El regreso a América Latina : ¿una gira triunfal para León XIV?
El papa León XIV recorre en el papamóvil la Plaza de San Pedro en el día en que celebró la misa de inicio de su pontificado, 18 de mayo de 2025.. Imagen de Marcin Mazur para la Iglesia Católica de Inglaterra y Gales @ www.flickr.com/photos/catholicism/54529296261/in/photostream/.

Rodolfo Soriano-Núñez

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En Perú, Keiko Fujimori recibirá a León XIV mientras ejerce poderes legislativos especiales, como lo hizo su padre en los noventa.

Aunque Uruguay plantea poco riesgo, León XIV debe enfrentar el “vaciamiento de los templos” en un país donde la religión ya no es un actor clave de la vida pública.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

A primera hora del miércoles 5 de agosto, funcionarios del Vaticano anunciaron las fechas de la tan esperada visita pastoral del papa León XIV a tres países: Uruguay, Argentina y Perú, programada del 6 al 17 de noviembre.

Se especuló sobre un viaje a América del Sur desde finales de abril de 2025, cuando Robert Prevost Martínez, antiguo obispo de la diócesis de Chiclayo, Perú y luego prefecto del Dicasterio para los Obispos, fue elegido para el papado.

Si bien Dina Boluarte, cuando todavía era titular del Ejecutivo peruano, encabezó una delegación bipartidista a la misa inaugural del 18 de mayo de 2025, la inestabilidad política de Perú, el calendario electoral y la necesidad de acomodar otros países en la agenda, postergaron el anuncio oficial hasta la primera semana de agosto de 2026.

Ese día, las conferencias episcopales y los gobiernos de los tres países, así como los medios del Vaticano utilizaron sus perfiles en redes sociales para difundir la noticia.

Aunque en este momento no hay un itinerario oficial para la visita, el Papa Prevost saldrá de Roma el jueves 5 de noviembre para llegar a Montevideo al día siguiente. Desde la capital, viajará a Paysandú y Florida, un destino clave en la historia uruguaya, marcando cómo el país defendió su territorio tanto de Brasil como de Argentina.

Desde Florida, cruzará el Río de la Plata para llegar a Buenos Aires el 8 de noviembre, para presidir una serie de actividades en la capital de la nación y la provincia de Buenos Aires, incluyendo un viaje a la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján, el corazón mismo del catolicismo argentino, y la ciudad de Córdoba. Desde Argentina viajará a Lima, la capital de Perú, el 11 de noviembre.

Según el itinerario preliminar publicado el miércoles por Matteo Bruni, director de la Sala Stampa de la Santa Sede, el papa León XIV regresará a la capital de su país adoptivo el 11 de noviembre, y de allí viajará a Chiclayo, una ciudad costera 675 kilómetros al norte de Lima, donde el papa Francisco le nombró obispo.

También visitará Cusco, una remota arquidiócesis 590 kilómetros al sureste de Lima, hogar de más de dos millones de habitantes, para finalizar su visita el 17 de noviembre en Pucallpa, una pequeña ciudad a poco más de 100 kilómetros de la frontera con Brasil, en el corazón de la Amazonía peruana, lo que la convierte en uno de los vicariatos apostólicos, equivalente a una diócesis, más pequeños y aislados de Perú.

A diferencia de México o Argentina, donde la mayoría de las diócesis tienen obispos nacidos en dichos países y son, en su mayoría, sacerdotes diocesanos, una parte de las diócesis peruanas, bolivianas y ecuatorianas están bajo el cuidado de alguna orden religiosa y, en algunos casos, los obispos no son nativos del país. Es por eso que, en algún momento de la década previa, el papa Francisco tuvo a bien llamar al estadunidense Robert Prevost, quien en ese momento era el superior de la Orden de San Agustín, para nombrarlo obispo de Chiclayo.

