Alberto Farfán Miércoles, 10 de Junio del 2026, 00:00
Julieta Venegas reinterpreta una canción infantil en clave política, en medio de la narrativa cultural impulsada desde Palacio Nacional.
Por Alberto Farfán
Ciertamente que no recuerdo que la famosa cantante y compositora Julieta Venegas haya mostrado alguna simpatía en favor del régimen del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), pero esto es secundario porque, tarde que temprano, cualquier persona puede ser cooptada por el poder.
El 29 de mayo del año en curso, en la conferencia matutina de la primera mandataria, Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), la secretaria de Cultura del gobierno federal, Claudia Curiel de Icaza, presentó oficialmente la canción del Mundial de Fútbol 2026, como parte de otros eventos para la gesta deportiva.
La canción “Tierra de esperanza”, mejor conocida en medios de comunicación y en redes sociales como “La niña futbolista”, deja mucho que desear por múltiples razones; de hecho, es una adaptación de la original del grupo Patita de Perro, difundida en el año 2003. Y hay que decir que tanto una como la otra son deleznables.
Cualquiera se hubiera imaginado que una canción para el Mundial que se va a vivir debería ser festiva, destacando la pasión que el fútbol logra generar en la afición: jugadas, goles, grandes jugadores y la eterna aspiración de que la Selección Mexicana logre un posicionamiento mejor. Pero no.
Desde una perspectiva estética, encontramos ocho párrafos como cuerpo de la canción, pero siete coros intermitentes y abominables, de corte feminista. Y todo con una voz frágil, incapaz de alcanzar notas altas o graves que imprimieran emoción a la letra, al objetivo del mensaje. No digo que debieron haber puesto como cantante a la británica Adele, pero sí a alguien con mayor nivel vocal, que subyugara.
Abordar el tema en cuestión parecería perder el tiempo porque, en apariencia, es un tema baladí. Sin embargo, no lo es si analizamos el texto de este esperpento desde un punto de vista semiótico: ver la simbología que de él se desprende y que tiene que ver con el feminismo posmoderno que encabeza CSP. Es decir, aquel que entrevera conceptos, criterios, términos, en una mescolanza de corte político-ideológico. Y, más grave aún, de corte maniqueo.
En la versión de Venegas, nos encontramos que la niña futbolista quiere jugar fútbol, pero su padre no se lo permite porque él prefiere, como los demás, que juegue con muñecas para que aprenda a ser mamá. En la original dice padres, o sea, ambos progenitores, hombre y mujer. Con Venegas, al decir padre, se refiere al hombre y más cuando apunta “los demás”; es decir, los otros hombres. Luego entonces, son los hombres quienes coartan su libertad de ser. Son los malos desde el punto de vista maniqueo.
Ahora bien, se expone que, de manera mecanicista, toda niña que juegue con muñecas está destinada única y exclusivamente a ser madre. Como si toda niña ya mujer fuera idiota y a ello solamente aspirara. Y esto es un absurdo, si consideramos que actualmente existen campeonatos de fútbol en varios países e incluso hay un Mundial Femenil de este deporte.
Por otro lado, ¿es cuestionable que una niña o una mujer aspire a tener hijos? Pareciera que lo bueno es el fútbol y lo malo es engendrar bebés. Que lo bueno es formar parte de grandes puestos de poder político, económico, social o cultural. Y lo malo es tener hijos para amar.
En efecto, esta canción, en realidad, no es más que un mensaje propagandístico del feminismo que encabeza y enarbola la señora CSP y sus cómplices de Morena, bajo un régimen autocrático. Y, en tanto posmoderno, encontraremos grandes cargas de sexismo: de supremacismo de la mujer; de clasismo —mientras las clases medias juegan, cientos de miles de niños en pobreza, incluso desde los seis años, son reclutados por el crimen organizado, como lo apuntamos en columna anterior—; misandria: aversión a los hombres sólo por ser hombres.