unicameral peruano. Eso permite que los partidos pequeños ejerzan cuotas exorbitantes de poder cuando los partidos más grandes intentan asegurar votos en temas clave. Como consecuencia, cualquier reforma es objeto de chantaje por parte de los grupos parlamentarios más pequeños en Lima.

Como sucedió recientemente en México, el Poder Judicial peruano está programado para discutir lo que el Congreso y Dina Boluarte, la actual presidenta peruana, presentan como una mejora del judicial.

En ambos países es difícil pronosticar los posibles resultados de la reforma del Poder Judicial, pero mientras en México el nuevo gobierno tiene un control abrumador del Poder Legislativo, en Perú sucede lo contrario.

A estas alturas, dado que Caccia Arana se mostró dispuesta a contactar a la Santa Sede para defender su caso, la excomunión sólo pende sobre su cabeza como posible resultado si vuelve a atacar a la Misión Especial encabezada por el arzobispo Charles J. Scicluna.

En lo que antes era Twitter publicó el mensaje que aparece después de este párrafo, aunque sólo está disponible en español. Allí hila pelos y trata de justificar su ataque a la Misión Especial pero declarando su lealtad al papa.

Es notable, eso sí, que Caccia Arana ha dejado de publicar en sus cuentas de redes sociales, para mostrar alguna disposición a evitar la excomunión y una confrontación con el papa Francisco.

Su posición contrasta con la de Alejandro Bermúdez Rosell, exjefe de ACI Prensa, quien todavía rechaza el hecho de que los abusos fueran moneda corriente en el Sodalicio, como lo demuestra publicación que hizo en esa red social que aparece después de este párrafo:

Aquí es donde radica la diferencia clave. Si algo ha impedido que se tomen medidas significativas contra otras órdenes católicas depredadoras es que se han abstenido de ir a donde sólo ha ido el Sodalicio: desafiar abiertamente al papa reinante.

Nuevos cardenales

El domingo por la mañana, los medios católicos entraron en alerta cuando se anunciaron a los nuevos integrantes del Colegio Cardenalicio, el organismo multinacional de 120 miembros, todos varones, que en algún momento elegirá al sucesor de Jorge Mario Bergoglio.

En lo que respecta a Perú, el arzobispo Carlos Castillo Mattasoglio será cardenal, como los otros 20 nuevos miembros del Colegio Cardenalicio, a partir del 8 de diciembre.

Otro nuevo miembro será Fernando Natalio Chomalí Garib, arzobispo de Santiago de Chile. Es conocido por sus ataques a las víctimas chilenas de abuso sexual por parte del clero en las redes sociales, por lo que cualquier buena voluntad que haya traído el nombramiento de Castillo Mattasoglio termina inmediatamente por la triste realidad que llega desde Chile.

Carlos Castillo Mattasoglio, arzobispo y cardenal de Lima, Perú, 2022
Carlos Castillo Mattasoglio, arzobispo de Lima, Perú, 2022. Redes sociales del arzobispado de Lima.

El recién nombrado arzobispo de Santiago del Estero, Argentina, Vicente Bokalic Iglic, también tendrá un solideo rojo. El suyo es un nombramiento especial ya que solía ser que Buenos Aires era la sede primada de la Iglesia en Argentina, al igual que la Ciudad de México en México.

El hecho, sin embargo, es que no había evidencia histórica que apoyara la posición de Buenos Aires como sede primada argentina. La elevación de Santiago del Estero, en la provincia de Tucumán, al noroeste del país, crea una situación extraña en la que la arquidiócesis de Tucumán tendrá como diócesis sufragánea a la recién creada arquidiócesis de Santiago del Estero.

El papa Francisco está tratando de enviar allí un mensaje a su iglesia y a los políticos de Argentina, pero, como en México y Perú, la polarización política hace que sea casi imposible apreciar genuinamente el significado de este nombramiento.

Otro obispo que recibe un birrete rojo es el actual arzobispo de Guayaquil, Ecuador, Luis Gerardo Cabrera Herrera. Esta es la primera vez que Guayaquil consigue que su arzobispo sea cardenal en lugar de Quito, la capital de Ecuador.

En Brasil, Jaime Spengler, arzobispo de Porto Alegre, recibió el ascenso. Otra elección inusual para el Colegio Cardenalicio, aunque es el actual presidente del CELAM, el Consejo Episcopal Latinoamericano, una entidad que coordina los trabajos de las conferencias de obispos católicos en la región, de modo que aun cuando no procede de una de las diócesis más importantes de Brasil, él ocupa una posición clave en la actualidad.

Dos ausencias son notables: ningún mexicano recibió el birrete rojo esta vez. Parece que las posibilidades de Rogelio Cabrera López de convertirse en cardenal se acabaron, a menos que el papa Francisco decida promoverlo el próximo año, que será su último como arzobispo de Monterrey.

Además, ningún arzobispo de Estados Unidos obtuvo el ascenso, más aún en el caso de José Horacio Gómez, el arzobispo de Los Ángeles nacido en México y miembro del Opus Dei, a quien muchos en la extrema derecha católica desearían ver luciendo el solideo rojo.

Otros nuevos miembros del Colegio Cardenalicio son:

De Canadá: Francis Leo, arzobispo de Toronto, Ontario, Canadá, de 53 años.

De Asia: Tarcisio Isao Kikuchi, arzobispo de Tokio, Japón, de 66 años; Pablo Virgilio Siongco David, obispo de Kalookan, Filipinas, de 65 años; Ladislav Nemet, arzobispo de Belgrado, Serbia, de 68 años; Paskalis Bruno Syukur, obispo de Bogor (Indonesia), 62 años; Dominique Joseph Mathieu, arzobispo de Teherán-Ispahán (Irán), 61 años.

De Australia: Mykola Bychok, obispo de la Iglesia de los Santos Pedro y Pablo de Melbourne (rito ucraniano, Australia); el más joven de esta cohorte de cardenales, con 44 años, y un recordatorio de la relevancia que tiene la invasión rusa de Ucrania para el papa Francisco.

De África: Ignace Bessi Dogbo, arzobispo de Abiyán (Costa de Marfil), 63 años y Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel (Argelia), 62 años.

De Europa: Roberto Repole, arzobispo de Turín (Italia), 57 años. Baldassare Reina, vicario general de Roma (Italia), 54 años. Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de la Basílica de Santa María la Mayor (Italia), 52 años. Timothy Peter Joseph Radcliffe, sacerdote de la Orden de los Predicadores (dominicos), del Reino Unido, 79 años. Fabio Baggio, subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Curia Romana, 59 años. George Jacob Koovakad, funcionario de la Secretaría de Estado de la Curia Romana, de 51 años.

Además, el papa Francisco nombró cardenal al exnuncio en Colombia Angelo Acerbi. Ya tiene 99 años, por lo que el suyo es un gesto simbólico hacia un excolaborador del papa Pablo VI, que fue víctima de un secuestro “blando” en 1979.

La guerrilla del M-19 secuestró a Acerbi y a otros diplomáticos que representaban a sus países en Colombia. Juan Pablo II le envió una carta que, publicada en 1980, está disponible aquí.