A pesar de la ola inicial de entusiasmo tras el anuncio del viaje pastoral en Roma, los medios de comunicación de América Latina destacaron algunos de los muchos desafíos que enfrentará León XIV en Montevideo, Buenos Aires y Lima. Aunque nominalmente los tres países siguen siendo de mayoría católica, una convergencia de problemas ha erosionado los bloques católicos en Uruguay, Argentina y Perú.

Autonomía uruguaya

Incluir a Florida en su itinerario parece ser un intento explícito del Vaticano de reconocer la historia misma de Uruguay como impulsada por la necesidad de afirmar, casi simultáneamente, su independencia de España, de Brasil (en ese momento parte del Imperio Portugués) y de lo que originalmente se llamó Provincias Unidas del Río de la Plata, que eventualmente se convertiría en lo que hoy es Argentina.

El año pasado, Uruguay celebró el bicentenario de la Asamblea de la Independencia reunida el 25 de agosto de 1825 en Florida. Aunque la plena independencia de Brasil y Argentina sólo se reconocería tras la conclusión de una guerra en 1828, Florida desempeña un papel clave en la historia del país.

Desde entonces, la historia de Uruguay ha sido un ejercicio en encontrar la tercera vía que los diferencie de los excesos tanto de las élites brasileñas como de las argentinas, al norte y sur, respectivamente.

Más aún cuando, hoy en día, los presidentes Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva son los protagonistas de lo que es, hasta ahora, una guerra en redes sociales que ya ha derivado en un conflicto diplomático que no terminará, al menos hasta que se conozcan los resultados de las elecciones presidenciales en Argentina y Brasil.

En Brasil, la primera vuelta se llevará a cabo el 4 de octubre de 2026, con la casi inevitable segunda vuelta programada tres semanas después. Un año después, el 24 de octubre de 2027, se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales argentinas, con su balotaje programado para el 21 de noviembre.

Aunque a principios del siglo XX Uruguay era percibido como una afortunada excepción, especialmente en comparación con la violencia y el conflicto que ya se habían producido en México en el siglo XIX y que ocurrían o estaba a punto de reiniciarse en Venezuela y México en lo que respecta a la relación Iglesia-Estado, casi un siglo después del “divorcio amistoso” entre la Iglesia y el Estado, la situación es difícil para la Iglesia Católica uruguaya.

La separación amistosa de la Iglesia y el Estado evitó los conflictos estériles vividos en México, pero hizo poco para evitar la erosión constante de la antigua mayoría católica y, como lo mostraron durante el último año las historias enlazadas antes y después de este párrafo, la asistencia a servicios religiosos y otros índices de participación religiosa en Uruguay siguen patrones de secularización similares a los de Europa y Canadá.

Lo que es peor, como sucedió en México, la estricta separación entre la Iglesia y el Estado, ajena a la situación privilegiada de la Iglesia Católica en otras repúblicas latinoamericanas como Panamá, la República Dominicana o Perú, no impidió el problema clave que afecta a la Iglesia Católica hoy: los escándalos por abuso sexual.

Como ocurre en otros países de la región, Uruguay ha tenido su cuota de escándalos de abuso y, a pesar de la tradición de las élites de evitar los excesos y fracasos de otros países, en materia de abuso sexual del clero es difícil encontrar un lado positivo.

En ese sentido, aunque los obispos uruguayos nunca fueron expulsados de su país, como lo fueron los obispos mexicanos en 1917 y 1926, y no hay memoria de conflictos armados donde la religión desempeñara un papel principal como en la Guerra Cristera mexicana (1926-29) o la Guerra Civil en España (1936-39), la secularización de la vida pública y privada uruguaya es un hecho innegable y potencialmente irreversible que merece alguna reflexión por parte de León XIV durante su visita.

Es más relevante porque ni Francisco ni Benedicto XVI visitaron el país, al menos como pontífices y para encontrar los recuerdos de la única visita de Juan Pablo II hay que remontarse a 1987. Aunque ya entonces, la razón por la que visitó Uruguay fue para celebrar la firma en 1984 del Tratado de Montevideo, un acuerdo negociado con la mediación de la Santa Sede para impedir una guerra entre Argentina y Chile por el control del Canal de Beagle en la Tierra del Fuego.

