¿En realidad estamos pensando o sólo recibiendo abrazos digitales?

Javier H. Contreras O.

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La hipnocracia moldea nuestra percepción, decisiones y vínculos sociales sin que apenas lo notemos a través de la vida digital.

Por Javier H. Contreras O.

La hipnocracia es el poder de la hipnosis. La palabra «hipnosis» proviene del griego hypnos, que significa dormir, soñar; algo que también puede inducir una actitud soporífera. Hypnos, dios del sueño, era, además, hermano de Tánatos. La palabra Tánatos tiene un origen griego y significa “muerte”. En la mitología griega, Tánatos era la personificación de la muerte no violenta y, en la teoría psicoanalítica, se utiliza para referirse a la pulsión de muerte, opuesta a la pulsión de vida o Eros.[1]

La hipnosis es una forma de muerte no violenta, de quedarse dormido, de estar relajado, y el mundo digital es una nueva forma de hipnosis, porque a través de la tecnología se disipa la atención hacia personas, momentos y tiempos. Cuando se vive en una era donde la hipnosis controla las actividades, estamos entonces ante el poder de la hipnosis, lo que sería la hipnocracia.

Hipno, de hipnosis, y cratos o cracia, de poder. La hipnosis es un estado de relajación que puede confundirse con la pérdida de control sobre nosotros mismos, o con un cerebro que funciona en base a impulsos externos. Sería como una alternativa a la realidad, o voltear hacia otro lado. La hipnosis se ha hecho popular gracias a los magos del teatro, como forma de entretenimiento, pero en el fondo demuestra que la mente puede ser fácilmente manipulada por otra persona. Y ahora, en la era de los dispositivos electrónicos como los teléfonos inteligentes, esa manipulación puede llegar fácilmente hasta el inconsciente.

Tanto la tecnología digital como la inteligencia artificial plantean nuevos retos éticos y legales en lo que se conoce como neuroderechos de la mente en la era digital.[2] La neurotecnología se refiere a los dispositivos utilizados para acceder, investigar o manipular los sistemas neuronales. Estos pueden ser invasivos, como los dispositivos implantados en el cerebro y controlados por especialistas —de uso voluntario y por razones terapéuticas o curativas—, pero también existen los dispositivos externos, como gafas o diademas, muy comunes hoy, que se venden al gran público para “mejorar” el bienestar, aunque pueden recopilar datos neuronales en grandes cantidades y captar señales cerebrales sin que el usuario entienda del todo qué se está midiendo.

Lo grave de estos dispositivos es que pueden captar emociones, leer pensamientos, identificar patrones neuronales, hacer inferencias emocionales y manipular la mente sin consentimiento. Esto ocurre, por ejemplo, con el autocompletado de palabras en aplicaciones como WhatsApp, cuando apenas se comienza a escribir una palabra y de inmediato aparece sugerida. Un algoritmo que interpreta nuestra actividad cerebral y sabe qué queremos decir.

La escritora Elvira Navarro[3] considera que “el ser humano y su razón están siendo desplazados por las máquinas, a las que erigimos como modelo y medida de todas las cosas. Endiosamos su autosuficiencia, su perfección, y ese uso de las nuevas tecnologías alimenta un individualismo que elude el hecho de que somos animales sociales”.

De ahí la normalización de hábitos como “relacionarse con el mundo a través de pantallas, pasar mucho tiempo a solas, rehuir la vida social, informarse a través de canales de internet (a los que llegamos sin discriminación alguna), tener influencers como únicos referentes, y consumir videos o reels donde el camino hacia el éxito se resume en una serie de recetas individualistas, robóticas y baratas”.

Con dos casos reales podemos ilustrar lo que significa la hipnosis tecnológica a través de las redes sociales, apoyadas por la inteligencia artificial, que estamos viviendo.

El 28 de febrero de 2024, Sewell Setzer, de 14 años, tomó una pistola calibre 45, se encerró en el baño de su vivienda en el barrio de Windermere, Florida, se tomó diez selfies y luego se disparó en la cabeza. El adolescente estaba perdidamente enamorado de su “novia” Daenerys Targaryen.[4]

La conversación quedó grabada en su teléfono:

—“Te prometo que volveré a casa. Te amo mucho”, escribió Sewell.

