La sazón del canibalismo, artículo de Javier Contreras

Javier H. Contreras O.

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El canibalismo es una de las acciones impensables por ahora por la sociedad, pero todo es posible con el proceso de cambio gradual de opinión pública, conocido como la "ventana de Overton".

Por Javier H. Contreras O.

La nueva ecuación de la sociedad: a menor esfuerzo, mayor placer.

¿Será posible pasar de lo impensable a lo radical? ¿De convertir un tabú en una práctica común y popular? ¿O del brinco de lo radical a lo aceptable?

Si se revisaran dos casos, como el canibalismo o la zoofilia, acciones descabelladas y aberrantes que a lo largo de la historia han sido reprobadas y condenadas, podemos concebir que, de un momento a otro, pueden pasar a incorporarse a una nueva “normalidad” a través de un proceso gradual y sistemático de rotación de la opinión pública, de modo que lo que antes era considerado absurdo sea aceptado.

Todo se puede a través de una ventana que se va abriendo, y ese proceso nos ha llevado a ver pasar, de un lado a otro, sin emoción ni oposición, un viraje de 180 grados de cosas y valores que antes teníamos incorporados a nuestra cosmovisión, llevándolos diametralmente al lado opuesto. Eso es parte del fenómeno psicológico en el que la noche la podemos convertir en día y a la inversa.

De esa forma, lo que antes tenía sentido pasa a ser ausente de sentido; lo deleznable adquiere importancia y aceptación. Lo inverosímil se convierte en certeza.

Vivir sin sentido nos ha llevado a convertir lo blanco en negro, lo negro en blanco, el todo en nada y la nada en todo. Pasar de lo ilegal a lo legal, de lo anormal a lo normal, de lo malo a lo bueno. La fe en incredulidad, lo divino en profano, lo culto en vulgar, la cultura en narcocultura.

O también se puede ver como la pérdida de la noción ética de un cambio selectivo y cómodo, que torce principios bajo el amparo de supuesta moda y de una nueva tolerancia ideológica. Lo pasado se etiqueta como malo, solo por ser del pasado, y se suple por lo que sea o no se suple.

Esa metamorfosis está trasladando a la sociedad, de la noche a la mañana, en una veloz banda sin fin. “En esta sociedad posmoderna de la tolerancia en la que vivimos, como en la parábola de la rana hervida, no nos hemos dado cuenta de que nuestra comunidad no tiene ideales fijos y, como resultado, tampoco una clara división entre el bien y el mal, pues vivimos en un relativismo galopante, en una sociedad permisiva, donde impera el menor esfuerzo con el mayor placer posible, y donde, además, el consumo y el poseer es lo que dicta el éxito de las personas” [1].

¿Y cómo es ese proceso? ¿En qué consiste la llamada ventana de Overton?

La llamada “ventana de Overton” debe su nombre a su creador, Joseph P. Overton, y consiste en una secuencia concreta de acciones con el fin de conseguir un cambio radical sobre determinados temas, sobre todo controversiales. Overton [2] desarrolló esta teoría en la década de 1990 para explicar cómo ciertas ideas políticas, que en un momento dado pueden parecer radicales o inaceptables, pueden eventualmente volverse populares y ser adoptadas por la sociedad. La idea principal detrás de la ventana de Overton es que la opinión pública y las políticas gubernamentales están influenciadas por un rango limitado, y por lo general, por minorías, que son consideradas legítimas y aceptables en un momento y lugar específicos.

En otras palabras, es una estrategia de cómo las minorías se van montando en las mayorías, de manera gradual, sin hacer ruido ni aspavientos. Cuando menos pensamos, ya tenemos otros conceptos diametralmente opuestos a los de las anteriores generaciones, que se incubaron en nuestras propias familias, en nuestros hogares y en las escuelas. Han ido penetrando a través de la educación de los niños, los medios de comunicación, redes sociales, cine, literatura, en un nuevo lenguaje y hasta nuevas “religiones”. La industria de Hollywood y Netflix son especialistas en crear nuevos modelos con la estrategia de la ventana de Overton.

Las etapas de esa ventana de Overton son cinco. Van desde lo impensable a lo radical; la segunda fase, de lo radical a lo aceptable; luego, de lo aceptable a lo sensato. La cuarta etapa es de lo sensato a lo popular, y la última es de lo popular a lo político. Así podemos explicarnos cómo han sucedido cambios radicales en la manera de pensar sobre determinados temas, y las redes sociales juegan un papel preponderante al ser uno de los principales vehículos debido a la sobreexposición que tenemos en ellas.

Hay varios ejemplos de su funcionamiento, como el canibalismo o la zoofilia. La primera fase, de lo impensable a lo radical, sería desde que el canibalismo o la zoofilia son rechazados y su legalización inaceptable, se va generando una percepción de un grupo de personas que se amparan en el argumento de la libertad de acción y de expresión, con presuntas razones antropológicas.

De lo radical a lo aceptable representa la postura radical de un grupo de supuestos caníbales o zoófilos que reclaman que pueden hacer con su cuerpo lo que les plazca, como un derecho, y quien se oponga será calificado de mente estrecha. Entra en juego el uso del lenguaje, y el canibalismo se “transforma” en antropofagia y luego en antropofilia. La zoofilia se calificaría como una libre expresión y respetable de amor a los animales, a los seres de la naturaleza, o al argumento de que todos somos animales, aunque unos racionales y otros irracionales, pero animales al fin y con necesidades similares.

La tercera etapa, de lo aceptable a lo sensato, argumenta que el deseo de comer personas o tener relaciones sexuales con animales está genéticamente justificado, como “desde hace muchos años” era una acción normal y cultural, y que las personas son libres y tienen el derecho de decidir qué comen y con quién tienen relaciones.

Luego, de lo sensato a lo popular, las redes sociales y los medios de comunicación entran a cumplir esta fase, y también aparecen películas, series, libros, canciones populares y videos contando o inventando historias sobre estos temas, para concluir con la quinta etapa, de lo popular a lo político, donde los gobiernos, para quedar bien y ganar simpatía, elaboran leyes para legalizar lo que antes era impensable.

También, ahora la marihuana es “recreativa”. En la calle principal y con mayor afluencia de turismo de la Ciudad de México, en la avenida Juárez, frente al Hemiciclo de Benito Juárez, se ponen a fumar marihuana en la banqueta. Ya es tan normal, que el anormal es quien se escandaliza por eso. Antes se decía que los marihuanillos eran los sardos, con respeto a los militares, y fumar la hierba en la vía pública ameritaba faltas al bando. Existe más la prohibición de venta de cigarros en algunas tiendas, así como el fumar tabaco en muchas áreas públicas.

¿Llegaremos un día a la legalización de la pedofilia, del casamiento de un ser humano con un animal para legalizar sus relaciones, o la creación de menús con carne humana en recetas gastronómicas de fusión y con maridaje de vinos?

Como vamos avanzando en la ventana de Overton, todo puede suceder. Algunas acciones de lo impensable ya son políticas y están sucediendo en un abrir y cerrar de ojos, incorporadas a una nueva normalidad que algunos se aferran a imponer para bien o para mal.

Ojalá que ya no siga funcionando esa ventana de Overton en las familias, que es el último reducto de esta sociedad.

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[1] LISSARDY, Gerardo (2023). El modelo explica cómo ideas políticas consideradas tabú en una época se vuelven aceptables en otra. BBC, https://www.bbc.com/mundo/articles/c9ekg9mej8po

[2] PAMPLIEGO, Enrique (2023). ¿Qué es la ventana de Overton?