
Ignacio García Martes, 17 de Junio del 2025
Foro Público
Donald Trump celebró su cumpleaños con un desfile militar. Al estilo de los países controlados por dictadores o como acontecía en los viejos sistemas monárquicos, donde festejaban al “líder” con una demostración del poderío militar de quien encarna al Estado, sin embargo, en el caso estadounidense, que se había jactado de ser una democracia plural, en donde no existen “reyes”, principio fundacional de la nación, el ahora mandatario federal republicano parece querer olvidar los principios constitucionales.
Después de iniciar una serie de redadas en contra de la población migrante en las principales ciudades santuario en Estados Unidos como Los Ángeles, Trump optó por acusar a los demócratas de promover la violencia y la inseguridad en los estados que gobiernan, lo que derivó en protestas multitudinarias con más de cinco millones de personas que marcharon por dos mil ciudades en contra del republicano.
Las aspiraciones personales de Trump se traducen en el famoso eslogan “Make America Great Again” que enfatiza que Estados Unidos perdió su brillo durante las administraciones demócratas y por ello requieren de un liderazgo fuerte como el que representa el republicano, con un fuerte componente nacionalista, acompañado de una expresión racista, discriminadora y xenófoba.
Desde la primera administración de Trump, se evidenció que el republicano pretendía impedir el arribo de migrantes a Estados Unidos con la famosa construcción del muro fronterizo—el cual nunca se terminó—y que fortaleció la narrativa del republicano para evitar el ingreso de migrantes, como si se trataran de un sinónimo de criminales.
Trump trató de mostrar la fuerza política y militar que tiene, pero salieron a las calles cientos de veces más personas para protestar contra su política migratoria que los escasos seguidores que reunió en el desfile militar. El republicano quiso mostrar un músculo que carece, porque en la actualidad Estados Unidos es una sociedad polarizada, cuyas fracturas parecen estar lejos de repararse.
Con el apoyo de la policía migratoria, Trump atacó el corazón político del partido demócrata, enfrascándose en un enfrentamiento mediático con el gobernador de California, Gavi Newsom, a quien ha empoderado como principal opositor y presidenciable más visible de los demócratas para la contienda electoral de 2028.
El mundo está peor con Trump
Uno de los principales reclamos que hizo Trump a su antecesor, Joe Biden, fue que en su gobierno iniciaron tanto la guerra de Rusia y Ucrania como la de Israel contra Hamás. El republicano presumió que en su primer mandato el mundo era más pacífico, y ningún país se atrevía a desafiar a Estados Unidos, por lo cual se comprometió a resolver estos problemas, y afirmó que en cuestión de minutos lograría la paz en ambas regiones del planeta.
Para su sorpresa, no sólo los conflictos no se han resuelto, sino que las tensiones se han acentuado, con una confrontación abierta entre Israel e Irán, en medio de un miedo generalizado en el mundo, ante la ausencia de un arbitro que logre evitar más muertes en los conflictos que se presentan con las ambiciones anexionistas de las principales potencias mundiales.
Mientras Trump intenta actuar como “bully” en contra de las demás naciones, Vladimir Putin juega con el republicano, con la facilidad que caracteriza a alguien que sabe que no tiene frenos para seguir invadiendo Ucrania, en tanto, que Xi Jinping ha sido el principal beneficiado de las acciones económicas agresivas de Estados Unidos contra sus aliados comerciales.
Además, los discursos populistas de Trump también tienen eco en diferentes países, donde la ultra derecha conservadora ha crecido con discursos xenófobos de cierre de fronteras y criminalización de migrantes, lo que representa un retroceso a los avances que se habían alcanzado en materia de protección de los derechos humanos.
Desde el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos se asumió como el gran comisario del mundo, pero con las fracturas internas que vive, la incapacidad de las organizaciones internacionales para mediar los conflictos y la escalada de la violencia de Israel—aliado incondicional de la Unión Americana—reflejan la ausencia de protección ante cualquier amenaza que se presente en el mundo.
El Mundial de los deportados
A un año de efectuarse la Copa del Mundo en Estados Unidos—principalmente--, México y Canadá, la sede de la mayoría de los partidos enfrenta una serie de problemas políticos asociados a las prácticas de expulsión de migrantes que ha implementado la administración de Trump.
La Federación Internacional Futbol Asociación (FIFA) eligió a la Unión Americana como la principal sede de la Copa del Mundo de 2026, pues parecía el sitio idóneo para evitar conflictos políticos, culturales o económicos que se presentaron en las últimas sedes de los mundiales desde Sudáfrica en 2010, que después del Mundial entró en crisis económica, Brasil, que para la organización del evento en 2014 derivó en la destitución de Dilma Rousseff de la presidencia, Rusia que consolidó una persecución sistemática a los opositores de Putin en 2018, y en Qatar en 2022, con las violaciones a derechos humanos para la construcción de los estadios con prácticas esclavistas.
Sin embargo, ocurrió todo lo contrario, porque hay un temor masivo por las redadas que ha implementado el gobierno de Trump, y con claras amenazas de expulsión que han expresado los funcionarios federales.
Estas redadas ocurren en medio de la celebración del Mundial de Clubes y la Copa Oro, especialmente por la obsesión de la FIFA de organizar todos los eventos deportivos en Estados Unidos—uno de los países menos futboleros del continente—por obtener ganancias económicas en dólares, y que dejan más dudas sobre la organización del Mundial del próximo año, que inevitablemente provocará el arribo de miles de visitantes.
Aunque el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aseguró que el Mundial abriría las puertas a todo el mundo, el gobierno de Estados Unidos tiene una lista de al menos 32 países que se les ha negado el permiso de ingreso a esa nación, la cual está encabezada por Irán, cuyo seleccionado nacional tiene amplias posibilidades de calificarse para la Copa del Mundo.
Las restricciones que ha impuesto la administración de Trump contrastan con el relato de Infantino, que observa cómo hay una lista de espera de meses para que las personas de algunas naciones como Colombia ingresen libremente a la Unión Americana.
Esto, invariablemente, impactará en las ganancias económicas que espera la FIFA del certamen internacional, lo que se visibiliza con las pocas entradas para los partidos del Mundial de Clubes, que ha tenido una muy tibia recepción de la afición, principalmente porque la mayoría de los norteamericanos no siguen el futbol y quienes lo hacen, en su mayoría son latinos, tienen miedo de ser deportados si acuden a un estadio.
Nota aparte: Paradójicamente Trump, que obtuvo la validación de la FIFA para celebrar la Copa del Mundo en su primer mandato, puede ser quien cause un desastre económico del evento, por sus políticas restrictivas que exaltan su fuerte racismo y xenofobia.