
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 02 de Febrero del 2026
Los datos del Pew Research Center confirman los de Latinobarómetro sobre el abandono del catolicismo en América Latina.
Lamentablemente, lejos de apostar por la cercanía y el servicio a sus fieles, la jerarquía católica en América Latina aún apuesta a recuperar influencia por medio de la política.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
El 21 de enero, el Pew Research Center, la institución preeminente para la investigación sobre el papel público de la religión, publicó los resultados de su encuesta más reciente sobre la práctica religiosa en América Latina (contenido en inglés).
Como continuación de la que realizaron hace una década, un año después de que Jorge Mario Bergoglio fuera elegido como papa Francisco, publican un estudio basado en muestras de las seis naciones más pobladas de la región.
Sus números están alineados con sus propios resultados de la encuesta de 2014, y con lo que esta serie encontró al revisar casi dos décadas de datos de la serie Latinobarómetro, como lo demuestra la historia enlazada abajo.
E incluso más, se alinea con lo que las encuestas nacionales de América Latina han estado documentando desde finales del siglo XX.
Es la continuación de la tendencia que conduce a la obliteración de lo que, hasta la década de 1950, era el monolito católico latinoamericano.
Por esperada que fuera la grieta, la forma en que ocurre está llena de sorpresas. Primero, la grieta condujo a un éxodo hacia variantes no católicas del cristianismo, con las iglesias pentecostales como las ganadoras de las pérdidas del catolicismo.
Para cuando terminó el siglo XX, hubo otro giro en la trama, moviendo a América Latina hacia una realidad mucho más fracturada y balcanizada, donde vastas mayorías de latinoamericanos todavía afirman creer en Dios, pero rechazan, como sucede en otras partes del mundo, la afiliación y la adherencia a una iglesia.
Los números ofrecidos por el Pew Research Center son útiles porque medir el campo religioso nunca ha sido fácil. Por encima de todo, confirman los datos de Latinobarómetro basados en una medida simple de afiliación autodeclarada.
Pero el Pew ofrece un enfoque más matizado y complejo al añadir medidas para aspectos específicos de la práctica o creencia religiosa, como la creencia en un Ser Supremo o cuántas veces al mes una persona asiste o participa en servicios religiosos.
Incluso si el estudio del Pew Research Center se realizó con muestras relativamente pequeñas, la más grande para Brasil (n=1,054) y la más pequeña para Argentina (n=1,017), las preguntas permiten vislumbrar cómo las sociedades latinoamericanas parecen estar dejando atrás el catolicismo y dando a luz a un campo religioso más complejo, donde la adherencia explícita a iglesias específicas u otras formas de organizaciones religiosas es menos relevante, pero la práctica religiosa sigue siendo de alguna manera significativa.
Los datos para el estudio más reciente del Pew provienen de encuestas nacionales en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Tomados en conjunto, la población de esos seis países representa aproximadamente el 75 por ciento de la población total de América Latina.
Es claro que hay una ausencia notable de cualquier nación centroamericana o caribeña en la muestra, y eso podría llevar a algunos a descartar los hallazgos, pero esta es la mejor oportunidad de tener una imagen relativamente completa de lo que ha sucedido en América Latina en la última década más o menos.
En general, los datos reportados por el Pew se basan en un total de 6,234 cuestionarios con adultos entrevistados del 22 de enero al 27 de abril de 2024. Los detalles de la muestra y los métodos de cada país están aquí (contenido en inglés).
Una ventana
Los nuevos datos del Pew Research Center abren una ventana a la realidad actual del campo religioso latinoamericano. Tomados en conjunto con informes anteriores del Pew, la serie Latinobarómetro y otras fuentes, lo que surge es el desmoronamiento de un modelo de organización de creencias religiosas que ocurre durante los últimos 40 años aproximadamente.
Pero uno debe ser consciente de que el cambio religioso sucede, se incuba, durante largos períodos de tiempo, así que antes de señalar con el dedo, uno necesita estar bien consciente de lo que ha sucedido.
Asumir, como la extrema derecha latinoamericana, que todo salió mal en la década de 1960 porque Pablo VI decidió reformar la manera de celebra la misa para que fuera en la lengua de cada comunidad en lugar del latín, conseguirá algo de financiamiento de la extrema derecha católica de los Estados Unidos, pero es una explicación tan buena como una basada en la astrología.
Al observar los sombríos datos de Chile, se debe tener en cuenta que Alberto Hurtado y, el sacerdote jesuita declarado santo por la Iglesia Católica advertía a los obispos de su país sobre un cambio inminente en la composición religiosa del país andino ya en los cuarenta.
