Alberto Farfán Martes, 07 de Julio del 2026, 08:35
Clara Brugada opera desde una red de lealtades institucionales que convierte la administración pública en maquinaria de ventaja electoral.
Por Alberto Farfán
De un tiempo a la fecha ha surgido una especie de sortilegios o conjuros que se emiten una y otra vez sobre todo por las mañanas en Palacio Nacional. Primero fue el expresidente Andrés Manuel López Obrador y en la actualidad la primera mandataria, Claudia Sheinbaum Pardo, aunque también Clara Brugada Molina, jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
Tales ensalmos en principio se dirigen a todos los miembros del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), ya que con ello pasan a ser dignos e impolutos representantes del pueblo. En segundo lugar, para hacer una clara distinción de que Morena “no es igual que los demás partidos” de oposición, como el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional, es decir: corruptos, convictos de latrocinio, del huachicol, de fraudes electorales, de censura, de autoritarismo, de violencia hacia la ciudadanía, de acarreos mediante coerción, de no pagar impuestos o de estar vinculados con la delincuencia organizada. “No somos iguales”, repiten hasta el cansancio, al grado de que las circunstancias ya se les revirtieron.
Pongamos sobre la mesa un solo ejemplo. Cuando Clara Brugada realiza la entrega de tarjetas para obtener alguno de los programas sociales que otorga el gobierno a la ciudadanía —también usted y yo con nuestros impuestos— arma todo un espectáculo. Se posiciona en el Zócalo o en alguna otra explanada y desde ahí habla de las bondades de este apoyo, mientras mantiene de rehenes a la gente que convocó obligatoriamente, porque si no asisten pierden todo el derecho a ello. La señora como buena protagonista hace gala de su labor administrativa y de las políticas públicas de su estadía como una alcaldesa humanista ligada al pueblo. En tanto que los acarreados convocados deben seguir el guion de aplaudir y gritar consignas favoreciendo a Brugada y a su mandato. Todo lo cual lo hizo el PRI en sus mejores tiempos con el objeto de que en época de elecciones se votara por él.
Sin embargo, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos existe el artículo 134, párrafo 10, que a la letra dice: “La propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales, los poderes públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la administración pública y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno, deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social. En ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”. (Párrafo adicionado DOF 13-11-2007).
Como bien se desprende, Brugada esencialmente perpetra la promoción personalizada, pero lo demás también. Al acercarme a las personas coaccionadas y me presento como periodista, en un primer momento se rehúsan a hablar, no obstante, cuando les digo que sus nombres y apellidos no los daré a conocer, me comparten todo lo arriba expuesto.