
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 23 de Febrero del 2026
La cuaresma trajo a León XIV el primer reporte de una diócesis polaca sobre abuso sexual, seis días antes del primer juicio de un obispo por ese delito ahí.
León XIV deberá seguir ahora el juicio del obispo Andrzej Jeż de Tarnów, acusado de encubrir a dos sacerdotes que abusaron de al menos 95 menores.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Los primeros días de la cuaresma dieron al papa León XIV varias oportunidades para repensar lo que intenta lograr en lo que, si se mantienen las tendencias actuales de salud, será un papado de al menos dos décadas.
Estos días han sido todo menos fáciles. Es posible que, cerca del Miércoles de Ceniza, León XIV haya tenido la oportunidad de leer sobre un informe parcial publicado recientemente por la diócesis polaca de Sosnowiec, donde se reconoce que el abuso ocurre allí tanto como en el resto de Europa, de este lado del Atlántico y en todo el mundo católico.
Más, porque el 18 de febrero, seis días antes del reporte, se supo de un parteaguas en Polonia: la acusación formal contra Andrzej Jeż, el obispo en funciones de la diócesis de Tarnów. Se le acusa formalmente de haber encubierto, por haberse negado a reportarlo a las autoridades, el abuso sexual perpetrado por al menos dos sacerdotes quienes, de acuerdo con reportes de medios, abusaron de al menos 92 menores, mujeres y varones, que eran miembros de un coro.
Pocas horas antes, el papa americano recibió, en su oficina del Palacio Apostólico, a Fernando Ocáriz Braña, el español de 81 años que es el moderador del Opus Dei, una organización religiosa similar a una orden fundada en España en el siglo XX.
Durante la semana, hábilmente, León XIV encargó al cardenal Pietro Parolin, su secretario de Estado, informar a la Casa Blanca que iba a rechazar tajantemente la oportunidad de enviar mil millones de dólares a Donald Trump por el “privilegio” de tener un asiento en la “Junta de Paz” de Donald Trump, el esperpento que reúne, entre otros a Nayib Bukele, Javier Milei y Santiago Peña, presidentes de El Salvador, Argentina y Paraguay, respectivamente.
Luego, el papa Prevost tuvo la oportunidad de reunirse de nuevo con los líderes de la Legión de Cristo y el Regnum Christi, el legado de Marcial Maciel a la Iglesia Católica.
Es difícil saber si, durante la semana, el papa León tuvo la oportunidad de revisar medios impresos o virtuales del mundo de habla hispana. Si lo hizo, habría podido ver cómo Rafael Zornoza Boy, el ahora obispo emérito de Cádiz, España, interpretó, como muchos otros sacerdotes y prelados antes, el papel de víctima. Zornoza se presentó a sí mismo como la víctima indefensa de una iglesia perversa que lo traicionaba porque estaba dispuesta a reconocerlo como un agresor como narra el texto que aparece enlazado después de este párrafo en la sección “Un parteaguas en España”.
Luego, el jueves 19, León XIV supo de un comunicado de la Fraternidad San Pío X que rechaza la oferta del cardenal Víctor Manuel Tucho Fernández para encontrar una solución al problema de la consagración no autorizada de nuevos obispos por esa organización.
Curiosamente, por primera vez en muchos años, esa “orden” fundada por Marcel Lefebvre a principios de los setenta dijo algo cierto: reconocieron que no es posible el diálogo entre Roma y una organización empeñada en desconocer a Roma.
Finalmente, quizás a través de algunos de los muchos amigos que León XIV hizo durante sus años en Perú, recibió la noticia del nombramiento del nuevo presidente de su país adoptivo. Este nombramiento es relevante no sólo porque el nuevo jefe de Estado, José María Balcázar Zelada, de 83 años, proviene del mismo partido marxista del que surgieron los expresidentes Pedro Castillo y Dina Boluarte.
Si se deja de lado la ideología del partido de Balcázar, Castillo y Boluarte, lo que debería preocupar al papa Prevost es el largo historial de Balcázar como protector de depredadores sexuales en su país.
¿Un laboratorio polaco?
Sosnowiec es ahora un suburbio, conurbado con Katowice, una ciudad importante en la historia civil y religiosa de Polonia. Menos de ocho kilómetros separan el centro de Sosnowiec del límite con Katowice. Se encuentra a 60 kilómetros al poniente de Cracovia, por lo que difícilmente es una diócesis rural o marginal en el lejano norte polaco, cerca de las fronteras con Bielorrusia o Lituania.
