Daniel Lee Jueves, 20 de Agosto del 2026, 09:12
En EEUU, la caída del empleo entre trabajadores mexicanos reduce su capacidad de enviar remesas y aumenta la presión económica sobre sus familias.
Por Daniel Lee
Por años, la migración mexicana hacia Estados Unidos ha sido contada principalmente desde la frontera, las deportaciones, las redadas y la política migratoria. Pero hay un dato que obliga a cambiar la conversación: los mexicanos están perdiendo empleos en Estados Unidos a una velocidad que ya no puede considerarse un fenómeno aislado.
El Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA) documentó que durante el primer trimestre de 2026 el empleo de los trabajadores mexicanos inmigrantes se redujo en 664 mil 589 ocupaciones, una caída anual de 8.9 por ciento, hasta ubicarse en 6.82 millones de trabajadores. La contracción se concentró particularmente entre los hombres, cuyo empleo disminuyó 13.4 por ciento.
No es un número menor. Detrás de esos 665 mil empleos hay familias, hipotecas, rentas, negocios, cuentas por pagar, hijos que dependen de un ingreso y comunidades enteras que viven de la actividad económica de los trabajadores mexicanos.
Y hay algo todavía más preocupante: la pérdida no se concentra en un solo sector. CEMLA reporta descensos superiores a 300 mil empleos en la construcción, cerca de 230 mil en servicios profesionales y administrativos y alrededor de 90 mil en manufacturas.
No solamente estamos frente a una crisis migratoria; estamos frente a una crisis laboral de los mexicanos en Estados Unidos.
Durante demasiado tiempo se ha reducido al migrante mexicano a la condición de trabajador que llega, produce y envía dinero. Esa mirada es incompleta y, ante la realidad actual, peligrosamente insuficiente. El migrante también es consumidor, contribuyente, propietario, empresario, padre, madre, trabajador especializado y parte indispensable de la economía estadounidense.
En 2025, los trabajadores de origen mexicano representaron 19 millones de ocupados en Estados Unidos, equivalentes al 11.6 por ciento del empleo total del país; de ellos, 7.2 millones eran inmigrantes mexicanos. CEMLA señala que esa fuerza laboral equivalía al 84.5 por ciento del número de trabajadores asegurados por el IMSS en México.
Es decir, estamos hablando de una fuerza laboral gigantesca. Por eso, cuando cientos de miles de mexicanos dejan de trabajar, no desaparece solamente un ingreso individual: se mueve una pieza importante de la economía de Estados Unidos y, por consecuencia, de la economía mexicana.
La segunda parte de esta historia está en las remesas.
Los trabajadores mexicanos inmigrantes generan una masa salarial enorme y una parte de esos ingresos llega a México en forma de remesas. Por ello, cuando disminuye el empleo, disminuye también la capacidad potencial de enviar recursos. CEMLA advierte precisamente que el empleo y la masa salarial de los trabajadores mexicanos inmigrantes constituyen la fuente del financiamiento del ingreso por remesas.
México no debería ignorar: los paisanos están siendo sometidos a una presión laboral creciente mientras siguen sosteniendo económicamente a sus familias y, en buena medida, a la economía mexicana.
La discusión pública no puede limitarse a cuántos mexicanos fueron detenidos o deportados. Hay que preguntar cuántos perdieron su empleo, cuántos dejaron de buscar trabajo por miedo, cuántos regresaron a México, cuántas familias dejaron de recibir ingresos y qué está haciendo el gobierno mexicano frente a ese escenario.
Si Estados Unidos está reduciendo la participación laboral de una parte importante de la población mexicana, México no puede permanecer como espectador.
Tampoco sería responsable afirmar que cada empleo perdido es consecuencia directa de las políticas migratorias. El mercado laboral estadounidense tiene múltiples factores económicos y sectoriales. Pero sería igualmente irresponsable ignorar el contexto: la contracción del empleo mexicano ocurre después de una tendencia que comenzó a finales de 2024 y se profundizó durante 2025 y los primeros meses de 2026.
La señal es suficientemente clara para encender las alertas.
Tengamos en cuenta esto, porque es muy en serio: México necesita prepararse para un escenario en el que una parte de sus trabajadores en Estados Unidos enfrente mayores dificultades para conservar su empleo, permanecer en el país o mantener el mismo nivel de ingresos. Eso significa fortalecer programas de reinserción laboral, reconocimiento de capacidades, emprendimiento, vivienda, seguridad social y vinculación productiva para quienes regresen.
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