Jesuitas en Nicaragua: una nueva vuelta de tuerca

Rodolfo Soriano-Núñez

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Las relaciones peligrosas del difunto cardenal Obando con Daniel Ortega pasan factura a la Iglesia y la Compañía de Jesús en Nicaragua.

Religión y vida pública: Ortega confirma las advertencias que los jesuitas en Nicaragua hacían acerca de la peligrosa relación de Obando con el poder.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

En las últimas dos semanas, la relación ya de por sí tensa entre la Iglesia y el Estado en Nicaragua empeoró cuando el gobierno de Daniel Ortega decidió confiscar las propiedades de la Compañía de Jesús, incluida la Universidad Centroamericana de Nicaragua, al tiempo que desconocía la existencia de esa congregación religiosa. La prensa católica o de otro tipo en español, inglés y otros idiomas ha condenado las medidas del gobierno de Ortega. 

La página de la UCA enlazada en el párrafo anterior, por cierto, corresponde al Internet Archive, toda vez que la página como tal, sus servidores, no están disponibles, al menos no cuando se les consulta desde México o Estados Unidos.

La decisión de retirar la “personería jurídica sin fines de lucro” a la Compañía de Jesús recuerda las medidas, imprácticas por donde se les vea, que se desprendieron de aprobar la Constitución de 1917 en México: lo único que lograron fue crear la ficción de que no existía algo que, a final de cuentas, existe.

Primera página del decreto que desconoce personalidad jurídica a la Compañía de Jesús en Nicaragua.

A continuación se presenta el PDF con las dos páginas del decreto publicado por el gobierno de Ortega este miércoles 23 de agosto de 2023 por el que se desconoce la personalidad jurídica de la Compañía de Jesús. La edición completa se puede consultar aquí.

Sin embargo, a diferencia de México en las décadas de 1910 y 1920, donde Iglesia y Estado habían vivido en conflicto, abierto o soterrado, en Nicaragua el conflicto con la Iglesia sigue a un periodo en el que la Iglesia hizo todo lo que estuvo al alcance de su mano para fortalecer el régimen de Ortega.

De hecho, la decisión de Ortega de desconocer la existencia de los jesuitas y dificultar por distintos medios la operación de la UCA y de distintas órdenes religiosas, incluso las femeninas, que suelen ser mucho más modestas que sus contrapartes masculinas, ocurre luego de un periodo de colaboración muy intensa entre la Iglesia y el Estado.

Ese periodo ocurre, por lo menos, desde principios de los 2000 hasta 2018 cuando muere el cardenal Miguel Obando Bravo.

En una entrega previa de esta serie Religión y vida pública, la primera en Los Ángeles Press, ofrecí ya la evidencia en la que me baso para decir que, en más de un sentido, la Iglesia, especialmente el cardenal Obando y sus más cercanos en el episcopado nicaragüense contribuyeron a crear las condiciones que explican muchos de los problemas que enfrentan ahora.

 

 

Ello no implica, desde luego, justificar lo que hace Ortega. Creo que las decisiones que ha tomado el gobierno de Ortega en los últimos tres años lo exhiben cada vez más como lo que siempre fue, un dictador, un caudillo, indispuesto a dialogar e incluso señalado, desde hace muchos años, por acusaciones de abuso sexual contra Zoilamérica Ortega Murillo, la hija de su esposa, Rosario Murillo, con una pareja previa. El problema es que se sabía de la propensión de Ortega a abusar del poder a su alcance.

Las advertencias

Se sabía que Ortega no era confiable, no porque hubiera sido (o sea, según a quién le pregunte uno) “de izquierdas”. No era confiable porque desde que ejerció los más altos cargos del gobierno de Nicaragua luego de la caída del somocismo exhibió los mismos rasgos de personalidad, las mismas tendencias a abusar de las instituciones públicas que ahora son más evidentes por lo que ocurre con la Iglesia, pero que estaban ahí por lo menos desde los ochenta, cuando el sandinismo se hizo del poder para luego disgregarse en controversias entre sus principales líderes, la mayoría de los cuales coincidían en criticar los excesos de Ortega.

Ahí estaban los testimonios de Sergio García Ramírez, quien formó parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional con el propio Ortega, entre otros, pero a quien nadie en la izquierda latinoamericana quería escuchar cuando criticaba los excesos de los gobiernos del Frente Sandinista y, sobre todo, de Ortega.

También lo sabíamos gracias al testimonio de quienes, combinaron su militancia en el sandinismo con sus convicciones como católicos, como en el caso de Ernesto Cardenal, cuya militancia en el primer sandinismo triunfante le costó la sanción de Roma que le impidió ejercer como sacerdote durante casi cuatro décadas.

Cardenal señaló repetidamente y casi hasta su lecho de muerte los excesos de Ortega. Sólo la muerte pudo callarlo, pero el socio de Ortega, el cardenal Obando, lejos de escuchar las críticas se empecinó en profundizar cada vez más su relación con Ortega. Lo que es peor, hizo todo lo posible porque Roma mantuviera el castigo sobre Cardenal.

