
Hazael Sayavedra Miércoles, 04 de Febrero del 2026
El SNA enfrenta su mayor desgaste institucional desde su creación.
Por Hazael Sayavedra
El Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), ese gran invento de 2016 que iba a ser el superhéroe contra la corrupción, le pidió a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, que por favor solicitara licencia o se separara temporalmente del cargo. No era una condena, aclararon con carita de inocentes: solo por “prudencia” e “integridad pública”. Todo porque la FGR investiga a su exesposo, Carlos Torres, por presuntos lazos con el crimen organizado, tráfico de armas, narcotráfico y lavado de dinero.
La presidente del Comité de Participación Ciudadana, Vania Pérez Morales, soltó el bombazo a finales de enero de 2026: “Sepárate, no es por ti, es por el bien mayor”. Y luego se fue ella misma, renunciando entre amenazas de cárcel y presiones de “servidores públicos” que le decían: “Cuidado con lo que denuncias”.
Marina del Pilar, con la frente en alto y la sonrisa de siempre, respondió clarito: ni licencia ni renuncia. Sigue en el puesto, gobernando, inaugurando y posando como si nada. ¿Y por qué no se mueve? Porque, ironía de hierro, lo único que la mantiene a salvo por el momento es precisamente aferrarse al cargo. Mientras siga siendo gobernadora, las investigaciones mexicanas van lentitas y las de Estados Unidos —donde ya le quitaron la visa a ella y a su ex por sospechas de lavado y nexos con el narco desde 2025— no la tocan tan fácil. El fuero, el escudo político, el “soy intocable mientras esté aquí”. Si se va, se queda desnuda ante la DEA, el Tesoro gringo y quien quiera tocarla. Así que se queda clavada, como si el escritorio fuera un búnker.
Y aquí viene lo chistoso, lo patético: el SNA que le pide cuentas depende del presupuesto que aprueba el mismo gobierno que ella representa. En 2026, le recortaron a la Secretaría Ejecutiva (SESNA) más del 95%: de 128 millones de pesos a ridículos 6.3 millones. ¿Para qué? Para que no tengan ni para café, ni para investigar, ni para mover un dedo. Los congresistas, esos mismos que deberían temblar ante un sistema anticorrupción fuerte, votan los recortes a propósito. Es la forma más limpia de decir: “Vigílenme, pero sin gasolina, sin personal, sin nada. Así no los persigo yo a ustedes”. El zorro no solo cuida el gallinero: le quita las plumas al gallo para que no cante.
Al final, el SNA es un chiste malo: nació para morder, pero lo dejan sin dientes. Marina se ríe desde su oficina, Vania se va con amenazas en la espalda y la corrupción sigue de fiesta.
¿Quién vigila al vigilante? Nadie, porque al vigilante le quitaron el sueldo para que no moleste. Bienvenidos a México 2026: donde pedir cuentas es un acto de valentía… y quedarse en el poder es la mejor coartada.