La ruta al sacerdocio del cura acusado de abuso en Tlalpan

Rodolfo Soriano-Núñez

Compartir

Se puede confirmar que fue miembro de la orden de los josefinos de Murialdo, que lo expulsaron por un “conflicto de autoridad”.

Religión y vida pública: Sergio González Guerrero, acusado de haber abusado de un menor en Tlalpan, siguió una ruta muy accidentada en su camino al sacerdocio.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

En las últimas horas, lectores de Los Ángeles Press han hecho llegar datos relevantes acerca de la ruta, del todo accidentada, que siguió Sergio González Guerrero en su camino al sacerdocio y, al menos por el momento, a los separos de la policía ministerial de la Ciudad de México.

Lo único de esta cronología que es posible confirmar son las fechas del primer arresto en 2024; la fecha de su llegada a la parroquia de María Madre de la Iglesia en Aragón, Gustavo A. Madero, en 2023; y la fecha en que fue ordenado presbítero en la Basílica de Guadalupe por el cardenal y arzobispo de la Ciudad de México, Carlos Aguiar Retes, en 2020.

El resto se reconstruye a partir de lo que ha sido posible obtener de fuentes que no son oficiales, por la opacidad con la que se abordan incluso aspectos sencillos de la operación y funcionamiento de la Iglesia Católica y que podrían ayudar a mejorar su relación con sus fieles.

Esta reconstrucción es importante porque, si nos atenemos a la experiencia de casos previos, seguramente hubo señales, quizás incluso otras víctimas de alguna conducta inadecuada. También porque deja ver la manera en que la jerarquía católica desestima los "avisos" que la realidad les hace llegar acerca del posible riesgo que implica permitir que algunos candidatos continúen su carrera como clérigos.

Un dato clave en este sentido, es que González Guerrero ya traía problemas en su proceso de formación. Como lo hizo ver un sacerdote de una de las diócesis de Chihuahua que, de manera anónima, ofreció su testimonio a Los Ángeles Press, que se puede consultar inmediatamente después de este párrafo, una de las situaciones que más lastiman los procesos de formación del clero es el admitir en nuevos seminarios a personas que ya traen algún problema en un seminario o casa de formación previa, que es justamente el escenario que describe a este caso.

 

 

Sabemos de manera más o menos aproximada que nació en Hidalgo, a finales del siglo pasado. Sabemos que ingresó en la orden de los josefinos, josefinos de Murialdo o Familia de Murialdo, que tienen una casa de formación, el equivalente de los seminarios del clero diocesano, en Tlalpan, Ciudad de México, en algún momento de la década pasada aunque no hay claridad sobre las fechas de ingreso y salida de esa congregación.

En Tlalpan, en la parroquia de María Reina, cuya ubicación se detalló en la entrega previa de esta serie, los josefinos se hacen cargo de la llamada “Capilla de Hornos”, que es una de las capillas que existen en esa demarcación de la Iglesia Católica en la capital de la República.

 

 

Fue en ese lugar, entre 2017 y 2018 que ocurrió su ruptura con la orden de los josefinos. No hay información sobre esa ruptura, pero fuentes con conocimiento del caso dicen que fue por “conflicto de autoridad”.

“Conflicto de autoridad” en la jerga del catolicismo puede ser todo y nada a la vez. Puede ser que el superior de los josefinos le haya querido trasladar a otra obra y él, siendo un hermano, no haya estado dispuesto a obedecer esa instrucción.

Puede ser que ya desde entonces hubiera sido claro para los josefinos que tenía problemas de alcoholismo o con otras sustancias y que hayan optado por usar la figura del “conflicto de autoridad” para evitarse problemas y eludir alguna responsabilidad de lo que González Guerrero pudiera hacer más adelante.

Sabemos, de manera fragmentaria hasta ahora, que en María Reina recibió ayuda de quien era entonces el párroco de esa demarcación, pues de otra manera no hubiera tenido donde vivir en la Ciudad de México. Esa ayuda se limitó, por cierto, a darle un lugar donde vivir mientras la Arquidiócesis Primada de México resolvía si le aceptaba como candidato al sacerdocio o no.

