Sacerdotes que rezan por la muerte del papa Francisco
Juan Razo García, el sacerdote mexicano que pide por la pronta muerte del papa Francisco. Redes sociales del seminario de Saltillo.

Rodolfo Soriano-Núñez

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Sacerdotes de España, Estados Unidos y México "oran" públicamente por la muerte del papa Francisco.

Religión y vida pública: Mientras los sacerdotes pedían en YouTube por la muerte del papa Francisco, en Calgary, Canadá, arrestan a un legionario de Cristo; fue liberado poco después.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

El miércoles de la próxima semana, el 13 de marzo, se cumplirán once años de la elección de Jorge Mario Bergoglio como obispo de Roma. El antiguo arzobispo de Buenos Aires eligió para su nueva tarea el nombre de Francisco y, desde el día de su inauguración, el 19 de marzo, su pontificado ha seguido una ruta que le ha confrontado con los elementos más retardatarios e irracionales de su iglesia, señaladamente los cardenales Raymond Burke y Robert Sarah, entre otros.

Aunque no hay obispos latinoamericanos o españoles que de manera franca y abierta confronten al papa Francisco, lo que hay es la disposición de muchos obispos de América Latina y España a tolerar a clérigos como los que aparecen en el vídeo que se presenta después del siguiente párrafo.

En él aparecen cuatro sacerdotes españoles, dos de Estados Unidos y uno de México. Los españoles son Gabriel Calvo Zarruate, Rodrigo Menéndez Piñar y Francisco J. Delgado, de la arquidiócesis de Toledo, aunque en el caso de Delgado es necesario apostillar que, en la actualidad reside en la arquidiócesis de Denver en Colorado, Estados Unidos. También de España estuvo Juan Manuel Góngora, de Almería. Los dos de Estados Unidos son Charles Murr, de Nueva York, aunque durante algún tiempo, en los noventa del siglo pasado, fue sacerdote en Guadalajara, México, además de Roylán Recio, de Colorado Springs, así como Juan Razo García, de Saltillo, México.

Extracto del vídeo en el que siete sacerdotes católicos piden por la pronta muerte del papa Francisco en una transmisión en YouTube.

No tiene mayor sentido referirse a la totalidad del vídeo. Vale la pena centrarse, en sus primeros minutos que es cuando se ve al grupo de sacerdotes hacer lo que ellos presentan como una oración para “que el papa Francisco pueda ir al cielo cuanto antes”.

La petición tiene que ver con la crítica que, de un tiempo para acá, hace el núcleo de ese grupo que se identifica a sí mismo como “Sacristía de la Vendée” y como "sacerdotes contrarrevolucionarios", que se identifican como tales en distintas redes sociales como críticos del papa Francisco y de la Iglesia Católica como existe en la actualidad.

El Terror Franciscano

Lo aterrador, sin embargo, es que las quejas de estos y otros sacerdotes, no tienen que ver con cuestiones reales, de fondo o sustantivas para el futuro de la Iglesia. Tienen que ver, más bien, con el enojo que les provocan prácticas sancionadas por la propia jerarquía católica.

Prácticas que no fueron ni inventadas, ni desarrolladas por Francisco. Es el caso, por ejemplo, que en algunos templos se distribuya la comunión en la mano a los fieles. Ello permite que a los fieles se nos trate como algo más que menores de edad a quienes se les debe dar la comunión en la boca.

Ese fue el gran “asunto” al que dedicaron más de una hora de ataques velados, sarcasmos y chascarrillos en honor a quien, en el contexto de la pandemia de la que, en estricto sentido, todavía no salimos en todas partes del mundo, permitió que se distribuyera así la comunión en la mano de manera más general para reducir los contagios.

Ese fue, por cierto, una de las razones que llevó a Francisco a forzar la renuncia de Eduardo María Taussig, obispo de San Rafael, en la provincia de Mendoza, Argentina y a cerrar temporalmente el seminario de esa diócesis a finales de 2022.

Ese seminario se había convertido en uno de los focos de la resistencia tanto al Concilio Vaticano II, la celebración de la misa en español y frente al pueblo, al tiempo que sirvió como una especie de nodriza para el lanzamiento en los ochenta del siglo pasado del Instituto del Verbo Encarnado del superdepredador sexual Carlos Miguel Buela.

