
La procuraduría de Hidalgo detuvo las investigaciones y se negó a hacer pruebas de ADN con cadáveres encontrados en Mina de Pachuca y Mineral del chico
Por Juan Ricardo Montoya
El 6 de abril de 2008, los policías municipales de Pachuca, José Guadalupe Cuenca Durán, Julio César Celis Hernández y Arturo Téllez Moncada, desaparecieron 24 horas después de haber abatido en un enfrentamiento en el estacionamiento de la Plaza Comercial Zona Plateada, al sicario Marcelino Lara Pérez, ex comandante de la Policía Municipal de Pachuca, conocido con la clave de «Mercurio», de quien se sabía que era integrante de una célula de ejecución de la banda delictiva Los Zetas.
Tres de sus cómplices lograron escapar y uno más fue detenido.
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Salvador Juárez Coiffier, el cuarto policía que participó en el enfrentamiento fue «levantado» varios meses después cuando patrullaba por el Parque Hidalgo, ubicado en el centro de Pachuca.
La desaparición de los cuatro policías se suscitó un año antes de que más de cien policías municipales de Pachuca, Mineral de la Reforma, así como elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal y agentes de investigación de la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo fueran detenidos por elementos de la hoy extinta Procuraduría General de la República (PGR) y sometidos a largos procesos penales luego de que sus nombres aparecieran en varias nóminas de sobornos pagadas tanto por ‘El Mascafierros’, jefe de plaza Los Zetas, en Pachuca así como de «Los Cotorros«, célula de ese grupo delictivo que operaba en municipios del Valle del Mezquital.
El intercambio de balas se suscitó luego de que ‘Mercurio’ y sus secuaces habían ejecutado a un vendedor de drogas rival cuando se encontraba comprando fruta en un puesto ambulante en la colonia Morelos, de Pachuca, a plena luz del día.
Por exceso de velocidad, una patrulla de la Policía Municipal marcó el alto al automóvil en que huían los sicarios, quienes comenzaron a disparar a los uniformados y éstos a perseguirlos.
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Otra patrulla se unió a la persecución, desde el centro de la ciudad hasta la Carretera México-Pachuca, donde los sicarios ingresaron al estacionamiento de la plaza comercial, y fueron alcanzados por los municipales.
Luego de una balacera qué duró varios minutos, uno de los sicarios fue abatido, tres huyeron, y uno capturado.
El individuo, originario de Tamaulipas y con acento de norteño, en todo momento amenazó a los policías al advertirles que no sabían con quién se habían metido.
Por si te lo perdiste: Expedientes Hidalgo: Policías al servicio del crimen organizado, involucrados en desapariciones forzadas – (losangelespress.org)
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En lugar de asignarles protección, los policías desaparecidos fueron maltratados por el agente del Ministerio Público qué los interrogó por la muerte de Marcelino Lara, de acuerdo con el expediente del caso.
Incluso a las primeras horas de la madrugada del 6 de abril, al momento en que se trasladaba de su casa a su trabajo, desapareció el policía José Guadalupe Cuenca.
Su camioneta fue encontrada abandonada alrededor de las 8.00 horas del 6 de abril sobre Boulevard Ramón G. Bonfil, vialidad que se localiza detrás de la entrada de Zona Plateada, que desemboca a una calle que conduce a la temible colonia El Tezontle. Allí residía un gran número de miembros de la organización criminal, y Heriberto Lazcano, alias ‘El Lazca’ o ‘El Verdugo’, líder de Los Zetas tenía varias casas de seguridad. Incluso mandó construir una capilla.
De acuerdo con el informe redactado el 15 de abril de 2008 por Alejandro Ulises Ortíz Zepeda, comandante del Grupo de Homicidios I de la Procuraduría de Hidalgo, encargado de esclarecer la desaparición de José Guadalupe Cuenca, acudió a la casa del policía ubicada en la calle Maguey, de la colonia «La Palma», con el fin de entrevistar a sus familiares, pero ya habían dejado el domicilio.