La diócesis no se convirtió en un laboratorio por sus virtudes, sino por su mala fama. Antes de llegar ahí, Artur Ważny fue auxiliar de Tarnów durante casi tres años, una diócesis separada por una distancia similar de Cracovia, pero más al oriente.
Ello implica que Ważny conoce de primera mano la realidad de la Iglesia Católica en la franja que cruza, de oriente a poniente, el sur de Polonia, donde Robert Prevost le notificó su nombramiento cuando era prefecto de la Congregación para los Obispos en 2024.
Antes de Ważny, Sosnowiec fue el epicentro de un escándalo sexual de clérigos mayúsculo. En 2023, se supo de una orgía organizada por uno de los sacerdotes que fue tan escandalosa que requirió de la intervención de la policía cuando un participante sufrió una sobredosis. Le siguió la renuncia forzada del obispo Grzegorz Kaszak, ahora emérito a la “tierna edad” de 62, sólo dos años mayor que Ważny.
A eso le siguió el asesinato-suicidio de dos clérigos que, un poco después, ese mismo año, barrió con cualquier ilusión de un orden en la diócesis. Es por ello que el nombramiento de Ważny por el papa Francisco y ejecutado por el entonces cardenal Prevost fue un hecho clave. No resolvían una vacante; llevaban a un bombero a controlar los daños en una diócesis que se había convertido en lastre para la Iglesia Católica en Polonia y en Roma.
No es de sorprender que reconozcan lo que era un escándalo nacional. El reporte de lo que en realidad ocurrió ahí y la decisión de seguir, hasta cierto punto, el modelo alemán de crear una comisión relativamente independiente con acceso al así llamado “archivo secreto” diocesano no es una medida reformista; es un intento para recuperar el control.
El reporte completo en polaco está disponible aquí y Ważny publicó en sus redes sociales y el sitio de internet de la diócesis un breve comunicado disponible en polaco aquí, con una traducción automática al español disponible aquí.
Lamentablemente, el informe de la diócesis polaca de Sosnowiec no es un acto de sanación. Por una parte, es sólo un reporte parcial, preliminar. Por otra, es posible que se haya publicado como ocurrió como un recurso de la Iglesia Católica en Polonia para ayudar al obispo Jeż de Tarnów, el antiguo superior de Ważny, a fin de darle una oportunidad para capotear la tormenta del primer juicio de un obispo en funciones en Polonia por lo que parece ser una operación de gran escala para usar un coro en Tarnów para abusar sistemáticamente de menores.
Incluso si esa fuera la intención, el reporte de Sosnowiec es la primera ruptura con una era en la que primer directiva de la “Iglesia Católica mártir” de Polonia era negar, negar y negar.
Es un documento que merece elogio, no por su redacción, pues está tan mal escrito que carece de tabla de contenido o índice y todos los datos sobre los depredadores están tan pasteurizados que difícilmente ayudarían a otras víctimas a dar un paso al frente para nombrar a sus agresores.
Sin embargo, tomados en su conjunto, el reporte de Sosnowiec y el juicio en Tarnów hacen de Polonia una suerte de “laboratorio” para tratar de imaginar el posible futuro del papado de León XIV en Polonia, en el resto de Europa y América Latina.
Más cuando se considera que Polonia fue el país sede de la asamblea plenaria anual de Tutela Minorum, del 29 de septiembre al 3 de octubre de 2025. Tutela es la entidad responsable de prevenir el abuso sexual en la Iglesia Católica, y esa asamblea fue la primera que presidió el arzobispo francés Thibault Verny.
Podría ser, en ese sentido, un ejemplo para otras diócesis católicas europeas donde la transparencia no ha sido una prioridad (Portugal, España, Italia, Eslovenia, Eslovaquia, Suiza, Austria) y quizás más aún para América Latina donde, aunque los obispos insisten en desconocer la verdadera escala del asunto, los cambios en las leyes y en la práctica judicial, obligan a preguntarse si habrá algún avance real en la crisis de abusos sexuales a manos de clérigos.
El documento representa una mejora respecto a las eras ligadas al secreto y el negacionismo de Juan Pablo II y Benedicto XVI, pero es aún medicina amarga para quien quiera ver un progreso real en cómo la Iglesia Católica maneja la crisis de abuso sexual.
Reporte y fallo
Hasta donde se sabe, el juicio del obispo Jeż está en sus primeras etapas y, dado su carácter novedoso, es posible que termine en una decepción, pues hay problemas como el tema de la fecha de prescripción de los delitos y la edad actual de los depredadores que incluso en sistemas más favorables a las víctimas harían difícil el desarrollo del juicio.