El enemigo equivocado

Como sucedió en otras partes de la región en las últimas décadas del siglo XX, los obispos católicos apostaron todo a librar la batalla equivocada. Muchos de los esfuerzos del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, se centraron durante gran parte de los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI en la “lucha contra las sectas”.

Incapaces de entender lo que sucedía en ese momento con sus feligreses, obispos como el de la Ciudad de México, Norberto Rivera Carrera, emitieron la prescripción equivocada contra un mal que no pudieron diagnosticar, ya que la mayoría de los católicos que dejan su iglesia se unen a las filas de los llamados “sin religión”, y no a las iglesias pentecostales, de una manera muy similar a lo que ha sucedido en Estados Unidos y Canadá desde finales del siglo XX.

Aunque el papa Francisco dejó de lado las metáforas de guerra y epidemia al diagnosticar el cambio religioso en América Latina en general, probablemente como consecuencia de su profundo conocimiento de lo que sucedía en Buenos Aires y otras megalópolis latinoamericanas, su pontificado y los enfoques pastorales que promovió no pudieron revertir la erosión de los antiguos bloques católicos desde Tijuana, México, hasta las diócesis de la Patagonia argentina y chilena.

Hasta ahora, gran parte de los comentarios en los medios latinoamericanos se han centrado en cómo el papa León XIV manejará la conflictiva personalidad del presidente argentino Javier Milei. Hay que recordar que, cuando era candidato, Milei calificó al papa Francisco como “representante del maligno en la Tierra”.

En agosto de 2026, en entrevistas con medios dóciles a su gobierno, un vociferante Milei aceptó que sus formas son deplorables, pero aseguró que cumplía sus promesas de campaña aun cuando no existen pruebas de tales logros, como lo demuestra el análisis de Jorge Fontevecchia en el video enlazado después de este párrafo.

Las afirmaciones de Milei son más difíciles de aceptar si se tiene en cuenta cómo tuvo que dar marcha atrás en muchas de sus promesas electorales originales, incluido su presunto deseo de dinamitar el Banco Central de la República Argentina y adoptar el dólar de Estados Unidos como moneda, como lo han hecho antes El Salvador y Ecuador en América Latina.

La capacidad de Milei para contener la inflación sólo ha sido posible gracias al respaldo público de Donald Trump. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Trump, tomó la inusual medida de “comprar” gran cantidad de pesos argentinos para inyectar moneda de Estados Unidos en los mercados locales y estabilizar, al hacerlo, la moneda local.

Las acciones de Bessent también han desempeñado un papel fundamental al presionar al Fondo Monetario Internacional para que respalde el programa de reformas económicas de Milei, que todavía depende en gran medida de salarios extremadamente bajos y de la promesa de desindustrializar Argentina y convertirla en un exportador de materias primas.

Los salarios bajos y el impacto de las políticas macroeconómicas es una de las muchas áreas donde el papa, la conferencia episcopal argentina y otras conferencias de obispos latinoamericanas se sitúan en el lado opuesto a las posiciones de Milei. Iglesias y Minería, una comunidad de Facebook (https://www.facebook.com/IglesiasyMineria), publica con frecuencia las numerosas homilías y documentos difundidos por obispos y sacerdotes latinoamericanos que denuncian los excesos de las industrias extractivas en la región.

Más recientemente, las políticas y el discurso público de Milei fueron objeto de críticas extremadamente cuidadosas y corteses por parte de Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, quien fue elegido personalmente por el papa Francisco para suceder a Mario Aurelio Poli, sucesor directo de Francisco en la capital argentina tras su elección en 2013 como pontífice.

Como solía hacer Jorge Mario Bergoglio durante su gestión como arzobispo de la capital del país, García Cuerva utilizó el llamado Te Deum Ecuménico para criticar los efectos y costos sociales de las políticas de austeridad de Milei.

