
Hazael Sayavedra Martes, 10 de Febrero del 2026
Trump endurece la política antidrogas con efectos económicos en América Latina.
Por Hazael Sayavedra
Analista de inteligenciaImagina el narco como un gran incendio forestal que se extiende por toda Latinoamérica.
En Colombia, Petro era como el dueño de la casa que intentaba apagarlo con agua y prevención: menos químicos, más diálogo y planes sociales. Trump llega como el bombero loco con lanzallamas: “¡O lo apagas ya o lo quemo todo yo mismo!”. Amenazas de bombardeos, sanciones y hasta llamar a Petro “narco”.
Pero en la reunión de febrero, Petro cedió un poco: aceleró capturas, extradiciones y hasta bombardeos a laboratorios de grupos como el Clan del Golfo y el ELN —los que Trump amenazó con atacar—. Trump lo vio, le dio la mano y dijo: “Bien, sigamos”. Así que Colombia pasó de “no me toques” a “vamos a colaborar, pero a mi ritmo”.
Y ahora, Donald Trump está atacando el catálogo de drogas, el menú de drogas de los estadounidenses: en Colombia la cocaína —donde la producción potencial alcanzó récord de tres mil toneladas en 2024, según el Informe Mundial sobre las Drogas de la UNODC—; en México el fentanilo y el cristal —con decomisos que superaron los seiscientos kilos en 2025 bajo Sheinbaum, un salto enorme comparado con años previos, según reportes de la DEA y autoridades mexicanas—.
Mira lo que hicieron con Afganistán: en su momento también fue el opio de Afganistán, con producción que llegó a seis mil ochocientas toneladas de opio en 2021, según la UNODC, justo antes de la retirada de EEUU, y la retórica de que de ahí salía la heroína que mataba a los estadounidenses. Y ese negocio les fue muy conveniente.
México es como el vecino de al lado con un incendio más grande y peligroso: cárteles que controlan territorios enteros. Sheinbaum está en modo “yo lo controlo sola, no necesito tu manguera”. Trump insiste: “Si no apagas, entro con mis aviones”. Ella responde firme: “Es falso que gobiernen los cárteles, aquí manda el pueblo”.
Petro, consciente de que el dinero de las drogas termina inyectado en la economía del país, con su modelo socialista sabe que ese dinero termina en las casas y negocios de las personas del país —donde el narcotráfico ha movido cifras que equivalen hasta al siete por ciento del PIB en estimaciones recientes—, al igual que en México, donde los flujos ilícitos de los cárteles representan alrededor del uno por ciento del PIB, según informes de la ONU. Alguien por ahí dijo que el narco movía la economía y, si lo vemos desmenuzadamente, podremos encontrar que así es.
Entonces, Donald Trump, en el fondo, está golpeando la economía de los países involucrados en los temas de drogas, no solamente por el tema de la prevención de las adicciones, sino por el golpeteo económico.
Si México no cede como Colombia, Trump escalará a sanciones económicas directas y operaciones unilaterales en territorio mexicano antes de 2027. El narco no desaparecerá, pero el golpe a la economía local será brutal, y los cárteles se adaptarán moviendo rutas hacia Centroamérica —porque los cárteles no son tontos: cuando la presión sube en México, redirigen el flujo. Ya pasó antes. Cuando Colombia se volvió más dura en los noventa, la cocaína empezó a salir más por Guatemala, Honduras y El Salvador. Luego, cuando México se endureció en 2010 con Calderón, el fentanilo y la metanfetamina se movieron hacia el Pacífico y el Caribe, usando Belice y Costa Rica como puente.
Hoy, si Trump aprieta fuerte, el fentanilo y el cristal van a buscar salidas más fáciles: puertos pequeños en Nicaragua, costas de Panamá, aeródromos clandestinos en Honduras. Centroamérica ya es corredor clave —según la DEA, el ochenta por ciento de la coca que llega a EEUU pasa por ahí—, y si México se cierra más, ese porcentaje puede subir rápido. Los cárteles adaptan rutas como agua: encuentran el camino con menos resistencia. El negocio no muere, solo se mueve. Y cuando se mueve, la violencia y la corrupción se trasladan también: más extorsiones, más control territorial en países con policías y ejércitos más débiles. Centroamérica paga el precio.