Cuando Buela falleció, a mediados del año pasado, Los Ángeles Press publicó una nota con información acerca de las razones que llevaron al cierre del seminario de San Rafael en 2022, que se puede consultar inmediatamente después de este párrafo.

 

 

Que haya esos comunes denominadores entre la oración de estos sacerdotes de España, Estados Unidos y México, y la indisposición de los profesores del seminario de San Rafael en Argentina, no debe obviarse. Al contrario, dejan ver el tipo de "asuntos" o "problemas" que despiertan el mayor odio e intolerancia de la extrema derecha católica a escala global.

No es que Francisco sea perfecto. Creo que, tristemente, ha cometido errores, que -quizás en su descargo- se corresponden con la incapacidad de los fieles de su iglesia para reconocer las causas de los problemas que les aquejan, como se verá más adelante al considerar el caso de los Legionarios de Cristo.

No es que sea, como pretende presentarlo la prensa y los influencers católicos más conservadores, un papa que impulse una agenda de renovación radical de la Iglesia Católica. De hecho, quienes efectivamente asumen agendas de renovación del catolicismo suelen expresar su desazón ante los pocos cambios sustantivos logrados en estos once años.

La aguja del cambio

No hay una sola propuesta impulsada por Francisco que una persona en sus cabales pueda considerar como que implica algún cambio radical en lo que es la estructura tradicional de la Iglesia Católica y mucho menos en la doctrina de esa organización.

Nada de lo hecho por Francisco en estos once años, mueve la aguja del cambio más allá de donde la dejó Pablo VI en 1978, cuando enfermo, cansado y agobiado—en buena medida—por los mismos grupos que atacan ahora a Francisco murió el 6 de agosto de aquel, el año de los tres papas.

Sólo los radicales de derecha, obsesionados con un apocalíptico final del mundo como consecuencia de que las personas reciban la comunión en la mano (algo que ya se había autorizado en los sesenta del siglo pasado) o indignados porque se permita a las mujeres acercarse al altar (algo aceptado por Juan Pablo II mismo), podrían culpar a Francisco de ser un radical o un revolucionario.

El problema está en que Juan Pablo II y, sobre todo, Benedicto XVI, destruyeron con tal vigor los legados de Pablo VI, Juan XXIII e incluso Pío XII, que por eso es posible leer en las páginas de medios de la derecha el lamento inagotable acerca del “papa peronista” o del “papa de izquierda” o, peor aún, del “papa revolucionario” que sólo existe en la imaginación de la extrema derecha.

La derecha católica que brama por la pronta muerte de Francisco le reprocha, por ejemplo, las bendiciones informales y no ritualizadas de las parejas de personas en “situaciones irregulares” contempladas en Fiducia Supplicans, tema del que también se dio cuenta en Los Ángeles Press en su momento.

 

 

Sin embargo, se tiene que ser incapaz de leer (y aun así opinar) para no reconocer que lejos de ser el cambio radical que la derecha católica alega, Fiducia Supplicans confirma de manera clara, puntual que, en términos litúrgicos y canónicos, un perro, un gato o cualquier otra mascota, tiene mayor valor para la jerarquía católica, que una pareja de personas homosexuales o una de personas que, aunque sean heterosexuales, no estén casadas “por la Iglesia”.

Basta ver los elaborados rituales, esos sí sancionados por la jerarquía de la Iglesia Católica con los que se reciben a los perros y gatos en la fiesta de san Antonio Abad, los 17 de enero, en la de san Francisco de Asís, los 4 de octubre, o en las de otros santos, según la usanza en cada país o región para darse cuenta de ello.

De bendiciones a bendiciones

En esos casos, los dueños de perros, gatos o pericos saben que pueden llevar a sus animalitos a la nave o, en algunos casos, al atrio de los templos en los que podría llegar o no a celebrarse una misa, pero en los que está garantizada, eso sí, una muy formal, ritualizada y “liturgizada” ceremonia de bendición, presidida por un obispo, presbítero o diácono.

Eso se puede confirmar en los documentos que se insertan a continuación. El primero es el ritual completo y abreviado para la bendición de animales en español.

