Una prioridad que no lo es: abuso sexual en octubre de 2026:

Rodolfo Soriano-Núñez

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Tanto en Argentina como en Perú, León XIV enfrentará los temas pendientes que dejó el papa Francisco en materia de abuso sexual en la Iglesia Católica.

El nuncio papal en Argentina escogerá a víctimas de abuso sexual que siguieron “la ruta canónica”, mientras que en Lima, el papa Prevost deberá enfrentar su propio legado de manejo de abuso en Chiclayo.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

Esta semana, mientras aún se espera el tercer informe anual sobre abuso sexual a manos de clérigos por Tutela Minorum, la próxima visita de León XIV a América Latina ya muestra problemas similares a los que ya enfrentó durante sus visitas a España y Francia.

Por si fuera poco, las noticias procedentes de Bolivia sobre un nuevo pedido de los sobrevivientes del abuso sexual a gran escala por miembros de la Compañía de Jesús, los llamados jesuitas, que tratan de que la Iglesia Católica ofrezca una respuesta clara más allá de las declaraciones de cajón tan comunes en Roma, en las grandes metrópolis de la América Latina, hasta las parroquias más pequeñas y pobres.

En cuanto a la visita pastoral a Uruguay, Argentina y Perú, la Santa Sede, las conferencias episcopales y otras entidades católicas han hecho todo por despertar interés. Incluso otras instituciones se han sumado al entusiasmo. El jueves, la principal universidad de Argentina, la Universidad de Buenos Aires, anunció que concederá un doctorado honoris causa al papa Prevost por sus esfuerzos en la promoción de la paz.

Incluso la idea, bastante improbable, de cancelar el viaje desempeñó un papel, tras la intervención quirúrgica del papa en la que se le detectaron síntomas tempranos de cáncer de pulmón. Lo cierto es que, si se presta la suficiente atención, nunca estuvo realmente en riesgo de que se cancelara.

El cardenal Pietro Parolin, de 71 años, titular de la Secretaría de Estado, fue la única voz dispuesta a hablar sobre el tema, tal vez en un intento de proteger al papa al ofrecer algún margen de maniobra diplomático.

Sin embargo, la tajante reacción en contra de su sobria y contenida declaración, reveló menos sobre un riesgo para la gira que sobre la rapidez con la que se evidenció qué tan aislado está Parolin desde el año pasado, cuando confirmó el viejo adagio italiano sobre quienes entran al cónclave como papa sólo para salir como cardenal. Fue durante la breve telenovela de una posible cancelación del viaje cuando surgieron en Roma noticias sobre una reunión con víctimas tanto en Argentina como en Perú.

Tal vez por lo sucedido en España, donde la reunión con sobrevivientes de abuso sexual devino en un conflicto, María Teresa Compte Grau, una de las responsables de Acogida Betania, una organización sin ánimo de lucro que trabaja allí, criticó la forma en que se gestionó el encuentro, pues obliga a las víctimas a competir entre sí. No en balde, la Red Argentina de Sobrevivientes —la más antigua en el ámbito hispanohablante— declaró carecer de interés en reunirse con León XIV, como se narra en el texto enlazado después de este párrafo.

Gambito argentino

Que una reunión en Argentina entraña riesgos ha sido reconocido implícitamente por el propio Vaticano. A diferencia de lo ocurrido tanto en España como en Francia, donde los obispos locales decidieron quién tendría la oportunidad de reunirse con el papa, con enfoques y resultados marcadamente diferentes, en Argentina la decisión recaerá en el recién nombrado nuncio, el prelado nacido en Estados Unidos Michael Wallace Banach.

Es difícil evaluar qué tan acertado es pedir a Banach esa tarea, pues apenas presentó sus Cartas Credenciales a Javier Milei el 31 de julio de 2026. Por un lado, cabría esperar que un prelado nacido en el Norte global hubiera absorbido algo de la experiencia que la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha desarrollado a lo largo de más de 40 años de crisis de abuso sexual del clero.

Por otro lado, es realmente difícil saber qué tan familiarizado está Banach con un país tan complejo, especialmente en este tema, como Argentina, donde los esfuerzos del papa Francisco por promover cambios en la materia chocaron con su propia disposición a proteger a prelados acusados de abuso.

