
Guadalupe Lizárraga Jueves, 06 de Febrero del 2025
La oposición demócrata, aunque activa, necesita una respuesta contundente. Mientras, la presión de los ciudadanos y el apoyo internacional serán claves para frenar la agenda autoritaria de Trump.
Por Guadalupe Lizárraga
A tan sólo dos semanas de asumir el poder, la administración de Donald Trump ha desatado una serie de ataques devastadores contra los estadounidenses, que incluyen recortes en fondos cruciales como WIC, SNAP, Head Start y programas escolares de nutrición para niños. Además, ha entregado el control del gobierno al multimillonario Elon Musk, consolidando un poder sin precedentes. Éste no es simplemente un cambio de partido en el gobierno, sino una crisis institucional que pone en riesgo los principios democráticos fundamentales. Además, amenaza con consolidar un control autoritario con repercusiones graves tanto para el futuro de este país como para millones de personas dentro y fuera de Estados Unidos.
A pesar de la magnitud de la situación, la respuesta de muchos funcionarios demócratas no ha sido suficiente para frenar este embate. Líderes como la representante Alexandria Ocasio-Cortez y el senador Brian Schatz han mostrado su oposición, pero la situación requiere una respuesta más contundente. La amenaza de Brian Schatz de bloquear las nominaciones de Trump surgió luego de que el Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk intentara cerrar USAID. El fin de semana, empleados de DOGE intentaron acceder a archivos clasificados de USAID, pero fueron bloqueados por los funcionarios de seguridad. Finalmente, los empleados de DOGE lograron acceder a los archivos y ordenaron a los empleados de USAID trabajar desde casa. Schatz reaccionó a esto afirmando al Wall Street Journal que se opondría al “consentimiento unánime” y que retrasaría todo el proceso “hasta que esto se resuelva”.
La energía de Ocasio y de Schatz se vuelve indispensable y valiosa para crear una resistencia unificada y enérgica que detenga la consolidación de poder del dúo multimillonario. En este sentido, los demócratas deben utilizar todos los recursos a su disposición para bloquear la agenda de Trump y proteger a los más vulnerables. El impacto de esta crisis institucional está afectando no sólo a los servicios públicos, sino también a la infraestructura y la seguridad de miles de familias. Para frenar este avance, los demócratas tienen diversas estrategias a su disposición, tal como lo ha demostrado el senador Schatz, como bloquear el quórum, interrumpir los procesos de nominación y aprovechar al máximo el tiempo de debate disponible para retrasar las iniciativas de Trump.
En el artículo de Ezra Klein publicado en The New York Times, y titulado "No le creas", se reproduce un fragmento de entrevista con Steve Bannon en el show del mismo autor, que se menciona una táctica clave utilizada por el gobierno de Trump para desestabilizar la oposición y aparentar un poder más allá del real. Se trata de saturar a los medios de comunicación con múltiples ataques simultáneos, para evitar que surja una oposición coherente. Bannon explicó al diario que "si se abruman a los medios de comunicación, si se les da demasiados temas para cubrir y se les mantiene moviendo de una cosa a otra, no podrán organizarse". Esta estrategia de "velocidad de salida" busca desorientar a los medios y, en consecuencia, a la oposición.
Ahora mismo, la reacción no viene de los políticos profesionales. Los teléfonos de los demócratas están siendo bombardeados por ciudadanos de a pie que exigen una respuesta más contundente contra Trump y sus políticas. Sin embargo, la indecisión y tibieza del Partido Demócrata, acostumbrado a imponer disciplina a sus miembros, ha provocado que la decepción de la clase trabajadora impulse el surgimiento de un movimiento ciudadano y de organizaciones políticas independientes en defensa de los derechos civiles y del avasallamiento Trump-Musk. Incluso, el fenómeno oligárquico también puede ser un factor de unificación para su contraparte.
Queda claro, que éste es un momento crucial, no sólo para los demócratas, pues. La firmeza e inteligencia también son necesarias por parte de la oposición republicana a Trump, los gobernadores, los países socios comerciales de EEUU y las instancias internacionales de derechos humanos. Trump no cuenta con un consenso unánime, como lo recuerda Schatz; existen recursos de contrapeso, especialmente a nivel doméstico. Esta crisis que vive EEUU podría ser el punto de partida hacia una nueva era de cambios, que no sólo rescate su democracia interna, sino que también ayude a restaurar el equilibrio global.
De tal suerte que la respuesta a esta crisis dependerá no sólo de la acción de los políticos, sino también de una colaboración internacional que garantice la protección de los derechos humanos y el respeto al orden democrático. Sin embargo, la respuesta inmediata y de mayor repercusión mediática recae en los ciudadanos estadounidenses, quienes tienen en sus manos la capacidad de utilizar todo su poder y los recursos políticos que les otorga la misma democracia para auto-restaurarse.