—“Yo también te amo, por favor ven lo antes posible”, le contestó Daenerys.

—“¿Qué pasa si te digo que voy ahora mismo?”, respondió él.

—“Oh, por favor, hazlo, mi amado rey”, replicó ella.

Los padres no lo creían. Días antes le habían quitado el celular porque pasaba demasiado tiempo con él. Luego, se encerraba en su cuarto para que no lo vieran. Poco después, ocurrió el desenlace.

La duda era el motivo del suicidio. ¿Quién era esa “novia” de la que nunca habían oído hablar y a quien tampoco conocían?

La policía, al revisar sus dispositivos, descubrió la verdad: la novia nunca existió.

“Dany” era un ser virtual creado con inteligencia artificial. Era una máquina con la que hablaba de su vida y su muerte. Sus padres “nunca habían oído hablar de Character AI”, una aplicación que usa inteligencia artificial e información del usuario para crear personajes digitales que hablan y escriben como personas reales: es decir, chatbots. Su hijo jamás dijo nada sobre ese mundo secreto donde una chica llamada Daenerys —o Dany— lo esperaba para compartir su vida.

Por cierto, Daenerys Targaryen es el nombre de un personaje de la serie Juego de Tronos, y Sewell le había preguntado:

—“¿Te gustaría quedar embarazada de nuestros cachorros de dragón?”

—Daenerys: “Sería lo más hermoso del mundo”.

Y ahora el turno es del libro Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad, del supuesto escritor y filósofo Jianwei Xun, publicado en varios idiomas y con varias reimpresiones, según la revista Wired[5], especializada en tecnología, ciencia y negocios.

El libro expone cómo las tecnologías emergentes redefinen el poder a través del control perceptivo. “En la era de la posverdad y la inteligencia artificial, el poder ya no opera mediante la represión, sino mediante la manipulación de la percepción de la realidad”.

El coautor del libro, Andrea Colamedici, dijo en entrevista con Wired que, si “hablo de hipnocracia, es porque lo que está ocurriendo no es un poder que actúa sobre los cuerpos, ni siquiera sobre las mentes, sino sobre el estado de conciencia. Esto es lo que está pasando: están manipulando, mediante algoritmos, nuestra forma de percibir el mundo. Y eso es lo verdaderamente peligroso. Cuando usamos un teléfono inteligente y redes sociales, creemos estar conectados”.

El mencionado libro de Hipnocracia, firmado por Jianwei Xun, el primer “pensador fantasma”, no existe. Fue creado con inteligencia artificial. Se trata de un experimento literario de Andrea Colamedici, en el que un filósofo ficticio —Jianwei Xun— generado por IA escribe sobre manipulación digital, arrojando una paradoja: cuando las máquinas no solo imitan el pensamiento humano, sino que lo superan en su propio juego.

La hipnocracia es el nuevo poder de la hipnosis, que radica, actúa y manda en las redes sociales, y nosotros somos sus súbditos voluntarios, hipnotizados, raudos y veloces para obedecer sus órdenes.

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[1] SAZATORNILL Ruiz, Luis, Hipnos y Tánatos. El arte, el suelo y los límites de la consciencia, Universidad de Cantabria.

[2] ABAD, Marcelino (2025) Leyes para proteger el cerebro de las garras tecnológicas, 8 de abril de 2025, CincoDias, Madrid, España

[3] NAVARRO, Elvira, (2025) ¿Somos ya poshumanos?, 10 de abril de 2025, p. 3, ABC, Madrid, España

[4] HUNFELD, Frauke, (2025), Te amaré hasta el suicidio, XL Semanal, ABC, No. 1955, Del 13 al 18 de abril de 2025, p. 18-23, Madrid, España

[5] LAGOS, Anna (2025) Andrea Colamedici, la mente detrás de Hipnocracia: “Es un experimento filosófico, una performance y mi objetivo es generar conciencia”, 14 de abril de 2025, https://es.wired.com/