Oaxaca entrega apoyos agrícolas con uso político en Nochixtlán

Miguel Montesinos León

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Productores de Nochixtlán acusan que grupos políticos continúan controlando beneficios y programas destinados al campo mixteco.

Por Miguel Montesinos León

El fin de semana, en Asunción Nochixtlán, el ingeniero Víctor López Leyva, secretario de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural del estado de Oaxaca, acudió en representación del gobernador Salomón Jara Cruz para encabezar la entrega de insumos, fertilizantes y aves de traspatio a productores agrícolas de la región Mixteca. Durante el acto, explicó los programas y apoyos con los que cuenta la dependencia estatal para respaldar a los campesinos oaxaqueños.

Lo acompañaron la diputada local Eva Diego Cruz y el senador de la República Alfonso Silva Romo, mientras que el presidente municipal anfitrión, Alfredo Feliciano López Santiago, dirigió un mensaje de bienvenida a los asistentes.

En la entrega simbólica de productos para el campo, Víctor López Leyva reiteró el compromiso del gobierno estatal con los productores de la Mixteca y aseguró que estos apoyos buscan mejorar el rendimiento de las cosechas y fortalecer la actividad agrícola en una de las regiones históricamente más golpeadas por el rezago y la pobreza.

Sin embargo, más allá del discurso oficial, el evento dejó al descubierto prácticas que parecían haber quedado atrás. La entrega de insumos terminó convertida en un acto político, replicando esquemas que durante años aplicaron PRI y PAN cuando estuvieron en el poder.

La pregunta es: ¿qué necesidad había de convertir una jornada destinada a campesinos en un escaparate político con la presencia de legisladores y operadores partidistas?

Porque al final, los rostros cambian, pero los grupos permanecen. Son los mismos personajes que durante décadas han vivido de los programas gubernamentales y que simplemente se acomodan bajo nuevas siglas para seguir controlando los beneficios destinados al pueblo.

Las malas costumbres siguen profundamente arraigadas. Los pequeños productores —los que siembran apenas una parcela para sobrevivir y muchas veces ni eso logran— continúan relegados porque no representan votos, estructura o rentabilidad política. Mientras tanto, quienes organizan grupos de apoyo electoral aparecen siempre en primera fila, aunque muchos ni siquiera trabajen la tierra.

Ahí estaban, vigilando y administrando los beneficios como si fueran patrimonio personal, acaparando apoyos que deberían llegar directamente al campesino que realmente los necesita. Los programas sociales y agrícolas terminan así convertidos en herramientas de control político, reservadas para fortalecer candidaturas y mantener lealtades partidistas.

Y esa es quizá la mayor tragedia del campo mexicano: que los fertilizantes, las semillas o las aves de traspatio dejan de ser instrumentos para combatir la pobreza y producir alimentos, para convertirse en moneda electoral. Mientras eso no cambie, la Mixteca seguirá cosechando discursos… pero no justicia para sus campesinos.

Aquí la ceremonia ancestral de los mixtecos

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