 

El ritual para la bendición de animales en español, 1986.

El segundo es el mismo ritual, en sus formas completa y abreviada, en inglés para el mismo propósito.

 

El ritual para la bendición de animales en inglés, 1990.

Finalmente, se presenta el mismo ritual, en versión completa y abreviada de las bendiciones para animales en latín que es, de hecho, la fuente de los dos primeros.

 

El ritual para la bendición de animales en latín, 2013.

Incluso se agrega una bendición breve para animales, en latín, como fue publicada en un pequeño Manual de Sacramentos impreso con la autorización del arzobispado de Oaxaca, a finales del siglo XIX.

 

Novisimo Manual de Sacramentos de la arquidiócesis de Oaxaca, 1893, México. Los textos del Manual alternan el uso del español y el latín.

En cualquiera de tres ediciones recientes en español, inglés o latín, los sacerdotes tienen dos opciones. Un ritual completo, formal y uno breve. Ellos pueden decidir cuál usan. Dependiendo de cuál usen, es que deberán decidir qué tipo de ornamentos o ropas usan para realizar la bendición.

En cualquiera de las tres versiones de ese ritual se estipula la posibilidad de usar el agua bendita, un sacramental que no es la fuente de la bendición, pero que, para muchas personas católicas, especialmente en América Latina, es la razón misma por la que se va a pedir la bendición.

De hecho, en el Manual de Sacramentos de la diócesis de Oaxaca, no sólo se sugería el uso del agua bendita, sino que -de manera expresa- se instruía el uso del agua bendita para completar una bendición muy ritualizada de animales.

Aunque Fiducia Supplicans no dice cosa alguna del uso de agua bendita, tampoco la autoriza de manera explícita. De hecho, ni siquiera la menciona como una posibilidad para completar o complementar la bendición de parejas de personas “en situación irregular”, sean hetero u homosexuales.

Por eso resulta tan difícil comprender cómo es que un documento que, en el mejor de los casos, sólo ofrece un estrecho margen para una bendición “al paso” o “de carrerita”, sin ningún tipo de preparación ni ornamentos de algún tipo, cause tanto enojo en el sector más conservador, reaccionario y recalcitrante del catolicismo que ahora lleva el encono al siguiente plano, con oraciones para que el “papa peronista” muera pronto.

¿Transformación radical?

Quien crea que Fiducia Supplicans es una transformación radical del dogma o incluso de la práctica pastoral del catolicismo, tiene que vivir en un universo que me es completamente ajeno.

La instrucción que desarrollaron los dos argentinos que ocupan dos de las tres posiciones clave en la Curia Romana hoy sólo abre la puerta para que aquellos sacerdotes que, de buena voluntad, quieran impartir una bendición puedan hacerlo sin enfrentar la furia de algún funcionario de una diócesis dominada por clero tradicionalista, reaccionario o conservador. Nada más.

Es cierto que Francisco ha mantenido viva una línea de comunicación con teólogos que especulan con la posibilidad de ordenar, aunque sea como diáconas, a mujeres. Ello marca, no cabe duda, una diferencia respecto de las actitudes intransigentes y autoritarias de Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes solían vociferar su rechazo a cualquier tipo de cambio en este y prácticamente cualquier tema.

Sin embargo, si yo tuviera algún interés especial en impulsar esa reforma en la Iglesia Católica, no podría hacer otra cosa que recordar todos esos chistes que existen en América Latina acerca de las comisiones como la mejor manera de matar cualquier propósito de reforma.

 
Papa Francisco y el obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera. Mayo 1 de 2023. De las redes sociales del obispo Vera.

De hecho, una de las muchas variaciones de esos chistes le atribuye a nadie más que a Juan Domingo Perón, caudillo de la nación argentina, la autoría de esa frase. Dice que el general afirmó en algún momento de su vida: “para que algo no funcione, nada mejor que formar una comisión”.

Hay quien le atribuye esa frase a Napoleón Bonaparte. Otros se la acreditan a Winston Churchill y hay quienes en España se la imputan a Álvaro Figueroa y Torres, un político liberal del accidentado XIX español, a quien se identifica como Conde de Romanones.

Sea quien sea el autor, quien quiera que haya vivido un proceso de “reforma del Estado” de México a Argentina y Chile, sabe del efecto real de las comisiones encargadas de estudiar algo.