Algunos testimonios de quienes le conocieron en esa época de su vida no lo ubican como un potencial peligro en materia de abuso, pero otros hacen ver que ya había problemas por el consumo de alcohol.

Fue en ese punto de su vida que buscó ser aceptado o “incardinado”, según la jerga del Derecho Canónico de la Iglesia Católica, en la Arquidiócesis Primada de México. Es notable, sin embargo, que no haya registro de su ordenación como diácono.

De la ceremonia de ordenación de sacerdotes del 8 de junio de 2019. De las redes sociales de Carlos Aguiar Retes.

Para 2019, que es cuando su ordenación como diácono tendría que haber ocurrido, las cronologías de las cuentas de redes sociales de Carlos Aguiar Retes y de la arquidiócesis de México dan cuenta de ordenaciones de diáconos permanentes el 9 de febrero, de la ordenación de dos obispos auxiliares, el 25 de marzo de 2019, así como de siete sacerdotes el 8 de junio de 2019, pero no hay registros públicos de la ordenación de diáconos transitorios o transicionales para ese año que, dada su ordenación como presbítero en 2020, tendría que haber ocurrido en 2019 o en 2018.

Sin registros, sin transparencia

Se nos dice de manera extraoficial que González Guerrero habría formado parte del grupo de diáconos que acompañaban a Carlos Aguiar Retes en sus actividades en las parroquias de la Arquidiócesis de México, pero no hay algún registro oficial de ello.

Dado, además, que por estas fechas habría iniciado la pandemia las actividades públicas del cardenal se restringieron como la de cualquier otra figura pública, por lo que tampoco fue posible encontrar alguna evidencia de la presencia de González Guerrero en la órbita o en la cercanía de Aguiar Retes.

Esta misma fuente refiere que habría prestado algún servicio en una de las parroquias cercanas al Metro Normal en la alcaldía Cuauhtémoc, en el centro de la Ciudad de México, así como en uno de los templos católicos en las cercanías al Panteón de Dolores, cerca de avenida Constituyentes, en el poniente de la Ciudad de México, datos que no se pudieron confirmar.

Aunque, en teoría, el año de servicio como diácono y los primeros años de servicio como presbítero deberían ocurrir bajo la supervisión de un sacerdote designado para ello, como puede ser un párroco, también es posible que, dada la situación que se vivía entonces por la pandemia de coronavirus, se le hubieran asignado responsabilidades simultáneas en distintas parroquias u obras de la Arquidiócesis Primada de México.

 

 

Se sabe que las parroquias cercanas a panteones como el de Dolores se vieron abrumadas por el número de servicios que debieron atender durante la pandemia, por lo que es posible que efectivamente sus servicios hubieran sido requeridos ahí para atender la demanda extraordinaria de servicios de culto funerario. En ese sentido, no es difícil que hubiera podido prestar servicios en la zona poniente de la Ciudad de México en alguna de las parroquias vecinas de ese cementerio.

Algo que ya se sabía y se puede confirmar ahora, es que González Guerrero pasó algún tiempo en la parroquia de San Matías Apóstol en la alcaldía Iztacalco de la Ciudad de México en 2022, por lo menos desde poco antes de la Semana Santa de ese año, hasta finales de julio.

Lo confirma, además de testimonios de quienes conocen a González Guerrero, la tarjeta que aparece inmediatamente después de este párrafo publicada por la cuenta de la parroquia San Matías Apóstol el Jueves Santo de 2022. Ese día los sacerdotes renuevan las promesas de su compromiso sacerdotal, por lo que frecuentemente se les extienden felicitaciones ese día.

Tarjeta de felicitación publicada el Jueves Santo de 2020. De las redes sociales de la parroquia San Matías Apóstol.

Se sabe que “desapareció” de esa parroquia ya en el segundo semestre de ese año, porque la parroquia lo excluyó de la tarjeta en que felicitaba a los dos sacerdotes que quedaban en servicio en la fiesta del así llamado “santo cura de Ars”, Jean Marie Vianney, como se apuntó en la entrega previa de esta serie y se puede confirmar en la tarjeta que aparece inmediatamente después de este párrafo donde ya no aparece González Guerrero.

