Alicante, basura y Gaza: el cinismo que nos gobierna

José Luis González

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Una denuncia que comienza en las tasas municipales de Alicante y termina en los crímenes de guerra. Porque todo está conectado cuando el poder abandona la ética y normaliza la barbarie.

Por José Luis González

«Europa ha perdido el alma»

Joseph Borrel

Los que pagamos impuestos en Alicante nos acabamos de encontrar con una subida espectacular de la tasa de recogida de basuras por un servicio absolutamente deficiente, que lleva situando a Alicante durante muchos años como una de las ciudades más sucias de España. Mazón —uno de los personajes más cínicos e indignos de la política española— sigue atrincherado en su burbuja de ignominia, mientras las víctimas de la DANA claman por su dimisión y, en su propio partido, vuelan los cuchillos.

La turistificación sin límites —porque ya saben eso de que: «Es el mercado, amigos»— está provocando una gentrificación en Alicante que hace que los jóvenes tengan imposible el acceso a la vivienda, y muchos mayores y gente desprotegida sean expulsados de ellas. La batalla cultural y legal de la librería ’80 Mundos’ es un claro ejemplo de toda esta locura que nos ahoga y empobrece. Por cierto, les invito a comprar o pedir en 80 Mundos-Pynchon, Fahrenheit 451 o Ali i Truc, entre otras muchas —no en Amazon o Google, cómplices necesarios del genocidio de Gaza con su apoyo multimillonario al gobierno sionista de Israel a través del proyecto Nimbus— el libro La Península de las casas vacías, una auténtica maravilla que les cambiará las vacaciones (para bien o para mal, no lo sé). La corrupción casposa o «premium» nos atenaza; también el identitarismo, la aporofobia y el clasismo que forma parte del ADN español.

Y todo esto que les cuento es lo menos importante de las cosas importantes. El malogrado escritor irlandés Frank McCourt (Las cenizas de Ángela) iría un poco más lejos y diría que todo lo relatado por un servidor en el primer párrafo es «menos importante que el pedo de un violinista», porque lo único importante hoy, para toda la humanidad (término en desuso), debería ser: Gaza.

Vayamos con algunas cifras y responsabilidades. El Gobierno que preside Netanyahu (criminal de guerra) ha exterminado ya a más de 60.000 palestinos, miles y miles de niños y niñas, modernizando y perfeccionando el arma de destrucción masiva más vil y cruel que se ha conocido: el hambre. Organizaciones que trabajan sobre el terreno verifican que «esta devastadora pérdida diaria de vidas, mientras personas palestinas desesperadas tratan de conseguir ayuda, es la consecuencia de los ataques deliberados de las fuerzas israelíes y el resultado previsible de los irresponsables y letales métodos de distribución», asegura la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard.

Varios centenares de cooperantes han sido asesinados, entre ellos médicos. No hay palabras de reconocimiento suficiente para poner en valor el trabajo de organizaciones como MSF: «Nuestros equipos en la Franja de Gaza están siendo testigos del genocidio en Gaza cometido por las autoridades israelíes. Mediante acciones deliberadas está muy claro que la intención es la destrucción de toda vida palestina. Nadie se salva». Paralelamente, el ejército israelí ha ejecutado a cerca de 250 periodistas. Israel ha matado en Gaza a más periodistas que en ocho guerras juntas. Esto ha llevado a Antoine Bernard, director de Incidencia y Asistencia de Reporteros Sin Fronteras, a incidir en las responsabilidades: «Como primer socio comercial de Israel, es hora de que la UE suspenda de una vez por todas su acuerdo bilateral de asociación con Israel».

Es importante no mezclar todo, y, cuando hablamos de un genocidio, situar correctamente a los actores que participan en este drama televisado. En primer lugar, los genocidas y criminales de guerra (los verdugos): el Gobierno sionista de Israel. Y, a merced de los verdugos, las víctimas: la población palestina y quienes les ayudan y apoyan de verdad, sin maquillajes y jugándose la vida. Luego está el cómplice y patrocinador principal del genocidio: Administración Trump; y los cómplices, patrocinadores secundarios (mamporreros) del genocidio: Unión Europea y países árabes. No olvidemos a los que miran para otro lado y no quieren líos: China y muchos otros (en lo institucional y en lo personal). Aquí metería el negociado al que pertenezco: las universidades (públicas), carcomidas por la doctrina neoliberal y con un pensamiento crítico reducido a mínimos, lo que se traduce en la nula movilización ante nada más y nada menos que un genocidio.

Tampoco debemos olvidarnos de los cómplices subsidiarios de segundo nivel, células locales absolutamente necesarias en el engranaje de odio y negocio de la «internacional sionista»: las/os Ayuso, Meloni, Milei, etc. Y, finalmente, los cómplices subsidiarios a los que habitualmente se les exonera de responsabilidades, pero que no están libres de culpa: quienes respaldan en las urnas —por ignorancia o militancia— opciones políticas que ejecutan, patrocinan o miran para otro lado ante esta barbarie.

Fuente: informacion.es