Michael Wallace Banach (izq.), nuncio apostólico en Argentina y Pablo Quirno, canciller argentino, junio de 2026. De las cuentas de redes sociales de la Cancillería Argentina.

A pesar de que el papa Bergoglio tiene el mérito de haber creado Tutela Minorum, la entidad encargada de prevenir el abuso sexual del clero, y de haber promovido un mínimo de rendición de cuentas al obligarla a ofrecer un informe anual, a punto de publicarse este año, el pontífice argentino también se llevó a Roma al menos a un obispo acusado de abusos para protegerlo en última instancia del escrutinio y de los posibles efectos de las investigaciones judiciales en Argentina, un recuerdo sombrío de lo que hizo Juan Pablo II para ayudar a Bernard Law a evitar las consecuencias de su mala gestión de abusos sexuales en Boston en 2004.

El prelado es Gustavo Óscar Zanchetta, un obispo ahora emérito a la “tierna” edad de 62 años, que fue uno de los primeros “obispos de Francisco”, pues fue nombrado apenas cinco meses después de que Jorge Mario Bergoglio apareciera en el balcón principal de la plaza de San Pedro como el entonces recién elegido pontífice.

Cualquier esperanza de que Zanchetta se convirtiera en la vanguardia de una amplia renovación del episcopado argentino y latinoamericano impulsada por una generación de obispos alineados con las prioridades de Francisco se disipó pronto. Cuatro años después de su nombramiento como obispo de Orán —una diócesis aislada en el norte de Argentina, a mil 420 kilómetros al norte de Buenos Aires—, Zanchetta fue trasladado a un oscuro cargo en Roma, como funcionario de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica.

Su traslado a tal función ya era una admisión de derrota, pues los supuestos méritos que le convertían en un “pastor con olor a oveja” resultaron del todo inútiles. Poco después, la razón de su salida hacia Roma se hizo evidente al surgir acusaciones de abusos. El texto enlazado después de este párrafo es una entrevista con una de las víctimas de Zanchetta, un antiguo seminarista de la diócesis de Orán, que ofrece detalles sobre lo sucedido allí.

Gracias a la presión de las víctimas en Argentina, Zanchetta fue destituido como funcionario de la Administración con poca o ninguna explicación real. Ahora vive en el limbo canónico y judicial que hace tan difícil creer en la justicia para las víctimas de abusos sexuales del clero en Argentina o en cualquier otra parte de América Latina.

Jaulas de oro

Al menos en el papel, Zanchetta fue declarado culpable, pero con la ayuda de amigos en Argentina, al decirse víctima de una cadena aparentemente interminable de enfermedades difíciles de creer para un hombre de su edad, ha conseguido evitar la cárcel y ha pasado gran parte de su condena, más bien irrelevante, en proverbiales “jaulas de oro”: primero, con el acceso a una atención sanitaria de nivel europeo y, después, cuando fue imposible evitar el regreso a Argentina, en una instalación gestionada por la propia Iglesia Católica.

Como tal, la instalación, descrita por la jerarquía católica como “un convento”, carece de supervisión e incluso si supuestamente se le obliga a pasar allí sus días, no hay un control real sobre el cumplimiento de medidas que restrinjan su libertad de movimiento, muy lejos de las condiciones a las que se enfrentan los delincuentes argentinos en las prisiones locales. Lo que es peor: hay poco en forma de un reconocimiento significativo de lo sucedido en su diócesis y aún menos disposición a compensar a sus víctimas.

No debería sorprender que los medios de comunicación de extrema derecha que libraron una guerra de diez años contra el papa Bergoglio, como Infovaticana en el mundo hispanohablante o The Catholic Herald en el ámbito anglófono, invocaran con frecuencia el caso Zanchetta como ejemplo de lo selectivos que eran los esfuerzos de Francisco, tanto a la hora de frenar a organizaciones de tipo sectario con un historial conocido de abusos, como el Sodalicio de Vida Cristiana peruano, como a la hora de avanzar su programa más amplio de reformas basado en la sinodalidad.

