Foro Público: El legado obradorista contra la prensa

Ignacio García

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Foro Público

Rocío Nahle, ex secretaria de Energía (Sener) en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, continuó con el legado discursivo en contra de la prensa que tanto caracterizó a su jefe en el sexenio pasado. La ahora gobernadora de Veracruz evidenció su desprecio absoluto hacia la labor de los medios de comunicación al acusarlos de “miserables” por informar sobre la muerte de la maestra jubilada y taxista Irma Hernández, quien fue secuestrada por un grupo criminal por rehusarse a pagar el “cobro de piso”.

La mandataria estatal, con un pésimo manejo en comunicación política, se dejó llevar por sus emociones y acusó a la prensa de atacarla personalmente por el caso de la docente jubilada, pese a que la mirada pública se enfocó en un acto que causó indignación nacional por la forma en la que la víctima fue utilizada como un método de presión del crimen organizado.

Nahle intentó replicar el modelo de “comunicación circular” que tanto presumió López Obrador con sus conferencias de prensa matutinas diarias en Palacio Nacional que ha continuado la actual presidenta Claudia Sheinbaum y que coloquialmente son llamadas “mañaneras”, pero a diferencia de la actual jefa del Estado mexicano que ha controlado sus emociones en los diez meses del actual sexenio, la ex titular de la Sener se enojó con los periodistas de forma similar a las que incurrió tanto el ex presidente como el ex gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, que también se enfrascó en discusiones contra los periodistas que cuestionaban los pobres resultados en materia de seguridad.

Para minimizar el efecto del video que se viralizó en redes sociales, Nahle afirmó que la maestra Irma Hernández no falleció directamente por el grupo criminal, sino por un infarto, aunque sí fue violentada por el mismo, y que probablemente fue el causante de provocarle el paro cardiaco.

Para complementar su absurdo manejo en comunicación política, la mandataria estatal increpó a la prensa al señalar de forma desafiante y desafortunada: “les guste o no” respecto a la causa de la defunción de la docente jubilada, como si esto justificara una situación que nunca debió ocurrir.

En el lamentable mensaje de Rocío Nahle, dijo que su deber como gobernadora era informar sobre la causa de la muerte de la víctima, pero omitió destacar que debe garantizar condiciones de seguridad para que los taxistas y comerciantes operen sin ser extorsionados y secuestrados por el crimen organizado.

De la prensa inmunda a la miserable

Durante el sexenio pasado los periodistas y medios de comunicación fueron constantemente el blanco de los ataques del líder populista más relevante de la historia reciente de México.

Para mantener la narrativa populista—que se caracteriza por generar una lucha entre propios y extraños con mentiras para polarizar--, el ex presidente frecuentemente calificó a los medios mexicanos como “facciosos”, “fantoches”, “conservadores”, “fachos”, entre otros, para minimizar las críticas que ejercían en su contra por los patéticos resultados en combate a la delincuencia en el sexenio pasado o las contradicciones discursivas con los evidentes actos de corrupción entre el círculo rojo del régimen.

López Obrador atacó en particular a algunos medios como Reforma, al que calificó como “pasquín inmundo”, mientras que dirigió sus ataques a periodistas como Carlos Loret de Mola, Joaquín López Doriga, Ciro Gómez Leyva, Carmen Aristegui, Raymundo Rivapalacio, Carlos Marín, entre otros, a quienes constantemente evidenció por sus ingresos económicos millonarios.

El discurso del tabasqueño se reforzó con una percepción negativa que existe en México sobre la labor de los periodistas y medios de comunicación, que tienen una baja credibilidad y que promueven mecanismos de posverdad para alterar la percepción colectiva sobre la importancia de la prensa crítica y plural que no enaltezca al poder en turno.

El ex mandatario federal fue muy hábil para conformar un discurso polarizador que le permitió consolidar una vertiente en la que exaltó la labor de los periodistas que no cuestionaban a su gobierno y a quienes les dio espacio en las conferencias de prensa mañaneras y a los críticos, que constantemente trató de demeritar en sus conferencias e incluso desde la fallida sección “quién es quién en las mentiras” que fue encabezada por Ana Elizabeth García Vilchis, quien quería dar clases de Periodismo sin nunca haber sido periodista y cuya única experiencia en medios fue ser editora web en La Jornada Oriente.

Por ello, los seguidores de López Obrador han tratado de emular su modelo de comunicación política con ataques directos a la prensa, pero que han sido fallidos, pues no cumplen con las características populistas del tabasqueño, y por ello tienen un costo político más elevado que dilapida carreras públicas como ocurrió con el ex gobernador de Veracruz, quien fue salvado por Sheinbaum para fungir como director del Centro Nacional del Control de Gas Natural (Cenagas), un cargo menor en el que tiene nula presencia pública.

Otro que intentó seguir con los ataques de López Obrador fue el ex subsecretario de Salud federal, Hugo López-Gatell, quien se confrontaba con la prensa por el pésimo manejo de la pandemia de Covid-19 y por ello tuvieron que sacarlo del país para enviarlo a la Organización Mundial de Salud (OMS) sin interferir directamente en el gabinete federal.

Y ahora Nahle trata de emular a su antecesor con ataques a la prensa, desgastando su imagen en apenas unos meses de gobierno, y con dudas crecientes sobre su función al frente de Veracruz, que también le está costando políticamente al Movimiento Regeneración Nacional (Morena), pues perdieron casi la mitad de los municipios que gobernaban en las pasadas elecciones locales de este año.

A ello, se suma el enfrentamiento político que mantiene la gobernadora de Veracruz con el clan Yunes, que desde que inclinaron la balanza a favor de Morena para aprobar la reforma judicial en septiembre pasado, cuentan con inmunidad absoluta en la “cuarta transformación”.

Cuando los Yunes eran lo peor de lo peor para el morenismo, Nahle encabezaba sus ataques, pero con su reciente alianza, la gobernadora se siente insultada por las prebendas políticas que les han otorgado para quitarle poder en la entidad, principalmente en Boca del Río y Veracruz, bastiones políticos de este clan.

Por ello, Nahle debe recordar que ya no está al frente de un área administrativa en el gobierno federal, sino que es la principal responsable de la cuarta entidad más poblada del país, que enfrenta serios problemas de inseguridad y violencia que se remontan desde la administración de Fidel Herrera, que se incrementó en el gobierno de Javier Duarte, continuaron con Miguel Ángel Yunes Linares y con Cuitláhuac García.

Nota aparte: El equipo de comunicación de la gobernadora parece que sólo está de adorno, ya que es incapaz de brindarle el asesoramiento que requiere para evitar que siga cometiendo errores que pueden sepultar su carrera política, pues su principal función es tratar de orientarla a que comunique de forma efectiva, pero como suele suceder en distintas áreas de Comunicación Social de los gobiernos estatales están repletas de personas poco preparadas sin capacidad de manejar crisis.