Por el momento, es difícil saber qué ocurrirá con el obispo Jeż, quien sólo preside la diócesis desde 2012, aunque haya sido auxiliar ahí desde 2009.
Por eso es necesario esperar a que el proceso termine para ver si el poder judicial en Polonia usa esta juicio histórico como un trampolín para desarrollar un enfoque más proactivo de la comprensión de la ley o si, como ocurrió recientemente en Chile y Argentina, se adhieren a una rígida comprensión de la legislación.
Por ello es necesario prestar atención simultáneamente al primer reporte en materia de abuso sexual para saber si la Iglesia Católica en Polonia está dispuesta a seguir el ejemplo de los obispos alemanes y franceses o si reciclarán el negacionismo de las eras de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Hasta ahora, el reporte de Sosnowiec es más un ejercicio para que la institución sobreviva, uno de transparencia defensiva, que un enfoque proactivo acerca de cómo gestionar la crisis de abuso sexual a manos de clérigos en general.
A pesar de ser un paso en la dirección correcta, está a años luz de lo que ocurrió con el reporte del John Jay College en Estados Unidos, el de la Real Comisión Australiana, el Reporte Sauvé en Francia o los reportes que elaboran distintas diócesis de Alemania.
Aunque el documento ofrece una mejora marginal, es bocado difícil de masticar para quienes esperan progreso real en el manejo que la Iglesia Católica hace de la crisis de abusos sexuales a manos de clérigos. El signo más importante de progreso es que reconoce el abuso como tal; no recurre a la cantaleta de la “conspiración comunista” para negarlo, incluso si el texto está lleno de obstáculos para frustrar a quien trate de leerlo.
Es útil porque demuestra cómo los casos que dan forma a la crisis de abuso sexual no son más que recreaciones de guiones muy similares que borran cualquier diferencia cultural entre países tan distintos como México y Polonia.
El reconocimiento del informe de una tasa del 3.2 por ciento de sus sacerdotes como agresores podría cambiar en el futuro, ya que este es un informe parcial o preliminar. Al admitir que 19 de 590 sacerdotes diocesanos son depredadores, validan el estándar global del Reporte Sauvé en una diócesis polaca.
Este dato es relevante ya que Los Ángeles Press publicó en 2023 un ejercicio estadístico basado en el algoritmo proporcionado por el Reporte Sauvé. En ese momento, esta serie estimó el número total de casos actuales en Polonia en un mínimo de 28,360 y un máximo de 71,467 víctimas, y un número mínimo de varones depredadores de 1,134, ya sean sacerdotes o hermanos religiosos.
Incluso si la cifra fuera resultado de un manejo táctico, y hay formas de hacerlo, el obispo Ważny alinea a Sosnowiec con los estándares internacionales de abuso aceptado. Permite a la institución afirmar que son normales cuando se comparan con Francia o Estados Unidos, los países para los que hay datos confiables.
Lo hace de una manera que también presiona a las diócesis de las cuales Sosnowiec fue segregada como una nueva entidad allá en los noventa. Si Sosnowiec admite una tasa del 3.2 por ciento de clero depredador, sería muy difícil para las diócesis “madre” más grandes y establecidas de Cracovia y Katowice, de las cuales se creó Sosnowiec, reclamar cifras anormalmente bajas. Por supuesto, todavía es difícil imaginar a Cracovia y Katowice siguiendo a Sosnowiec, pero existe una posibilidad de ello.
Paralelismos sorprendentes
El hecho de que Sosnowiec sea una diócesis relativamente “nueva”, segregada de diócesis más antiguas, ofrece la oportunidad de encontrar un paralelismo sorprendente con lo que Los Ángeles Press ha documentado al revisar casos muy específicos en México, donde sacerdotes depredadores son reclutados por diócesis poco dispuestas a investigarlos y expulsados por diócesis poco dispuestas a proporcionar informes de antecedentes precisos sobre sacerdotes o seminaristas, como demostró el texto vinculado después de este párrafo para la diócesis mexicana de Izcalli.
El informe polaco es un avance real, ya que demuestra cómo Sosnowiec, erigida en 1992, no cultivó su crisis de forma aislada; la importó parcialmente. De los 19 depredadores identificados, 13 fueron heredados de las diócesis de Cracovia y Częstochowa. Este es el mismo patrón encontrado en la diócesis mexicana de Izcalli, en un país de Europa del Este y quizás a una escala distinta.
Es difícil saber qué tan frecuente es ese fenómeno porque los informes, incluso tan parciales, limitados y mal diseñados como el de Sosnowiec, son pocos y raros. Lo que se sabe por ahora es que cuando una nueva diócesis se segrega de diócesis más antiguas, la élite en los centros más antiguos ve una oportunidad de oro para deshacerse de los clérigos problemáticos.