Nadie debería olvidar que así como a monseñor Oscar Arnulfo Romero sólo se le pudo beatificar y eventualmente canonizar cuando sus enemigos, los cardenales colombianos Darío Castrillón y Alfonso López Trujillo murieron, a Cardenal sólo se le rehabilitó como sacerdote, siete meses después de que murió Obando (3 de junio de 2018), el 18 de febrero de 2019.  

La relación Obando-Ortega fue tan sólida gracias a que Ortega estuvo dispuesto a darle a Obando lo que el grueso de los obispos durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI pedían: severas leyes antiaborto que, en el caso de varios países de América Latina, incluyeron desde finales de los noventa hasta finales de la década pasada, penas de cárcel para las mujeres que llegaran a sufrir un aborto, incluso cuando eran abortos naturales o espontáneos.

El cardenal promotor

Sin embargo, la relación entre Ortega y Obando es más profunda. Ortega de manera activa promovió a cargos clave en el Poder Judicial de Nicaragua a figuras cercanas a Obando. Esas figuras se nuclearon en torno a la universidad favorita del cardenal Obando, que no, desde luego que no era la UCA jesuita, demasiado liberal para su apetito.

Ese honor correspondía a la Universidad Católica Redemptoris Mater, es decir, Madre Redentora, uno de los títulos con los que se celebra a María, la madre de Jesús, cuando se reza el rosario. Nótese, por cierto que, a diferencia de lo que ocurre con la URL de la universidad jesuita, la UCA, la URL de la UNICA, la universidad que creó el cardenal Obando y sus más cercanos en el arzobispado de Managua opera sin ningún problema.

Este texto de 2022 da cuenta del papel de esa universidad, la llamada UNICA, como parte de la red de 15 jueces y fiscales que diligentemente ejecutan las órdenes del gobierno de Ortega, incluidas las de confiscar las propiedades o bienes de las órdenes religiosas de la Iglesia Católica.

En uno de sus párrafos, dice, a propósito de la relación de Obando con la UNICA y la inserción de sus egresados en el aparato judicial del sandinismo orteguista:

El juez Ángel Jeancarlos Fernández es parte de la red de egresados de la Universidad Católica Redemptoris Mater (UNICA), fundada por el fallecido cardenal Miguel Obando y Bravo, y dirigida por la familia del exmagistrado Roberto Rivas —aliado del régimen y expresidente del Consejo Supremo Electoral—. En abril de 2018, días antes que estallaran las protestas opositoras, su casa de estudios lo felicitó en su cuenta de Facebook por su desempeño como juez primero local penal de Managua.

En otras palabras, los jueces que ahora validan las medidas que Ortega toma contra la Compañía de Jesús y otras órdenes religiosas en Nicaragua no sólo actúan con leyes aprobadas en la legislatura cuando Obando hacía campaña en actos masivos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, a los que acudía a celebrar misas en las que, lacayuno, Ortega se acercaba a comulgar. Son leyes aplicadas, ejecutadas, legitimadas por un Poder Judicial que fue construido, al menos parcialmente, por Ortega con cuadros cercanos al propio cardenal Obando que, también así, legitimaba todo lo que Ortega hacía.

El papel clave de la UNICA es más evidente cuando se considera cómo, por ejemplo, todavía en 2016 el régimen de Ortega celebraba a Obando como quien congratula al socio que hace posible la prosperidad de un negocio conjunto.

Prócer de la paz

El 11 de marzo de ese año, la UNICA fue la sede de un homenaje al cardenal Obando. El entonces presidente del Poder Legislativo nicaragüense René Núñez Téllez, entregó a Obando el así llamado “autógrafo” de la ley 924 que declaraba a Obando como “prócer de la paz y la reconciliación” de Nicaragua.

El acto contó con la presencia de la plana mayor del Poder Judicial de la nación centroamericana. En la foto que se presenta a continuación, en primera fila en el auditorio de la UNICA están, de izquierda a derecha los magistrados, José Adán Guerra Pastora, Ileana Pérez López, Armando Juárez López, Rafael Solís Cerda, Francisco Rosales Argüello, así como Marvin Aguilar García.

También está ahí en la foto la directora general de la Policía Nacional, Aminta Granera Sacasa; el inspector general del Ejército, mayor general Adolfo José Zepeda Martínez; está el ya citado Roberto Rivas y la magistrada presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos Vanegas.

Los ministros de la Corte Suprema de Nicaragua asisten al homenaje a Obando en la Universidad Católica Redepmtoris Mater en 2016. Sus nombres en el texto

La foto se ha tomado de la página de Internet del Poder Judicial nicaragüense disponible en su ubicación original aquí y aquí en el Internet Archive.

En otra foto tomada de ese mismo acto, se puede ver el momento en que el presidente del Legislativo Núñez Téllez hacía la entrega del documento que celebraba a Obando que, como solía ser el caso con él, se dejaba querer por el resto de los integrantes del presídium.

René Núñez Téllez, presidente del congreso nicaragüense, homenajea en 2016 al cardenal Obando.