Es la única manera en que podría pensar que Francisco ha recurrido al arsenal de estrategias del peronismo: mantener abierto el diálogo, pero dejar en claro que el asunto no se va a mover ni para atrás ni para adelante.

¿Qué otros cambios?

Y no es que falten en Roma ejemplos abundantísimos de que efectivamente, la mejor manera de que no resolver algo es imputándole a una comisión la responsabilidad de resolver algún asunto.

Los dos más cercanos al de la ordenación de mujeres es la ordenación de varones casados, los pomposamente llamados en latín viri probati, es decir, varones de probada conducta.

El otro, infinitamente más doloroso, es el del abuso sexual, asunto en el que la extrema derecha católica tendría que estar más que agradecida con el “papa peronista” porque si algo ha logrado su don de gentes y su capacidad para introducir otros temas y realidades en el discurso religioso, ha sido retrasar cualquier solución real del problema de los abusos.

En el caso de la ordenación de mujeres, cuando Francisco acumula ya más de una década en el cargo, luego de dos comisiones oficialmente a cargo de discutir el asunto, no hay el menor signo de que pudiera haber alguna restauración del antiguo diaconado femenino.

El único delito o pecado o pecado y delito que la extrema derecha católica le puede imputar al “papa peronista” es que en el tema de la ordenación de mujeres haya comprado tiempo con la creación de dos comisiones y, sobre todo, haya parado la cacería no de brujas, pero sí de monjas, que la cerrazón ideológica y mental de Benedicto XVI le había llevado a iniciar en 2009, en la segunda mitad de su pontificado, especialmente contra las monjas estadunidenses, así como contra un obispo australiano que tuvo el coraje para decirse de manera pública e inequívoca a favor de la ordenación de mujeres, William Martin Morris, obispo emérito de Toowoomba, a quien Benedicto XVI defenestró de manera sumaria.

Ese es el gran anatema que la derecha le puede imputar a Francisco: haber parado lo que apuntaba a ser una ronda de excomuniones sumarias contra las monjas estadunidenses.

Cualquier asomo de una reforma que ayudara a resolver de manera creativa, responsable y humana este tema, que en su núcleo plantea la pregunta de si el catolicismo reconoce o no la igualdad radical, fundamental, de varones y mujeres ha sido repudiado de inmediato por los sectores más retardatarios del Colegio de Cardenales, los que encabezan a golpe de falsa piedad y trapos de seda los cardenales Sarah y Burke.

La respuesta del catolicismo a ese dilema es negativa. El catolicismo no reconoce la igualdad fundamental de varones y mujeres. Asume que, como Jesús optó por ser varón, eso ya marcó para siempre una barrera infranqueable para la ordenación de mujeres.

Papalotes bíblicos

Si en realidad existieran barreras infranqueables para los cristianos, ¿por qué los católicos podemos comer cerdo y mariscos hasta la indigestión? ¿por qué los varones católicos no somos sometidos a circuncisión? ¿por qué hicimos un papalote de todas las leyes del Deuteronomio y las otras porciones normativas del Pentateuco?

Y lo mismo puede decirse de una eventual restauración del sacerdocio para los varones casados. Ahí no ha habido una creación formal de alguna comisión que haga lo que en inglés se llama el lip service,  en México rollo y en Argentina la labia, pero Robert Sarah, el cardenal de Ghana, llegó al extremo de fingir que Benedicto XVI había—de alguna “mágica” manera—salido del retiro que él mismo se impuso en 2013, para cargar contra Jorge Mario Bergoglio por haber considerado la posibilidad de que se permitiera a la Iglesia Católica del Amazonas contar con sacerdotes o presbíteros casados.

Ello en el entendido que ahí ni siquiera sería la “revolución peronista” que la torpe derecha católica se imagina, pues es algo que ocurre en las así llamadas iglesias católicas orientales que están en comunión con Roma, como en el caso de los llamados Uniatas de Ucrania, donde los señores curas tienen a sus mujeres y sus hijos y nadie se muere de un soponcio. Y lo mismo sucede con todos los sacerdotes anglicanos que Benedicto XVI recibió en la Iglesia Católica durante su pontificado. A nadie le pidió que renunciara a su esposa o a sus hijos.