Emitir esa advertencia le trajo problemas con los obispos de su tiempo. Hace ochenta años, su análisis acertó a identificar los riesgos que Chile y América Latina en general estaban a punto de enfrentar.
Incluso si fue incapaz de prever la razón detrás del éxodo de la Iglesia Católica en Chile: la crisis de abusos sexuales del clero, tuvo razón al advertir sobre lo frágil que era lo que parecía, allá en los cuarenta, un monolito sólido.
El texto, enlazado párrafos arriba, que revisa la serie Latinobarómetro ofrece más detalles sobre las advertencias, en un sentido proféticas de Hurtado sobre la condición de Chile como un "país católico" en la sección titulada "Cambio demográfico".
Lo que muestran los datos tanto de Pew, Latinobarómetro como de encuestadores en casi cada país de América Latina es una disminución drástica en el número de personas dispuestas a identificarse como católicas o cristianas, y una tendencia concurrente de aquellos que se identifican como sin religión.
No es que sean feroces ateos militantes dispuestos a destruir la religión organizada. Son personas que por muchas razones han llegado a la conclusión de que la religión es una práctica privada, una que deciden por su cuenta, una en la que rechazan la mediación de una casta sacerdotal en la que desconfían.
Lo que los datos dicen en cinco instantáneas
Sería imposible revisar el informe completo de 54 páginas y las más de 40 tablas y gráficos que ayudan a comprender los datos disponibles, por lo que lo que sigue es solo un resumen de lo que los datos ofrecen desde un punto de vista bastante estrecho del campo religioso latinoamericano por medio del lente de cómo se relaciona con la crisis de abusos sexuales en el caso específico del catolicismo.
Debe notarse, sin embargo, que el abuso sexual en el contexto de la práctica religiosa no se limita de ninguna manera a la Iglesia Católica. Todo lo contrario. A lo largo de varias entregas de esta serie se ha abordado evidencia de abuso en otras tradiciones religiosas.
Lo que define al abuso en contextos católicos es la mezcla específica de una práctica o tradición que solía gozar de un control casi absoluto del mercado religioso en una región tan vasta y diversa como América Latina, pero también el tipo de arreglos de élite que han impedido cualquier acción policial y judicial significativa para castigar a los perpetradores y, quizás más importante, para detonar realmente procesos para prevenir que el abuso sexual ocurra.
Incluso países cuyas élites políticas dicen lo que hay que decir sobre un supuesto carácter "laico" de las relaciones Iglesia-Estado como México, están tan poco dispuestos a patear el avispero de investigaciones exhaustivas sobre abusos sexuales del clero como aquellos como Perú, Panamá o la República Dominicana donde el catolicismo sigue siendo la religión del Estado.
Para ilustrar el tipo de cambio que está ocurriendo en los campos religiosos latinoamericanos, este artículo revisará solo cinco gráficos. El primero, el más básico, cuenta la historia de lo que ha sucedido en los seis países latinoamericanos bajo consideración durante la última década.
La tabla narra una historia similar a lo que la serie Latinobarómetro dice sobre la erosión de la antigua mayoría católica en América Latina.
También demuestra cuán equivocadas fueron las intervenciones que altos jerarcas católicos como el cardenal Norberto Rivera Carrera tuvieron cuando intentó lidiar con la realidad que finalmente condujo a la situación actual.
Al seguir las intuiciones de Juan Pablo II en sus mensajes a los obispos de Argentina en 1991 y de Estados Unidos en 1993 (texto en inglés), el ahora arzobispo emérito de México intentó afirmar su autoridad en la capital con severas condenas contra prácticas religiosas o espirituales no católicas y regaños a los dispuestos a mezclar su fe con otras prácticas.
Ladrar al árbol equivocado
Su carta pastoral de 1996 sobre el "New Age" o Nueva Era llama a “los fieles en capacidad de influir en la prensa y los medios de comunicación harán un servicio inestimable a los mexicanos y a la Iglesia si difunden información o proponen contenidos que sirven para orientar y dar criterios de juicio cristianos frente a la confusión que engendra el New Age”.
El hecho de que Rivera hiciera ese llamado un año antes de que atacara públicamente a periodistas mexicanos informando sobre los abusos de Marcial Maciel en la Legión de Cristo, como se puede ver aquí, es una ironía demasiado potente para ignorarla, ya que ahora, 30 años después, incluso los jerarcas católicos están dispuestos a reconocer que la orden que Maciel fundó estaba manchada por prácticas sectarias desde su origen, con juramentos y mandamientos especiales que impedían a sus miembros criticar a Maciel, incluso en privado.