El Te Deum Ecuménico se celebra habitualmente el 9 de julio, Día de la Independencia de Argentina. Presidido por quien sea el arzobispo católico de la capital, la actividad cuenta casi siempre con el presidente en funciones del país como invitado de honor, aunque en algún momento de la primera década de este siglo, el entonces presidente Néstor Kirchner escapó de la catedral de Buenos Aires para evitar los dardos de Bergoglio y las inevitables preguntas planteadas por los medios.

En ese entonces, Bergoglio fue calificado por La Nación y otros medios importantes de la capital del país como el “líder de la oposición” en Argentina, en una época en la que Kirchner, al igual que Milei ahora, había hecho todo lo posible por silenciar y castigar cualquier tipo de crítica a su administración.

La homilía completa de García Cuerva para el Te Deum está disponible en PDF en el recuadro tras este párrafo.

La propia relación de Milei con el catolicismo es conflictiva, por decir lo menos. Ha insinuado repetidamente su deseo de convertirse al judaísmo y, sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de asistir a una misa en la Basílica de San Pedro hacia el final de la vida del papa Francisco, lo hizo.

Un tema relevante durante la visita del papa León XIV será la conflictiva relación de la vicepresidenta argentina Victoria Villarruel tanto con Milei como con la propia Iglesia Católica. Es casi imposible que ella vuelva a integrarse a la fórmula de Milei en las elecciones presidenciales del próximo año, ya que existe una fractura abierta y señales de una posible candidatura independiente para la presidencia de su parte.

Como ocurre en Estados Unidos, la vicepresidencia argentina también preside las sesiones del Senado, pero en Argentina el papel es mucho más independiente y Milei hizo poco por incorporar a Villarruel en cualquiera de las decisiones de su gobierno. Lo que es peor, Karina Milei, la hermana del presidente a quien él llama “la jefa”, filtra con frecuencia críticas a Villarruel a influencers de redes sociales leales a la Casa Rosada.

Los hermanos Javier y Karina Milei, diciembre de 2024. Del perfil de Facebook de la Casa Rosada.
Los hermanos Javier y Karina Milei, diciembre de 2024. Del perfil de Facebook de la Casa Rosada.

Aunque Villarruel fue leal al gobierno de Milei durante el primer año del mandato, para el segundo año las diferencias eran casi imposibles de ocultar, y ahora se encuentra en abierta confrontación con Milei en diferentes temas.

Por si fuera poco, Villarruel es miembro de una parroquia de la rama argentina de la recientemente excomulgada Sociedad de San Pío X, una organización similar a una orden, tradicionalista, expulsada recientemente de la Iglesia Católica tras su decisión de consagrar sin la autorización del papa Prevost a cuatro de sus sacerdotes como obispos en su cuna, el seminario de Ecône, Suiza.

Como consecuencia de la brecha Milei-Villarruel, la vicepresidenta ha hecho todo lo posible por evitar asistir a ceremonias o recintos cuando sabe que Milei asistirá, pero ¿buscará comulgar durante alguna de las misas presididas por León XIV?

Victoria Villarruel, titular de la vicepresidencia de Argentina,durante una reunión oficial en el Senado de su país, marzo de 2026. De su perfil de Facebook.
Victoria Villarruel, titular de la vicepresidencia de Argentina,durante una reunión oficial en el Senado de su país, marzo de 2026. De su perfil de Facebook.

Postales andinas

Algo similar ha sucedido en Lima durante el Te Deum presidido el 29 de julio por el cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, actual arzobispo de Lima. Durante el Te Deum más reciente en Lima, Castillo planteó interrogantes sobre la incapacidad de la élite política peruana para abordar la corrupción, la violencia y la desigualdad de ingresos, como se puede ver en el recuadro después de este párrafo.