 

González Guerrero “reaparece” a principios de 2023 como vicario en la parroquia de María Madre de la Iglesia en Aragón, alcaldía Gustavo A. Madero en la Ciudad de México, como se puede ver en la foto que aparece después de este párrafo.

A principios de 2023 en María Madre la Iglesia, Aragón, G. A. Madero, Ciudad de México.

No es posible confirmarlo, pero habría sido relevado de sus responsabilidades en Aragón a mediados de 2023, para ser enviado a cuidar sacerdotes ancianos y enfermos en uno de los establecimientos que la Arquidiócesis Primada de México tiene designado para ese propósito, pero no hay claridad sobre la fecha en que habría llegado a cumplir con esa tarea y tampoco se sabe si efectivamente fue relevado de toda responsabilidad en Aragón o si el trabajo con los sacerdotes ancianos era adicional a lo que debía hacer en Gustavo A. Madero.

Ni anecdótico ni aislado

Las cuentas de redes sociales no deberían ser el medio para que una persona se entere de estas cosas, pero dado que es el único medio posible para tratar de reconstruir estos procesos, a eso es a lo que se recurre a la espera de que, así como se ha podido reconstruir de manera parcial el recorrido que siguió González Guerrero, se pueda también saber con mayor precisión si efectivamente hay registros de otros avances de índole sexual contra feligreses o si lo denunciado en Tlalpan que llevó a su arresto fue su “debut” en ese tipo de actividades.

Lo que sí es un hecho, sin embargo, es que distintas fuentes hablan de problemas de consumo de alcohol. Ese tendría que ser un indicador de peligro para los obispos y otras figuras de autoridad en la estructura de la Iglesia Católica. Lamentablemente en este caso no lo fue.

Queda uno a la espera de que la Arquidiócesis de México transparente la información sobre las razones por las que los josefinos de Murialdo expulsaron a González Guerrero de esa congregación.

¿Qué hay detrás de la jerga del “conflicto de autoridad”?

¿Hubo comunicación oficial entre la congregación y la Arquidiócesis de México? ¿Qué le informó la congregación a la arquidiócesis?

¿En este asunto tuvo que ver Norberto Rivera Carrera? Ello podría ser si el trámite de incardinación inició todavía durante la gestión del ahora arzobispo emérito. ¿Supo en los últimos meses de su gestión del conflicto en la congregación de los josefinos de Murialdo?

En todo caso, debe señalarse que otras fuentes consideran que este problema cae por completo bajo la responsabilidad de Carlos Aguiar Retes, ¿es así?

Haya sido Rivera Carrera o Aguiar Retes. ¿por qué desestimaron el antecedente del “conflicto de autoridad” de González Guerrero con los josefinos de Murialdo? ¿Qué criterios siguieron al desestimar ese asunto?

¿Por qué fue tan breve su estancia en San Matías Apóstol, en la alcaldía Iztacalco? 

Y si se sabía de ese “conflicto de autoridad” de González Guerrero con esa congregación religiosa, ¿por qué se le envió a la parroquia de María Madre de la Iglesia, ubicada a menos de cuatro kilómetros de la parroquia de San Jorge Mártir en Aragón, alcaldía Gustavo A. Madero en el nororiente de la Ciudad de México, que es administrada justamente por esa orden? ¿No se consideró el posible riesgo de enviarlo ahí si es que efectivamente había ocurrido un "conflicto de autoridad" con esa orden?

¿Por qué fue también tan breve su estancia en María Madre de la Iglesia en la alcaldía Gustavo A. Madero?

Debe apuntarse que, más allá de lo que ha dicho la jerarquía católica de la Ciudad de México en el comunicado del 19 de enero, este caso no es anecdótico ni aislado. Tristemente, es representativo de la realidad que da forma tanto al abuso sexual, a las mayores tasas de incidencia de consumo de alcohol y de depresión crónica de los sacerdotes, así como, sobre todo, de las prácticas del así llamado “vínculo escarlata” que afecta el desempeño del clero católico.