Utilizaron la estructura administrativa hueca de nuevas diócesis como Sosnowiec en la década de 1990 o Izcalli en la de 2010 como una esponja jurisdiccional. Descargaron sus activos tóxicos en un presbiterio joven que carecía de una infraestructura de investigación, memoria histórica o capacidad legal para resistir.
En ese sentido, Sosnowiec en los noventa como Izcalli en la segunda década de este siglo no eran nuevos territorios de misión; eran válvulas de alivio para el superávit de depredadores de los centros de poder de la élite. Las diócesis madre limpiaron sus libros al exportar su escoria a un satélite que sabían era demasiado débil para auditarlas y que estaba desesperado por llenar sus vacantes.
Izcalli lo hizo dos veces cuando recibió primero sacerdotes de la diócesis madre de Cuautitlán de Romero Rubio y luego cuando un antiguo seminarista, expulsado en circunstancias opacas de la arquidiócesis de Acapulco, encontró ordenación y refugio.
El informe admite que Sosnowiec aceptó a un candidato que ya había sido expulsado de otra institución por fallas morales. Acapulco nunca emitió un informe público, conocido y explícito sobre Morseo Miramón Santiago, pero fue posible rastrear sus orígenes como seminarista en Acapulco.
Sabemos ahora que algo similar ocurrió, al menos 13 veces en Sosnowiec pues, como Izcalli tenía la necesidad imperiosa de contar con personal en una nueva jurisdicción y colocar banderitas en un mapa, aunque para ello tuviera que ignorar sistemáticamente protocolos de seguridad básicos. El vacío de una nueva diócesis, sea en Polonia o en México, crea una realidad que lleva a que los responsables de la nueva entidad corran riesgos al priorizar tener alguien capaz de celebrar misa por sobre la protección de los fieles.
Lo que emerge de Sosnowiec no es un error polaco; es una característica procesal del tipo de riesgos que las organizaciones religiosas, católicas o de otro tipo, están dispuestas a correr para expandirse.
Tratan a un candidato al sacerdocio o incluso a líderes laicos desacreditados como como activos disponibles, asean su expediente al llevarlo a una nueva diócesis o entidad, una variación de la así llamada “solución geográfica” que ha sido considerada en texto previos de esta serie.
Lo hacen, también, porque el candidato rechazado interpreta el papel con suficiente candor como para convencer a un superior ingenuo y porque, lamentablemente, no existe un mecanismo que obligue a las diócesis a informar en blanco y negro, oficialmente, los motivos para rechazar a un candidato, sólo se habla en términos generales acerca de falta de carácter y vaguedades similares.
De manera notable, cuando se les pregunta, de manera anónima, porqué actúan así, funcionarios de diócesis dicen actuar en nombre de una noción distorsionada de la “caridad cristiana” para beneficiar a un clérigo en problemas, incluso si lo hacen a costa de poner en peligro a los fieles.
Basta recordar dos nombres. En el mundo de habla hispana, Marcial Maciel, quien a pesar de ser expulsado de varios seminarios mexicanos siempre tuvo un obispo más, que casualmente eran sus tíos, para ser aceptado nuevamente como candidato a las sagradas órdenes.
En el mundo de habla inglesa existe, como uno de muchos ejemplos posibles, el de John Geoghan, un ahora fallecido exsacerdote de la arquidiócesis de Boston, quien repetidamente encontró superiores desesperados por tener un sacerdote para asignar a una parroquia, un colegio o una capilla, sin importar su historial. Ese aspecto de las biografías de Maciel y Geoghan y otros seis depredadores se expone con mayor detalle en el texto enlazado después de este párrafo.
Fama global, vergüenza local
Desde luego, no hay razón para que una diócesis mexicana publique sus informes en idiomas distintos al español, del mismo modo que nadie debería esperar que una diócesis polaca publique sus documentos en un idioma distinto al polaco.
Curiosamente, la diócesis polaca de Sosnowiec reconoce la necesidad de mantenerse en contacto con las prósperas comunidades migrantes de origen polaco en Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos, por lo que su canal de YouTube tiene algunas de sus misas dobladas al inglés, como demuestra este video de la homilía de una misa presidida por el obispo Ważny.
Eso no es algo que YouTube haga por su cuenta. El propietario o el gestor del canal debe activar la tecnología de YouTube, como explica este vídeo. El tema es más relevante ya que esa función específica no está disponible para la conferencia de prensa cuando se publicó el informe.