Aunque evitó los detalles específicos de los problemas, quedó claro que su mensaje abordaba, entre muchos otros temas, la vertiginosa rotación en la presidencia del país que, en la última década, ha tenido a nueve personas diferentes como jefe de Estado, pero también la incapacidad de la élite política para abordar las causas de la inestabilidad y el impacto que sus disputas tienen en los mercados y los ingresos.

Estas son las nueve personas que han ocupado el cargo de presidente en Perú:

  • Pedro Pablo Kuczynski, quien dejó el cargo en medio de un escándalo el 23 de marzo de 2018 para evitar el juicio político en el Congreso.
  • Martín Vizcarra asumió el cargo, para ser destituido el 9 de noviembre de 2020.
  • Durante los cinco días siguientes, Manuel Merino, en ese momento presidente del Congreso, ocupó el cargo para ser obligado a dimitir por movilizaciones.
  • La presidencia peruana permaneció vacante durante más de 40 horas, ya que Francisco Sagasti fue nombrado recién el 17 de noviembre de 2020 para cumplir el resto del mandato hasta el 28 de julio de 2021.
  • Ese día, Pedro Castillo asumió como presidente para ser destituido menos de un año y medio después, el 7 de diciembre de 2022, cuando fue objeto de juicio político, removido de su cargo y posteriormente encarcelado por cargos que recuerdan el autogolpe de Alberto Fujimori en abril de 1992.
  • El Congreso peruano reconoció a Dina Boluarte, titular de la vicepresidencia y ella logró mantenerse al frente del Ejecutivo desde el 7 de diciembre de 2022 hasta el 10 de octubre de 2025, cuando dimitió como la más impopular de los jefes de Estado desde que hay encuestas disponibles en Perú.
  • Tras la renuncia de Boluarte, el Congreso nombró a José Enrique Jerí Oré como jefe de Estado. Se desempeñó como interino desde el 10 de octubre de 2025 hasta el 17 de febrero de 2026.
  • El mandato de Castillo sería completado por José María Balcázar, exjuez y legislador afiliado al partido de Castillo y Boluarte, desde el 18 de febrero de 2026 hasta el 28 de julio de 2026.
  • Ese día, Keiko Fujimori asumió la presidencia peruana tras ganar la segunda vuelta de las elecciones generales de 2026.

Por si fuera poco, está el problema de los numerosos expresidentes peruanos que han sido procesados en los tribunales y los muchos de ellos que han sido condenados a penas de cárcel.

Pero los escándalos políticos en Perú parecen venir de una máquina de movimiento perpetuo, ya que la primera semana de agosto el actual alcalde de Lima y excandidato presidencial, Rafael López Aliaga, anunció que violaría la Constitución peruana, que restringe los mandatos consecutivos que un alcalde puede ejercer.

Lo que hizo López Aliaga fue conseguir la ayuda de Luis Rubio, un testaferro o prestanombres, que se inscribió como candidato a la alcaldía con López Aliaga como su candidato a vice alcalde. Cuando el testaferro lo estimó oportuno, retiró su candidatura para dejar a Porky, como se autodenomina López Aliaga, como el único candidato de ese partido a la alcaldía de la capital más antigua de América del Sur.

El asunto no merecería su inclusión aquí si no fuera por el hecho de que López Aliaga es un miembro “numerario” del Opus Dei, una organización similar a una orden manchada en todo el mundo por acusaciones de abuso espiritual y laboral de sus miembros denominados “auxiliares” por parte de la élite “numeraria” y “supernumeraria”, así como por su falta de voluntad para acatar la autoridad episcopal en España, y por prácticas sectarias que están en el centro de la solicitud, emitida por el papa Francisco, para realizar una reforma de sus estatutos y organización interna.

Dina Boluarte, entonces titular de la Presidencia de Perú, saluda al papa León XIV luego de su misa de inicio de pontificado, en la Basílica de San Pedro, 18 de mayo de 2025. Fotografía de la Presidencia de Perú.
Dina Boluarte, entonces titular de la Presidencia de Perú, saluda al papa León XIV luego de su misa de inicio de pontificado, en la Basílica de San Pedro, 18 de mayo de 2025. Fotografía de la Presidencia de Perú.