En cualquier caso, el hecho es que, lejos de prestar atención a la condena de Rivera de las prácticas espirituales no católicas, los católicos latinoamericanos están votando con los pies, dejando las catedrales y parroquias vacías.
El problema nunca fueron esas formas alternativas de entender lo que es “del otro mundo”; el verdadero problema fue el crecimiento de quienes abandonan la práctica religiosa organizada. Las respuestas de la jerarquía católica, quizás con la excepción de Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires, fueron durante los noventa y hasta la primera década de este siglo similares a las de Rivera Carrera.
Por ejemplo, hasta bien entrada la primera década de este siglo, el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la entonces Congregación para el Clero, impulsaba el mismo enfoque sobre los católicos que abandonaban su iglesia, como se puede ver aquí y aquí también.
La lógica ha sido la de atar su idea de lo católico a la identidad nacional o étnica y presentar la disidencia religiosa como una ruptura y una traición a esa identidad.
Siempre que le es posible, lo vinculan con las disputas que el catolicismo ha tenido en América Latina con el comunismo o el marxismo. Esas disputas se reciclan ahora gracias al argumento falaz del exacadémico canadiense Jordan Peterson acerca de la existencia de un supuesto “marxismo cultural”. Ello permite a los sectores más reaccionarios del catolicismo latinoamericano atacar a su nuevo enemigo vital: la “ideología de género,” con un catálogo de mitos y teorías de conspiración ya conocidas en círculos católicos.
La categoría “excatólico”
La tabla después de este párrafo repasa una de las contribuciones más notables del Pew para entender lo que realmente sucede en el campo religioso en América Latina, pues permite comprender quiénes son y dónde están los ahora excatólicos en los seis países de la muestra.
Quizás con la excepción de Brasil, donde las pérdidas católicas se convierten en ganancias protestantes, la mayoría de las pérdidas católicas en la región hacen crecer al grupo de los “sin afiliación”.
La tercera tabla observa el porcentaje de adultos en los seis países bajo consideración que se identifican como religiosamente afiliados, que creen en Dios y que dicen que la religión es muy importante para ellos.
Si hay un lado positivo en los datos del Pew Research Center para la religión organizada en América Latina es aquí, ya que está claro que el rechazo a la afiliación religiosa no está directamente asociado con una negación rotunda de la existencia de Dios o de un Ser Supremo asociado con la noción de Dios, incluso si está claro que la relevancia de la religión como tal sufre como consecuencia de los cambios en el campo religioso en América Latina.
Los datos de la tercera tabla que es necesario ver lo que la cuarta tabla nos dice sobre los hallazgos del Pew respecto a la asistencia a servicios religiosos entre los católicos en los países de la región.
Los católicos argentinos y chilenos parecen estar en una fase de desinterés o quizás apatía en la práctica religiosa similar a los patrones que uno encuentra en países europeos y muy por debajo de lo que otros países de la región reportan, con diferencias notables cuando se comparan con las poblaciones protestantes argentinas y chilenas que aparecen mucho más comprometidas en esta categoría.
Los números allí son una advertencia a la Iglesia Católica sobre lo frágil que es la situación. En ningún país de la muestra los católicos superan a los protestantes en esta categoría, y es difícil imaginar que cualquier ventaja que la Iglesia Católica retenga en países como Panamá, la República Dominicana o Paraguay compensaría lo que los datos en la muestra enseñan.
Los datos de esta tabla disipan cualquier idea de que la Iglesia Católica necesita un regreso a ceremonias “solemnes” en latín, pues eso no es lo que las denominaciones cristianas no católicas ofrecen a sus fieles. Quizás lo que ofrecen es una relación más estrecha con sus fieles y no el uso arcano de una lengua muerta como una suerte de conjuro, pues el número de católicos que asisten a servicios por semana es mucho menor que el de sus contrapartes protestantes.
La quinta y última tabla de este resumen observa qué tan “femenina” es la práctica religiosa en los seis países. Incluso si hay diferencias marcadas, desde México y Perú con 15 puntos a favor de las mujeres al comparar quién asiste a servicios religiosos hasta la diferencia menor de 4 puntos en Chile a favor de las mujeres.
Tomadas en conjunto, estas cinco instantáneas muestran exactamente lo que tanto los datos recientes del Pew como las dos décadas de tendencias de Latinobarómetro hacen inconfundible: la erosión constante de la base católica, el aumento de los no afiliados y el surgimiento de un mapa religioso más fragmentado en América Latina. Así, los números revelan una clara dirección y la escala del cambio. Lo que sigue, entonces, va más allá de la descripción.