Banach es un diplomático vaticano experimentado, quien cumple ya su quinta misión como nuncio en países u organizaciones internacionales de todo el mundo, pero ¿sabe realmente a quién va a invitar a reunirse con el papa? ¿Considera los efectos de quién recibe o no dicha invitación?

El principal problema de muchos nuncios es que están entrenados mayormente para tratar las peculiaridades complejas de las relaciones Iglesia-Estado en distintos países, lo que los capacita para negociar los detalles de acuerdos diplomáticos en los pasillos del poder, ya sea en la Casa Rosada, la sede de la presidencia en Buenos Aires, o en algún palacio de gobierno en París o Berlín, pero no tanto para ponerse en la piel de sobrevivientes y comprender el tipo de infierno en vida que han vivido durante años.

Como relata Matías Montes, el superviviente argentino que testificó contra Zanchetta en el texto citado, muchas de las personas que solían alabarle tras su ingreso en el seminario de Orán pasaron a atacarle e incluso a maldecirle a él y a su familia después de que narrara los detalles de su experiencia como seminarista.

En Francia, la única invitación significativa cursada por la conferencia de obispos a la reunión privada con León XIV se envió a Jean-Marie Delbos, un sobreviviente del abuso a gran escala en el colegio católico de Bétharram, a última hora, más para controlar los daños y evitar el desastre ocurrido en Madrid semanas antes que como un reconocimiento de los muchos errores cometidos por varias diócesis en Francia a lo largo de los últimos 40 años al gestionar el abuso sexual del clero.

Meses antes de la visita de León XIV a Francia, había pocas o nulas expectativas de cambios reales en lo que respecta a la crisis de los abusos sexuales del clero, según informaba la entrevista a Camille Rio, un sacerdote francés disponible tras este párrafo.

La información bastante imprecisa que se hizo pública a lo largo de las últimas semanas de octubre parecía dar a entender que los potenciales invitados a la reunión en Argentina sólo serán aquellos sobrevivientes dispuestos a cursar la arcana “vía canónica”, en lugar de las vías civil y/o penal, donde los sobrevivientes tienen la oportunidad de seguir al menos el detalle de su proceso. En ese sentido, no debería sorprender que, de nuevo, como ocurrió en España y Francia, el encuentro sea “privado” y se mantenga fuera del itinerario oficial como si nunca hubiera ocurrido.

Por si fuera poco, el contexto en el que se desarrolla la visita de León XIV a Argentina no es precisamente el mejor. Por un lado, está la cuestión de la extrema polarización en la esfera pública, con Milei siempre dispuesto a insultar no solo a la izquierda política, sino al menos cuando era candidato a la Presidencia, al propio papa Francisco.

Aunque algunos estuvieran dispuestos a desestimar esos ataques y asumir que el propio papa Francisco tuvo la bondad de reconciliarse con Milei en febrero de 2024, como narra el texto enlazado después de este párrafo, los ataques contra el tipo de catolicismo promovido por Bergoglio están lejos de haber cesado.

Aunque Milei evita estos días los insultos y ataques que usó contra el papa Francisco, al que llegó a calificar en una entrevista de “representante del Maligno en la Tierra”, sus subalternos están más que dispuestos a atacar a Jorge García Cuerva, el sucesor de Francisco en la arquidiócesis de Buenos Aires.

De forma reveladora, para hacerlo utilizan los mensajes cifrados, silbidos de perro o dogwhistles que les llaman en inglés, que se encuentran en Estados Unidos por parte de Donald Trump y sus portavoces cuando atacaban a Francisco y, más recientemente, cuando tachan al papa Prevost de “débil con el crimen” o, más ampliamente, de “débil” debido a su oposición a la pena de muerte, su falta de voluntad para unirse al “Consejo de Paz” de Trump o sus críticas a las inhumanas políticas migratorias del mismo presidente de Estados Unidos.

En este sentido, no es claro cuáles son los objetivos de una reunión con sobrevivientes elegidos por Banach, un prelado que, de nuevo, tiene las credenciales para ser el nuncio en Buenos Aires, pero que difícilmente posee el conocimiento de los entresijos de la política argentina o la “memoria muscular” de por qué Francisco evitó en última instancia regresar a su país natal.