En la serie que abordó los casos de abuso en el estado de Chihuahua, ahora compilada en el libro Miedo y asco en Ciudad Juárez. Historias de abuso e impunidad sacerdotal, se dio cuenta de en qué consiste ese “vínculo escarlata” y por qué es relevante para comprender el tipo de prácticas que ocurren entre los clérigos católicos.

 

 

El término fue acuñado por el exsacerdote estadunidense Richard Sipe a principios de este siglo, luego de más de 40 años de experiencia en el tratamiento, como terapeuta de sacerdotes involucrados en casos de abuso sexual y de dependencia de distintos tipos de sustancias.

De aquella serie, recupero aquí la manera en que Sipe caracteriza el “vínculo escarlata”,

El vínculo escarlata de Sipe

Richard Sipe desarrolló la idea de vínculo escarlata, como parte de un sistema propio de la Iglesia que “produce y protege a un cierto número de clérigos sexualmente activos, algunos de los cuales abusan de menores”. Sipe presenta esta idea a partir de once tesis que, resumidas, son:

  • El clero católico se somete a la regla del celibato requerido para ordenar sacerdotes.
  • El celibato (la abstinencia sexual) no es una práctica común o persistente del clero católico.
  • Los clérigos sexualmente activos y aquellos con una historia de actividad sexual corren el riesgo de exponerse a sí mismos si denuncian las actividades sexuales de otros clérigos.
  • Las experiencias sexuales con compañeros seminaristas o profesores que sean sacerdotes en el seminario son comunes en las casas de formación (se estima que un 20 por ciento de los seminaristas tienen contactos sexuales) y la jerarquía lo sabe.
  • El contacto y las aventuras homosexuales son tan comunes entre el clero que el Vaticano ha inventado una categoría pseudocientífica para esta conducta (homosexualidad transicional)
  • Incluso el involucramiento temporal de un sacerdote en una relación sexual o la experimentación con otro sacerdote lo pone en un estado de temor y en una suerte de “chantaje sistémico”. No puede exponer a otro sacerdote sin exponerse a sí mismo y sin arriesgar su situación y carrera.
  • A veces los curas o los profesores del seminario están involucrados en relaciones homosexuales con seminaristas o jóvenes sacerdotes. Más adelante, el profesor es promovido, incluso quizás hecho obispo. Cuando los clérigos que han estado involucrados en relaciones sexuales y luego quieren ser célibes quedan atrapados en el círculo de secrecía que encubre también el abuso sexual de menores.
  • Hay un vínculo escarlata de secrecía que se inculca en el sistema clerical (reforzado por medio de la confesión), apoyado desde la cúspide de la jerarquía y preservado por los obispos y otros superiores por miedo a que se exponga el sistema o las personas que forman parte de él. Los candidatos al sacerdocio aprenden esta dinámica de secrecía sobre la actividad sexual y el abuso desde sus primeros días de formación.
  • Siempre que uno encuentra una cliqué de clérigos depredadores, uno puede encontrar a un superior sexualmente activo que tolera la actividad sexual y el abuso. La actividad sexual del superior muy probablemente no es abuso de menores; pero la actividad sexual con adultos capaces de consentir, mujeres o varones, basta para sellar el vínculo escarlata. Todos los clérigos están atrapados en este sistema que requiere, a toda costa, del encubrimiento para salvarse ellos mismos del escándalo.
  • La verdad, la honestidad, la transparencia, la responsabilidad y las personas laicas no tienen lugar en el vínculo escarlata. Negar es la defensa psíquica más común para sellar el vínculo escarlata desde dentro. La racionalización y la contención mental son empleadas libre y frecuentemente, incluso cuando se está bajo juramento civil de no mentir.
  • Debemos depender de las víctimas para ayudarnos a quebrar el vínculo escarlata y descubrir quién abusa, sino -si es que no desean ser célibes-¿cómo es que llegaron a violar a menores? ¿Hay elementos sistémicos que facilitan este comportamiento?

Estas once tesis sobre el así llamado vínculo escarlata se tomaron del texto “Consideraciones preliminares para comprender la genealogía del abuso sexual por clérigos católicos” (original en inglés como “Preliminary considerations for the understanding of the genealogy of sexual abuse by Catholic clergy”), de Richard Sipe.