Foro Público: Israel gana, pero pierde en el largo plazo

Ignacio García

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Foro Público

Han transcurrido dos años desde el ataque del grupo terrorista Hamás a la población israelí en Tel Aviv, donde murieron mil 200 personas y 251 fueron secuestradas, lo que derivó en una contraofensiva del Estado israelí que ha dejado a más de 67 mil personas fallecidas, según cifras oficiales, aunque organizaciones internacionales detallan que podría ascender a más de 180 mil fallecidos, y un bloqueo en el que miles de palestinos padecen hambre en la Franja de Gaza.

El gobierno encabezado por el primer ministro Benjamín Netanyahu decidió iniciar una guerra asimétrica en contra del grupo terrorista, que ha destrozado ciudades palestinas y dividido a miles de familias y personas inocentes ejecutadas por un régimen que decidió mostrar su superioridad militar en la región.

Tras el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, la comunidad internacional expresó su apoyo al gobierno de Israel al condenar los actos de Hamás, lo que legitimó las acciones belicistas que emprendió Netanyahu en su cruzada para exterminar al grupo terrorista y a todos los adversarios de Israel en la zona.

Aunque al inicio las acciones militares emprendidas por Israel fueron justificadas por la comunidad internacional, conforme avanzaron las agresiones y se documentó que las víctimas no eran terroristas, sino población civil, la opinión pública cuestionó las acciones del gobierno israelí.

El gobierno de Netanyahu que antes del atentado terrorista enfrentaba una crisis política que ponía en riesgo su continuidad, aprovechó el ataque de Hamás—todavía dudoso dado que Israel tiene la famosa cúpula de hierro, uno de los sistemas más impenetrables del mundo y que fue vulnerado por un grupo cuya capacidad militar es significativamente menor—para legitimar su gobierno para permanecer en el poder por dos años más.

La prensa internacional documentó los actos inhumanos que cometió Israel contra la población palestina, lo que incrementó las críticas por parte de la comunidad internacional, principalmente de aquellos países que históricamente se habían caracterizado por apoyar a los sionistas, al considerar que las campañas militares fueron superiores al daño que provocó Hamás.

Ante la visibilización de las agresiones de Israel, optó por censurar a la prensa y también ubicarla como parte de sus ataques militares, impidiendo que los periodistas extranjeros acudan al lugar a realizar las coberturas de los agravios cometidos por el gobierno de Netanyahu y así controlar la narrativa cada vez menos creíble en el mundo, incluso entre sus propios aliados.

Un Estado devorador

Israel ha acusado que sus vecinos de la región están en su contra y por ello debe garantizar su defensa a través de las armas. Su argumento se centra en todos los conflictos que han derivado desde su formación en 1948, después de que las potencias europeas decidieron que la zona donde vivirían los judíos tras la Segunda Guerra Mundial sería en Palestina, aunque esta región ya estaba habitada.

Con el apoyo de Occidente, principalmente de Estados Unidos, Israel se ha nutrido de armas y capacidades militares superiores a los de sus aliados, por lo cual ante el desgaste de la guerra que emprendió contra Hamás y las condenas de la comunidad internacional, decidió abrir un nuevo frente de batalla, en esta ocasión en contra de otro de sus adversarios históricos: Irán.

Los iraníes, bajo el régimen del Ayatola Alí Jamenei, se han convertido en uno de los rivales de la región más importantes, debido a que los musulmanes sunitas pretenden crear sus propias armas nucleares para superar a los israelíes, lo que obligó a la intromisión directa de Estados Unidos en el conflicto.

El régimen sionista que se enorgullece de promover la democracia en la zona decidió bombardear con el apoyo de Estados Unidos a Irán y con ello supuestamente destruir los laboratorios militares en donde se pretendían fabricar armas nucleares que representaran un riesgo para la existencia de Israel.

Estas acciones militares trataban también de entretener a la comunidad internacional sobre los riesgos que implicaba el crecimiento de Irán en la zona, con sus alianzas con Rusia y China, pero de forma simultánea seguía atacando a las poblaciones palestinas que trataron de huir, pero que fueron impedidas por el bloqueo que ha impuesto el régimen sionista en la Franja de Gaza, donde ha evitado que la población civil reciba ayuda humanitaria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Netanyahu no ha claudicado en sus intentos de destruir completamente a Hamás y con ello impulsar una limpieza étnica sin precedentes que la comunidad internacional ha calificado como genocidio, pues pretende controlar todo el territorio para sí mismo, y con ello eliminar a toda una cultura y sociedad que se había asentado siglos atrás que los judíos.

A diferencia de la guerra entre Rusia y Ucrania que comenzó en febrero de 2022, donde ha existido un enfrentamiento entre dos ejércitos, en el caso de Israel se trata de una eliminación sistemática en contra de la población civil desarmada que busca salir del infierno que los israelíes han creado en los últimos dos años.

Víctimas del pasado, victimarios del presente

En el discurso internacional ante la Asamblea General de la ONU, Netanyahu acusó que existe una corriente antisemita que critica las acciones de “soberanía” que justifican las acciones militares en contra de los palestinos, pero estos comentarios ni siquiera son aplicables en el contexto actual.

El primer ministro israelí ha negado que las acciones que han emprendido sean similares a las que ejercieron los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial en el Holocausto, y aunque no han actuado con la misma brutalidad y barbarie que los alemanes en los campos de concentración, están repitiendo las prácticas de violaciones sistemáticas de derechos humanos a miles de personas que no tienen ninguna relación con Hamás.

Los alemanes nazis pretendían la “limpieza” total de la población judía en Europa a través de la llamada “Solución Final”, un crimen contra la humanidad que no debe olvidarse, pero esas víctimas del pasado no tienen que comportarse como los victimarios del presente que hacen exactamente lo mismo contra los palestinos.

Israel debe permitir que en la región convivan dos Estados, pero su política militar se basa en sembrar terror para que la población palestina esté bajo su control absoluto, con un sistema de vigilancia férreo desarrollado por el Mosad, su aparato de inteligencia militar más avanzado, que busca evitar que las personas se manifiesten en contra del régimen.

Mientras Israel muestra su superioridad militar que lo hará ganar este conflicto y lo posicionará como el actor hegemónico en la zona, en el largo plazo perderá, ya que la comunidad internacional ha reconocido al Estado de Palestina, entre ellos algunos de los principales aliados de Estados Unidos como Francia, Reino Unido, Canadá y Australia, quienes han calificado como genocidio las acciones de los sionistas contra los palestinos.

Nota aparte: Paulatinamente la narrativa israelí se desarticula y la comunidad internacional da la espalda a Israel, que ante una nueva elección en 2026, Netanhayu aludirá a la necesaria intervención del gobierno para promover la paz en la zona, sin que esto represente la libertad para la población palestina y cuyo costo político internacional será mayor, y que sería aún más insostenible con el fin de la administración de Donald Trump.