Al centro, Javier Milei y su hermana Karina durante la misa de exequias del papa Francisco en Roma, 26 de abril de 2025. Imagen de Mazur del álbum disponible en www.flickr.com/photos/catholicism/albums/72177720325494232/.

Al otro lado de los Andes

Aunque nada similar ha ocurrido en Perú, durante la última semana de octubre una red de supervivientes de ese país publicó un comunicado severo que resume lo cansados que están de la falta de avances reales en los numerosos casos de abuso sexual a cargo del clero allí, pero también de cómo los encuentros con las víctimas aportan una resolución nula o casi nula al problema.

La tarjeta electrónica publicada en el mensaje de redes sociales que aparece arriba afirma lo felices que están por su visita a su país de adopción, recuerda explícitamente cómo los obispos de España eligieron sobrevivientes a modo, con la severa conclusión en la tinta roja en la última línea en que piden cambios en lugar de fotografías.

Más revelador aún es que la declaración se produjera después de que lo que solía ser Twitter se convirtiera en un campo de batalla en el que José Enrique Escardó Steck desempeñó un papel destacado. Escardó fue una de las primeras voces en denunciar los abusos que él y muchas otras personas sufrieron como aspirantes a miembros del Sodalicio de Vida Cristiana en el primer año de este siglo.

Como tal, ha estado en la vanguardia de una batalla para contar la verdad sobre lo que sucedió allí, una batalla que se ha desarrollado en un contexto mucho más difícil que los de México o Argentina, donde los medios enfrentan menos restricciones y donde los sobrevivientes tienen algún derecho a publicar sin el temor perpetuo a ser alcanzados por “medidas cautelares” o amenazas de litigios.

A lo largo de sus hilos en las redes sociales, Escardó recuerda con frecuencia lo difícil que ha sido para él y para otros sobrevivientes y periodistas denunciar abusos, y mucho más publicar testimonios.

Más recientemente, Escardó lideró la carga contra la absurda decisión de la Sala Stampa del Vaticano de acreditar para el tramo peruano de la gira en América Latina de León XIV a La Abeja, un sitio web conocido por su apoyo radical a la idea de que nunca ocurrió abuso alguno en el Sodalicio de Vida Cristiana y de que la sola noción de algo similar a una crisis de abuso sexual en Perú (u otro lugar) es “fake news”.

La Abeja pertenece al ecosistema “mediático” católico conservador radical que, hasta el día de hoy, presenta a su iglesia como la víctima perpetua de una conspiración amplia y profunda que legitima los ataques contra las víctimas y sus familias de los que habla Matías, el sobreviviente argentino.

La Abeja es un sitio web que pretende ser un medio de comunicación, pero que en realidad pertenece a una red más amplia de sitios web u organizaciones que libran lo que en América Latina se describe como una “batalla cultural”, a veces “guerra cultural”, contra un enemigo difusamente identificado, según el modelo del psicólogo canadiense Jordan Peterson, mediante la vaga noción de “marxismo cultural”.

Al igual que las guerras culturales en Estados Unidos, la “batalla cultural” en América Latina se libra con el aborto como el clivaje político, el único criterio para elegir un bando, y sin piedad para quien desafíe una prohibición total y absoluta de lo que en algunos casos ni siquiera se acepta como un procedimiento médico legítimo, sino que a menudo se describe como homicidio.

Cabe señalar que el “marxismo cultural” no es en absoluto una categoría científica. Es parte de la contribución de Peterson a las guerras culturales que afectaron a Canadá y Estados Unidos en la primera década de este siglo. Es una categoría vaga, un cajón de sastre que ha sido fácilmente instrumentalizado para abarcar a cualquier persona, grupo u organización a quienes los líderes de la “batalla cultural” decidan destruir.

Una figura clave de la versión peruana de la “batalla cultural” a lo largo de la última década aproximadamente ha sido Giuliana Caccia. Ella tiene la “distinción” de haber sido blanco de una forma inusual de excomunión dictada por el papa Francisco, después de que Caccia y uno de sus aliados fueron a la Nunciatura en Perú para levantar un reporte falso de abuso contra un sobreviviente de abuso en el Sodalicio.