En una tercera fotografía tomada de esa misma página, el magistrado Rafael Solís Cerda, abraza al cardenal Obando al concluir la ceremonia celebrada en la sede de la UNICA en Managua. Debe destacarse, sin embargo, que Solís Cerda es uno de los pocos jueces que ha roto con el régimen de Ortega. El 8 de enero de 2019 Solís renunció a su cargo, aunque la prensa oficialista de presentó el hecho como una destitución.

Solís Cerda felicita al cardenal Obando.

Lamentablemente, el propio Solís tenía una historia poco menos que digna. La prensa nicaragüense había dado cuenta de la manera en que se adueñó de terrenos que no le pertenecían y de cómo usó la propiedad ampliada para hacerse de créditos otorgados por un banco que, años después, quebró. Solís está ahora refugiado en Costa Rica.

La página es uno de los muchos testimonios del tipo de relación teocrática que Obando estuvo interesado en construir de manera activa con el régimen que ahora ataca a los jesuitas y otras órdenes católicas en Nicaragua.

Príncipe de la Iglesia

Lo hace por medio de leyes y resoluciones administrativas o judiciales que han sido validadas y aplicadas en situaciones como la que involucra a la Universidad Centroamericana de Nicaragua, por personas que llenaron durante años de elogios al cardenal Obando, que celebraban los onomásticos y cumpleaños del príncipe de la Iglesia como si fueran celebraciones del calendario cívico-político de la nación centroamericana como también, por cierto, hacían las Fuerzas Armadas nicaragüenses.

Y la relación no era cercana sólo con Obando. Aunque ahora ha tomado distancia de Ortega, también sucesor de Obando en el arzobispado de Managua, el cardenal Leopoldo Brenes, solía recibir el apapacho del Poder Judicial emanado del gobierno de Ortega, como se puede ver en esta otra página de 2014, que da cuenta de una visita del pleno de la Corte Suprema a las oficinas del arzobispo Brenes, luego de que fuera elevado a la condición de cardenal por el papa Francisco.

Y no era sólo el Poder Judicial. Las Fuerzas Armadas de Nicaragua también aprovechaban cualquier oportunidad para celebrar al cardenal Obando. En esta imagen se puede ver una página de la revista institucional de las Fuerzas Armadas de la nación centroamericana de 2012. Ahí se puede ver la manera en que Obando celebraba al Ejército emanado de la revolución sandinista al cumplir 33 años de vida.

Página 25 del número especial de 2012 de la revista de las fuerzas armadas de Nicaragua.

Se adjunta una copia en PDF de la revista de las fuerzas armadas de Nicaragua para que no quede duda de la procedencia de la imagen anterior.

 

El régimen nicaragüense es, por donde se le vea, abusivo, viola los derechos humanos de sus ciudadanos, lo que es condenable. Pero debe quedar claro también que estas violaciones no ocurren en un vacío institucional.

La Iglesia Católica en Nicaragua contribuyó, para cumplir con sus propios objetivos, a crear estas condiciones en las que un Poder Judicial incapaz de respetar los derechos humanos le dice que sí a todo a un caudillo, cuya reelección indefinida, sin límites, fue una de las muchas cosas que Obando estuvo dispuesto a bendecir porque, de nuevo, había coincidencias que ahora la Iglesia, sobre todo en Estados Unidos, trata de minimizar, pero que están ahí para quien se tome la molestia de investigar un poco qué pasó en Nicaragua en los últimos 20 años.

Afiche de la campaña 2011, del gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. En la foto aparecen Rosario Murillo, Ortega y Obando. Foto de Jorge Mejía Peralta.

La Universidad Centroamericana, la jesuita de Managua, fue una de las pocas instancias públicas y con algún prestigio institucional que siempre se mantuvo alerta acerca de las posibles consecuencias del trato tan cercano entre Obando y Ortega.

Clérigo de Estado

Quien desee leer lo que la UCA publicaba en Envío, un servicio muy útil para comprender qué ocurre en Nicaragua y América Central, puede leer el número de 397 de abril de 2015. Ahí el anónimo “Equipo Envío” advertía a quienes despachaban en el arzobispado de Managua de los riesgos que planteaba la relación con Ortega. Obviamente, nadie le escuchó ni le hizo caso, quizás porque hacía ver el daño, la “confusión”, que causaba la actitud de Obando como socio del poder, lo que en otros contextos ha llamado el papa Francisco los "clérigos de Estado".

Cuando en las elecciones de 2006 Ortega volvió al gobierno la estrategia iba demostrando su eficacia. Ortega había apoyado el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Ya se había fortalecido y capitalizado el grupo empresarial del FSLN, estableciendo puentes con el gran capital nacional. Y la alianza con el cardenal Obando era manifiesta y creaba confusión en el pueblo católico.

Como suele ser el caso en la Iglesia Católica, quien advierte a los obispos acerca de las posibles consecuencias negativas de sus actos es de inmediato considerado hereje.

Aunque, al menos por ahora, el vocero de la Compañía de Jesús en Centroamérica, el padre José María Tojeira, cuenta con el respaldo de los obispos de su país y de otros países de la región cuando dice que “en Nicaragua no hay estado de derecho”.