Relató que el «7 de abril se presentó en la recepción de estas oficinas de la Policía Ministerial una persona que se identificó como nuera de José Guadalupe Cuenca Durán, sin dar su nombre, quien comentó que una compañera de los mismos le dijo que los tres elementos desaparecidos se encontraban escondidos en una casa en Tizayuca y que no se preocuparan, que estaban bien, pero que no comentaran nada con los ministeriales».
De esto último, nunca se verificó esta información.
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La desaparición de los otros policías
Horas más tarde de la desaparición de José Guadalupe Cuenca, la mañana del domingo 6 de abril desaparecieron también Julio César Celis Hernández y Arturo Téllez Moncada, luego de que algunos de sus compañeros, entre ellos Francisco Amado Escamilla, pasaron por ellos a sus domicilios, bajo el pretexto de que debían declarar nuevamente ante el Ministerio Público.
La esposa de Téllez Moncada, en su declaración ante el agente del Ministerio Público, aseguró que alrededor de las 11 de la mañana del 6 de abril de 2008, fue a su casa vestido de civil Julio César Celis Hernández, otro de los policías que participó en el operativo de Zona Plateada. Le dijo a su compañero que «tenían que regresar a la procuraduría para hacer unas pruebas», pese a que toda la noche anterior estuvieron en ese lugar rindiendo su declaración. Sin embargo, ambos se marcharon.
Era tal la prisa de Moncada que dejó olvidadas sus llaves y sus dos teléfonos.
A partir de ese momento, ya no se supo nada de los dos policías.
La esposa de Julio César Celis declaró que su cónyuge llegó a su casa alrededor de las 4.00 horas de la mañana del 6 de abril, tras haber puesto a disposición del detenido en el tiroteo.
«Llegó muy mal emocionalmente, ya que lloraba, y me dijo que no lo presionara porque no estaba listo para decirme lo que le había pasado, que era una cosa muy fuerte».
A las 10.30 horas llegó a su domicilio, en una patrulla el policía Christian Segovia Santiago. Celis dijo a su esposa que no sabía qué quería Segovia, y salió a hablar con él. Regresó a la casa por unos instantes para recoger sus celulares y dijo a su mujer que regresaría más tarde, lo cual no ocurrió.
Al respecto, Christian Segovia Santiago, ex militar del Primer Batallón de Transmisiones y en ese momento Policía Tercero, alegó que Julio César Celis le había llamado por teléfono alrededor de las 12 de la noche del 5 de abril para pedirle que pasara a su casa por él al día siguiente, que por eso se presentó a las 11 de la mañana del 6 de abril.
No obstante, esto contradice la versión de la esposa del desaparecido, quien aseguró que Julio le había dicho que no sabía a qué había ido Segovia.
Más adelante, dijo que Celis se subió en el asiento trasero de la patrulla, ya que en el lugar de copiloto iba el policía Ricardo Ortiz.
Segovia agregó qué Celis le pidió que lo dejara en Villas de Pachuca, porque iba alcanzar a su esposa que había ido a comprar «carnitas».A ese lugar llegó Roberto Peña García, supervisor de Asuntos Internos de la Policía Municipal, quien habló con Celis sobre el tiroteo de Zona Plateada.
«Alcancé a escuchar que el problema estaba grueso», puntualizó.
Ante esto, el agente del Ministerio Público citó a declarar a Roberto Peña. Relató que la mañana del 6 de abril, por medio de la Radio Matra, se enteró de la desaparición de José Guadalupe Cuenca, cuya camioneta fue encontrada abandonada en Boulevard Bonfil.
Horas más tarde, a las 11 de la mañana, al pasar por la entrada del fraccionamiento Villas de Pachuca, ubicada a un costado de la carretera federal México Pachuca, vio que había una patrulla estacionada cerca de una gasolinería.
Se acercó para saludar a los policías, Celis y Segovia.
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Supuestamente Julio César Celis le dijo que estaba desvelado, que había ido a Villas de Pachuca a comprar comida para llevarla a su casa.
Por la noche, se enteró que Cuenca, Moncada y Celis se encontraban desaparecidos.Al final, los policías Roberto Peña, Christian Segovia Santiago, Emilio Francisco Escamilla, Jesús Efraín Lamadrid Acosta, y Ricardo Ortiz fueron arraigados en una casa de seguridad de la Procuraduría de Hidalgo.