Su verdadero objetivo no era esa víctima, a la que estaban dispuestos a revictimizar con tal de desacreditar a un sacerdote y funcionario del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Jordi Bertomeu Farnós, un monseñor español que ha desempeñado un papel fundamental en las investigaciones sobre el super depredador chileno Fernando Karadima y en la relativa al Sodalicio de Vida Cristiana. El texto enlazado después de este párrafo detallaba, en su momento, cómo y por qué el papa Francisco dictó un decreto de excomunión que incluía una multa contra Caccia y su compañero en ese delito (canónico).

No es claro cuál era el objetivo de la Sala Stampa al acreditar a La Abeja, más si se considera que el sitio web atacó repetidamente a Robert Prevost, el entonces obispo de Chiclayo, cuando presidía la comisión encargada de prevenir abusos en la Conferencia Episcopal Peruana.

¿Era una forma de “fumar la pipa de la paz” con La Abeja y lo que ese sitio web representa en el Perú y en América Latina? ¿Fue un intento de tender un puente con la extrema derecha peruana y latinoamericana más radical? ¿Para lograr qué? ¿Es un signo de lo que está por venir en la Sala Stampa cuando tome posesión la nueva prefecta del Dicasterio para la Comunicación, la antigua directiva del canal de televisión por cable de Estados Unidos EWTN María Montserrat Alvarado?

Lo que está claro es que la decisión de acreditar a La Abeja se salió por la culata y planteó más preguntas sobre qué tipo de criterios usará la Conferencia Episcopal Peruana al cursar invitaciones para la reunión del papa con sobrevivientes.

A lo largo de los últimos años, esta serie ha seguido el detalle de la supresión del Sodalicio, que sigue siendo una incógnita. La más reciente de esa subserie se publicó hace unos meses cuando el cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, el actual arzobispo de Lima, presidió una misa y un acto público para pedir perdón a su nombre y el de un número tristemente reducido de obispos peruanos, como narró el texto enlazado abajo.

Ninguno de los actuales líderes de la Conferencia Episcopal Peruana estuvo presente, lo que es, por sí mismo un sombrío recordatorio de qué tan difícil es suprimir en realidad a organizaciones depredadoras y similares a sectas como el Sodalicio.

El contexto es la clave

El asunto es aún más complejo en el Perú, ya que tanto el actual presidente de la conferencia como el anterior secretario general del organismo han sido citados en los escándalos que afectan a sus propias diócesis.

Antonio Santarsiero Rosa, obispo de Huacho, es el anterior secretario general del episcopado. Su caso apareció detallado en el texto enlazado antes de este párrafo y, al igual que Zanchetta en Argentina, ha sido acusado de abusar de seminaristas en su propia diócesis.

El actual presidente de la conferencia es Carlos Enrique García Camader, obispo de Lurín, a quien se acusa de encubrir a Omar Sánchez Portillo, un cura-celebridad con un perfil de activismo social y declaraciones públicas de un conservadurismo radical contrario al aborto, mezclado con el incesante deseo de publicar fotos y vídeos de sí mismo mientras “ayuda” a personas marginadas en su diócesis y en otros lugares de Perú para elevar su perfil en las redes sociales.

Su compleja relación —en la que Sánchez Portillo tiene un perfil de redes sociales de mayor alcance que las cuentas combinadas de García Camader y la diócesis de Lurín— fue el tema de la entrega enlazada después de este párrafo.

Cabe señalar, como hicieron los textos sobre Santarsiero y García, que ambos obispos fueron promovidos por el arzobispo emérito de Lima, Juan Luis Cipriani Thorné. Además de ser el primer cardenal miembro del Opus Dei, Cipriani fue objeto de una “medida disciplinaria” por el finado papa Francisco por el abuso de un menor varón cuando era sacerdote.

Lamentablemente, tras décadas de prácticas secretas y una equivocada expectativa de que Cipriani hubiera reconocido sus propios errores, la “medida disciplinaria”, el proverbial jalón de orejas, sólo se hizo pública después de que Cipriani ignoró la autoridad del papa en funciones para imponer tales sanciones, como narró la sección “Eje Lima-Madrid-Roma” del texto enlazado tras este párrafo en enero de 2025.