Conferencia de prensa para presentar el reporte. Audio disponible sólo en polaco. Subtítulos disponibles desde el Panel de Control de YouTube.
Demuestra cómo incluso una diócesis relativamente pequeña y “joven” como Sosnowiec es una comunicadora astuta, consciente de cómo globalizar su “marca”, para tener contentos a sus donantes en Ontario, Illinois y el área metropolitana del Gran Londres, mientras regionaliza intencionalmente lo que le causa vergüenza.
Además, navegar por el informe es difícil incluso para alguien capaz de leer polaco, ya que no hay índice ni tabla de contenido. Uno podría decir que fue un error o quizás la evidencia de que cómo el obispo Ważny estaba más que dispuesto a apresurar el reporte de su diócesis para ofrecer alguna ayuda a su antiguo superior, el obispo Jeż.
Al colocar estos obstáculos, la comisión asegura que el costo de entrada para un periodista o una víctima sea lo más alto posible, incluso si dicho periodista o sobreviviente sabe polaco. Cumplen con un mandato de transparencia (limitada) mientras mantienen los datos tan crípticos como les es posible hacerlo.
Admisión parcial de culpa
Además, a diferencia de los informes de gobiernos de estados de Estados Unidos como Illinois o Pennsilvania, o los que Los Ángeles Press ha publicado sobre Izcalli y otras diócesis mexicanas y latinoamericanas, donde se proporcionan nombres para facilitar que las víctimas den un paso al frente, los datos en el informe polaco han sido pasteurizados por la institución de manera que es realmente difícil para las víctimas de otros clérigos en Sosnowiec denunciar.
Imita lo que hace la Legión de Cristo con sus informes sobre clero depredador de México y España, que hacen todo lo posible para beneficiarse de las leyes de “privacidad” en ambos países. Es una admisión parcial de culpa, diseñada para ser escaneada, pero nunca auditada por completo.
Pero incluso con todos sus fallos, el informe es un avance significativo si se mira cómo los obispos polacos han pasado las últimas tres décadas como protagonistas de la iglesia mártir protegida por un santo del siglo XX.
Existe la posibilidad de que el obispo Ważny sea un prototipo de transparencia en la era de León XIV. Podría ser un conejillo de indias para probar una vacuna contra el clericalismo polaco para ver si la estructura sobrevive la admisión parcial de la culpa. Su objetivo podría ser probar si reconocer la responsabilidad de los obispos de la era Wojtyła permite alguna reforma, aunque sea limitada.
Al documentar los 13 clérigos que Sosnowiec importó de Cracovia y Częstochowa, Ważny quema sus puentes con la vieja guardia para poder sobrevivir el escándalo en su propia diócesis. Asume el golpe del 3.2 por ciento ahora para demostrar que las diócesis de élite fueron las que realmente enviaron los depredadores. Esto convierte al informe en un documento para obligar a la vieja guardia en la Conferencia del Episcopado Polaco a reconocer sus propios errores.
Lamentablemente, el informe también confirma que la expansión de las organizaciones religiosas a menudo se basa en enviar a clérigos o incluso laicos problemáticos a otros lugares, como demostró recientemente el caso de John Smyth en la Iglesia Anglicana.
Justin Welby, el ahora antiguo arzobispo de Canterbury y por ello líder global de la comunión anglicana, era consciente de la depredación de Smyth y, sin embargo, el atractivo de convertir almas en África fue suficiente para mantenerlo callado sobre el riesgo potencial para los niños en países al sur del Mediterráneo.
Un texto previo de esta serie, disponible tras este párrafo, dedicado a la situación actual en la Iglesia Anglicana, ofrece más detalles sobre Smyth y otros casos en la Comunión Anglicana.
Las jerarquías religiosas permiten que jurisdicciones huecas que carecen de la supervisión requerida descarguen depredadores. Esa es la definición misma de la “solución geográfica” que Los Ángeles Press ha documentado una y otra vez.
Y sin embargo, el informe de Sosnowiec es un hito porque finalmente admite esta mecánica, incluso si intenta ocultar la admisión tras la ausencia de un índice. Prueba que el dato del 3.2 por ciento de clérigos depredadores no es un accidente; es el resultado matemático de un “olvido” institucional que prioriza una cierta idea torcida de crecimiento por sobre la seguridad de los fieles.
La joya en el informe emitido por la diócesis de Sosnowiec, a pesar de todos sus límites, es probar que el comportamiento observado en Izcalli, el aceptar antiguos seminaristas ya expulsados de una diócesis, no es un caso aislado, es parte del manual de las organizaciones religiosas.