Una posible interpretación de las tendencias
El análisis a continuación —desde los errores institucionales que profundizaron la desafiliación, hasta los enredos sociopolíticos que moldearon la credibilidad de la Iglesia Católica, incluidas las dinámicas regionales que reconfiguraron el mercado religioso— son un análisis de estas tendencias.
Se basan en los patrones que revelan los datos y el seguimiento de lo que sucede en el campo religioso latinoamericano, pero no derivan directamente de los datos del Pew o de Latinobarómetro; más bien, buscan dar sentido a por qué estas transformaciones medibles se desarrollaron como lo hicieron.
Al iniciar con el tema de qué tan “femenina” es la práctica religiosa en la América Latina contemporánea, debe notarse que en algunas diócesis hay intentos de recuperar terreno, influencia con los varones. El problema es que para hacerlo, los líderes de los rosarios “sólo para varones” y otras devociones populares similares, asimilan los aspectos más violentos del discurso antifeminista, al tiempo que se alinean con grupos católicos con acusaciones vigentes de abuso.
El abuso requiere un entorno de tipo sectario y un caso notable de organizaciones que aún fomentan ese tipo de entornos son los llamados Heraldos del Evangelio, una organización similar a una orden religiosa con profundos lazos con la extrema derecha brasileña más reaccionaria, que ha sido objeto de varias entregas de esta serie, como la sección titulada “Frutos y árboles” del texto enlazado abajo.
Evidencia del modus operandi de una de esas organizaciones emerge en paralelo de Canadá y Brasil, como muestra el vídeo que aparece después de este párrafo, producido por Radio Canadá, el servicio de TV pública en francés en ese país. Narra el caso de jóvenes canadienses, hijos menores de edad de padres brasileños, enviados de manera forzada a la patria de sus padres, para ingresar a la vida religiosa en casas administradas por los Heraldos del Evangelio.
Audio en francés, subtítulos disponibles en el panel de control de YouTube
Para sorpresa de nadie, en México uno de los impulsos más notables para unir una comprensión antifeminista del catolicismo y las devociones populares usa algunos de los símbolos, un tipo peculiar de cruz, de inspiración medieval, utilizada por los Heraldos del Evangelio, como los llamados “Caballeros del Rosario Gral”.
En el cuadro después de este párrafo, a la izquierda está en español, el poster que los Caballeros usan para promover un rosario de varones en Mérida, Yucatán, México, el 7 de febrero de este año. A la derecha, en portugués, una captura de pantalla de una página del sitio de los Heraldos del Evangelio. Como se puede apreciar, las cruces tanto en el mensaje en español como en portugués terminan en figuras similares a una flor de lis. La única diferencia es que la imagen del grupo mexicano en Facebook se limita al uso de la imagen en rojo con el fondo negro, mientras que la página en portugués combina el rojo con el oro, en un fondo de color beige.
Que viva México es un grupo cercano al actor de telenovelas Eduardo Verástegui, quien ha sido objeto de diferentes entregas de esta serie. Que viva México como otros grupos en el mundo de habla inglesa, cercanos a las organizaciones más leales a Donald Trump, difunde desinformación sobre las vacunas, incluso las que combaten el covid-19, como demuestra esta otra publicación en la misma red social, a pesar de su eficiencia probada para abordar, en su momento, la emergencia sanitaria.
Grupos similares existen en toda América Latina y en comunidades latinas relativamente grandes en los Estados Unidos. Este es de Perú. Este opera en Paraguay. En Colombia, parecen ser una organización más robusta, al igual que en El Salvador.
En 2023, la agencia oficial de noticias de la Conferencia Episcopal Argentina, AICA, promovió ese tipo de rosarios “para varones” en sus diócesis, como lo demuestra el texto disponible aquí.
Una característica común de estos grupos de Facebook es cómo mezclan su devoción religiosa con preferencias políticas locales por los partidos o candidatos de la extrema derecha del espectro político local.
Ese es un camino conocido para la extrema derecha católica en Europa, lo que lleva a los analistas políticos de allí a etiquetar a estos grupos como “identitarios” ya que apuestan fuerte por rechazar la migración como una invasión, a pesar de que sus mercados laborales son incapaces de satisfacer sus necesidades, lo que hace sus preferencias políticas un elaborado disfraz para el racismo.
La politización de la devoción religiosa es evidente, como uno de los muchos ejemplos posibles, en el grupo peruano, que ya está promoviendo al actual alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, un numerario del Opus Dei que ayudó a principios de 2025 al cardenal Juan Luis Cipriani a burlar las restricciones que impuso el papa Francisco por abuso sexual al ahora arzobispo emérito de Lima, como lo narra el texto enlazado después de este párrafo en la sección “Algo bueno”.