Por invitación de su compañero del Opus Dei y alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, Cipriani se dejó ver en público con vestimenta clerical durante su estancia en Lima a principios de 2025, semanas antes de la muerte del papa Francisco. Poco después, medios de comunicación tanto de Madrid como de Lima publicaron un informe filtrado con los detalles de las “medidas disciplinarias” del papa Francisco.

Lejos de reconocer mala conducta alguna, Cipriani redobló su desafío a la autoridad del papa y, fiel al machote de la victimización usado por muchos otros depredadores antes, la llamada estrategia DARVO (por las siglas en inglés de denegar, atacar, invertir la condición de víctima y ofender), el arzobispo emérito de la capital peruana se presentó a sí mismo como víctima de un ataque.

Tras la muerte del papa Francisco, Cipriani acudió a Roma para participar en los funerales públicos del finado pontífice, para burlarse de nuevo de las “medidas disciplinarias” impuestas por el papa Bergoglio.

Por si fuera poco, está la cuestión apremiante del propio historial de Robert Prevost como obispo de Chiclayo al gestionar casos de abusos sexuales del clero allí. Esta serie publicó una entrega cuando Prevost era aún el prefecto del Dicasterio para los Obispos y, como tal, el presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, enlazada tras este párrafo.

Por muy adelantado que estuviera Prevost respecto a sus colegas obispos peruanos en materia de prevención, al traducir y adaptar al español y a su diócesis, materiales ya elaborados por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos sobre el tema de la prevención, poco o nada se ha avanzado en el terreno de la reparación a las víctimas de abusos en la diócesis de Chiclayo.

Uno de los casos más notables de Chiclayo es el de Ana María Quispe Díaz quien, junto a dos de sus hermanas, fue víctima de quien era entonces un sacerdote de Chiclayo. Ella se ha convertido en una celebridad a su pesar, obligada a volver a narrar su caso una y otra vez y a enfrentarse a lo débil que ha sido la respuesta tanto de las autoridades como de la jerarquía peruana, según detalla el texto enlazado después de este párrafo.

Además, no hay algún informe claro sobre el tipo de sanciones, si las hay, que se han impuesto a clérigos implicados en tales casos. Todo lo que queda es la percepción de un intento de dejar que el asunto “muera”, como ocurre con tantos otros casos de abusos sexuales del clero en Perú y en toda América Latina.

El papa León XIV ora durante la misa de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, 29 de junio de 2025. Del álbum de Mazur disponible en www.flickr.com/photos/catholicism/albums/72177720327240540/.

Post Data

Aunque el papa León XIV no visitará Bolivia este año, lo más probable es que sus equipos, especialmente aquellos especializados en la región andina, deban estar muy activos informando sobre los últimos acontecimientos en ese país.

Allí, los supervivientes de los abusos a gran escala en el Colegio y Hogar Católico Juan XXIII, una instalación gestionada durante muchos años por los jesuitas, piden que la Iglesia Católica castigue realmente, con sanciones que lleguen hasta la excomunión, a los clérigos responsables de los abusos cometidos allí. Lamentablemente, aunque tal posibilidad exista, las probabilidades de que Roma eche mano de semejante recurso contra los depredadores son más bien escasas.

Por enrevesado que resulte, si Roma estuviera dispuesta a imponer semejante castigo, perdería también una de las pocas palancas de presión que le quedan sobre el clero depredador. Basta observar el comportamiento de quienes han incurrido en tal castigo, el cual, por si fuera poco, es sólo simbólico.

Después de que Juan Pablo II excomulgara a los obispos Marcel Lefebvre y Antônio de Castro Mayer, los dos prelados que el 30 de junio de 1988 estuvieron dispuestos a consagrar a Alfonso de Galarreta, Bernard Tissier de Mallerais, Bernard Fellay y Richard Nelson Williamson, toda comunicación real con los líderes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X llegó a su fin; e incluso si Benedicto XVI perdió mucho tiempo y esfuerzo a la búsqueda de una reconciliación, nunca se logró alguna y tres de ellos estuvieron dispuestos a repetir la dosis a mediados de este año.