En todo caso, las “oraciones” de los curas de la extrema derecha ocurren cuando el obispo de Roma acumula once años en el cargo y es ya una persona de 88 años notablemente disminuida, tan disminuida que las visitas de relativa urgencia al hospital son cada vez más frecuentes, cuando es claro que ya no puede caminar por sí mismo y luego de que debió cancelar el viaje que tenía programado para asistir a la COP 28 a celebrarse en diciembre del año pasado en Dubái.

 

 

En ese sentido, lo que más sorprende de los ataques contra el “papa peronista” o “papa revolucionario” es que ni mueve masas como lo hacía el peronismo en Argentina, ni atenta -en modo alguno- contra las estructuras de poder fundamentales de la Iglesia Católica en las que, a final de cuentas, ser varón, dizque célibe y ordenado garantiza un poder casi absoluto.

Nada indica que pudiera haber algún riesgo para la extrema derecha católica en el horizonte de las posibilidades reales del pontificado que ha estado plagado de gestos muy valiosos, pero que -en estricto sentido- no ha ofrecido, por ejemplo, alguna solución real o tangible a los problemas ya señalados o a otros, como en el caso de los abusos sexuales.

Indigno honor

Es cierto que Francisco carga con el indigno “honor” de ser uno de los poquísimos papas en la historia de la Iglesia Católica que ha tenido que desistirse públicamente de un nombramiento de obispo.

Uno tiene que ser historiador especializado en el catolicismo de la Edad Media europea para dar con algún antecedente de lo ocurrido entre 2015 y 2018 con Juan de la Cruz Barros Madrid, el único obispo del que tengo conocimiento que haya sido forzado a renunciar por el repudio generalizado de los fieles de su diócesis y de su país.

Barros fue uno de los cuatro obispos discípulos y cómplices de Fernando Karadima los, así llamados “obispos de Karadima”, que le protegieron y encubrieron luego de que empezaron a aparecer víctimas dispuestas a denunciar a quien también se apoyaba en una muy densa red de figuras de la política y el empresariado gracias a su cargo como cura de la parroquia del Sagrado Corazón en el barrio de Providencia, una de las zonas más ricas de Santiago de Chile.

La intolerancia de la derecha católica incluso le imputa a Francisco, en las páginas de The Wall Street Journal, las pérdidas millonarias de fieles que han optado por votar con los pies de una iglesia que es cualquier cosa menos acogedora o receptiva.

Los grupos que controlan a The Wall Street Journal, First Things, EWTN, ACI Prensa, entre otros medios, quieren convencer a sus audiencias de que si Benedicto XVI se hubiera mantenido al frente, las cosas serían mejores.

Nunca dicen qué es lo radicalmente distinto hecho por Francisco. En otras palabras, no dicen qué es aquello que, según ellos, hubieran hecho mejor Benedicto XVI o Juan Pablo II.

Sabiendo lo que sé en la actualidad, no me puedo imaginar a Juan Pablo II, por ejemplo, actuar de manera más inteligente cuando le estalló en la cara su relación con Marcial Maciel.

Es decir, hubiera podido hacerlo, pero para ello hubiera tenido que renunciar a la ficción del “Se ve, se siente, padre Maciel está presente” que balbuceaba para celebrar uno de los aniversarios de la Legión de Cristo, en presencia de Marcial Maciel, en Roma. Optó por no hacerlo y por legitimar el atrincheramiento en el que, todavía hoy, como se verá más adelante, vive la Legión de Cristo.

Joseph Ratzinger también hubiera podido hacerlo. De hecho, en mayo de 2005, recién electo, una de sus primeras determinaciones fue la de “castigar” a Maciel, pero todas y cada una de las decisiones que tomó después de la muerte de Maciel, fueron para proteger a la Legión de Cristo y el legado de Maciel.

Ni siquiera la muerte de Maciel le permitió a Benedicto XVI impulsar una reforma profunda de la Legión de Cristo. Aunque las muchas fotografías que solían poblar los sitios de esa orden ya no exhiben a la menor provocación al fundador, los espacios en los que vivió la familia Maciel en Michoacán, siguen siendo objeto de algún tipo de culto público.