Los datos de Sosnowiec confirman que las mecánicas documentadas por distintos métodos en Francia y México, en las iglesias Católica y Anglicana, no son anomalías. Son formas en que los clérigos dicen regularse a ellos mismos que no distinguen fronteras.
Posdata: Las infinitas complejidades del carisma
Las reuniones de León XIV con los líderes tanto del Opus Dei como de la Legión de Cristo fueron diferentes en tono y actitud. Mientras que el Opus Dei está en medio de un proceso para encontrar su nuevo lugar en una Iglesia Católica que finalmente acepta que muchos de los métodos de Josemaría Escrivá son, por decir lo menos, de tipo sectario, la situación con la Legión es más compleja.
Como demostró un texto publicado recientemente como parte de esta serie, León XIV parece no ser consciente de lo fácil que es para los antiguos miembros, muchos de ellos víctimas de algún tipo de abuso, al menos espiritual, de la Legión de Cristo encontrar una comprensión cínica de sus palabras sobre la reforma de esa organización religiosa.
No es que León los aliente a ser como eran en los noventa, pero es claro que el papa Prevost no advierte claramente a la Legión de Cristo sobre el riesgo de volver a sus costumbres o de rehabilitar a Maciel. Si bien eso no ocurre, al menos oficialmente, en la práctica, es posible advertir el retorno de la idea delirante de que él era un “bienhechor” a pesar de los abusos que perpetró.
Es como si la Legión de Cristo fuera incapaz de reconocer lo que está sucediendo estos días con otros depredadores conocidos. Como sabemos ahora, Jeffrey Epstein estuvo activo en los círculos de filantropía de las primera y segunda décadas de este siglo. No lo hizo por bondad; era parte de una estrategia calculada, un manual de tácticas para el cual fue asesorado por Steve Bannon. Ayudó a Noam Chomsky a recuperar su fondo de jubilación. ¿Debería el mundo olvidarse de las muchas víctimas que dejaron atrás Epstein y su grupo?
Ese parece ser el estribillo favorito en la Legión de Cristo y el Regnum Christi, y los grupos de redes sociales donde sus víctimas comparten información parecen percibir el movimiento de la nueva dirección para normalizar a Maciel y su forma de hacer “caridad cristiana” como algo tan repugnante como la “filantropía civil” practicada por Epstein.
Y en lo que hace a las víctimas de abuso sexual por miembros de la Legión de Maciel uno de los mensajes más dramáticos no es un meme, sino un tipo de poster con los nombres de 17 y las fotografías de otros nueve antiguos dirigentes de la organización similar a una orden. Como lo demuestra el poster publicado por Víctor Hugo Santos hay poca o ninguna esperanza de algún cambio o mejora que pudiera resultar del pasado Capítulo General.
Y más porque el mensaje final a la legión de León XIV no incluye una sola vez la palabra abuso y se centra en cambio en la difícil ubicación o definición del “carisma”, algo que Maciel nunca fue capaz de definir y que los capítulos generales luego de su muerte también han sido incapaces de presentar de manera articulada, comprensible.
En 2012, Roma le pidió a la Legión que definiera cuál era su carisma, como se puede ver en este documento de 2014, vinculado al así titulado Comunicado capitular, es decir del Capítulo General de ese año, disponible aquí en su totalidad.
El texto completo del mensaje que León XIV leyó a los nuevos líderes de la Legión de Cristo está disponible aquí.
La política de los colores del clero
En cuanto al Opus Dei, la reunión valió la pena sólo para ver a Ocáriz Braña fingir ser un miembro destacado de la jerarquía católica cuando, de hecho, no es más que un sacerdote.
Ocáriz asistió a la reunión con el papa León XIV vestido con todos los adornos que el Código de Derecho Canónico permite que use un sacerdote como él en tal ocasión. No es su culpa. Hay un fallo en la jerarquía católica de los colores.
Los cardenales visten el llamado escarlata cardenalicio o rosso cardinale, como lo llaman los sastres romanos. Este es un rojo brillante y vivo, asociado históricamente con la disposición a derramar la propia sangre por la fe. Es el color de los “príncipes de la Iglesia”.
Los sacerdotes elevados a la condición honorífica de monseñor, como Ocáriz Braña, tienen permitido usar el llamado rubí monseñor o paonazzo. Este es un rojo más profundo y saturado con ligeros matices azules. Aunque oficialmente llamado “púrpura” en algunos textos antiguos, en la sastrería clerical moderna es un carmesí/rubí intenso, como demuestra el gráfico después de este párrafo.