Que Viva México es especialmente relevante ya que es uno de los nuevos vehículos utilizados por Juan Razo García, exrector del seminario de Saltillo, México quien alcanzó alguna fama global porque formaba parte del grupo de sacerdotes españoles, estadounidenses y mexicanos que rezaron públicamente por la muerte del papa Francisco.
La presencia de Juan Razo con Que Viva México no fue para repasar lo mucho que odiaba del papa Francisco, sino para repetir viejas acusaciones del catolicismo contra el “comunismo”, como se puede observar en este vídeo.
Convertir el rosario en arma
Además de promover a Razo García, Que Viva México también convierte en arma el uso del rosario, llamándolo explícitamente “tu arma”, como demuestra este reel publicado en Facebook.
Sus colegas colombianos van más allá al usar el nombre del papa León XIV para “adornar” un mensaje en que presentan al catolicismo como sinónimo de cruzadas y acción militar medieval, mientras afirman que luchan contra la secularización.
No hay evidencia de que el actual papa León XIV haya dicho algo así, y sólo de manera marginal, elíptica, es posible encontrar algo similar en el llamado “Evangelio social” de León XIII, pero sin la implicación de convocar a la base católica a lanzar una nueva cruzada como afirman los administradores del grupo de en Facebook del rosario para varones en Colombia.
El uso del rosario y otras devociones como armas no es exclusivo de los católicos de extrema derecha mexicanos o colombianos.
Todo lo contrario, Argentina ha sido testigo de cómo un sacerdote allí, Javier Olivera Ravasi, quien promueve activamente el “rosario para varones”, ha estado dispuesto a portar y, supuestamente rezar, un rosario hecho de balas, como lo demuestra su propio mensaje en lo que solía ser Twitter.
El gesto de Olivera Ravasi pasa de ser una bravuconada, como podría serlo en México, a convertirse en un sombrío recordatorio de la Guerra Sucia y de cómo hubo sacerdotes argentinos, como Christian Von Wernich, dispuestos a usar el sacramento de la confesión para extraer información para el Proceso de Reorganización Nacional, es decir, la Junta Militar que gobernó Argentina de 1976 a 1983, pues Olivera Ravasi está conectado, a través de su padre, con la represión de esa época, además de que la presenta como legítima e incluso necesaria.
Además, aunque ya no pertenece al Instituto del Verbo Encarnado, una organización similar a una orden con acusaciones de abuso, sexual y de otro tipo, fundada por Carlos Miguel Buela en los ochenta, Olivera Ravassi fue originalmente miembro de esa organización, que trató de imitar en todo el modelo de la Legión de Cristo de Marcial Maciel.
Uno debe tener presente que los abusos de Maciel, como los de Buela no ocurrieron en un vacío institucional. Fueron resultado de la disposición de la jerarquía católica a escala global para tolerar, acaso promover, grupos como la Legión, a pesar de sus prácticas sectarias y predatorias, porque parecían ser efectivos para reclutar candidatos a la vida religiosa.
Eso explica el que, así como Maciel entre los cuarenta y los noventa, contó con la protección de obispos en México, Estados Unidos, España e Italia, Buela en los noventa y la primera década de este siglo tuvo la protección en Estados Unidos de Theodore McCarrick y en Argentina del ahora arzobispo emérito de La Plata, Héctor Rubén Aguer, además otras figuras de la curia de Juan Pablo II. Cuando McCarrick murió allá por 2025, una entrega de esta serie entró en algunos de los detalles de la relación entre él y Buela.
Más recientemente, en agosto de 2024, la diócesis de Zárate-Campana, donde Olivera Ravasi ha vivido durante varios años, fijó restricciones canónicas a su derecho a residir allí si decide seguir siendo sacerdote.
Hasta ahora, casi dos años después, es difícil saber qué harán los obispos argentinos, pues parece no haber interés de su diócesis de origen, la de San Rafael, en la provincia occidental de Mendoza, en traerlo de vuelta.
La declaración del obispo Zárate-Campana, Pedro María Laxague permite vislumbrar cuán divisiva es la marca de catolicismo de Olivera Ravasi, y el tipo de tensiones que genera cuando presume sus afiliaciones políticas o cuando convierte en arma una devoción como el rosario.
