
Hazael Sayavedra Sábado, 14 de Febrero del 2026
Friedrich Merz anticipa un reacomodo profundo en la arquitectura de seguridad europea.
Por Hazael Sayavedra
En el corazón de la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, el canciller alemán Friedrich Merz pronunció un discurso que redefine la geopolítica europea. Ante líderes mundiales, diplomáticos y expertos en seguridad, Merz declaró sin ambages: “El orden mundial basado en reglas ya no existe”. Sus palabras, pronunciadas en la apertura del evento, marcan un punto de inflexión histórico y han resonado como un aldabonazo en las cancillerías de Occidente.
Merz no se limitó al diagnóstico. Describió el sistema post-1945 como “imperfecto incluso en sus mejores tiempos”, pero ahora “muerto”. Atribuyó la crisis a una “autoinfligida dependencia” de Europa respecto a Estados Unidos y sentenció: “Europa acaba de regresar de unas vacaciones de la Historia”. El mensaje fue claro: el continente ya no puede permitirse la pasividad.
El punto más disruptivo llegó cuando reveló conversaciones confidenciales con el presidente francés Emmanuel Macron para avanzar hacia un “escudo nuclear europeo”. Se trata de una disuasión nuclear compartida entre Alemania, Francia y, posiblemente, el Reino Unido, con el objetivo explícito de reducir la dependencia del paraguas atómico estadounidense. Alemania, históricamente reticente a cualquier discusión sobre armamento nuclear propio, cruza ahora una línea roja que nadie esperaba.
Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, asistió en representación de Donald Trump. Su intervención fue más conciliadora en la forma, pero el ambiente en los pasillos reflejó una brecha profunda: aranceles amenazados, disputas por Groenlandia y la percepción de que Washington prioriza Asia sobre Europa. El informe anual de la conferencia, titulado Under Destruction, coloca a la administración Trump entre los “demolition men” que están desmantelando el orden liberal.
Zelenskyy, presente en el evento, aprovechó el escenario para exigir más apoyo militar y advertir que Rusia no se detendrá. Mientras tanto, los pasillos de Múnich bullen con debates sobre una posible “OTAN 3.0”, de corte más europeo, y sobre cómo navegar un mundo multipolar donde China y Rusia desafían abiertamente el statu quo.
Análisis: lo que puede venir y lo que realmente dijo Alemania
Las palabras de Merz no fueron retórica de ocasión. Representan un diagnóstico estratégico compartido por la élite alemana actual. El canciller habló de un “abismo profundo” en la relación transatlántica, no como una queja pasajera, sino como una realidad estructural. Reconoció que la “vacación de la Historia” —la creencia de que Estados Unidos siempre estaría ahí para defender Europa— ha terminado. Es la primera vez que un líder alemán de su envergadura admite públicamente que la seguridad europea ya no puede descansar exclusivamente en Washington.
¿Qué puede venir?
Un acelerón en la autonomía de defensa europea.
Las conversaciones con Macron sobre un escudo nuclear no son casuales. Alemania está dispuesta a financiar y participar en proyectos que hasta hace poco eran tabú: misiles de largo alcance, drones armados y, eventualmente, una capacidad nuclear mínima compartida. Esto podría materializarse en los próximos 18-24 meses si Trump sigue presionando con aranceles y retirando tropas.
Una OTAN fracturada, pero no rota.
Europa no romperá la Alianza Atlántica, pero sí la reconfigurará. Se habla ya de un “pilar europeo”, con mando propio, presupuesto común y doctrina estratégica independiente. El riesgo es que Estados Unidos responda reduciendo su compromiso, lo que obligaría a Europa a gastar mucho más (el 2 % del PIB ya no bastará; se habla de 3-4 %).
Tensión comercial y estratégica con Washington.
Trump ya ha amenazado con tarifas del 25 % a automóviles europeos. Si Merz y Macron siguen este camino, la respuesta estadounidense podría ser más dura. El escenario más probable: una Europa que diversifica sus alianzas (hacia India, Japón y el Golfo) mientras mantiene un diálogo tenso pero necesario con EE. UU.
Impacto en América Latina y México.
Una Europa más autónoma y menos dependiente de Washington podría volverse más activa en el patio trasero de Estados Unidos. Berlín y París ya miran con interés el litio mexicano, el litio boliviano y los minerales críticos. Una Alemania que se siente “sola” geopolíticamente buscará socios emergentes con más urgencia.
Alemania, en boca de Merz, ha dejado de hablar como socio menor. Ha hablado como potencia que despierta. El resto de Europa —y el mundo— ya está tomando nota. El orden que conocíamos no solo está herido: Alemania acaba de certificar su defunción.