¿Y si el maíz fuera prioridad?

Jaime Martínez Veloz

Compartir

¿Detrás del maíz hay política? ¿Y detrás del huachicol y los sobrecostos de las megaobras qué hay? ¿santos, vírgenes y contratos sin pecado?

Por Jaime Cleofas Martínez Veloz

Actualizado 11/01/2025 13:01 h.

En México, el maíz no es solo grano: es raíz, es memoria, es resistencia. Pero en los últimos meses, su precio se ha convertido en campo de batalla. Miles de campesinos han exigido que se pague a 7,200 pesos por tonelada, frente a los 6,050 pesos ofrecidos por el gobierno. La respuesta oficial no tardó: “hay intereses políticos detrás”, declaró la presidenta.

Como si exigir justicia fuera una estrategia electoral y no una urgencia histórica. La frase no es menor. Deslegitimar la protesta campesina bajo el argumento de “intereses políticos” es una forma de invisibilizar el hambre, el abandono y la dignidad que se siembra cada temporada. Es también una forma de proteger el relato oficial, ese que invierte miles de millones en mega obras mientras el campo se seca y el saqueo se institucionaliza.

El cálculo que incomoda

La producción nacional de maíz grano en 2024 fue de 24.3 millones de toneladas. Si el gobierno pagara 7,200 pesos por tonelada, la inversión sería de 175 mil millones de pesos. ¿Mucho? Depende de con qué se compare.

* Mega obras del sexenio anterior: Tren Maya, Dos Bocas y AIFA costaron 1.18 billones de pesos.

* Huachicol: El robo y contrabando fiscal suman 600 mil millones de pesos.

* Rescate financiero a Pemex: Solo en 2025, el gobierno transfirió 380 mil millones de pesos

Total combinado: más de 2.78 billones de pesos.

Costo de ingreso objetivo para el maíz (apoyando solo el 35% de la producción): 11 mil millones de pesos.

Porcentaje que representa el maíz: 0.4%.

¿Quién tiene más “intereses políticos”? ¿El campesino que exige justicia o el contratista que factura millones?

El maíz no cotiza en la Bolsa del poder

El maíz no tiene inauguraciones con banda presidencial ni contratos millonarios. No aparece en los espectaculares ni en los informes de gobierno. Pero alimenta, sostiene comunidades, preserva lenguas, rituales, memorias.

Mientras el Tren Maya arrasa selvas, Dos Bocas se ahoga en sobrecostos y Pemex se traga el presupuesto sin sembrar una sola milpa, el campesino sigue esperando que su trabajo valga más que el concreto que cubre las promesas.

Decir que hay “intereses políticos” detrás de la demanda del maíz es una forma de deslegitimar la protesta. Pero, ¿acaso no hay intereses políticos detrás de cada mega obra? ¿No fue el AIFA una obra electoral? ¿No se usó el Tren Maya como símbolo de poder?

La diferencia es que el maíz no tiene voceros en televisión ni cabilderos en el Senado. Tiene manos callosas, pies descalzos y voces que gritan desde la tierra.

¿Qué alimenta más: el maíz, las megaobras o el saqueo?

El maíz no tiene inauguraciones con banda presidencial ni contratos millonarios. No aparece en los espectaculares ni en los informes de gobierno. Pero alimenta, sostiene comunidades, preserva lenguas, rituales, memorias.

El maíz es territorio, es historia, es resistencia. Mientras el Tren Maya arrasa selvas, Dos Bocas se ahoga en sobrecostos y el huachicol se traga el presupuesto sin sembrar una sola milpa, el campesino sigue esperando que su trabajo valga más que el cemento que cubre las promesas.

Decir que hay “intereses políticos” detrás de la demanda del maíz es una forma de deslegitimar la protesta. Pero, ¿acaso no hay intereses políticos detrás de cada mega obra? ¿No fue el AIFA una obra electoral? ¿No se usó el Tren Maya como símbolo de poder?

La diferencia es que el maíz no tiene voceros en televisión ni cabilderos en el Senado. Tiene manos callosas, pies descalzos y voces que gritan desde la tierra.

¿Y si el maíz fuera prioridad?

Imaginemos un país donde el maíz valiera más que las mega obras y el saqueo. Donde el presupuesto se orientara a garantizar soberanía alimentaria, justicia productiva y reactivación del campo. Donde los campesinos fueran protagonistas y no estorbos.

Con 175 mil millones de pesos, se podría:

  • Fortalecer cooperativas rurales
  • Garantizar precios justos y sustentables
  • Impulsar la agroindustria comunitaria
  • Preservar la identidad territorial

Pero eso no da votos. No genera inauguraciones. No cotiza en la Bolsa del poder. Con menos del 10% de lo que se ha drenado en mega obras y huachicol, podríamos pagarle al campo lo que merece. Pero el maíz no vuela, no refina, no se contrabandea. Solo alimenta. Y eso, parece, no da dividendos ni aplausos.

El ingreso objetivo no es subsidio, es equilibrio… si se aplica bien

Lo que se paga no es el total, sino la diferencia entre el precio internacional y el ingreso objetivo.

Por ejemplo, si el precio de mercado fue de $5,700 por tonelada, el Gobierno cubriría el complemento de $1,500 para alcanzar los $7,200 prometidos. Este mecanismo busca proteger al productor frente a la volatilidad del mercado, pero no siempre se aplica de forma equitativa ni suficiente.

En México se comercializan alrededor de 21 millones de toneladas de maíz nacional. Si se aplicara el ingreso objetivo a toda esa producción, el gasto público sería de 31,500 millones de pesos. Sin embargo, con apoyar solo el 35% de esa producción —como hacía ASERCA/SAGARPA— bastaba para ordenar el mercado, con un gasto de apenas 11 mil millones.

Este dato revela que no se necesita cubrir todo el volumen para generar estabilidad, sino aplicar el apoyo de forma estratégica y justa. Lo que falta no es dinero, sino voluntad política y visión territorial.

El ingreso objetivo no es regalo. Es herramienta de equilibrio. Pero si se aplica a medias, el campo sigue en desventaja… y el discurso oficial se convierte en simulación.