Morena y su impunidad: ¿Marina del Pilar, nueva joya diplomática?

Tashiro Malekium

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Morena opera, según el autor, como un sistema de protección política para funcionarios señalados por corrupción.

Por Tashiro Malekium

Ah, Morena, el partido que prometió barrer la corrupción como si fuera polvo bajo la alfombra, pero en realidad solo la esconde en cargos dorados. ¿Recuerdan cuando nos vendieron la “transformación” como un elixir contra los vicios del pasado? Pues bien, en 2026 seguimos viendo el mismo espectáculo: gobernadores salpicados de escándalos que, en lugar de enfrentar la justicia, reciben un boleto de salida VIP cortesía del gobierno federal.

Ahora, con Baja California en el ojo del huracán, surge la pregunta sarcástica del millón: ¿será Marina del Pilar Ávila Olmeda la próxima en ascender al Olimpo diplomático, quizás como embajadora o incluso canciller? Porque, claro, nada dice “diplomacia impecable” como una visa revocada por Estados Unidos y un exesposo bajo lupa por narcotráfico.

Permítanme refrescarles la memoria con el manual de supervivencia morenista: “proteger a los tuyos, cueste lo que cueste”. Tomemos a Cuauhtémoc Blanco, el exgobernador de Morelos convertido en diputado federal plurinominal. Acusado de corrupción rampante, desvíos millonarios y hasta presuntos lazos con el crimen organizado, ¿qué hizo Morena? Lo blindó con fuero, ignorando denuncias que lo pintan como un maestro del desfalco. O Alejandro Gertz Manero, el exfiscal general salpicado por lavado de dinero y venganzas personales disfrazadas de justicia. ¿Su premio? Una embajada en el Reino Unido, ratificada en un parpadeo por el Congreso. Es como si el partido tuviera un programa de “retiros premiados” para sus figuras controvertidas: un poco de impunidad aquí, un cargo internacional allá y, voilà, problema resuelto.

Apliquemos esta receta a Marina del Pilar. Gobernadora de Baja California desde 2021, su administración ha sido un desfile de controversias que harían sonrojar a cualquier manual de gobernanza ética. Revocación de visa por parte de Estados Unidos en 2025, por presuntos nexos con el narco —y no sólo la suya, sino la de su familia—, en un contexto donde Trump no para de gritar sobre “narcoterroristas” mexicanos.

Añadan acusaciones de nepotismo, enriquecimiento ilícito y, lo más fresco de enero de 2026, una investigación de la FGR contra su exesposo por delincuencia organizada y narcotráfico, basada en denuncias que la salpican indirectamente.

Ella, por supuesto, lo niega todo y hasta usa a su hijo como escudo emocional en redes, alegando “ruido político”, mientras el Sistema Anticorrupción le pide que se separe del cargo para no enturbiar más las aguas.

¿Coordinación con EE. UU.? Dice que sí, pero sin visa eso suena más a chiste malo que a realidad fronteriza.

Imaginemos por un momento que el gobierno de Claudia Sheinbaum decide “protegerla” con un nombramiento federal, quizás como embajadora en algún país complaciente o, peor aún, en un rol clave en Relaciones Exteriores. Sería el error más garrafal desde que alguien pensó que “abrazos, no balazos” resolvería el caos en Baja California, un estado que ya concentra homicidios y disputas cárteles como si fuera un imán. En un panorama binacional donde Trump exige capturas y revoca visas a “narcopolíticos”, elevar a Marina del Pilar no solo agravaría las tensiones con nuestro vecino del norte —que ya nos ve como un patio trasero infestado—, sino que mandaría un mensaje global: México premia la opacidad en lugar de combatirla.

¿Queremos más alertas de viaje estadounidenses, más aranceles amenazantes, más discursos de “México controlado por terroristas”? Protegerla así sería como regalarle a la oposición un spot publicitario gratis: “Morena, donde la corrupción asciende en vez de caer”.

No se trata de cacería de brujas, sino de coherencia. Si Morena quiere credibilidad, debería romper el ciclo de impunidad en lugar de perpetuarlo. De lo contrario, seguiremos en este circo donde los elefantes corruptos bailan al son del partido y el público —nosotros— pagamos el boleto con nuestra confianza erosionada. Marina del Pilar, con su crisis actual, es el ejemplo perfecto de por qué un “ascenso protector” sería no solo un error táctico, sino un suicidio político para el gobierno federal.

¿O es que ya preparan el siguiente acto?

Fuente: substack.com