Más aún cuando Olivera Ravasi, al igual que Razo y sus compañeros sacerdotes que rezan por la muerte de Francisco, dedica mucho de su tiempo en redes sociales a atacar a Francisco con la carga habitual de insinuaciones sobre que Francisco es "izquierdista", burlándose de sus propuestas para el futuro de la Iglesia católica, especialmente el aspecto de la sinodalidad, o cómo aboga en los hechos, a veces disfrazado con eufemismos, por la erradicación de los “comunistas” que, como suele ser el caso con ese tipo de clérigos, puede ser cualquiera que no le diga que sí a todo.
La fotografía que aparece antes de este párrafo destaca, sin embargo, la forma en que los sacerdotes radicalizados como Olivera Ravasi o Razo García se agrupan en una diócesis de Estados Unidos (San Francisco) conocida por la cercanía de su titular con el ala derecha de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. En ese sentido, el arzobispo Salvatore Cordileone ofrece a los sacerdotes en la fotografía un cierto grado de legitimidad, más importante para el tipo de relación que ellos tratan de generar con las feligresías virtuales que construyen desde la Internet y redes sociales.
También destaca los riesgos que su variedad del catolicismo plantea a una iglesia ya afectada por el éxodo masivo de una gran parte de sus fieles durante los últimos 20 años aproximadamente, y las dificultades que tienen los obispos para frenar a sacerdotes que cuentan con el respaldo de poderosos donantes laicos, dispuestos a apoyar su "ministerio" ya que están dispuestos a decir lo que ellos no dirían, al menos no públicamente.
Más aún cuando el clérigo dispuesto a desempeñar ese papel es un obispo, como sucede con el ahora obispo emérito de Tyler, Texas, Joseph Strickland.
¿Por qué un renacimiento de la fe católica vendría de personas como Juan Razo, Olivera Ravasi o Joseph Strickland, clérigos poco dispuestos a cumplir con lo que solían ser las reglas básicas de la Iglesia Católica?
Son clérigos demasiado desesperados por encontrar una teoría de conspiración para explicar cualquier cosa que no sea como ellos quieren. ¿Por qué tal renacimiento vendría de sacerdotes que se burlan activamente de su propia capacidad como mediadores ante Dios al pedir la pronta muerte de Francisco?
Curiosamente, la arquidiócesis de Toledo, España estuvo dispuesta al menos a dar un tirón de orejas a los sacerdotes españoles Gabriel Calvo Zarruate, Rodrigo Menéndez Piñar y Francisco J. Delgado que actuaban como adolescentes alcoholizados en YouTube, pero ninguna diócesis de México o Estados Unidos lo ha hecho con Razo García o con Charles Murr (ahora en Nueva York pero algún tiempo en Guadalajara, México) y Roylán Recio (de Colorado Springs, Colorado). Tampoco se sabe si la diócesis española de Almería fijó alguna posición sobre Juan Manuel Góngora.
E incluso si uno está dispuesto a dejar eso de lado, ¿qué bien vendría para la Iglesia Católica apostar fuerte por personas como Olivera Ravasi y su estética de "violencia cristiana", representada por su uso de un rosario hecho de balas?
Devoción religiosa y preferencia política
El problema principal para el catolicismo no es solo el éxodo masivo documentado por Latinobarómetro y el Pew. Es también su voluntad de apostar su propio futuro en su relación con organizaciones de tipo sectario, dispuestas a impulsar, como uno de muchos ejemplos posibles, una guerra total contra Francisco.
Basta revisar la supresión del Sodalicio para darse cuenta de cuán tensas son las relaciones dentro de la Iglesia Católica, en Perú y en otros lugares de América Latina, y preguntarse si la apuesta de Juan Pablo II por organizaciones como el ahora suprimido Sodalicio y sus actitudes de tipo sectario no son parte de la mezcla que explica el éxodo masivo documentado tanto por el Pew Research Center como por Latinobarómetro.
Es necesario tener en cuenta cómo organizaciones como el Sodalicio o los Heraldos son propensas a desarrollar el comportamiento de tipo sectario de ser el blanco de algún tipo de conspiración contra ellos.
Como se afirmó entonces, “la Curia Romana durante el pontificado de Juan Pablo II estuvo dispuesta a hacerse de la vista gorda ante estos problemas porque organizaciones como los “Heraldos, la Legión de Cristo, el Opus Dei o el ahora suprimido Sodalicio, mostraban sus libros de Excel llenos de nombres de seminaristas a punto de ser ordenados."
Y es ahí donde Jordan Peterson vuelve a ser relevante, pues él ofrece al clero católico reaccionario lo que le queda de legitimidad como antiguo académico. Peterson y quienes promueven sus libros y conferencias en América Latina presentan su prestigio como “profesor de una universidad canadiense” para dar a la extrema derecha católica de América Latina ideas para articular su descontento.
