
Ignacio García Martes, 24 de Junio del 2025
Foro Público
El mundo se encuentra en un nuevo proceso de definición de poderes. Estados Unidos ha dejado de ser la única potencia militar absoluta en el planeta, pues China y Rusia también se han posicionado en los últimos años como los principales adversarios geopolíticos de Occidente.
Después de la Guerra Fría y la desintegración de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se consolidó como la única súper potencia militar y económica del mundo, ejerciendo un rol de “policía” del planeta para mantener los supuestos principios democráticos que pregona la Unión Americana con constantes intervenciones militares en regiones que eran significativas para sus intereses como medio oriente.
Sin embargo, desde el arribo al poder de Vladimir Putin en el 2000, Rusia volvió a reconfigurarse lentamente como el adversario histórico que representó la Unión Soviética, pero siguiendo el capitalismo como el sistema económico hegemónico que le impediría una nueva caída.
Putin ha dejado en claro sus intenciones expansionistas para volver a controlar a las antiguas repúblicas socialistas soviéticas que se independizaron después de la caída de la Unión Soviética. Por ello, inició una intervención bélica en Georgia, para controlar una de las zonas de mayor influencia de los soviéticos desde la época de la revolución rusa de Vladimir Lenin.
Ante el desinterés de Occidente por defender a las antiguas repúblicas soviéticas, paulatinamente Putin fue extendiendo los tentáculos de influencia en Europa, y se benefició con su acercamiento con China, que desde la llegada al poder de Xi Jinping en 2013, también manifestó sus intenciones de crecimiento económico y militar no sólo en Asia, sino en el mundo.
Mientras que Estados Unidos asumió una soberbia postura sobre su capacidad militar, dejó de interesarse en los programas militares y nucleares tanto de Rusia como de China, que rápidamente apostaron por el crecimiento de su capacidad bélica ante una eventual guerra de escala global.
Así, China a través de la famosa política “Una sola China”, provocó una serie de violaciones a derechos humanos hacia la población que radica en Hong Kong, después de que este territorio se reincorporó al control gubernamental de China, y que había sido un oasis económico y financiero para los capitalistas después de la llamada revolución popular china de Mao Zedong.
Trump mostró poderío militar
Después de que Rusia decidió invadir Crimea en 2014, Occidente excluyó a Putin de los encuentros del G-7--el grupo de las siete principales potencias económicas del mundo--, al considerar que había violado los principales tratados internacionales que el propio mandatario ruso había signado para impulsar la paz, pero que se asoció con el interés de este país para evitar que Ucrania se integre a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la principal organización creada por Estados Unidos durante la Guerra Fría para evitar el expansionismo del denominado Pacto de Varsovia con tendencia comunista.
Mientras que Barack Obama condenó a Putin en la invasión a Crimea, cuando Donald Trump llegó al poder en 2016, se acercó a Putin, para dirimir las diferencias entre Estados Unidos y Rusia, pero cuando los demócratas retornaron al poder en 2020 con Joe Biden al frente, nuevamente las tensiones se intensificaron.
El gobierno de Volodimir Zelensky se acercó a la OTAN, para solicitar su incorporación en la organización, como también lo hizo Polonia anteriormente. Esto generó una respuesta bélica de Rusia con la invasión al territorio ucraniano en febrero de 2022, y que se ha extendido desde entonces, al acusar que en la antigua república soviética había proliferado una secta neonazi fascista como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial.
Biden respondió con una serie de sanciones económicas a Rusia, pero para los principales críticos del mandatario demócrata, estas acciones habían sido tibias, mientras que Putin había mostrado su poderío militar para rememorar a la antigua Unión Soviética y que se mantiene en la impunidad por los crímenes de guerra.
Además, China ha efectuado constantes vuelos militares en el espacio aéreo de Taiwán, país al que no reconoce como soberano y que forma parte de la República Popular China, pese a que desde el fin de la revolución china, el grupo nacionalista fundó la República de China en contra de los comunistas en 1949.
Aunado a lo anterior, China y Rusia también se han acercado a los adversarios políticos de Estados Unidos como Irán, nación fundamentalista que ha provisto de drones para la guerra a los rusos contra Ucrania. Por ello, la intervención estadounidense, según el enfoque gepolítico, era necesaria para mostrar el poderío militar de la Unión Americana en medio oriente, una región que ha sido asumida como propia para los norteamericanos.
El ataque del fin de semana pasado por parte de Estados Unidos en territorio iraní también puede ser visto como un manotazo sobre la mesa para conocer la capacidad militar de la Unión Americana. Ni Rusia ni China mostraron un respaldo real a Irán, lo que refleja que no están interesados en una confrontación directa con Estados Unidos y con ello continuar con el reacomodo del mundo para las tres principales potencias.
Así, Estados Unidos mantiene el control en la región de medio oriente, mientras que Rusia prácticamente se apoderará de la mayor parte del territorio ucraniano, y China tentativamente podría continuar con la anexión de Taiwán, ante el desinterés que ha mostrado Trump por defender a esa nación ante cualquier intervención militar.
Las guerras que no son guerras, pero que sí son letales
Legalmente Estados Unidos no ha entrado en guerra contra Irán. Para ello requiere, según lo mandata la Constitución, de la aprobación del Congreso, por lo cual la intervención militar en Irán forma parte de las extralimitaciones que ha cometido el republicano con el fin de generar una “guerra suave”.
En el caso de Israel, que ha atacado fervorosamente al grupo Hamás en Palestina desde octubre de 2023, tampoco es considerado legalmente como una guerra, dado que no se tratan de hostilidades entre países, pues Israel no es reconocido como nación y tampoco Hamás, aunque en términos reales se trata de una guerra con todas sus letras.
Por ello, pese a que en la actualidad se cuantifiquen 69 conflictos en el mundo, el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial, sólo se considera, conforme el Tratado de Ginebra, como guerra la que mantienen Rusia y Ucrania.
Pese a estas diferencias semánticas, las guerras en el mundo han ido en aumento, por la nueva reconfiguración entre las tres principales potencias, donde Estados Unidos, China y Rusia buscan un control total del mundo, en un contexto de mayor incertidumbre y la clara obsolescencia de las organizaciones internacionales preventivas de guerras como la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Nota aparte: Trump celebra que Irán e Israel llegaron a un acuerdo para el cese de las hostilidades, pero los enfoques intervencionistas estadounidenses no se detendrán y se mantendrán, principalmente en los países que pueden ser benéficos para los intereses norteamericanos.