Si uno es lo suficientemente obsesivo para hacerlo, existe la posibilidad de encontrar el llamado código HEX, un estándar universal para identificar colores en sus muchos tonos. En dicho código HEX, el escarlata cardenalicio o cardinali tiene un valor #C40233, descrito por los expertos en colores como un rojo brillante “verdadero” con alta luminosidad.
El rubí monseñor o amaranto o paonazzo tiene un #951B3C, un tono de “vino rojo de sangre más profundo con un ligero matiz azul”.
El ojo no entrenado tendrá dificultades para descubrir si Ocáriz Braña fingía ser un cardenal, que no lo es, o aceptaba su estatus como un sacerdote con un título rimbombante
A diferencia del mensaje a los nuevos líderes de la Legión de Cristo, el segundo en menos de un mes, no hubo mensaje para el Opus Dei. Sólo el recordatorio oficial en el Bollettino de la Santa Sede de que Ocáriz Braña es sólo un monseñor y sólo el moderador, ya no prelado, como insiste el Opus Dei al escribir sobre su líder.
Por el momento, cualquier apariencia de reforma en ambas organizaciones sigue siendo incierta, probablemente a la expectativa de lo que León XIV hará o no con una entidad a la derecha tanto de la Legión como del Opus: la llamada Fraternidad San Pío X o Sociedad Sacerdotal San Pío X, como se les conoce en algunos países de habla hispana para hacer que las iniciales sean las mismas.
¿Dios sólo entiende latín?
La otra gran decisión que León XIV debe tomar es qué hacer con la organización religiosa fundada a finales de los sesenta por el obispo francés Marcel Lefebvre. Él fue notorio en Francia por su disposición a bendecir el régimen de Vichy, la entidad que Alemania creó en el sur de Francia como un régimen títere de Berlín durante la Segunda Guerra Mundial.
Lefebvre era sacerdote durante la guerra. Fue en 1947 cuando Pío XII lo nombró obispo en lo que hoy es Senegal, en aquel momento una colonia del Imperio Francés.
Aunque Lefebvre tuvo la oportunidad de asistir al Concilio Vaticano II (1962-65), tan pronto como terminó se convirtió en uno de sus críticos más feroces. Más aún cuando el papa Pablo VI cambió no sólo o principalmente la forma en que se celebraba la misa católica, sino especialmente el ritual del Viernes Santo.
Lo que más irritó a Lefebvre y a muchos de sus seguidores fue la decisión de Pablo VI de eliminar del ritual del Viernes Santo la oración, bastante contradictoria, “por la conversión de los judíos”.
En distintas entregas de esta serie se hace referencia a Lefebvre y su legado tóxico en la Iglesia Católica. El más relevante para comprender la confrontación entre la SSPX y León XIV aparece antes de este párrafo en la sección titulada “Los sacerdotes rebeldes y la misa en latín”.
Aunque no directamente relacionado con este tema, hay más información valiosa en el vínculo después de este párrafo, en la sección titulada “Una guerra contra el ‘modernismo’”, que trata sobre el legado de Pío X en muchos de los actuales problemas en la Iglesia Católica.
Lo que importa en este punto es que la propia SSPX reconoce que no es posible el diálogo con Roma. ¿Será eso suficiente para que Roma haga, de nuevo, lo que Juan Pablo II ya hizo con Lefebvre? Es difícil saberlo. Tras la muerte de Lefebvre en 1991, Juan Pablo II y Benedicto XVI dedicaron demasiado tiempo y dinero a intentar traer a la SSPX de vuelta al redil.
Benedicto XVI tuvo una suerte de victoria menor cuando atrajo a un pequeño grupo de miembros de esa “orden” a cruzar el Rubicón y crear la Fraternidad o Sociedad de San Pedro, un grupo también comprometido a mantener la antigua forma de celebrar la misa que, en cualquier caso, no es ni la mitad de antigua de lo que Lefebvre y sus discípulos han dicho durante los últimos 50 años, ya que la misa que Pablo VI decidió cambiar sólo había sido reglamentada como tal en el siglo XVI, durante el caótico Concilio de Trento.
Su victoria pírrica llegó a expensas de aceptar cualquier cosa que la SSPX le pidiera, sin éxito, ya que, al final, la SSPX decidió permanecer en una especie de exilio. La buena voluntad de Roma continuó con Francisco.
Incluso antes de su elección como papa en 2013, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Buenos Aires, en 2011, validó a la SSPX como una entidad católica legítima para los fines de su registro canónico y el que debe ocurrir ante las autoridades argentinas, lo que les ayudó a acceder a visas como ministros religiosos.
Ya como papa, Francisco les concedió licencias especiales para permitirles casar legítimamente a parejas católicas y realizar otros rituales católicos.
