La caída de El Mencho y el ocultamiento del cuerpo

Tomás Borges

Compartir

La operación contra El Mencho marca un punto de inflexión en la estrategia de seguridad y sus consecuencias políticas y sociales.

Por Tomás Borges

Tras el operativo del pasado 22 de febrero, donde el Ejército mexicano logró neutralizar a uno de los capos más sanguinarios del orbe, se ha marcado un antes y un después desde el punto de vista de la seguridad.

Un antes, porque a diferencia del “Culiacanazo” de 2019, las fuerzas del orden no cayeron en el chantaje de los criminales, además de que, a diferencia del gobierno de Felipe Calderón (FECAL), en esta ocasión se le dio un trato digno al cuerpo de un ser indigno para la sociedad.

¿Por qué? Simplemente porque, a diferencia del operativo que desencadenó la muerte de Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, en Cuernavaca en 2009, no se hizo escarnio del cuerpo del capo abatido, el cual fue vejado y humillado por las fuerzas del orden en aquella ocasión.

Hoy, en cambio, con el gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum, se ha visto que el alumno superó al maestro con creces, ya que, a diferencia de AMLO, que con su política errática de “abrazos, no balazos”, en esta ocasión se dio luz verde para que las fuerzas del orden, en coordinación con el gobierno de EE. UU., localizaran y abatieran a Nemesio Oseguera, “El Mencho”, resguardando su cuerpo a cal y canto para evitar que se filtraran imágenes de sus restos, sin importar que se haya dejado de lado la morbosidad de la sociedad que, so pretexto de que “hay que ver para creer”, busca imágenes para evitar teorías conspiratorias como la que acaeció en julio de 1997 tras la muerte de Vicente Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, que, pese a que las autoridades secuestraron el cuerpo y lo mostraron a los medios embalsamado e hinchado por la operación que le acarreó la muerte, la gente sigue diciendo que no murió.

Pero no culpemos a una sociedad que, bajo un bombardeo mediático, busca pruebas de los hechos para evitar casos como el de Nazario Moreno González, “El Más Loco”, líder de los Caballeros Templarios, quien, pese a haber sido abatido supuestamente por la Policía Federal (PF) del defenestrado y encarcelado Genaro García Luna, volvió a las andadas para morir por segunda ocasión en un enfrentamiento en 2014 y ser venerado por sus seguidores como un nuevo Malverde.

Es por ello que otorgo mi reconocimiento a las fuerzas del orden y, más aún, al humanismo que demostró el señor secretario general Trevilla Trejo al dar su parte de guerra en la “Mañanera” y dar muestras de duelo por los elementos caídos en el cumplimiento de su deber.

También mi reconocimiento para el C. secretario Omar García Harfuch, por felicitar a las fuerzas armadas y mostrar madurez, así como solidaridad con sus homólogos.

Pese a que ese mismo día se dio de baja a Hugo H., “El Tule”, segundo al mando del Mencho, existe el peligro de que, dentro de las pugnas de poder que ya se están gestando, los relevos en el cártel se disputen el control cuando todavía no se enfría por completo el despojo de Nemesio Oseguera.

Prueba de ello fue el “destape” de Abraham Jesús Ambriz Cano, “el Yogurt”, jefe de plaza del CJNG en Uruapan, Michoacán. Aunado a lo anterior, existe el temor de que los grupos delincuenciales busquen crear caos y ganarse merecidamente el mote de “terroristas”, otorgado por el mandatario Donald Trump, y busquen crear caos y psicosis en la capital tapatía, que será sede mundialista el próximo verano.

Como dice el dicho, “la mula no era arisca”, por lo que no hay que bajar la guardia y hay que continuar con las labores de inteligencia para seguir abatiendo o dar de baja a los Menchos y Chapitos en potencia o, lo que es lo mismo, “Si vis pacem, para bellum”.