También ofrece a Razo y sus colegas la semilla de la desconfianza en la institución que ellos representan, de modo que ¿qué confianza podrían promover en la Iglesia Católica si atacan al papa cada que un micrófono se les atraviesa?
La extrema derecha de América Latina usa ideas como el “marxismo cultural” de Peterson para redefinir sus resentimientos, sus agravios de siempre, como un sofisticado plan para la defensa de los valores de Occidente. Peterson no provoca el problema, pero se beneficia como lo haría un buitre con la presa de otro animal.
Peterson es un caso especial porque ofrece un barniz científico a organizaciones sectarias incapaces de desarrollar críticas similares, aunque fallidas, para justificar su motín contra Roma mientras se dicen nostálgicos de papas como Pío IX o Pío X que aplastarían a disidentes como Razo, Olivera Ravasi, Strickland o Murr.
En ese sentido, los datos del Pew y Latinobarómetro obligan a una reconsideración del enfoque del Vaticano hacia América Latina y otras regiones del mundo y sobre todo acerca de cómo construir comunidades sanas, cuya agenda no sea la de las guerras culturales al estilo de Estados Unidos.
Eso es relevante porque, al recordar lo que se decía sobre la región en Roma en los ochenta y los noventa, uno encuentra a Juan Pablo II hablar de América Latina como una región llena de esperanza y promesa para la Iglesia Católica en lo que era, en ese momento, el futuro.
La apuesta del papa Karol Wojtyla, sin embargo, se moldeó por su preferencia por movimientos como el Regnum Christi de la Legión de Cristo, el Sodalicio , el Camino Neocatecumenal, los llamados Kikos, el Instituto del Verbo Encarnado, los Heraldos del Evangelio y el Opus Dei.
Todos ellos han estado en el centro de algún tipo de escándalo, desde la Ciudad de México hasta Lima, Sao Paulo y Buenos Aires; su entendimiento de tipo sectario del catolicismo fue bueno para llenar estadios y arenas deportivas en los noventa y la primera década de este siglo, pero 20 o 30 años después, no hay evidencia de capacidad para sostener su crecimiento. Todo lo contrario, pues suelen ser la madera que mantiene el fuego del escándalo de la crisis de abusos.
La trampa del problema único
Tomadas en su conjunto, las series Latinobarómetro y Pew, además de encuestadores locales ofrecen un relato sombrío de promesas incumplidas y del interminable juego de culpas entre las diferentes facciones de una institución que quiere mantener su prestigio y relevancia en la arena política con apuestas por candidatos, incluso si las apuestas acaban mal, como en el caso del dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, cuando recibió el apoyo del ahora fallecido cardenal Miguel Obando Bravo.
Esa no es, por cierto, una rareza, el relato de una república bananera. Es un relato sobre los riesgos que plantea al catolicismo y a cualquier forma de religión organizada el imponer sus ideas en temas de salud pública y moral privada con reflejos más robustos, más complejos y preocupantes. Uno de esos reflejos es lo que explica el tipo de relación que los obispos católicos de Estados Unidos construyeron con Donald Trump sobre el tema del aborto.
Es la definición de la trampa del problema único (single-issue trap) o de la “política unidireccional”, un dilema clásico de la ciencia política que castiga a la Iglesia Católica desde que Juan Pablo II hizo del aborto en Italia su prioridad (contenido en italiano).
Sería imposible repasar la historia de la oposición católica a cualquier tipo de aborto, pero apostar por una solo tema no negociable no ha sido tan exitoso como muchos obispos quieren creer.
El peor escenario es el que construyó el ya referido cardenal nicaragüense Miguel Obando Bravo al bendecir en 2006 la instalación de lo que hoy es una dictadura a cambio de una prohibición total del aborto.
Al vincular sus inventarios de confianza al destino del aborto o los “valores familiares”, la jerarquía católica ha subastado efectivamente en muchos países su capacidad para desafiar los impulsos autoritarios más amplios de los socios políticos dispuestos a cancelar derechos para ofrecerles esas prohibiciones.
Ya sea la relación transaccional de los obispos estadounidenses con Trump o los compromisos históricos con los dictadores de América Latina, el resultado es el mismo: la Iglesia Católica gana un veto temporal sobre la moral privada mientras pierde la solvencia moral para actuar como un control del poder público, lo que facilita el colapso del catolicismo como una crisis espiritual, pues ata de manos a la Iglesia Católica y como parte de un fracaso sistémico más amplio, probablemente lo que explica los resultados de Latinobarómetro y del Pew.