Pero el 23 de abril, la medida cautelar quedó sin efecto, según notificó el agente del Ministerio Público Raymundo García López al entonces director de la Policía Ministerial Ahuizotl Hideroa Juárez.
Hasta ahora los policías involucrados en la desaparición de los referidos agentes no han sido sometidos a proceso penal.
Salvador Juárez Coiffier, desapareció entre el 7 y 8 de agosto de 2008. Fue el cuarto policía que había participado en el enfrentamiento en Zona Plateada.
En sus inicios como policía había estado bajo el mando de Marcelino Lara, ex comandante de la Secretaría de Seguridad Pública municipal de Pachuca, conocido también como Mercurio y que fue el sicario al servicio de los Zetas abatido de siete balazos por los cuatro policías desaparecidos.
La noche del 7 de agosto, Juárez Coiffier quien tenía a su cargo la patrulla 602, recibió la orden de vigilar un establecimiento comercial, que ya se encontraba cerrado, por lo que estacionó el vehículo cerca del lugar.
A su escolta se le ordenó por radio acompañar a otro oficial. Así, Salvador Juárez se quedó solo vigilando el lugar. De forma misteriosa, su patrulla apareció abandonada, estacionada en el Parque Hidalgo, lejos del establecimiento que se le había encomendado. El vehículo estaba con las puertas cerradas, sin ningún daño. Lo más extraño del caso fue el hallazgo de todas las pertenencias del policía. Aunque era abstemio, en el vehículo se encontraron varias botellas de cerveza, algunas semi vacías.
En su momento, sus familiares aseguraron que los envases habían sido «plantados» para culparlo de irresponsable.
Al igual que como ocurrió con la desaparición de sus tres compañeros, la investigación de su desaparición quedó sin resolver.
Entrevistado por este reportero en 2015, José Téllez Marañón, padre de Arturo Téllez Moncada y representante de los familiares de los otros tres policías expuso que hasta ese momento la PGJH había omitido investigar sobre el paradero de los agentes.
En aquella ocasión indicó que existían evidencias de que los compañeros de los policías coludidos con Los Zetas, entregaron a sus hijos a ¡El Mascafierros’, jefe de plaza del grupo delictivo.
En 2010, por lo que los familiares de los desaparecidos pidieron a las autoridades comparar su ADN con el de los cadáveres encontrados en tiros de Mina de Pachuca y Mineral del Chico. Pero el entonces procurador José Alberto Rodríguez Calderón se negó y lo único que hizo fue detener la investigación bajo el argumento de que no había equipo ni personal para hacer exámenes de ADN, por ello se iban a llevar las pruebas a la Ciudad de México, pero nunca informó si las hicieron y cuáles fueron los resultados.
Muertos o esclavizados
Tras mostrar el extenso expediente que se inició luego de la desaparición de los policías, el padre de Arturo Téllez sostuvo que había algunas similitudes con los hechos de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.
En una ocasión, RMM, esposa de uno de los policías desaparecidos, le comentó a José Téllez que el ex compañero de su marido, Francisco Amado Escamilla –detenido en 2009 luego de que su nombre apareció en la nómina de la banda de Los Cotorros, célula de Los Zetas dedicada al secuestro– le dijo que probablemente habían sido llevados a Colombia para trabajar como esclavos.
Moncada así lo consignó el 3 de noviembre de 2008 ante el agente del Ministerio Público Manuel García, a quien pidió que llamara a declarar a Escamilla, y se abriera otra línea de investigación.
Téllez Marañón comentó que en su visita a Hidalgo, padres de los normalistas de Ayotzinapa coincidieron en que hay similitudes con el caso de sus hijos, y que debería emprenderse una investigación a fondo. Sin embargo, por el tiempo transcurrido y la falta de interés de la PGJH, los familiares de los desaparecidos tienen pocas esperanzas de encontrarlos vivos.
«Pero les queremos hacer un funeral digno», agregó en aquella ocasión, lo que no han podido cumplir.
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