Nada fue nunca suficiente. La única pregunta que queda es ¿qué hará la extrema derecha católica de Estados Unidos, con el cardenal Raymond Leo Burke y el obispo Robert Barron al frente? León XIV fue lo suficientemente amable como para permitir a Burke celebrar misa en el antiguo ritual en San Pedro.
Muchos “liberales” en la Iglesia Católica vieron su gesto como una traición al legado de Francisco, ya que Burke desempeñó un papel clave en el ataque montado por Steve Bannon y la extrema derecha estadounidense y europea.
¿Qué más podría hacer León XIV para apaciguar a la SSPX? Lo único que aceptarían es que León XIV abrogara todos los documentos del Concilio Vaticano II o aquellos derivados de él, especialmente, pero no limitado a, la forma en que se celebra la misa, y ciertamente los cambios introducidos tanto por Juan XXIII como por Pablo VI a los rituales del Viernes Santo (no hay misa en ese día) para perpetuar el antisemitismo como la posición doctrinal oficial de la Iglesia Católica.
El asunto es relevante no sólo desde una perspectiva interna de la Iglesia Católica, también por el número de abusos que suelen ocurrir en las estructuras (parroquias, colegios, seminarios) vinculados a la SSPX donde las víctimas enfrentan una situación aún peor a la que las víctimas de una parroquia o diócesis que reconoce la autoridad de Roma enfrentan, pues esta organización desconoce—como lo demuestra su respuesta al cardenal Fernández—a Roma, lo que deja a las víctimas sin otra autoridad a la cual apelar que la orden misma.
En Francia, donde surgieron, existe un claro registro del tipo de abusos que ocurren en sus filas, como el texto vinculado después de este párrafo prueba en la sección “Bastión católico”.
Ensoñaciones andinas
Finalmente, como si Robert Prevost Martínez, como solía llamarse el ahora papa León XIV cuando adquirió la ciudadanía peruana, no tuviera suficiente amargura en su vida, su país adoptivo nombró presidente de la república a un conocido defensor de depredadores sexuales convictos.
Incluso si uno está dispuesto a olvidar la comedia de equívocos que ha sido la política peruana durante la última década, es imposible pasar por alto cómo El Comercio, uno de los principales diarios de referencia del Perú, repasa la historia de José María Balcázar Zelada como protector de depredadores sexuales.
Periodistas peruanos revisaron sus controvertidas etapas como congresista y juez, para recordar cómo Balcázar ha usado sistemáticamente su poder para minimizar la gravedad de la violencia sexual. En algún momento sugirió que las “relaciones sexuales” entre adultos y menores podrían ser consensuadas si fueran “informadas”.
Esta retórica ha resurgido como un punto principal de discordia, con grupos civiles que argumentan que su presidencia representa una amenaza directa a las protecciones legales de las poblaciones vulnerables en el Perú.
La prensa peruana también ha detallado cómo la estrategia defensiva de Balcázar a menudo imita la “negación institucional” vista tanto en la Iglesia Católica como en las protestantes en Perú y en otros países, centrada en atacar la credibilidad de las víctimas y presentar las investigaciones como persecuciones políticas, como la entrega previa de esta serie demostró que hace el depredador chileno Felipe Berríos del Solar, disponible después de este párrafo.
El Comercio señaló específicamente que, a pesar de la orientación marxista de su partido, Balcázar coincide con elementos religiosos conservadores cuando se trata de bloquear reformas que aumentarían la supervisión de los casos de abuso sexual.
Esta “alianza impía”, una de tantas en la convulsa política peruana, ha provocado un intenso debate en Lima, ya que su largo historial de interferencia procesal y desestimaciones públicas del comportamiento depredador se traslada ahora de la legislatura al cargo más elevado del país. Más aún cuando Rafael López Aliaga, el alcalde de Lima y miembro del rango más alto del Opus Dei, culpó a Keiko Fujimori por hacer posible el nombramiento de Balcázar.
Y para ser claros, nada sucede en el congreso peruano sin el visto bueno de Fujimori. Ella ha sido capaz de imponer lo que López Aliaga ignora: la capacidad de Fujimori para usar el partido de Castillo para desacreditar a cualquier otro partido que no sea el suyo como una opción viable para dirigir el Perú.
En ese sentido, será mejor que León XIV tenga cuidado con cualquier anuncio que haga sobre un potencial viaje pastoral a su nación adoptiva, quizás más aún que cuando decidió no ir a Estados Unidos, al menos por ahora, como hizo Francisco, quien nunca pudo regresar a Argentina.
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