Ignacio García Martes, 07 de Julio del 2026, 09:57
El relevo diplomático de Esteban Moctezuma vuelve a cuestionar el uso de cargos diplomáticos para perfiles políticos.
Foro Público
Esteban Moctezuma es uno de los principales consentidos de la llamada “cuarta transformación”. El ex embajador de México en Estados Unidos ha sido postulado como representante del país ante la Unión Europea, pese a que demostró su incapacidad para defender los intereses nacionales ante el gobierno de Donald Trump.
El ex diplomático mexicano brilló por su ausencia ante los constantes embates del gobierno de Donald Trump. Aunque en el primer periodo del republicano, la embajadora de México ante Estados Unidos fue Martha Bárcena, quien lidió con una versión menos colérica del inquilino de la Casa Blanca.
Aunque Moctezuma no había manifestado una inclinación abierta hacia el proyecto político que encabezó el ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, una vez que arribó a Palacio Nacional lo nombró como titular de la Secretaría de Educación Pública federal (SEP).
Aunque no tenía experiencia en el ámbito educativo, López Obrador lo designó como responsable de la política educativa en el país, pese a que había sido uno de los principales colaboradores del ex presidente de México, Ernesto Zedillo, y posteriormente fue director de Fundación Azteca, bajo las órdenes del empresario Ricardo Salinas Pliego.
Pese a su cuestionable trayectoria política, López Obrador lo encumbró en una de las dependencias más importantes de la administración pública y una vez que comenzó la pandemia de Covid-19 fue nombrado como embajador de México en Estados Unidos.
Moctezuma fue el encargado de limar las diferencias entre los gobiernos de México y Estados Unidos. En ese momento con la administración de Joe Biden, quien a diferencia del republicano mostró una mayor apertura en las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Sin embargo, Moctezuma, sin experiencia en el ámbito diplomático, se encargó de integrar los acuerdos comerciales que se habían instalado en el gobierno de Trump como el T-MEC, lo que deriva en las debilidades que mostró el gobierno mexicano para aceptar las imposiciones de Estados Unidos.
El ex embajador no logró sortear las presiones del gobierno de Biden, quien incluso consideró a México como un socio poco confiable y por ello orquestó las operaciones militares encubiertas para detener a Ismael “El Mayo” Zambada, líder del Cártel de Sinaloa (CDS).
Ante los reclamos de Washington en contra de México por la falta de resultados en el combate al crimen organizado, principalmente por el fracaso del llamado “Culiacanazo”, Moctezuma no aminoró las críticas, al evidenciar su incapacidad para atender las demandas del gobierno de Estados Unidos.
A pesar de que Biden fue menos estridente que su antecesor, también exigió condiciones para regular los procesos migratorios, con lo cual México tenía que asumir un rol de contención para evitar el arribo de migrantes centroamericanos a la Unión Americana.
La captura del Mayo Zambada representó una operación exclusiva del gobierno estadounidense y que dejó en ridículo a Moctezuma, quien supuestamente no informó con claridad a las autoridades mexicanas sobre las intenciones de la Casa Blanca para aprehender al capo.
Después de la detención del narcotraficante, el gobierno de López Obrador fue evidenciado por su incapacidad de conocer el operativo encubierto, ya que los norteamericanos consideraban que si avisaban a sus homólogos mexicanos ponían en riesgo el éxito de la operación, pues podrían avisarle previamente al líder del CDS.
Durante semanas López Obrador reclamó en las conferencias de prensa mañaneras la falta de información por parte del gobierno de Estados Unidos, pero esto sólo retrataba cada vez más la incompetencia de la embajada mexicana para operar políticamente para informar a Palacio Nacional.
El regreso de Trump
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca evidenció las fracturas en la gestión de Moctezuma, pues no fue capaz de proteger los intereses de los migrantes mexicanos ante las redadas constantes del Servicio de Inmigración (ICE, por sus siglas en inglés), que desprotegieron a los connacionales que estaban en incertidumbre.
De la misma manera, Moctezuma tampoco supo gestionar de forma correcta las pretensiones arancelarias de Trump. El gobierno de Estados Unidos impuso aranceles a los productos mexicanos, en una clara violación a los acuerdos establecidos en el T-MEC que el propio republicano había impulsado en su primer periodo gubernamental.
El ex diplomático se caracterizó por optar por una política de distensión que fue poco efectiva, ya que Trump invalidó tanto a la embajada mexicana como a la cancillería y la única interlocutora válida para comunicarse con el presidente era la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
Incluso en recientes entrevistas ante medios norteamericanos, Moctezuma no logró defender la narrativa de México al ser ambiguo sobre el control real que ejercen los cárteles de las drogas en el territorio nacional, situación que ha sido rechazada en constantes ocasiones por el gobierno mexicano.
En Estados Unidos los migrantes mexicanos criticaron que la embajada fuese omisa en atender sus demandas de protección, por lo cual consideraron que prácticamente estaban en el abandono.
Así, en medio de un complejo escenario en las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, Moctezuma fue destituido de la embajada, pero no como una señal de castigo como respuesta a su ineficiencia, sino que fue premiado con la representación de México ante la Unión Europea.
Como suele suceder en la “4T”, ninguna persona es castigada y enviada al ostracismo a menos que viole el principal y único mandamiento de la misma, que es la lealtad, en tanto eso no ocurra, no importan los casos de corrupción como Ignacio Ovalle en Servicios de Alimentación Mexicana (Segalmex) con un desfalco de más de 14 mil millones de pesos, ni los nexos con el crimen organizado como Adán Augusto López y el grupo criminal “La Barredora”.
Pero si existe algún tipo de deslealtad el sistema morenista inmediatamente relega a los confines, como sucedió con Irma Eréndira Sandoval, que tuvo que ser obligada a renunciar a la Secretaría de la Función Pública (SFP), tras no apoyar públicamente a Félix Salgado Macedonio para buscar la gubernatura de Guerrero.
Por ello, Moctezuma ha sido beneficiado con otro cargo como diplomático, aunque evidentemente las bases morenistas pueden reconocerlo como uno de los rostros más visibles del neoliberalismo zedillista, que no tiene ningún tipo de relación con la izquierda, y que forma parte de la 4T, por el pragmatismo que caracterizó a López Obrador.
La embajada de México en Estados Unidos es la más importante para el país, debido a que se trata del principal socio comercial con una dependencia de las operaciones comerciales del 80 por ciento de la balanza comercial, así como la frontera más transitada del mundo, con un flujo constante de personas, por lo cual este cargo representa uno de los más importantes para las relaciones internacionales del país.
No obstante, durante los gobiernos de la 4T se ha relegado la calidad del Servicio Exterior Mexicano (SEM) para colocar a políticos de escasa experiencia para desempeñar funciones como embajadores, principalmente los más escandalosos han sido el del Reino Unido, cargo ocupado por el ex fiscal General de la República (FGR), Alejandro Gertz Manero, entre otros ex gobernadores priistas que ocupan plazas diplomáticas sin tener las credenciales para desempeñar esas funciones.