Es casi imposible que la oposición a López Aliaga deje pasar esto, lo que eleva las probabilidades de una batalla judicial. El problema es que la fiscalía y el poder judicial se encuentran en medio de una crisis endémica, lo que garantiza que cualquier fallo sobre las maniobras de López Aliaga provocará un escándalo.

Más aún cuando López Aliaga hizo todo lo posible por retratarse, al más puro estilo de Donald Trump en Estados Unidos o Andrés Manuel López Obrador en México, como víctima de un "monstruoso" fraude electoral durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas, un fraude que sólo existe en su fértil imaginación y en la de sus seguidores, ya que ni los observadores electorales internacionales ni los principales medios de comunicación respaldaron sus afirmaciones.

Para colmo, esto ocurre mientras Keiko Fujimori busca “poderes especiales” del Congreso para legislar sin fiscalización legislativa justo cuando el Senado acaba de ser restaurado este año, supuestamente para mejorar el desempeño del poder legislativo.

Poderes especiales fueron precisamente los que su padre, Alberto Fujimori, buscó en los noventa, y lo que Pedro Castillo intentó cuando lanzó su fallido autogolpe. Si Fujimori se sale con la suya, la visita de León XIV tendrá lugar durante lo que equivale a una presidencia energizada por esteroides, impulsada por el tipo de poderes especiales que suelen ir de la mano de violaciones graves a los derechos humanos.

Y, a pesar de la aparente unidad en torno a Robert Francis Prevost Martínez, el nombre que el papa usaba en Perú, existe una profunda grieta en la Conferencia Episcopal.

La mejor evidencia de esto es qué tan aislado está el actual arzobispo de Lima, el cardenal Carlos Castillo Mattasoglio. Él estuvo dispuesto a viajar a uno de los lugares donde se produjeron abusos, sexuales y de otro tipo, a manos de los líderes del ahora disuelto Sodalicio de Vida Cristiana, y pedir perdón en el lugar.

Como se señaló en el texto enlazado tras este párrafo hace unas semanas, el cardenal Castillo presidió una misa de réquiem donde él y un puñado de obispos peruanos reconocieron los múltiples abusos del Sodalicio.

Y aunque entre los concelebrantes se encontraba el prelado español Jordi Bertomeu, un funcionario clave en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ni el presidente ni ninguno de los vicepresidentes de la Conferencia Episcopal Peruana estuvieron allí.

Por más noble que haya sido, es una medida aislada de una figura a la que, acaso por la profundidad de sus estudios teológicos, Juan Pablo II y Benedicto XVI marginaron.

Sólo un papa salido de América Latina estuvo dispuesto a dar el paso inusual de promover a un sacerdote directamente a arzobispo cuando Castillo ya tenía 68 años, una edad en la que el ser obispo es ya difícil para el sacerdote católico promedio.

A la izquierda, Pedro Pablo Kuczynski, entonces presidente de Perú, seguido del cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, entonces arzobispo de Lima. Finalmente, Keiko Fujimori, 19 de diciembre de 2016. Imagen de la Presidencia de Perú en Flickr @ www.flickr.com/photos/65990097@N03/31715395516.
A la izquierda, Pedro Pablo Kuczynski, entonces presidente de Perú, seguido del cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, entonces arzobispo de Lima. Finalmente, Keiko Fujimori, 19 de diciembre de 2016. Imagen de la Presidencia de Perú en Flickr @ www.flickr.com/photos/65990097@N03/31715395516.

Medicina amarga

Castillo Mattasoglio fue el remedio amargo que el papa Francisco recetó para Lima tras los veinte años de “reinado” de uno de los socios clave de Alberto Fujimori en el poder: el primer cardenal del Opus Dei, Juan Luis Cipriani, a quien Francisco “castigó” en secreto por el abuso sexual de un menor cometido cuando Cipriani aún era sacerdote.