Lamentablemente, la forma en que Roma trata a los sobrevivientes de abuso sexual a menudo los arrincona hasta el punto de pedir medidas que, aunque puedan tener cierto impacto cultural y simbólico, acabarían por favorecer a los depredadores, ya que quedarían libres de sus obligaciones como clérigos en la Iglesia Católica.

La petición de los sobrevivientes bolivianos es significativa, pero en última instancia ayudaría a la Iglesia Católica a desestimar cualquier responsabilidad con respecto a los individuos señalados por los sobrevivientes como objetivos de tal castigo.

Por último, la Conferencia del Episcopado Mexicano contó con la presencia del secretario general de Tutela Minorum (contenido en inglés), Luis Manuel Alí Herrera, un antiguo obispo auxiliar en Bogotá, Colombia, a quien el papa Prevost nombró, en enero, “vicario apostólico” de la Basílica de Santa María la Mayor en Roma.

La visita de Alí Herrera a México, los días 27 y 28 de octubre, tuvo como objetivo participar en un encuentro nacional de las comisiones diocesanas responsables de la prevención del abuso sexual del clero en ese país. Más que la reunión en sí, lo que merece atención es el hecho de que la Conferencia del Episcopado Mexicano rediseñó el micrositio donde se encuentra cierta información sobre dichas comisiones.

Aunque ahora afirman que 95 diócesis cumplen plenamente con el requisito de tener una comisión, la información sigue siendo insuficiente. En algunos casos, los archivos PDF con los datos de cada diócesis se han extraviado; en otros, en lugar de ofrecer los nombres reales de los miembros de cada comisión diocesana, el micrositio de la CEM enlaza a páginas aleatorias dentro del mismo dominio; y, en otros, enlaza a sitios web diocesanos que no facilitan la información solicitada.

En las próximas semanas se ofrecerá un análisis más detallado de los cambios recientes, incluyendo cuántos miembros de tales comisiones son clérigos, lo que convierte a dichas comisiones en una propuesta difícil de creer, ya que la expectativa es que sean clérigos quienes vigilen a clérigos depredadores.

La cuestión clave para el viaje de León XIV a América Latina no es si se reúne con sobrevivientes en Argentina o Perú, ni si los obispos de Bolivia o México están dispuestos a emitir nuevos comunicados, rediseñar sitios web o convocar nuevas comisiones. Esas cosas son bastante fáciles de hacer. La pregunta más difícil es por qué, tras décadas de revelaciones, escándalos, informes, reformas, disculpas y promesas, los supervivientes de toda América Latina siguen describiendo muchas de las mismas frustraciones.

Ahora, los sobrevivientes bolivianos solicitan lo que podría ser el castigo definitivo para un buen católico practicante, pero ¿quién podría confiar en que depredadores sexuales que constantemente violaron la santidad de los sacramentos sean atemorizados por un castigo puramente simbólico?

Desde los debates sobre quién es invitado a una reunión con el papa, hasta la incertidumbre sobre las sanciones, las reparaciones y la transparencia, el patrón sigue siendo el ya conocido. Mientras Tutela Minorum se prepara para publicar su tercer informe anual, el reto al que se enfrenta la Iglesia Católica no es comprender la crisis. Es demostrar, con hechos y no con declaraciones, que el abuso sexual del clero se ha convertido finalmente en la prioridad que tanto ha afirmado ser.

Quizá por eso, a pesar de los muchos cambios de los últimos veinte años, la crisis sigue siendo difícil de resolver. El debate ya no gira en torno a si el abuso existe o si son necesarias reformas. La cuestión es si el tema se ha convertido verdaderamente en una prioridad para la conducción de la Iglesia Católica. En toda América Latina, la evidencia es, en el mejor de los casos, contradictoria.

Una vista panorámica de la sala principal de la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano durante la reunión encabezada por Luis Manuel Ali Herrera con miembros de las comisiones diocesanas para prevenir abuso en México, octubre de 2026. Imagen de las redes sociales de Tutela Minorum.

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Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.

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Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.