Y si esa fuera toda la historia, habría algún aspecto positivo en la idea de una intransigencia basada en valores. El problema principal surge cuando los negativos de la trampa del problema único se encuentran con los negativos de la crisis de abusos sexuales, con sacerdotes como el jesuita chileno Renato Poblete que obligaba a sus parejas sexuales femeninas a pasar por lo que el catolicismo califica como el pecado mortal del aborto para proteger su carrera eclesiástica, con la bendición de los jerarcas católicos.
Heridas autoinfligidas
Más recientemente, como uno de muchos ejemplos posibles, la Conferencia Episcopal Argentina ha criticado el intento del gobierno argentino de reducir a 13 años la edad a la que un menor puede ser acusado como adulto por delitos, como se puede ver en el vídeo después de este párrafo.
El tema es complicado en Argentina, ya que los jóvenes de 16 años pueden votar en elecciones, pero existían algunas restricciones a la capacidad de las autoridades para acusar a los de 16 y 17 años como adultos en casos penales. Pero cualquier objeción que el episcopado argentino tenga a la idea de Javier Milei de reducir la edad de responsabilidad penal a los 13 años debe filtrarse a través del lente del propio historial de la conferencia.
Y peor porque, para promover su reforma penal, Milei imita el lenguaje de la Iglesia Católica sobre “tolerancia cero” al delito, como la Iglesia Católica dice respecto de los abusos sexuales. Como demostraron varias entregas de esta serie el año pasado, la tolerancia cero es una meta buena pero muy difícil de lograr, ya sea para la Iglesia Católica o para los gobiernos nacionales de cualquier país.
Ya sea Milei en Argentina o precedentes históricos como Felipe Calderón Hinojosa en México, el enfoque machista de la “mano dura” contra el crimen ofrece un espejo del fracaso de la disciplina interna de la Iglesia Católica.
Así como la retórica de tolerancia cero del Vaticano no evita el abuso sistémico en la Iglesia Católico, la idea de elevar las penas para menores en el ámbito penal o las guerras contra el crimen organizado a menudo sirven como una bandera política que enmascara, lejos de resolver, graves fallas de diseño institucional.
El principal riesgo para la Iglesia Católica es que, lejos de adelantar una crítica robusta a Milei, es incapaz de movilizar su base, porque la ha perdido como prueban los datos de Latinobarómetro y el Pew Research Center. Y lo que es peor, lejos de resolver la causa del desplome demográfico, las agrava al adoptar un discurso machista, que ve a lo femenino y al feminismo como enemigo vital.
Hasta donde es posible captar los muchos y dispersos esfuerzos de la Iglesia Católica en la región, una mayoría de la jerarquía parece dispuesta a detener cualquier esfuerzo por recuperar a los “excatólicos” (ver la tabla 3) para recuperar su participación en los mercados religiosos locales.
En su lugar, parecen decididos a encontrar a su Constantino, el gobernante o, en términos más generales, el individuo poderoso capaz de volver a celebrar las bodas de la Iglesia y el Estado. Lo peor es que intentan hacerlo al radicalizar a pequeñas minorías dispuestas a jugar a ser cruzado para recapturar Jerusalén.
Al nutrir esa vanguardia radical, de formas muy similares a lo que los sacerdotes vinculados a los movimientos de liberación nacional buscaban en Colombia, Perú, América Central e incluso México en los sesenta y setenta, la Iglesia Católica asume que su futuro será asegurado por una base perpetuamente movilizada.
En lugar de ofrecer un cuidado pastoral cercano a las sociedades latinoamericanas, alimenta una vez más el impulso a crear organizaciones sectarias, propensas a presentar a papas como Francisco y Pablo VI como enemigos de esos grupos y de la Iglesia Católica, que apuestan por prácticas sectarias para mantener una pequeña base perpetuamente movilizada contra el feminismo, el globalismo, los derechos humanos y cualquier nuevo enemigo que sus líderes decidan añadir a su catálogo de agravios.
Al hacerlo, la Iglesia católica se ata las manos, como lo hizo al apoyar a Trump y a los candidatos MAGA en los Estados Unidos para lograr una prohibición total del aborto, haciendo casi imposible que la misma Iglesia defienda y abogue por los migrantes, o como sucede en Argentina, donde las estrechas relaciones del régimen de Milei con las alas más radicales de catolicismo argentino los incapacita para criticar el intento de encarcelar a menores de 13 años con penas severas.
* * *
Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.
Your browser doesn't support HTML5 audio. Here is a link to the audio instead.
Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.