El abominable depredador solitario

Lejos de castigar a Maciel y a la cúpula legionaria que hizo posibles los abusos, Benedicto XVI creó la ficción del “abominable depredador solitario”, una bestia mítica, digna de los hermanos Grimm o de Jorge Luis Borges, que era capaz de actuar como lo hizo sin que nadie en la Legión de Cristo, en las diócesis en las que los legionarios tenían obras, en la Conferencia del Episcopado Mexicano o en la Curia Romana misma, se enteraran.

La ficción del “abominable depredador solitario” la repetirían Benedicto XVI y Angelo Sodano primero y luego Tarsicio Bertone con Fernando Karadima, con Carlos Miguel Buela en Argentina, con los “dueños” del Sodalicio de Vida Cristiana en Perú y otros países de América del Sur y con prácticamente todos los depredadores conocidos durante el pontificado de Herr Ratzinger.

 

 

Lo único que agregó, si acaso, fueron los fuegos artificiales de la homofobia que le ofrecía a Benedicto XVI, con algún barniz de cientificidad, el sacerdote y psicoterapeuta francés Tony Anatrella. Fue sólo gracias a que muchas víctimas francesas dieron el paso adelante para denunciar al “experto”, que se le dejó de invitar a Roma y ahora enfrenta las secuelas del proceso todavía en curso.

Incluso en el caso de la Legión de Cristo, si algo debiera molestar a quienes se identifican como católicos es que los legados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI especialmente en materia de su lamentable manejo de los casos de abuso, siga intocado en la “historia oficial” de la Iglesia Católica.

 
Marcial Maciel observa al cardenal Pironio firmar los reglamentos de la Legión de Cristo en 1983. Le observa Vérgez Alzaga, legionario, entonces secretario de Pironio y ahora cardenal.

Y tristemente, el nombramiento del primer legionario de Cristo como cardenal, Fernando Vérgez Alzaga, el antiguo secretario del cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio, deja ver que hay esa dolorosa continuidad que hace más difícil entender qué es lo que le puede reprochar la derecha católica a Francisco, pues es claro que no les interesan los casos de abuso sexual y es claro también que las alegadas transformaciones son más producto de la imaginación de los agraviados que hechos reales que se puedan medir o analizar.

Otra vez los legionarios

Lejos de ello, este viernes 1 de marzo quienes seguimos este tipo de información tuvimos que digerir el que ocurriera un nuevo arresto de un sacerdote de la Legión de Cristo en Calgary, en la provincia de Alberta, Canadá.

John Gannon, fue arrestado por la policía de Alberta a pedido de la policía de la provincia de Ontario, por lo que sería de suponerse que los delitos por los que se le investiga tienen que ver con las actividades que Gannon realizó antes en esa otra provincia de Canadá, donde la Legión de Cristo también opera templos católicos.

 
El boletín de la Legión de Cristo en Canadá.

Gannon era, hasta el viernes, cura de la parroquia de la Ascensión en Calgary, Alberta y salió libre gracias a que el sistema judicial canadiense no pone la prima que impone el mexicano en la así llamada “prisión preventiva”.

La historia de Gannon, sin embargo, está lejos de ser especial o única. Como con muchos otros integrantes de la Legión de Cristo hay quienes lo defienden en México y condenan el hecho que haya sido la Legión misma la que informara, en el escueto comunicado que aparece en inglés inmediatamente antes de este párrafo que el discípulo de Maciel había sido arrestado.

Fuera del hecho que esa parroquia no está en un vecindario o barrio de gente rica, como suele ser el caso con los templos de la Legión de Cristo en México, Chile, España, Estados Unidos e incluso en la provincia de Ontario, en Canadá no hay nada que uno pueda suponer que sea radicalmente distinto del papado de Francisco en este asunto.

 
John Gannon, de la Legión de Cristo en Canadá, en ropas civiles.

Eso es, de hecho, el dolor que aflige a las víctimas de abuso sexual que, en 2013, tenían alguna esperanza de que la llegada de Bergoglio a Roma implicara algún cambio para sus casos o para la manera en que la Iglesia Católica procesa ese tipo de acusaciones.