Más aún cuando el cardenal Castillo Mattasoglio ya está “en tiempos extra”, al haber cumplido 75 años el año pasado, y no está claro si Keiko Fujimori estará dispuesta a dejar que el Vaticano decida por su cuenta quién será titular de la sede católica más antigua de América del Sur.

Además de eso, tanto el actual presidente como un exsecretario de la Conferencia han sido señalados por encubrir o abusar activamente de fieles bajo su cuidado, como lo han señalado recientemente los textos enlazados antes y después de este párrafo.

Lo que es peor, por más exitoso que haya sido León XIV hasta ahora como pontífice, ya antes de su elección, cuando era sólo el prefecto del Dicasterio para los Obispos, hubo acusaciones sobre la mala gestión de casos de abuso en la diócesis de Chiclayo que, lamentablemente, no han sido abordadas por él ni por su sucesor en esa sede, su compañero de la orden de los agustinos, el fraile Edinson Edgardo Farfán Córdova.

Además, Perú ha sido el escenario de un gran escándalo, uno que no ha recibido el tratamiento adecuado ni por parte de la jerarquía vaticana ni de las autoridades peruanas: la renuncia forzada del ahora obispo emérito de la prelatura de Juli, Ciro Quispe López, quien se convirtió en un escándalo de primera plana tras sus “aventuras” sexuales con al menos diez mujeres que lo obligaron a dejar el cargo.

A diferencia de lo sucedido en Francia casi simultáneamente, ni en Lima, ni en Juli, ni en Roma hubo un reconocimiento oficial de las andanzas sexuales de Quispe López, sólo una salida silenciosa que deja muchas preguntas sin respuesta, más aún cuando, a diferencia de lo que sucede en Francia, donde los salarios de los obispos son cubiertos por la propia Iglesia Católica, en Perú los obispos reciben el equivalente a un salario del gobierno, como lo relató el texto enlazado después de este párrafo en 2025.

Si eso no fuera motivo suficiente de preocupación, el tema de la supresión real del Sodalicio, especialmente las múltiples entidades fachada creadas para extraer excedentes en nombre de la Iglesia Católica, aún no se ha resuelto, no solo en Perú, donde opera la mayoría de esas entidades.

Es un asunto pendiente en Denver y Filadelfia, Estados Unidos, donde persiste el riesgo de que el Sodalicio mute en una asociación diocesana, al igual que en Colombia y Brasil, como probaron los textos enlazados antes y después de este párrafo.

Sin vuelta olímpica

Con suerte, la experiencia de Robert Prevost como sacerdote y obispo en el Perú rural lo habrá preparado para los múltiples riesgos que presenta la visita a su región adoptiva. No será, en modo alguno, una “vuelta olímpica” o una gira triunfal.

Ingresará a un laberinto argentino de amarga polarización impulsado por Milei mismo, a un campo minado político en Perú en un momento en que Keiko Fujimori ejercerá poderes legislativos especiales, como lo hizo su padre cuando disolvió el Congreso con el apoyo de las fuerzas armadas.

Y aunque en Montevideo los riesgos políticos son mucho menores, tendrá que enfrentar la realidad del “vaciamiento de los templos” en un país donde la religión, católica o de otro tipo, no puede pretender ser un actor clave en la vida pública.

Por si fuera poco, en Argentina está previsto que el papa Prevost visite uno de los epicentros de la crisis de abuso sexual en ese país. A diferencia de su visita a España, donde existe un acuerdo con el Defensor del Pueblo para procesar casos y pagar reparaciones, que permitió a la arquidiócesis de Madrid organizar un encuentro con víctimas dispuestas a reunirse con el papa, en Argentina no existe un marco semejante.

Lo que es peor, en días recientes, hubo amenazas de violencia contra sobrevivientes y sus aliados en Argentina. Tanto que la legislatura de la provincia de Córdoba publicó una declaración que condena esas amenazas, como lo demuestra el mensaje publicado en sus redes sociales por la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina que aparece antes de este párrafo.

