
Ignacio García Martes, 16 de Diciembre del 2025
Foro Público
El fin de semana pasado se consumó otro triunfo de la ultraderecha en América Latina. José Antonio Kast, famoso por su defensa a la dictadura de Augusto Pinochet, ganó las elecciones presidenciales en la segunda vuelta en Chile con el 58 por ciento de los votos.
El candidato conservador obtuvo el triunfo electoral, ante el descontento generalizado que se ha incrementado en Chile en los últimos años y el fracaso de las políticas progresistas que propuso el actual presidente izquierdista, Gabriel Boric.
Este triunfo sucede apenas un mes después de la victoria de las elecciones parlamentarias en Argentina, donde el movimiento que encabeza el presidente ultraconservador, Javier Milei, también superó ampliamente a la izquierda.
Aunque Colombia, Brasil y Uruguay son gobernados en la actualidad por gobiernos progresistas, el cambio a la derecha parece convertirse en una tendencia en América Latina, con un crecimiento sustancial de un pensamiento conservador que se ha tornado en las nuevas generaciones que tratan de apostar por las tradiciones y una narrativa antiprogresista, la cual consideran contraria a los valores sociales.
En el caso de Chile, resulta de crucial importancia, dado que se trata del presidente más conservador desde Augusto Pinochet. José Antonio Kast se posicionó como un personaje con un discurso muy similar al de Javier Milei en Argentina y Donald Trump en Estados Unidos, pero menos estridente.
El éxito de Kast en esta campaña presidencial fue consolidar una narrativa de “emergencia” en Chile, ante el crecimiento del crimen, la falta de crecimiento económico y la migración, diferente al discurso que impulsó en 2021, cuando se enfrentó a Gabriel Boric y priorizó una lucha contra el feminismo y la diversidad sexual.
Los medios de comunicación chilenos cuestionaron que el gobierno de Boric no logró impulsar las políticas progresistas que le dieron el triunfo en 2021. Para los más progresistas el mandatario saliente siempre fue más conservador y para los más tradicionales, fue mucho más disruptivo, por lo cual careció de una base social que le permitiera mantener una elevada popularidad en su mandato.
El péndulo hacia la derecha
Apenas el pasado 8 de noviembre en Bolivia también triunfó la ultraderecha a través de Rodrigo Paz, quien ganó los comicios después de casi 20 años de gobiernos emanados del Movimiento al Socialismo, y las disputas entre Evo Morales y el ahora ex presidente boliviano, Luis Arce.
En octubre pasado, en Perú también se impuso José Jerí, representante de la Ultraderecha, quien fue electo como presidente, tras el golpe de Estado a Pedro Castillo en 2023, y que ha mantenido una disputa diplomática con México, que no ha reconocido el proceso de renovación presidencial.
Además, en Ecuador, Daniel Noboa fue reelecto como presidente, después de haber ganado los comicios de 2023, quien ha mantenido una política neoliberal sumamente radical, por la cual también rompió relaciones diplomáticas con México, al irrumpir en la embajada mexicana en Quito.
En este año, el único triunfo de la izquierda en América Latina fue en Uruguay, donde Yamandú Orsi, como representante de la coalición de las Izquierdas, ganó después del gobierno derechista de Luis Lacalle.
Quizá uno de los casos más relevantes en América Latina con relación al triunfo de las derechas populistas es el de Nayib Bukele en El Salvador, donde modificó la constitución para releegirse de manera indefinida y perseguir a las personas sin el debido proceso penal.
Los casos de Argentina y Chile son fundamentales en la región, debido al peso económico y demográfico que tienen. Milei y su movimiento La Libertad Avanza han consolidado una reducción sistemática del Estado con despidos masivos y una amplia permisividad a las empresas internacionales, principalmente estadounidenses.
Con el objetivo de reducir la hiperinflación que ha padecido Argentina en los gobiernos peronistas, Milei volvió a obtener el triunfo en los comicios legislativos, con los cuales podrá tener la posibilidad de maniobrar sin problemas en la segunda mitad de su mandato.
En Chile, Kast promete cerrar las fronteras y repatriar a más de 300 mil personas que están en esa nación de manera irregular, debido a que el discurso xenofóbico ha crecido en un amplio sector de la población que ha acusado a los migrantes de ser los responsables de la pérdida de empleos—similar a la que impulsó Donald Trump para ganar las elecciones—y la ralentización de la economía.
¿El fin de la tendencia izquierda regional?
En América Latina aún se conservan los gobiernos progresistas de Colombia, Uruguay y Brasil. En el caso de México, donde se asume como un gobierno progresista, aunque en realidad su tendencia es más centro populista, la popularidad con la que goza la presidenta Claudia Sheinbaum, por encima del 70 por ciento, parece que es difícil que una corriente ultraconservadora obtenga el triunfo en los comicios de 2030.
Sin embargo, el fracaso en las políticas de seguridad que ha desarrollado el gobierno federal, así como el incremento en la percepción de la corrupción que ubica a México como una de las naciones más corruptas del mundo, de acuerdo con Transparencia Internacional, pueden representar un golpe que la oposición puede aprovechar para destruir las súper mayorías que ha obtenido el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), principalmente en el ámbito subnacional.
A diferencia de la amplia popularidad con la que cuenta la mandataria federal, en diferentes estados del país, gobernados por Morena, existe una percepción negativa sobre el quehacer de los gobernadores, lo que puede provocar que pierdan esas entidades en las elecciones de 2027, principalmente en Michoacán, Baja California, Guerrero, Sinaloa, en donde existe mirada de profunda corrupción con nexos con el crimen organizado.
La manera en la que Morena se ha impuesto en el sector legislativo también es un aspecto negativo que puede cobrarle factura electoral. La permanencia de personajes tan oscuros como Adán Augusto López como Ricardo Monreal y Gerardo Fernández Noroña puede representar un problema significativa para la autollamada “4T”.
En Brasil, las acciones que ha emprendido el gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva tampoco han logrado reducir los niveles significativos de pobreza y la desigualdad está acompañando discursos que permitieron la victoria de Jair Bolsonaro, mientras que en Colombia, el gobierno de Gustavo Petro está sumamente cuestionado, y es altamente probable que en las siguientes elecciones el ultraconservadurismo retome el poder como ocurrió con Iván Duque.
Los discursos simplistas de las élites que califican a los gobiernos de izquierdo como “comunistas” son exitosos en sociedades poco politizadas y con escasa conciencia social, aunado a que un termómetro de las recientes derrotas electorales de la izquierda representa que han caído en muchas de las prácticas que pregonaron combatir.
Nota aparte: Un mecanismo efectivo en las recientes victorias de la ultraderecha ha sido la intervención directa de Donald Trump en los comicios de América Latina. El mandatario republicano amagó con dejar de apoyar económicamente a Argentina si el movimiento de Javier Milei perdía las elecciones parlamentarias, lo que nuevamente evidencia el interés de los grupos de poder de mantener sus visiones hegemónicas.