El problema, visto en otra lógica, es que a pesar del lamentable récord de la Legión de Cristo en México, Estados Unidos, Chile y otros países, hay jóvenes que por razones que no puedo explorar en este momento aquí, continúan ingresando a esa orden religiosa. 

Tristemente esa es la realidad que se desprende de los números que la propia Legión de Cristo publicó en fechas recientes. Claro está que se podría alegar que alguno de los tres papas que han debido lidiar con los excesos de Maciel y sus discípulos debería haberlos suprimido, pero también creo que una medida así no sería necesaria habida cuenta de la mucha difusión que han recibido los casos de abuso en esa orden. Los datos se pueden consultar directamente en el sitio de la Legión de Cristo aquí o se puede consultar el cuadernillo que aparece inmediatamente después de este párrafo.

 

 

Los datos sobre la conformación, a finales de 2023, de la Legión de Cristo.

La realidad es que quienes denuestan a Francisco; quienes, de manera hipócrita, le piden a Dios que lo mate, no pueden decir que lo hagan porque haya actuado de manera sustancialmente distinta a como lo hicieron en su momento Juan Pablo II o Benedicto XVI.

Yo puedo entender que una víctima o el padre o la madre de una víctima de abuso sexual que ha padecido los efectos de los excesos del clero católico pida la muerte de tal o cual jerarca, incluido el papa Francisco, pero escucharlo de quienes, a final de cuentas, deberían agradecerle resulta demasiado absurdo.

La única “orden” católica con casos graves de abuso sexual que ha sido suprimida era la que presidía Fernando Karadima en Santiago de Chile, la Pía Unión Sacerdotal que, en estricto sentido, no era orden, era una agrupación del clero de Santiago y otras diócesis chilenas y por eso el proceso para suprimirlos ocurrió en el ámbito de la capital de Chile.

De ahí que sorprenda tanto la virulencia con la que los sectores más retrógrados de la Iglesia Católica le imputen a Francisco tantos y tan notables males.

Baste apuntar, por último, que el mexicano que aparece en el vídeo en el que se pide por la muerte del papa Francisco es una suerte de sacerdote rebelde de la diócesis de Saltillo. Aunque llegó a ser rector y ecónomo del seminario de esa diócesis, ya desde septiembre de 2022 la prensa local de la capital de Coahuila reportaba a Juan Razo García como “desaparecido”, pues apenas terminó su periodo como rector, que ocurrió poco después de la llegada del actual obispo Hilario González García a esa diócesis, se esfumó.

 
El 1 de diciembre de 2018 Juan Razo García firma el acta de recepción de la rectoría del seminario de la diócesis de Saltillo. Le observa el ahora obispo emérito, Raúl Vera. De las redes sociales de la diócesis.

Esa diócesis mexicana no se ha pronunciado sobre las oraciones por la pronta muerte de Francisco. La que sí lo ha hecho es la arquidiócesis de Toledo, aunque—hasta el momento—todo parece quedar en un manazo del arzobispo Francisco Cerro Chaves de esa jurisdicción de la Iglesia Católica, como se puede ver en el comunicado que se reproduce a continuación y que está disponible aquí también.

 
El comunicado de la arquidiócesis de Toledo, España.

Luego de la publicación del comunicado de la arquidiócesis de Toledo, los sacerdotes españoles que pidieron por la muerte del papa Francisco desestimaron las críticas que se les hicieron, se presentaron a sí mismos como víctimas de una campaña para silenciarlos y cancelarlos, al tiempo que reprochaban a la prensa católica de España el que les criticaran.

Sus reproches llevaron a que compararan a Vida Nueva Digital y Religión Digital, dos de los más conocidos portales católicos de información y opinión, con la organización terrorista ETA, al tiempo que ellos se presentaban como víctimas tanto de esos portales como de los obispos católicos de España.

Aunque no hicieron la comparación de Vida Nueva Digital en la red social antes conocida como Twtitter, vale la pena considerar la "explicación" que dieron a su conducta en YouTube.

La semana próxima concluiré con más detalles de los involucrados en esta nueva práctica de los sacerdotes de la Iglesia Católica en España, Estados Unidos y, sobre todo, del sacerdote mexicano en ese grupo que se reúne para pedir a Dios por la pronta muerte del papa en funciones.