Algo similar se puede decir de la próxima visita a Francia. El viernes 7 de agosto, Associated Press (contenido en inglés) publicó una noticia sobre un itinerario revisado de la visita papal a ese país del 25 al 27 de septiembre. Por primera vez, se menciona un encuentro con sobrevivientes de abusos sexuales del clero allí.

Aunque la edición francesa de Vatican News (contenido en francés) ofrecía pocos detalles de un “encuentro privado con sobrevivientes”, no precisaba la fecha o el lugar del encuentro.

El sábado 8 de agosto, medios locales en los Pirineos franceses (contenido en francés) reportaban que la reunión con sobrevivientes ocurriría el domingo 27 de septiembre, el día que el papa presidirá una misa al aire libre en los jardines de la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes, luego de una reunión con la Conferencia de Obispos de Francia.

De manera notable, el episcopado galo hace su mejor esfuerzo para enfatizar tanto como puede que no son ellos quienes elegirán a los sobrevivientes que tendrán la oportunidad de reunirse con el pontífice durante el encuentro privado, quizás para evitar la pesadilla mediática que ocurrió en Madrid cuando el papa se reunió con un grupo de sobrevivientes cercanos a la arquidiócesis de la capital de España.

Incluso si el encuentro en Francia quedara excluido del itinerario oficial, como ocurrió en España, tal reunión posee legitimidad porque la Conferencia Episcopal Francesa ha trabajado desde finales de la década pasada en una serie de medidas para reconocer la magnitud del abuso en su país, y también se están pagando reparaciones.

Para ser claros, el viaje pastoral a Francia evidencia ya los primeros signos de conflicto. Algunas de las asociaciones de sobrevivientes de abusos en Francia ya se dicen excluidas, discriminadas de la reunión con León XIV, como hace ver este texto publicado el sábado 8 (contenido en francés). Valdría la pena que los equipos que preparan la visita en las nunciaturas de Montevideo, Buenos Aires y Lima tomaran nota e hicieran lo posible por mejorar su desempeño, pues no hay razón para pensar que las cosas serán más fáciles de lo que fueron en España o de lo que, hasta donde es posible verlo, serán en Francia.

Más porque ningún país latinoamericano, especialmente los incluidos en el itinerario del papa para noviembre, cuenta con mecanismos comparables a los de España o Francia para reconocer la escala del abuso y compensar económicamente a los sobrevivientes. La reparación real sigue siendo una perspectiva lejana en toda América Latina, donde las jerarquías alimentan el resentimiento anticatólico al intentar gestionar los casos de abuso en sus propios términos.

Por más capaz que sea Jorge García Cuerva para continuar el proyecto pastoral desarrollado originalmente por Jorge Mario Bergoglio a finales de los noventa, no existe la apariencia de un programa real para abordar los casos de abuso allí, y a pesar de la presunta cercanía del cardenal Ángel Sixto Rossi, arzobispo jesuita de Córdoba, con el finado papa jesuita, la mala gestión de los casos de abuso en esa sede contradice la noción aparentemente descartada de una “espiritualidad de la reparación” y sigue siendo motivo de escándalo, como lo señaló el texto de la semana pasada, enlazado tras este párrafo, en la sección "Y América Latina también".

* * *

Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.

Nota de producción: El texto del resumen, así como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.

La bandera de Perú ondea en todo lo alto en la Plaza de San Pedro en la mañana del 18 de mayo de 2025. Imagen de Marcin Mazur para la Iglesia Católica de Inglaterra y Gales @ www.flickr.com/photos/catholicism/54529632780/in/photostream/
La bandera de Perú ondea en todo lo alto en la Plaza de San Pedro en la mañana del 18 de mayo de 2025. Imagen de Marcin Mazur para la Iglesia Católica de Inglaterra y Gales @ www.flickr.com/photos/catholicism/54529632780/in/photostream/

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